España alcanza un gasto récord en defensa, pero un estudio alerta de carencias en mantenimiento y autonomía industrial

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La industria europea de defensa afronta un cambio estructural que va mucho más allá de un incremento coyuntural de los presupuestos militares. La guerra de Ucrania, la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China y la incertidumbre sobre el compromiso futuro de Washington con la seguridad europea están acelerando los programas de rearme y la recuperación de capacidades industriales que habían perdido peso durante las décadas posteriores a la Guerra Fría.

En este escenario, España dispone de una base tecnológica e industrial con capacidad para beneficiarse del nuevo ciclo inversor, aunque necesita resolver problemas de planificación presupuestaria, autonomía tecnológica y sostenimiento de los sistemas militares.

Esta es una de las principales conclusiones del informe «El panorama de la industria de defensa europeo y español ante los planes de inversiones 2027-2030 y recomendaciones«, elaborado por Enrique Navarro para MQGlobalnet. El documento, de 45 páginas, examina la evolución del gasto militar internacional, las perspectivas de inversión de las principales potencias y la posición competitiva de la industria europea, con especial atención a las oportunidades y debilidades del sector español.

El análisis estima que la Unión Europea podría movilizar hasta 800.000 millones de euros en inversiones de defensa hasta 2030, mediante instrumentos como el programa SAFE, dotado con 150.000 millones de euros en préstamos para compras conjuntas, y los mecanismos de flexibilidad fiscal previstos para facilitar el incremento del gasto militar.

Según las cifras recogidas en el estudio, la inversión europea en equipamiento e investigación y desarrollo alcanzó los 134.000 millones de euros en 2025, frente a un gasto total en defensa de 418.000 millones. Para 2026, la estimación asciende a 163.000 millones de inversión sobre un gasto global proyectado de 454.000 millones.

La transformación responde a la necesidad de corregir las carencias evidenciadas por la guerra de Ucrania, especialmente en municiones, misiles, sistemas antiaéreos, repuestos, movilidad militar y capacidad de reposición industrial. El conflicto ha demostrado que los ejércitos necesitan mantener reservas suficientes para afrontar operaciones prolongadas y que la capacidad de producción de la industria constituye un factor determinante de la seguridad nacional.

La inversión europea se concentra en cuatro grandes sectores

El informe identifica cuatro grandes ámbitos industriales que concentrarán buena parte de las oportunidades de negocio durante el periodo 2027-2030. El primero es la electrónica de defensa, los sensores y los radares, considerados elementos esenciales para integrar las capacidades de vigilancia, detección y respuesta de los sistemas militares. Entre las tecnologías prioritarias figuran los radares AESA, la guerra electrónica, los sistemas electroópticos y la microelectrónica aplicada al guiado y la aviónica. En este ámbito destacan compañías como Indra, Hensoldt, Thales y Leonardo.

El segundo sector es la fabricación de municiones, misiles y materiales energéticos. La necesidad de reponer arsenales y garantizar suministros permanentes está impulsando la demanda de proyectiles de artillería de 155 milímetros, propulsores sólidos, misiles tácticos y sistemas de defensa antiaérea. El documento señala a Rheinmetall Expal Munitions, MBDA, Diehl Defence, Nammo, Eurenco y CSG entre los principales beneficiarios potenciales de este ciclo de crecimiento.

El tercer ámbito corresponde a los vehículos terrestres blindados y los sistemas de artillería. La modernización de las fuerzas terrestres europeas está generando una elevada demanda de carros de combate, vehículos de combate de infantería y plataformas de artillería autopropulsada. Entre los principales contratistas figuran KNDS, General Dynamics European Land Systems, Rheinmetall y BAE Systems.

El cuarto sector es el relacionado con la inteligencia artificial, la ciberdefensa y la conectividad militar. El informe considera que el periodo 2027-2030 estará marcado por una integración creciente del software en las operaciones militares, con aplicaciones en sistemas de mando y control, gestión de información procedente de satélites, coordinación de drones y protección de infraestructuras digitales. Entre las compañías mencionadas aparecen Helsing, Grupo Oesía, Cipherbit, QinetiQ y Leonardo.

A estos cuatro ámbitos se añade el efecto de las tecnologías de doble uso sobre la industria civil. La demanda de componentes de precisión, materiales avanzados, semiconductores, procesadores, sensores y productos químicos puede extender los efectos del rearme a empresas que tradicionalmente no pertenecen al sector militar.

España ejecutó 23.333 millones de euros en defensa en 2025, según el informe

Uno de los apartados más relevantes del estudio es el dedicado a la evolución presupuestaria española. El documento sitúa en 23.333 millones de euros el gasto militar ejecutado en 2025 y calcula que el esfuerzo consolidado de Defensa e Industria representó aproximadamente el 1,48% del producto interior bruto. Esta evolución supone un incremento considerable respecto a 2024 y refleja el peso creciente de los programas de modernización y adquisición de armamento.

El Ministerio de Defensa habría ejecutado directamente 23.041 millones de euros, con especial protagonismo de las inversiones reales, que el documento cifra en 14.862 millones. Por su parte, el Ministerio de Industria y Turismo habría destinado recursos a la prefinanciación de programas especiales de modernización y al apoyo a proyectos industriales y tecnológicos vinculados a las Fuerzas Armadas.

La comparativa presupuestaria incluida en el estudio muestra también una evolución al alza durante 2026. A 31 de agosto, las obligaciones reconocidas del Ministerio de Defensa ascendían a 13.788,3 millones de euros, frente a 13.159,8 millones en el mismo periodo de 2025. Los créditos de prefinanciación industrial del Ministerio de Industria alcanzaban otros 1.215 millones, frente a los 1.155 millones del ejercicio anterior.

Sin embargo, el informe advierte de que el esfuerzo español continúa por debajo del objetivo del 2% del PIB comprometido con la OTAN. Además, plantea que el incremento de las inversiones debe ir acompañado de una planificación que garantice los recursos necesarios para operar y mantener los sistemas adquiridos.

La industria española crece y supera los 10.800 millones de facturación

El anexo industrial del documento ofrece una radiografía de la evolución de las empresas españolas. Según sus datos, la facturación consolidada del sector nacional de material de defensa alcanzó los 10.877 millones de euros en 2025, un 16% más que el año anterior. Las exportaciones superaron los 5.000 millones de euros, frente a los 3.764 millones registrados en 2023.

También destaca el crecimiento del ecosistema empresarial. La asociación TEDAE pasó de contar con 97 asociados en 2023 a 150 en el momento de elaboración del informe. El documento subraya, además, el peso de las multinacionales extranjeras establecidas en España, que representarían cerca del 50% de la producción nacional de defensa.

Entre las principales compañías analizadas figura Indra Group, que cerró 2025 con una facturación global de 5.457 millones de euros, de los cuales 1.407 millones correspondieron específicamente a su división de Defensa, con un crecimiento interanual del 36%. La empresa ocupa una posición relevante en electrónica, radares, sistemas de mando y control y programas tecnológicos europeos.

Navantia registró una facturación consolidada de 1.978 millones de euros, un 30% más que el ejercicio anterior, y alcanzó una cartera de pedidos de 12.826 millones, de los que el 88% correspondía a contratos de defensa. El informe destaca su papel en la construcción naval militar y en el desarrollo de sistemas para las Fuerzas Armadas.

Por su parte, ITP Aero alcanzó unos ingresos de 1.882 millones de euros, con un crecimiento del 17%, gracias a su actividad en propulsión aeronáutica y su participación en programas como el Eurofighter y el futuro sistema de combate aéreo europeo.

En el ámbito de la munición, Rheinmetall Expal Munitions registró una facturación de 716,7 millones de euros, un 12% más que en 2024. Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) alcanzó los 488,3 millones, con un crecimiento del 37,4%, impulsada por sus sistemas de armas, estaciones remotas y tecnologías electroópticas.

El estudio también recoge la evolución de Grupo Oesía, con 321,6 millones de euros de facturación y un crecimiento del 26%; Santa Bárbara Sistemas, con 266,7 millones; y Urovesa, que alcanzó los 137,4 millones, un 12,5% más que el año anterior. Estas empresas representan diferentes segmentos de la cadena industrial, desde las comunicaciones tácticas y la ciberseguridad hasta los vehículos blindados y las plataformas terrestres.

El sostenimiento, el principal riesgo de la modernización militar española

Más allá de las cifras de inversión y crecimiento empresarial, el documento introduce una advertencia de especial relevancia para la planificación de las Fuerzas Armadas: aumentar las adquisiciones no garantiza automáticamente una mejora equivalente de la capacidad operativa.

El informe considera que cada nuevo programa de armamento debe incorporar desde su inicio los costes de mantenimiento, actualización tecnológica, formación, municionamiento, infraestructura y personal especializado. De lo contrario, el país puede encontrarse con una flota creciente de plataformas cuya disponibilidad real quede limitada por la insuficiencia de recursos para mantenerlas operativas.

Esta cuestión adquiere especial importancia en un momento en el que España está desarrollando o incorporando programas de modernización en los ámbitos terrestre, naval y aéreo. La disponibilidad de repuestos, la capacidad de reparación, el mantenimiento de los sistemas electrónicos y la formación de los operadores deben formar parte de la planificación presupuestaria desde las primeras fases de cada adquisición.

El estudio recomienda establecer una senda plurianual de financiación, transparente y jurídicamente estable, que reduzca la dependencia de créditos extraordinarios y decisiones presupuestarias anuales. También plantea reforzar la participación nacional en los grandes programas, impulsar la transferencia tecnológica y mejorar la integración de las pymes en las cadenas de suministro de los principales contratistas.

Autonomía tecnológica y cooperación europea

La autonomía estratégica constituye otro de los ejes del análisis. Europa mantiene dependencias exteriores en ámbitos como la defensa aérea, la inteligencia, los semiconductores, los satélites y los sistemas de mando y control. El informe considera que los nuevos instrumentos financieros europeos deben contribuir a desarrollar capacidades propias y cadenas de suministro menos vulnerables.

Para España, esto implica reforzar sus capacidades en radares, sensores, sistemas electroópticos, comunicaciones seguras, guerra electrónica, inteligencia artificial, drones, antidrones, ciberdefensa y munición guiada. Son ámbitos en los que las empresas nacionales pueden ampliar su participación en los programas europeos y desarrollar productos con potencial de exportación.

El documento también recomienda impulsar la cooperación entre grandes contratistas, empresas medianas, pymes tecnológicas, centros de investigación y universidades. La consolidación de alianzas industriales y consorcios permitiría alcanzar una escala de producción más competitiva y reducir la fragmentación que todavía caracteriza a determinados segmentos del sector.

El horizonte 2027-2030 estará condicionado, no obstante, por factores económicos que pueden limitar la continuidad del rearme. El endeudamiento público, los tipos de interés, la inflación de determinados componentes, las tensiones energéticas y la competencia por materias primas críticas pueden provocar retrasos y sobrecostes. El estudio recomienda preparar escenarios presupuestarios alternativos y proteger especialmente las capacidades consideradas esenciales.

La conclusión del análisis es que España dispone de una oportunidad para reforzar su posición en la industria europea de defensa, pero el éxito dependerá de cómo gestione el incremento de los recursos. El objetivo no debería limitarse a adquirir más armamento, sino desarrollar una estructura industrial capaz de producir, mantener, actualizar y exportar tecnologías estratégicas. En definitiva, el desafío para los próximos años será transformar el esfuerzo presupuestario en autonomía tecnológica, capacidad operativa, empleo cualificado y una base industrial sostenible.

 

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