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viernes, abril 19, 2024

BRICS II: Los desafíos del Nuevo Orden Mundial

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Como habíamos relatado en BRICS+, este bloque compuesto por 10 países (Arabia Saudí, Brasil, China, Egipto, EAU, Etiopía, Irán, India, Rusia y Sudáfrica) y 3.600 millones de personas, con una superficie ocupada de 40 millones de km2 y un PIB de 26 billones (con 12 ceros) de dólares USA al cierre de 2022 (datos revisados), nace como alternativa comercial y geopolítica al Bloque Occidental, tras las modificaciones sufridas por el orden internacional emergente del final de la Segunda Guerra Mundial, a saber: caída del muro de Berlín, disolución de la URSS y advenimiento de China como nueva gran potencia tras la muerte de su Gran Timonel, Mao Ze Dong.

El PIB mundial total supera ya los 100 billones de dólares USA, de los que más de 50 billones corresponden a USA, UE y otras economías aliadas, repartidas por el globo (Australia, Canadá, Corea del Sur, Japón, Nueva Zelanda, etc.)

El antiguo modelo surgido tras la victoria de 1945 compuesto por Países Occidentales y sus Aliados versus Bloque del Este, con un tercer paquete de países llamados No Alineados, ha quedado obsoleto ante las nuevas realidades y el mundo bipolar de la Guerra Fría ha pasado a ser un mundo multipolar en el que nuevos agentes han cobrado protagonismo. De alguna manera se reproduce un mundo de bloques similar al de la Guerra Fría, pero con más operadores y con un peso específico diferente del original.

La modificación del orden incluye varias nuevas realidades: el principal heredero de la URSS, la Federación Rusa (conocida como Rusia genéricamente) es una potencia decadente, por pérdida de territorio de 22 a 17 millones de km2, por pérdida de población de 290 a 145 millones de habitantes (población sometida al invierno demográfico que asola el planeta tras el baby boom, con el consiguiente envejecimiento y disminución de población adicional por migración) y por la pérdida de influencia política como consecuencia directa de la desaparición de la URSS; la economía rusa, además, no tiene el peso que le corresponde por sus inmensos recursos naturales y no ha terminado de despegar en los 33 años que hace que tomó el relevo.

El nuevo líder del desafío a Occidente es China, que en 1978 varió su rumbo bajo el mando de Deng Xiao Ping (el Pequeño Timonel, la personalidad más influyente de China en su reciente historia) y para 2008 había conseguido un nuevo estatus como gran potencia mundial, en sustitución de la antigua URSS. El último medio siglo es la historia del éxito chino tras el abandono del modelo económico comunista ortodoxo. En la actualidad el país se desenvuelve como una dictadura de partido único (PCCH) con un sistema económico de tipo capitalista, asimilado más o menos al occidental. Su desarrollo estaba concebido para 40 años pero lo consiguieron en 30. Su clase media emergente, unos 300 millones de personas, supera a la clase media de cualquier país, si bien no en renta per cápita, pero garantiza unos niveles de consumo y de poder adquisitivo enormes.

Un indudable co-líder emergente es India, que en la actualidad posee un PIB superior a 3 billones de dólares USA, frente a los casi 20 billones que está produciendo China, la otra gran potencia poblacional, vecina del subcontinente; entre ambos suponen el 40% de la población mundial y su proximidad geográfica así como su pertenencia al grupo BRICS les garantiza a ambos unas sinergias de orden económico que hará que los dos catapulten su peso especifico en su bloque y en el conjunto de la economía mundial. Si el despegue de India se produce en términos similares a los de China, en menos de 30 años dispondrá el mundo de otra superpotencia en varios órdenes, incluido el económico y por ende el político y militar, aumentando su peso específico propio así como el del bloque al que pertenece. Las funciones de co-liderazgo regional e internacional también le vendrán impuestas por dichas circunstancias.

Otra realidad es la demografía: el 15 de noviembre de 2022 el planeta cruzó la barrera de los 8.000 millones de habitantes, de los que más de 1400 pertenecen a China y más de 1500 a la India, y que contiene en su esquina asiática oriental más del 50% de la población del globo. El mundo bipolar de 1945 tenía 2.400 millones de habitantes.

Los antiguos países del Pacto de Varsovia han huido de la tiranía comunista y se han integrado al bloque occidental, tanto en Europa como en la OTAN, el sistema defensivo occidental de respuesta solidaria que integra a 30 países, entre ellos los EEUU de N.A. como líder natural. Naturalmente, han cambiado su modelo productivo y pertenecen a la UE o están a punto alguno de ellos a incorporarse, habiendo adoptado de modo general el sistema económico.

El resto del mundo, principalmente países de África, Centro y Sur América y otros países de zonas remotas en Asia y Oceanía basculan su acercamiento a uno u otro bloque en función de sus intereses coyunturales. Estos países superan los 2.000 millones de habitantes, por lo que suponen objeto de interés para las grandes potencias, que desearían influir en ellos como aliados, clientes mutuos, proveedores o demandantes de materias primas, relaciones de seguridad, etc.

Así pues, la configuración del mundo presente es muy diferente a la existente hace menos de un siglo, con unos cambios vertiginosos en todos los órdenes: militar, político, económico, demográfico, de desarrollo humano, relaciones internacionales, progreso tecnológico y científico y todos los etcéteras que podamos imaginar. La globalización es el nuevo fenómeno generalizado del que disfruta el mundo, con viajes “low cost” alrededor de todo el planeta, tráfico ilimitado de mercancías, bienes, conocimientos, tecnología y personas, y como consecuencia, peligros inherentes (tráfico de armas, drogas,  material radiactivo, secretos tecnológicos y militares, esclavitud mediante trata de personas de ambos géneros…etc.)

Este nuevo orden mundial plantea retos que todos deberán afrontar de uno u otro modo, para no quedarse a rebufo del progreso y para asegurarse su supervivencia, recursos y correspondiente seguridad e influencia en su entorno geopolítico.

USA, actor principal y ahora primus inter pares (anteriormente era superpotencia única desde la caída del Telón de Acero) tiene que interpretar una nueva forma de hacer política exterior, desde que el 11S  (2001) le demostró que nadie estaba a salvo de los peligros de la globalización: el terrorismo y la guerra asimétrica le plantea nuevos retos, de modo que tuvo que acudir a un modelo nuevo de autoprotección: la guerra preventiva. Y naturalmente, el refuerzo de sus inversiones en inteligencia y acción exterior para prevenir atentados en el interior.

Este país, a medida que se fue configurando como gran potencia, primero en la Primera Guerra Mundial (la Gran Guerra) y después como vencedor de la Segunda Guerra Mundial, ha tenido que ir adaptando su acción exterior a continuas nuevas exigencias como potencia líder del mundo libre, ejerciendo su poder de manera varia: poder duro, poder suave y poder inteligente. En el primer caso, para lograr sus objetivos debería poner en marcha todas sus capacidades militares, diplomáticas, económicas o de cualquier otro tipo como modo de presión. Estaríamos hablando del modo de utilizar ante amenazas, ya convencionales, ya asimétricas. En el contexto actual, mayormente asimétricas, pues no es fácil que ninguna de las potencias relevantes se atreva a plantear un conflicto armado contra semejante enemigo.

Para el segundo caso, las medidas apropiadas son de cooperación, comercio, intercambio diplomático y cultural, ayuda económica, cesión de tecnología, etc. Este modo de ejercer el poder (mayormente influencia, en beneficio mutuo) se da con socios y aliados, o con países en posición de debilidad o precariedad a los que se quiere ayudar y al mismo atraer a la esfera de su bloque.

El tercer modo, que llamaríamos inteligente, es una combinación de los dos anteriores (podríamos definir como modelo de palo y zanahoria), ejerciendo simultáneamente medidas coercitivas y compensatorias, para ajustar la respuesta al país o zona de interacción. De alguna manera, la política exterior USA varía poco de presidencia a presidencia, o de una época a otra, viniendo a suceder que la política de palo y zanahoria sube unos grados o los baja en uno u otro sentido dependiendo del caso tratado o el partido (o presidente) en el poder.

Las zonas identificadas de acción exterior para USA son Indo-Pacífico, Europa, Oriente Medio, Sur-Asia y Asia Central, Hemisferio Occidental (las Américas) y África. En todas ellas se le plantean retos, tanto de cooperación como de potenciales peligros y en todas debe modular su acción política exterior.

Los presidentes Bush junior y Obama, uno republicano y el otro demócrata, comprendieron que la acción exterior de USA no puede ser implementada, dados los modelos actuales de amenazas cambiantes, de manera unilateral, necesitando más cooperación con los socios y el presidente Trump, partidario de más palo que zanahoria contra (y para) amigos y enemigos, exige un mayor compromiso por parte de dichos socios. En el caso de los 30 países de la OTAN, exige que todos ellos hagan frente al 100% por 100% de sus compromisos financieros y militares con la alianza, o USA se sentiría liberado de cumplir con su parte dentro de la alianza.

Otro punto de preocupación para USA en la actualidad es la interacción entre nuevas tecnologías y grupos radicales o enemigos identificados. Son, sin ánimo de incluirlos a todos, Rusia, China, Irán y Corea del Norte, como operadores estatales opuestos a sus intereses. Consideran también amenazas a las organizaciones terroristas más conocidas, Isis, Al-Qaeda, Talibanes, Hamas, Hezbollah u otros de ámbito de actuación internacional, grupos que van apareciendo y desapareciendo en distintas partes del mundo.

Paz, prosperidad y desarrollo de sociedades de éxito, independientemente de que adopten o no el modelo político norteamericano, es el objetivo de la acción exterior USA, intentando siempre atraer nuevos socios al bloque de cooperación.

China, principal antagonista del líder occidental, está llevando por su parte, un modelo de intervención mixto o asimétrico, según la zona del mundo de la que estemos tratando. En su área de influencia próxima, su modelo es agresivo, habiendo desarrollado un poderoso ejército, tanto convencional en tierra, como aéreo, espacial o marítimo, y es de su interés prioritario el Mar de la China y la unificación de su territorio mediante su intención a corto, medio y largo plazo de incorporar Taiwan a la República Popular China, como ya hizo con Hong-Kong en 1997, al vencimiento del acuerdo de cesión al Imperio Británico firmado en 1847. Tras 150 años de presencia británica, el territorio se incorporó a la República Popular, si bien con un cierto estatus de política interior diferente del resto de la nación. Para ello está dedicando sumas inmensas de su PIB a equipamiento personal y adiestramiento de personal, con cifras justo por detrás de USA, superiores a cualquier otra potencia regional o global.

En cuanto a su política en otras partes del mundo, de momento no ha presentado abiertamente el frente militar, dedicándose a obtener ventajas allí donde las circunstancias lo permitan, mediante acuerdos económicos. Lo que le permite disponer de bases exteriores (puertos) para sus barcos mercantes e incluso militares en tránsito. De este modo su penetración en África es más que notable, y también en Sudamérica. Incluso en Europa está haciendo sólidos intentos de cooperación con países necesitados de ayuda económica, lo que le permite abrir hueco en el resto de rúbricas: comercial, portuaria, protección de su población migrante, etc.

China es, de este modo, el antagonista más importante del momento, tanto para USA como para el resto de países del bloque occidental, incluido UE. Su desarrollo industrial y tecnológico está alcanzando el nivel de punta equivalente o superior al de Occidente, y su modelo competitivo de negocios lo convierte en un rival temible. Su potencia económica no sólo afecta a Occidente, sino a todos los países de su entorno: Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur, Japón y todos los geográficamente próximos entre China e India.

Rusia, inmersa desde la desaparición de la URSS en una crisis política y de influencia, continúa con sus miedos ancestrales a la inseguridad en sus fronteras; con 17 millones de km² y 145 millones de habitantes, con una densidad de menos de 9 habitantes por km², con un sistema de gobierno escasamente democrático y una economía que nunca termina de despegar, es el paradigma del país que no consigue triunfar teniendo todas las bazas para ello. Sus recursos naturales son inmensos, su territorio es enorme, el capital humano de que dispone es suficiente para una mayor aportación al desarrollo económico, tecnológico y humano de su zona de influencia. Y sin embargo, salvo áreas muy determinadas de zonas próximas a Europa, el desarrollo del país dista mucho de ser moderno.

Desde la caída de la URSS, su pérdida de ascendiente sobre antiguos territorios ahora estados independientes ha sido continua y su método de resolución de conflictos por la vía militar no hace sino hundir más y más a la Federación Rusa en continuas crisis de prestigio y de relevancia. Su producto interior bruto, por población y recursos, debería ser como mínimo 3 ó 4 veces el actual (en torno a 1,8 billones de dólares USA). La guerra emprendida en Ucrania, tras dos décadas de intervención en otros lugares (Abjazia, Chechenia, Segunda Guerra de Chechenia, Georgia, Siria) convierten a Rusia en un vecino incómodo y en un país no confiable para los negocios y ha roto muchos lazos económicos que había creado con Europa a base de suministrar gas y petróleo. Ante el despropósito militar de Rusia, la UE está modificando sus estructuras y fuentes energéticas, con el fin último de desconectar de la dependencia rusa y diversificar sus fuentes de abastecimiento.

No es sino gracias a la pertenencia a BRICS que Rusia consigue ser una potencia relevante, teniendo en el grupo sus actuales principales clientes y apoyos, y cooperando en materia militar y de defensa con países de muy dudosa solvencia moral en el ambiente internacional: Irán, Corea del Norte y China no son precisamente avales tranquilizadores de cara a sus relaciones globales.

De este modo, Rusia no deja de ser un socio incómodo para las potencias de su propio bloque, caso de China, que prefiere otros modos de hacer política (a pesar de no haber retirado su apoyo a Rusia en el caso de la guerra con Ucrania) o la India, que con sus 1.500 millones de habitantes está llamada a ser un operador de primer orden en un período de tiempo no muy dilatado.

Rusia, por otra parte, no ha conocido otros regímenes que no sean autocráticos (salvo el corto período de pluralismo político Febrero – Octubre de 1917, rápidamente sofocado a sangre y fuego por el Partido Comunista de Lenin y Stalin), habiendo pasado del zarismo al comunismo y desde la caída de la URSS a los regímenes presidenciales de corte autocrático, con una pátina de urnas, pero con votaciones que superan el 70% a favor y poca o nula oposición. Así, el desarrollo económico pacífico y en términos de colaboración con su entorno natural, el europeo por el Oeste y el asiático por el Sur, Centro y Este, no ha dado los frutos que se esperan de una potencia tan rica en recursos de todo tipo. Debido al auge de sus socios y a su modelo político y de desarrollo, Rusia está llamada a descender aún más en el ranking internacional, de no aplicar modelos y políticas muy diferentes de las que ha llevado a cabo a lo largo de toda su historia. La recuperación demográfica no parece fácil y la modificación de rumbo del actual régimen no parece que esté próxima.

India, que tiene rivalidades regionales con Pakistán y con China (es un país inmenso), casi 3,3 millones de km² y una población próxima a los 1.500 millones de habitantes, es un factor de peso en el bloque BRICS. Su potencial humano es infinito, con una élite de recursos en el campo de la tecnología punta que hace que su personal esté muy demandado en el mundo entero y que va a producir un cambio en el país, similar al ocurrido en China, que les llevará los próximos 30 años. Pero en términos geopolíticos, el período es verdaderamente corto y por ello será una nación muy relevante en el futuro próximo. Si su PIB iguala a China en el mismo período, la influencia de este bloque crecerá considerablemente.

India puede convertirse en un factor de estabilidad al constituir, en conjunto con China y los otros países del entorno, un mercado de más de 4.000 millones de personas, donde las sinergias y las oportunidades son y serán indudables. Por otra parte este país practica el inglés como segunda lengua en su curriculum académico, por lo que las relaciones con el bloque occidental están garantizadas en términos de mayor cooperación, lo que hará que las tensiones entre bloques puedan ser controladas, a medida que el mercado asiático regional se consolide y el país suponga para el conjunto una elevación del nivel de vida.

Europa es otro gran actor, por peso económico y desarrollo humano, inmerso en el gran juego global. Y sin embargo su comportamiento desde la unificación de Alemania (1871) y el advenimiento como grandes potencia de USA y URSS (final de la Gran Guerra y Segunda Guerra Mundial) ha tenido un comportamiento errático, inmerso en intereses más propios de pequeñas potencias locales que en el conjunto de la influencia y peso específico en la toma de decisiones mundiales que le correspondería por población, desarrollo humano e impacto económico. Es una tara para el peso global del bloque Occidental, que grava de manera infinita el potencial de dicho bloque, convirtiéndose en un peligro para sus ciudadanos y en una rémora para el conjunto. De este tema existen innumerables tratados, pero sin solución a corto plazo. Los dirigentes políticos de estas naciones ven un panorama local, no tienen visión global y son incapaces de ponerse de acuerdo. Será tema a tratar en otro espacio, pues se necesita algo más que un párrafo para despachar la cuestión.

Al margen de los dos bloques de referencia en el mundo actual, el Occidental formado por USA, UE, y asociados en Norteamérica y Lejano Oriente (Australia, Canadá, Corea del Sur, Japón, Nueva Zelanda), existe otro grupo de países con poblaciones en crecimiento que están próximos o superan los 100 millones de habitantes, casos de Indonesia (285) , Pakistán (250), Nigeria (225), Bangladés (175), Méjico (130), Congo (115), Filipinas (115), Vietnam (100), Turquía (85), que se convertirán, por vía del desarrollo económico y humano, también en los próximos 30 ó 40 años, en líderes regionales y/o de zonas que tendrán posibilidades de influir en la geopolítica y geoestrategia de los grandes, y que, basculando a uno u otro lado, o manteniendo la distancia con ambos, determinarán, junto a ellos, el destino de la humanidad.

Estos líderes ya presentes, pero más en el futuro, actúan en ámbitos de Asia, América, África y Europa, y su peso e influencia serán de absoluta relevancia en sus regiones y en el conjunto del planeta.

Los años por venir serán apasionantes y los actores aquí descritos serán los principales en dicho período.

Consultas: Octavio Trejo Hermida para Instituto de Investigaciones Estratégicas de la Armada de Méjico, de fecha 07/03/2018
Agradecimientos a Datosmacro.com por su excepcional base de datos.

Por A.M. Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

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