La nueva Decisión del Consejo de la Unión Europea sitúa a España en cuatro de los cinco grandes proyectos europeos de interés común en materia de defensa. El verdadero reto no será estar dentro, sino aprovechar esa posición para influir, generar capacidades y reforzar nuestra autonomía estratégica.
Hay decisiones europeas que parecen pertenecer exclusivamente al ámbito jurídico y administrativo. Sin embargo, algunas de ellas contienen, entre sus artículos y anexos, señales inequívocas de hacia dónde pretende avanzar Europa.
La Decisión de Ejecución (UE) 2026/2221 del Consejo, de 28 de septiembre de 2026, es una de ellas.
La norma define cinco proyectos europeos de interés común en el ámbito de la defensa, al amparo del Reglamento (UE) 2025/2643, por el que se establece el Programa para la Industria de Defensa Europea. No se trata únicamente de identificar ámbitos de cooperación. Los proyectos pretenden desarrollar capacidades, impulsar la producción industrial, favorecer adquisiciones comunes, crear redes tecnológicas y mejorar la interoperabilidad europea.
España está presente en cuatro de ellos: Drones y sistemas antidrones, defensa marítima y de los fondos marinos, capacidades espaciales y, por último, defensa integrada antiaérea y antimisiles.
La lectura estratégica resulta inevitable. Europa está comenzando a definir las capacidades de defensa que considera esenciales para las próximas décadas y España tiene ahora la oportunidad de participar en esa definición. La cuestión es si sabremos aprovecharla.
Cinco proyectos que dibujan una nueva arquitectura de defensa
Los cinco proyectos aprobados por el Consejo son DECODER, dedicado a los sistemas no tripulados y antidrones; IMSD, centrado en el dominio marítimo y los fondos marinos; SPACE, orientado a las capacidades espaciales; EU-FIAMD, destinado al desarrollo de una defensa integrada antiaérea y antimisiles; y EFW, dirigido a la vigilancia y protección del flanco oriental europeo. España participa en los cuatro primeros.
Esta distribución resulta especialmente significativa. Los proyectos en los que participa España abarcan ámbitos diferentes, pero estrechamente relacionados entre sí por una característica común: todos dependen de la capacidad para obtener, compartir, procesar e integrar información procedente de múltiples sensores y sistemas. Más que desarrollar plataformas aisladas, la Decisión habla de arquitecturas, interoperabilidad, centros tecnológicos, producción industrial, adquisición conjunta e inteligencia, vigilancia y reconocimiento. En definitiva, habla de sistemas capaces de operar conjuntamente, y esa puede ser una de las claves de la nueva defensa europea.
DECODER: los drones han cambiado las reglas
El proyecto DECODER, Determinación Europea sobre Drones y Sistemas Antidrones, pretende facilitar el desarrollo, expansión e implantación coordinada de capacidades europeas en materia de sistemas y contrasistemas no tripulados.
Su planteamiento incluye la contratación conjunta, la expansión de la producción industrial, el desarrollo de nuevas soluciones y la creación de una Red Europea de Centros Tecnológicos para Drones destinada a facilitar las pruebas y acelerar la innovación.
La importancia de esta iniciativa resulta evidente, los drones han pasado en pocos años de ser una capacidad especializada a convertirse en una herramienta transversal. Su utilización afecta al campo de batalla, pero también a la vigilancia, la protección de instalaciones, el control de espacios, la obtención de información y la seguridad de infraestructuras.
Y, paralelamente, ha surgido una nueva necesidad: la capacidad antidron, cuya respuesta tampoco puede reducirse a un único sistema. Detectar un pequeño dron, identificarlo, determinar su comportamiento, conocer su operador, valorar la amenaza y decidir una respuesta requiere una cadena tecnológica en la que intervienen sensores, comunicaciones, procesamiento de datos, inteligencia artificial, mando y control y sistemas de neutralización.
Por ello, DECODER puede ser mucho más que un programa europeo de drones, puede convertirse en una de las primeras experiencias de construcción de una arquitectura europea integrada de sistemas no tripulados y contrasistemas. España debería contemplarlo desde esa perspectiva.
IMSD: el fondo marino se convierte en espacio estratégico
Pero si existe un proyecto que presenta una especial importancia para España, es IMSD, Integrated Maritime and Seabed Defence. Su objetivo es establecer una arquitectura europea marítima y de fondos marinos, federada e interoperable, capaz de reforzar la capacidad de los países participantes para prevenir y detectar amenazas, disuadir a sus autores y responder ante ellas.
El proyecto se estructura alrededor de tres grandes pilares:
- Conocimiento de la situación marítima.
- Combate naval e interdicción marítima.
- Guerra submarina y del fondo marino.
Pero el elemento que debería llamar especialmente la atención en España aparece en el propio texto de la Decisión. IMSD contempla expresamente la protección de puertos, instalaciones offshore, cables submarinos y gasoductos.
Estamos ante una evolución conceptual de gran importancia, ya que, durante mucho tiempo, la seguridad marítima se contempló fundamentalmente desde la superficie. Hoy esa visión resulta insuficiente puesto que bajo el agua existe una auténtica red de infraestructuras estratégicas.
- Cables de comunicaciones.
- Infraestructuras energéticas.
- Instalaciones offshore.
- Infraestructuras portuarias.
- Sistemas submarinos.
Su protección exige una combinación de vigilancia, inteligencia, sensores, sistemas no tripulados, medios navales y capacidades de análisis.
España, por su posición geográfica, tiene aquí un interés particularmente evidente. Nuestra condición atlántica y mediterránea, la presencia de los archipiélagos, Ceuta y Melilla, el Estrecho de Gibraltar y la importancia de nuestros puertos convierten el dominio marítimo en uno de los espacios fundamentales de nuestra seguridad.
Pero existe una segunda consideración, la protección de una infraestructura submarina no es exclusivamente una cuestión militar. Puede afectar simultáneamente a la seguridad nacional, las comunicaciones, la energía, la economía, el transporte y la continuidad de servicios esenciales: por ello, IMSD debería contemplarse desde España con una perspectiva multidominio y de seguridad integral.
El fondo marino como nueva frontera de inteligencia
La inclusión de los cables submarinos en un proyecto europeo de defensa tiene, además, una lectura que trasciende la protección física.
Una infraestructura crítica necesita ser conocida antes de poder ser protegida; esto implica saber dónde está, qué importancia tiene, quién la opera, cuáles son sus puntos vulnerables, qué actividad se desarrolla en su entorno y qué cambios podrían indicar una amenaza. La protección eficaz comienza, por tanto, con el conocimiento de la situación.
Precisamente por eso IMSD puede tener especial interés para España. La combinación de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, sistemas no tripulados, sensores submarinos, capacidades espaciales y conocimiento marítimo nos puede permitir pasar de una vigilancia reactiva a un modelo progresivamente orientado a la detección temprana y la prevención.
En este ámbito existe una oportunidad para conectar capacidades militares con otros instrumentos nacionales de seguridad como, por ejemplo, es el SIVE de la Guardia Civil. La protección del fondo marino no debería entenderse como una competencia aislada, debe formar parte de una arquitectura nacional de conocimiento y protección del dominio marítimo.
SPACE: la autonomía comienza también desde el espacio
El tercer proyecto español es SPACE. Su ámbito incluye alerta temprana basada en el espacio, comunicaciones por satélite, inteligencia, vigilancia y reconocimiento, inteligencia de señales, conocimiento de la situación espacial, posicionamiento, navegación y temporización, así como capacidades relacionadas con NAVWAR.
La dimensión espacial es hoy transversal, porque una parte creciente de las actividades militares y de numerosas funciones críticas depende de capacidades espaciales. Comunicaciones, navegación, observación, sincronización, obtención de información y alerta temprana forman parte de un mismo ecosistema tecnológico, de modo que la pérdida o degradación de una de estas capacidades puede producir efectos que trasciendan ampliamente el propio ámbito espacial.
Por ello, la autonomía europea en este campo no debe entenderse únicamente como una cuestión tecnológica. También afecta a la capacidad para obtener información propia, mantener comunicaciones y disponer de servicios espaciales esenciales. España participa en este proyecto junto con otros Estados europeos y la iniciativa contempla incluso el desarrollo de una constelación europea de múltiples misiones. En este contexto, la participación en SPACE puede representar para las capacidades industriales, tecnológicas y científicas españolas una oportunidad de integración en proyectos europeos de elevada complejidad.
Es también una cuestión de libertad de decisión. La capacidad para obtener información propia, mantener comunicaciones y disponer de servicios espaciales esenciales condiciona la capacidad de actuar de forma independiente.
España participa en este proyecto junto con numerosos Estados europeos. La iniciativa contempla incluso el desarrollo de una constelación europea de múltiples misiones.
Para la industria española, para sus centros tecnológicos y para sus capacidades científicas, el espacio representa, por tanto, un ámbito en el que la participación europea puede convertirse en una palanca de crecimiento tecnológico.
EU-FIAMD: la defensa aérea será una arquitectura
El cuarto proyecto, EU-FIAMD, aborda la defensa integrada antiaérea y antimisiles. Su finalidad es permitir que los Estados participantes dispongan de capacidades que puedan combinarse eficazmente y emplearse conjuntamente, integrando sensores, efectores, información de alerta temprana y sistemas de mando y control.
La palabra decisiva vuelve a ser integración.
- Un radar aislado es un sensor.
- Un interceptor aislado es un sistema de armas.
- Un centro de mando aislado es una capacidad de dirección.
Pero cuando todos ellos pueden intercambiar información en tiempo real y formar parte de una arquitectura común, se convierten en un sistema de defensa.
La Decisión establece además que la arquitectura deberá respetar las prioridades, necesidades de capacidad y requisitos de interoperabilidad de la OTAN. Esta conexión es esencial, Europa no debe construir su defensa en un vacío estratégico, la futura arquitectura europea tendrá que ser compatible con la arquitectura atlántica.
Para España, participar en su definición puede ser tan importante como disponer posteriormente de los sistemas que la integren.
El dato económico: una dimensión que obliga a pensar a largo plazo
Las magnitudes económicas asociadas a los proyectos son extraordinarias.
- DECODER estima una inversión global de entre 500 y 5.000 millones de euros hasta 2033.
- IMSD, entre 000 y 72.000 millones hasta 2045.
- SPACE, hasta 000 millones hasta 2034.
- EU-FIAMD, entre 000 y 80.000 millones hasta 2040.
- EFW, entre 500 y 10.000 millones hasta 2032.
Conviene, no obstante, interpretar correctamente estas cifras. Son estimaciones globales de los proyectos, no fondos adjudicados a España, pero su magnitud permite comprender la dimensión del proceso que se está iniciando.
Para España, la cuestión no debería reducirse a cuánto puede obtener de estos programas, la pregunta más importante debería ser: ¿qué capacidades tecnológicas e industriales españolas queremos que formen parte de la futura defensa europea?
De comprador a socio tecnológico
Esta cuestión es esencial, puesto que la cooperación europea puede generar importantes oportunidades industriales, pero la participación no garantiza automáticamente liderazgo tecnológico.
Para aprovechar realmente el nuevo escenario será necesario identificar los ámbitos en los que España dispone de capacidades propias y aquellos otros en los que necesita asociarse. La industria de defensa española dispone de experiencia en numerosos sectores tecnológicos.
Pero la nueva generación de capacidades exige además integrar inteligencia artificial, sensores avanzados, sistemas no tripulados, comunicaciones, espacio, ciberseguridad, análisis de datos y sistemas autónomos.
El modelo industrial del futuro será necesariamente más transversal, aquí aparece una oportunidad especialmente relevante para las pequeñas y medianas empresas tecnológicas. Muchas de las tecnologías que determinarán las capacidades militares futuras nacen fuera de los grandes contratistas tradicionales.
La cuestión será conseguir que ese conocimiento llegue a los grandes programas europeos y que las empresas españolas puedan incorporarse a sus cadenas de valor.
La segunda convocatoria puede ser tan importante como la primera
La Decisión contiene un elemento que deberíamos seguir atentamente en España, el Consejo señala que la Comisión pretende evaluar periódicamente la posibilidad de definir nuevos proyectos y lanzar una segunda convocatoria de manifestaciones de interés antes de finales de abril de 2027.
Este calendario debería llevarnos a mirar más allá de los cinco proyectos actualmente aprobados por lo que España debería comenzar a identificar desde ahora aquellas capacidades que podrían constituir futuros proyectos europeos de interés común. Esperar a que se publique una convocatoria para empezar a pensar qué presentar posiblemente sería llegar tarde.
La verdadera influencia se ejerce antes, cuando se definen las necesidades, cuando se determinan los requisitos, cuando se diseñan las arquitecturas, cuando se establecen los estándares, cuando se decide dónde estarán los centros de pruebas y cuando se forman las alianzas industriales.
España ante una oportunidad estratégica
La participación española en cuatro de los cinco proyectos no debería interpretarse como un simple dato administrativo. Es una señal de los ámbitos que Europa considera prioritarios y, al mismo tiempo, de los espacios en los que España puede encontrar oportunidades de participación. Drones, dominio marítimo y fondos marinos, espacio y defensa aérea responden a necesidades diferentes, pero comparten una dependencia creciente de la información: información obtenida mediante sensores, procedente del espacio o del entorno submarino, generada por sistemas no tripulados y procesada mediante tecnologías avanzadas para convertirse finalmente en conocimiento útil para la decisión.
Desde esta perspectiva, la cuestión estratégica no consiste únicamente en disponer de más plataformas, sino en conseguir que los distintos sistemas puedan integrarse y que la información que generan pueda transformarse con rapidez en conocimiento, decisión y acción. Esa lógica aparece, con diferentes formulaciones, en los cuatro proyectos europeos en los que participa España y constituye probablemente uno de los elementos más relevantes de la nueva arquitectura de defensa que comienza a configurarse.
Conclusiones
La Decisión de Ejecución (UE) 2026/2221 representa un paso significativo en la construcción de una nueva arquitectura europea de defensa. Su importancia no reside únicamente en los cinco proyectos que acaba de definir, sino en la dirección que marca: avanzar hacia capacidades comunes, interoperables, tecnológicamente soberanas y respaldadas por una base industrial capaz de producirlas y sostenerlas. España participa en cuatro de esos cinco proyectos y dispone, por tanto, de una posición que puede resultar relevante en esta nueva etapa, aunque la mera participación no garantiza por sí misma capacidad de influencia.
El desafío será determinar qué tecnologías y capacidades interesa desarrollar, qué ámbitos industriales conviene preservar y fortalecer, qué conocimiento tecnológico puede incorporarse a los programas europeos y en qué espacios puede España contribuir a definir requisitos, arquitecturas y estándares. La propia Decisión abre además una ventana temporal hacia una segunda convocatoria de manifestaciones de interés antes de finales de abril de 2027. La oportunidad, por tanto, no termina con los cinco proyectos actualmente aprobados: comienza también a proyectarse sobre los que puedan definirse mañana.
Europa ha comenzado a diseñar la defensa de las próximas décadas. España ya forma parte de esa arquitectura. El verdadero desafío será que esa participación no se limite a ocupar un lugar en ella, sino que contribuya, con capacidades, conocimiento e industria, a decidir cómo se construye.



