Una de las novedades más esperadas en la feria de seguridad SICUR 2026 ha sido la app Código Violeta que se presenta como una herramienta tecnológica diseñada para reforzar la prevención y la respuesta ante situaciones de violencia de género. Su existencia, y presencia, no puede ser más oportuna. La plataforma permite a las mujeres reportar de forma rápida y sencilla posibles agresiones a centros de monitoreo públicos o privados, integrando funciones de control, gestión y comunicación en tiempo real desde el smartphone. Su objetivo central es poner la seguridad “en las manos de cada mujer”, facilitando una intervención temprana y coordinada.
Entre sus funcionalidades más destacadas se encuentra el envío de alertas acompañadas de la ubicación GPS de la usuaria, lo que permite a los operadores localizarla con rapidez en caso de emergencia. La aplicación incorpora además un botón de pánico y un sistema SOS que posibilita remitir fotos, audios, vídeos y textos del momento de riesgo, así como solicitar asistencia directa por motivos de salud, contención psicológica u otras necesidades definidas por la institución que implemente el sistema. Todo ello se complementa con herramientas de uso discreto, como accesos rápidos u opciones para ocultar la app, pensadas para situaciones de peligro.
La propuesta de Código Violeta se articula en varios ejes: prevención, monitoreo y asistencia, alertas y acceso a la justicia, todo ello con la intención de empoderar a las víctimas y mejorar la coordinación entre los distintos servicios implicados. La plataforma también permite crear grupos de seguimiento, geocercas y notificaciones automáticas, configurando un ecosistema digital que busca reducir los tiempos de respuesta y ofrecer mayor protección. En conjunto, la app se posiciona como una solución tecnológica orientada a fortalecer la seguridad personal y la atención integral frente a la violencia de género. Con su impulsor, Daniel Banda, Founder & CEO SoftGuard Tech Global S.L., conocemos con más detalle esta relevante iniciativa de seguridad en esta entrevista concedida a Delta13News.
Daniel ¿cuál fue la necesidad concreta que motivó la creación de Código Violeta y qué problema busca resolver principalmente?
La creación de Código Violeta parte de una realidad que es tan contundente como incómoda: solo una de cada cinco mujeres asesinadas había denunciado previamente, según datos oficiales. Es decir, el 80% de los casos más extremos ocurren fuera del radar formal del sistema. En 2024 se registraron un total de 34.684 mujeres víctimas de violencia de género en España, con una tasa de 1,6 por cada mil mujeres, según el Instituto Nacional de Estadística. La cifra muestra una leve baja interanual del 5,2%, y es cierto que en homicidios la tendencia estructural a largo plazo es descendente. Pero el problema sigue siendo grave porque la mayoría de las víctimas fatales no había activado ningún mecanismo previo de protección.
Hoy el Sistema VioGén mantiene 103.942 casos activos con seguimiento policial. Sin embargo, el dato clave es otro: 88.225 de esas mujeres están catalogadas como riesgo bajo. El 85% del total. Y a ese universo no se le puede asignar protección presencial permanente. Es materialmente imposible disponer de un agente las 24 horas para decenas de miles de casos.
Ahí es donde aparece la necesidad concreta que dio origen a Código Violeta: ofrecer una herramienta tecnológica de protección activa para ese enorme grupo que hoy está en seguimiento, pero sin dispositivo, sin monitoreo constante y sin capacidad de reacción inmediata. Si además consideramos que solo una de cada cinco mujeres denuncia, la cifra real de situaciones de violencia podría acercarse al medio millón. La brecha entre riesgo detectado y protección efectiva es lo que buscamos cerrar.
La plataforma promete actuar en prevención, monitoreo y acceso a la justicia. ¿Cómo se coordinan en la práctica estos cuatro ejes de acción?
La clave es entender que no se trata de una aplicación aislada, sino de un sistema que se integra con la infraestructura existente. Código Violeta convierte un teléfono móvil en un dispositivo de alerta inmediata, con geolocalización precisa y capacidad de enviar información contextual en segundos. Eso permite que una Central Receptora de Alarmas opere 24/7 recibiendo el evento, validándolo y activando el protocolo correspondiente sin depender exclusivamente de que la víctima pueda sostener una llamada en una situación de estrés extremo.
El sistema genera trazabilidad completa: ubicación, registros de activación y evidencia asociada. Esa información puede reforzar procesos judiciales y medidas restrictivas. No reemplaza al sistema público ni a VioGén; lo complementa con una capa tecnológica que permite actuar antes de que el riesgo escale.
En contextos donde se ha implementado junto a estructuras gubernamentales, el impacto más visible es la reducción del tiempo entre la activación y la intervención. Cuando la información llega en tiempo real y con ubicación exacta, la capacidad de decisión mejora de forma significativa.
¿Qué resultados medibles han observado hasta ahora?
Hay un punto que suele pasar desapercibido: la violencia no siempre aumenta en términos absolutos, pero sí sigue mostrando fallas estructurales en la prevención. Los delitos sexuales, por ejemplo, continúan en alza, aunque con una desaceleración en el crecimiento, de lo que se hacen eco a diario los medios de comunicación. Y el dato más preocupante es que muchas víctimas y agresores no estaban dentro del sistema antes de los hechos más graves.
En el universo actual de VioGén, más de 53.900 casos corresponden a mujeres con hijos a cargo, y 1.523 menores están en riesgo directo. Estamos hablando de impacto familiar, no individual. En las implementaciones donde Código Violeta se integra con monitoreo profesional, la activación del protocolo se produce en segundos y no en varios minutos. Esa diferencia temporal es crítica. Además, la sola existencia de un sistema de seguimiento activo genera un efecto disuasivo en muchos casos de riesgo bajo, que hoy representan la mayoría. La tecnología reduce el margen entre la alerta y la intervención, y actúa como herramienta real de prevención.
El uso de geolocalización y monitoreo permanente plantea desafíos de privacidad. ¿Qué garantías ofrecen?
La confianza es un pilar central. Toda la información transmitida (geolocalización, multimedia y eventos) viaja a través de canales cifrados bajo protocolo HTTPS (TLS), utilizando certificados digitales válidos y mecanismos de firma e integridad como HMAC, garantizando confidencialidad y protección contra alteraciones o accesos no autorizados.
Los datos no son públicos ni se comparten de manera indiscriminada. El acceso está estrictamente limitado a operadores y administradores autorizados, mediante esquemas de autenticación segura, perfiles de usuario y permisos definidos por rol. Ante un requerimiento formal, la información podrá ser puesta a disposición de autoridades competentes, conforme al marco legal vigente y bajo los procedimientos correspondientes.
Es importante aclarar además que el sistema central de recepción de alarmas es operado por los ayuntamientos o entes gubernamentales. No depende de una empresa privada ni está alojado en infraestructuras de servidores de terceros. La administración y supervisión de la información se realizan bajo control institucional, garantizando soberanía sobre los datos y alineación con las políticas públicas de protección de víctimas.
Al mismo tiempo, el sistema puede implementarse también en el ámbito privado, como parte de programas corporativos de prevención de violencia de género y políticas de responsabilidad social empresarial. Las compañías pueden ofrecer esta herramienta a su personal femenino como un beneficio de protección activa, reforzando su compromiso con la seguridad y el bienestar de sus equipos.
En un contexto donde la violencia muchas veces ocurre en entornos de control y vigilancia por parte del agresor, la protección de la información es tan importante como la protección física. Sin privacidad garantizada, no hay herramienta que funcione.
¿Qué papel juegan las instituciones públicas y privadas en la implementación de esta iniciativa?
La articulación es indispensable. El sector público define protocolos, articula con fuerzas de seguridad y establece marcos normativos. Pero el sector privado, particularmente las Centrales Receptoras de Alarmas, ya dispone de infraestructura operativa 24/7 en prácticamente todo el territorio.
Eso abre una oportunidad concreta: los ayuntamientos pueden ampliar su capacidad de protección sin crear nuevas estructuras desde cero, apoyándose en redes existentes. A su vez, las empresas con sedes locales pueden incorporar el sistema como política de protección para sus trabajadoras.
El principal obstáculo no es tecnológico. Es cultural y presupuestario. Muchas veces el riesgo bajo se interpreta como urgencia baja. Pero riesgo bajo no significa riesgo inexistente. Y cuando el 85% de los casos activos está en esa categoría, estamos hablando de una masa crítica que hoy no tiene herramienta directa.
Más allá de la tecnología, ¿qué cambios estructurales son imprescindibles?
La tendencia descendente en homicidios a largo plazo es una buena noticia, pero no es suficiente. Mientras solo una de cada cinco víctimas denuncie antes de una agresión fatal, el sistema seguirá reaccionando más de lo que previene.
Se necesitan políticas sostenidas de educación en igualdad, mayor agilidad judicial y programas de seguimiento efectivo para agresores. Pero también se necesita decisión para actuar antes de que el riesgo escale a categorías más altas.
La tecnología no reemplaza al Gobierno ni a la justicia. Pero puede convertirse en el puente entre la denuncia y la protección real. Y hoy ese puente es necesario para decenas de miles de mujeres que están catalogadas como riesgo bajo y que, sin una herramienta activa, quedan expuestas. Código Violeta nace precisamente para cubrir ese vacío.




Muchas gracias Delta13News por recoger este hito innovador. En poco tiempo toda corporación multinacional y empresas del país empoderarán a sus mujeres con estas herramientas indispensables para su seguridad, como parte de sus programas de RSE (responsabilidad social empresaria) y se sumarán a miles de ayuntamientos y alcaldias del mundo en poner la protección de la mujer en el nivel que siempre ha merecido
Bien al contrario, Daniel. Este es un asunto del máximo interés social, en correspondencia con vuestra iniciativa.