Formación y seguridad en el patrimonio histórico-cultural: Los 5 pilares claves

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«No se trata de nacer sabiendo, sino de tener la ilusión y la humildad de aprender cada día algo nuevo»

La protección del patrimonio histórico-cultural —que abarca desde monumentos y yacimientos arqueológicos hasta museos, archivos, galerías, bienes muebles, inmuebles, etc. de incalculable valor cultural, representa un desafío continuo en la prevención, protección y su salvaguarda.

Garantizar su seguridad no solo requiere de sistemas tecnológicos avanzados o normativas estrictas, sino de un factor humano altamente preparado. Para lograrlo con éxito, la formación y su aprendizaje continuo en los equipos de una institución museística deben asentarse sobre 5 pilares básicos que aseguran una protección integral y adaptada a la realidad del sector. Fundamental una seguridad hibrida compuesta por  (personas, tecnologías y datos), así como un procedimiento de alertas tempranas en el binomio (seguridad pública-privada). Por todo ello, la formación como aprendizaje continuo es esencial.

1. Contexto

 

Ninguna estrategia de seguridad es efectiva si se diseña desde el desconocimiento del entorno y del contorno.

En el ámbito del patrimonio histórico-cultural, el contexto lo es todo: no se puede proteger de la misma manera un castillo medieval, una iglesia barroca o una sala de exposición de un museo contemporáneo, etc.

  • Aplicación práctica: La formación debe enseñar a los profesionales a analizar y evaluar la gestión de riesgos, amenazas y vulnerabilidades del entorno y contorno, el flujo de visitantes, las condiciones climatológicas, etc. Comprender el valor histórico y artístico del bien ayuda a dimensionar el nivel de protección necesario sin alterar su esencia.

2. Enfoque

La seguridad en el patrimonio histórico-cultural requiere de una visión holística, pero precisa. El enfoque formativo debe evitar soluciones genéricas y centrarse en la prevención, protección y salvaguarda en base a la incertidumbre del momento.

  • Aplicación práctica: Se deben entrenar protocolos, operativas, procedimientos y simulacros específicos donde la prioridad sea la salvaguarda tanto de las personas (visitantes y personal del museo) de los bienes culturales (activos y actividades) y de las instalaciones. Un enfoque adecuado equilibra la accesibilidad pública y el disfrute del patrimonio con las medidas de control y vigilancia necesarias.

3. Especialidad

El patrimonio histórico-cultural posee características técnicas, legales y materiales únicas que lo diferencian de cualquier otro sector industrial o comercial. Por tanto, la seguridad no puede dejarse en manos de personal sin cualificación específica en este ámbito.

  • Aplicación práctica: La capacitación debe incluir módulos especializados y amplios en diferentes segmentos: sobre el perfil personal, idiomas, conocimiento en el patrimonio histórico-cultural,  manipulación de bienes culturales, reconocimiento de falsificaciones o daños, normativas de protección patrimonial, el manejo de sistemas de seguridad no intrusivos (iluminación, sensores y cámaras adaptadas a edificios protegidos), etc. La especialización dota al personal de seguridad de conciencia y confianza en su día a día. 

4. Aprendizaje

El conocimiento en seguridad y patrimonio no es estático; evoluciona constantemente debido a los momentos geopolíticos,  nuevas amenazas con nuevas modalidades delictivas, nuevos avances tecnológicos (IA, etc.) y las lecciones aprendidas de incidentes pasados.

  • Aplicación práctica: Fomentar una cultura de aprendizaje continuo es vital. Las instituciones deben implantar programas de formación continua, simulacros periódicos y actualización normativa para que los equipos estén siempre preparados frente a escenarios imprevistos, transformando la experiencia diaria en conocimiento útil.

5. Feedback

El círculo de la formación se cierra con la retroalimentación. Ningún plan de seguridad es infalible desde el primer día, por lo que es imprescindible evaluar continuamente su eficacia a través de la comunicación bidireccional.

  • Aplicación práctica: Es necesario establecer canales donde el personal de seguridad, los conservadores, restauradores, registro, mantenimiento, colecciones, limpieza, guías, etc. puedan reportar incidencias, debilidades detectadas en los protocolos o proponer mejoras prácticas. El análisis del feedback permite corregir errores, redefinir estrategias y optimizar los planes de contingencias de forma constante.

Conclusión

La seguridad en el patrimonio histórico-cultural no es un gasto, es una INVERSIÓN en la memoria colectiva y de la identidad cultural.

Integrar estos 5 pilares formativos (Contexto, Enfoque, Especialidad, Aprendizaje y Feedback) garantiza que los profesionales encargados de su custodia actúen con profesionalidad,  conocimiento, rigor, eficacia-eficiencia y sensibilidad hacia los activos (personas, bienes e instalaciones), así como a las actividades que protegen, asegurando su legado para las futuras generaciones.

​Asociación Protecturi: por la prevención, la identificación de riesgos y la salvaguardia integral de nuestro patrimonio cultural

Jesús Alcantarilla, presidente de Protecturi 

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