Moscú ha negado cualquier implicación en los acontecimientos, mientras que el Gobierno israelí ha respondido con especial dureza y ha acusado al jefe del Ejecutivo español de difundir «mentiras descaradas».
Las declaraciones de Sánchez se produjeron este lunes, cuando el presidente trató de desvincular a Marruecos del origen de la llegada masiva de migrantes a la ciudad autónoma. Sánchez aseguró que el Gobierno español no dispone de información que apunte a las autoridades marroquíes como responsables de la crisis y dirigió el foco hacia la actividad desarrollada en redes sociales por cuentas que, según afirmó, estarían asociadas a Rusia e Israel.
El presidente sostuvo que durante la crisis se difundieron «bulos» sobre la política migratoria española y que determinadas redes habrían contribuido a generar un relato destinado a incentivar o favorecer el desplazamiento de migrantes hacia Ceuta. Sánchez vinculó además esta actividad con una «internacional ultraderechista» que, a su juicio, pretende utilizar la inmigración irregular para atacar a España y a otros gobiernos europeos.
La acusación de Sánchez se apoya, según explicó el propio presidente, en un análisis del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) sobre las campañas de desinformación. El jefe del Ejecutivo afirmó que existieron redes rusas e israelíes que difundieron contenidos engañosos y utilizaron la crisis migratoria para atacar al Gobierno español y a otros ejecutivos europeos.
Sin embargo, las palabras del presidente español requieren una precisión importante: no afirmó públicamente que los Gobiernos de Rusia e Israel hubieran organizado directamente la entrada de los migrantes en Ceuta, sino que señaló la existencia de redes asociadas a ambos países que habrían intervenido en la difusión de desinformación. Esta diferencia es relevante en un episodio que ya ha provocado un enfrentamiento diplomático entre Madrid y Tel Aviv.
La reacción más contundente procedió precisamente de Israel. El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, acusó a Sánchez de volver a mentir al relacionar a Israel con la difusión de información engañosa sobre los acontecimientos de Ceuta. Saar calificó las acusaciones de «mentira descarada» y sostuvo que el presidente español estaba tratando de desviar la atención de lo que calificó como una «vergonzosa incapacidad» de su Gobierno para gestionar los asuntos internos de España.

La respuesta de Saar supone un nuevo episodio en el deterioro de las relaciones entre España e Israel, ya muy tensionadas desde que el Gobierno de Sánchez reconoció formalmente al Estado de Palestina en mayo de 2024 y adoptó una posición especialmente crítica con la actuación militar israelí en Gaza.
El enfrentamiento se produce, además, en un momento especialmente delicado para la política migratoria española. La llegada de decenas de miles de personas a Ceuta durante los días 30 y 31 de julio provocó una situación extraordinaria que obligó al Gobierno a desplegar recursos policiales, militares y asistenciales y que posteriormente llevó a España a solicitar apoyo de distintas agencias de la Unión Europea.
De hecho, el Ministerio del Interior solicitó el pasado 28 de agosto la colaboración de Frontex, Europol y la Agencia de la Unión Europea para el Asilo (EUAA) para reforzar el dispositivo establecido en Ceuta. La petición pretende apoyar las labores de identificación, triaje y tramitación de los expedientes de las personas migrantes que todavía permanecen irregularmente en la ciudad.
En paralelo, el Gobierno ha reforzado el dispositivo policial en Ceuta. Interior ha habilitado nuevas líneas de trabajo en el Centro de Acogida Temporal de Extranjeros (CATE) provisional de El Tarajal para acelerar la identificación y registro de los migrantes, mientras que un equipo adicional de la Dirección General de Protección Internacional participa en la gestión de las solicitudes de asilo.
Moscú, por su parte, ha respondido de manera mucho más escueta. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, negó directamente cualquier implicación de las autoridades rusas en la llegada de migrantes a Ceuta. Preguntado por la posible participación de Rusia, Peskov respondió: «No. Nada que ver», según declaraciones recogidas por la radiotelevisión pública rusa RBC.
La negativa rusa se refiere, por tanto, a cualquier participación de las autoridades de Moscú en la crisis. Sánchez, no obstante, había puesto el acento en la actuación de redes vinculadas a Rusia, a las que atribuyó la propagación de contenidos engañosos, una cuestión distinta de afirmar que el Kremlin hubiera organizado directamente el movimiento migratorio.
El episodio introduce así una nueva dimensión en la crisis de Ceuta: además de la cuestión migratoria y de seguridad, aparece una batalla de información y desinformación en torno a las causas que provocaron la llegada masiva de personas a la ciudad autónoma. La atribución de campañas de influencia extranjeras convierte el episodio en un asunto que trasciende la gestión ordinaria de la inmigración irregular.
Las acusaciones también tienen una dimensión geopolítica. Sánchez vinculó la supuesta actividad de esas redes con las posiciones internacionales mantenidas por España, especialmente con la condena de la invasión rusa de Ucrania y con la política española respecto a la guerra de Gaza. Según el presidente, ambos factores habrían convertido a España en un objetivo de campañas destinadas a erosionar la posición del Gobierno.
Rusia e Israel rechazan, por tanto, la interpretación española, aunque sus respuestas han sido diferentes. Moscú niega cualquier implicación, mientras que Tel Aviv ha optado por una respuesta política mucho más agresiva contra Sánchez. La controversia amenaza con añadir un nuevo frente diplomático a una crisis que ya ha obligado al Gobierno español a movilizar recursos extraordinarios y pedir asistencia europea.
Mientras tanto, la situación sobre el terreno continúa siendo objeto de gestión por parte de las autoridades españolas. El Gobierno ha reconocido que llegaron más de 70.000 migrantes durante la crisis y ha señalado como prioridad recuperar la normalidad en Ceuta, acelerar los procedimientos administrativos y avanzar en la devolución o reagrupación de quienes no puedan permanecer legalmente en España.
La polémica sobre Rusia e Israel abre ahora otro interrogante: hasta qué punto las campañas de desinformación en redes pudieron influir realmente en la movilización migratoria hacia Ceuta. Mientras el Ejecutivo español sostiene que existió una operación de propagación de bulos vinculada a redes rusas e israelíes, ambos países rechazan las acusaciones. La determinación del alcance y la autoría de esas campañas dependerá de la evidencia de inteligencia que pueda hacerse pública y de las investigaciones que continúen desarrollándose.



