Durante las primeras semanas de la invasión rusa de Ucrania, iniciada el 24 de febrero de 2022, el mundo asumía que la caída de Kiev era cuestión de días. Las columnas blindadas rusas habían cruzado la frontera desde Bielorrusia, las fuerzas aerotransportadas intentaban asegurar el aeropuerto de Hostómel para establecer un puente aéreo y las unidades avanzadas llegaron a situarse a apenas una veintena de kilómetros del centro de la capital.
Todo apuntaba a una operación de decapitación política destinada a sustituir rápidamente al Gobierno de Volodímir Zelenski. Sin embargo, poco más de un mes después, Moscú ordenaba una retirada completa del norte de Ucrania. Aquella decisión marcó uno de los mayores fracasos militares rusos desde el final de la Guerra Fría.
Lejos de responder a una única causa, la retirada fue el resultado de una combinación de errores de planificación, resistencia ucraniana, problemas logísticos y cambios en la evaluación estratégica del Kremlin. Cuatro años después, la mayoría de estudios militares occidentales coinciden en que la campaña sobre Kiev se diseñó sobre presupuestos que nunca llegaron a cumplirse.
Una guerra concebida para durar pocos días
El primer elemento fue probablemente el más importante: Rusia planificó una operación extremadamente rápida. La inteligencia occidental sostiene que Moscú esperaba un colapso político casi inmediato del Estado ucraniano. El objetivo no parecía ser conquistar todo el país mediante una larga campaña militar, sino provocar la caída del Gobierno central antes de que Ucrania pudiera organizar una defensa sostenida.
Esa hipótesis explica muchas de las decisiones iniciales. Las fuerzas rusas avanzaron simultáneamente desde varios ejes —norte, noreste, este y sur— dispersando efectivos. En lugar de concentrar todos los recursos sobre Kiev, el Kremlin trató de obtener éxitos rápidos en múltiples frentes, confiando en que la presión simultánea provocaría un efecto dominó.
La apuesta implicaba un riesgo enorme: si el Gobierno ucraniano resistía durante las primeras semanas, el dispositivo ruso quedaría expuesto a un conflicto mucho más largo para el que no estaba preparado.
El fracaso del golpe de mano sobre Hostómel
Uno de los episodios decisivos fue la batalla por el aeropuerto Antonov de Hostómel, situado a unos 25 kilómetros de Kiev. La operación pretendía que fuerzas aerotransportadas capturasen la instalación para permitir la llegada de aviones de transporte con miles de soldados adicionales.
De haber funcionado el plan, Rusia habría establecido un importante punto de entrada a las puertas de la capital, acelerando un posible asalto urbano. Sin embargo, las fuerzas ucranianas reaccionaron con rapidez. El aeropuerto quedó inutilizado para el puente aéreo previsto y las tropas rusas perdieron uno de los elementos esenciales de su estrategia inicial. Desde ese momento, el avance hacia Kiev pasó a depender casi exclusivamente de larguísimas líneas logísticas terrestres.
Las enormes dificultades logísticas
La famosa columna militar rusa de decenas de kilómetros al norte de Kiev terminó convirtiéndose en uno de los símbolos del fracaso de la ofensiva. Durante semanas, imágenes por satélite mostraron cientos de vehículos prácticamente inmovilizados.
Las razones fueron múltiples: escasez de combustible; dificultades para abastecer a miles de soldados; averías mecánicas; carreteras insuficientes para semejante volumen de vehículos; ataques constantes de fuerzas ucranianas contra convoyes logísticos. La doctrina militar moderna demuestra que ninguna ofensiva puede sostenerse sin un sistema eficiente de suministros. En el caso ruso, el ritmo del avance superó ampliamente la capacidad de abastecimiento.
La resistencia ucraniana fue muy superior a la prevista
Otro de los grandes errores fue la infravaloración del ejército ucraniano. Desde 2014, tras la anexión de Crimea y el inicio del conflicto del Donbás, Ucrania había transformado profundamente sus Fuerzas Armadas con apoyo occidental. Miles de militares habían recibido entrenamiento de instructores estadounidenses, británicos, canadienses y europeos. Cuando comenzó la invasión, Ucrania ya no era el ejército poco preparado de 2014.
Además, la decisión de Zelenski de permanecer en Kiev tuvo un enorme impacto político y militar. Su conocida frase —»Necesito munición, no un transporte«— terminó convirtiéndose en un poderoso elemento de cohesión nacional. En lugar de provocar el colapso institucional esperado por Moscú, la invasión fortaleció la resistencia ucraniana.
Inteligencia occidental en tiempo real
Uno de los factores menos visibles fue el extraordinario apoyo de inteligencia proporcionado por Estados Unidos y otros aliados. Aunque tropas de la OTAN nunca combatieron directamente en Ucrania, Kiev recibió información prácticamente en tiempo real sobre movimientos rusos, comunicaciones, concentraciones de tropas y planificación operativa. La combinación de satélites, vigilancia electrónica, aeronaves de reconocimiento y sistemas de inteligencia permitió a Ucrania anticipar numerosos movimientos rusos.
Este flujo constante de información compensó parcialmente la enorme inferioridad material ucraniana. El barro también decidió la campaña. La invasión comenzó al final del invierno. Pocos días después apareció uno de los fenómenos clásicos de las guerras en Europa oriental: la rasputitsa. El deshielo convirtió enormes extensiones de terreno en barro casi impracticable. Los vehículos pesados quedaron obligados a circular por carreteras asfaltadas, facilitando las emboscadas. La movilidad rusa quedó seriamente limitada precisamente cuando necesitaba maniobrar para rodear Kiev.
El coste humano de conquistar una gran ciudad
Incluso aunque Rusia hubiera logrado rodear completamente Kiev, tomar una ciudad de varios millones de habitantes habría supuesto un desafío enorme. La guerra urbana favorece tradicionalmente al defensor. Cada edificio puede convertirse en una posición fortificada. Cada barrio exige combates independientes.
Experiencias como Grozni, Mosul, Faluya o Mariúpol demostraron que conquistar una gran ciudad requiere enormes recursos y produce elevadísimas bajas. El Kremlin pudo concluir que el coste político y militar sería desproporcionado respecto al beneficio esperado.
¿Fue realmente una retirada o un cambio de estrategia?
Cuando Rusia anunció la retirada del norte de Ucrania, Moscú afirmó que nunca había pretendido conquistar Kiev y que la operación buscaba fijar fuerzas ucranianas mientras se preparaba la ofensiva principal en el este. Occidente rechaza esa explicación. Numerosos documentos, despliegues iniciales y testimonios posteriores indican que la capital era un objetivo prioritario durante las primeras semanas de la guerra.
Sin embargo, una vez comprobado que la operación había fracasado, el Kremlin optó por concentrar recursos en un objetivo más limitado: consolidar el control sobre el Donbás y el corredor terrestre hacia Crimea. Desde una perspectiva estrictamente militar, aquella decisión permitió reducir la dispersión de fuerzas y adaptar la campaña a un conflicto de desgaste.
Las lecciones para los estrategas militares
La campaña de Kiev ha pasado a estudiarse en academias militares de todo el mundo por las enseñanzas que ofrece sobre la guerra contemporánea. La primera es que la superioridad numérica o tecnológica no garantiza el éxito cuando se parte de premisas estratégicas erróneas. La segunda, que la logística sigue siendo el elemento decisivo de cualquier ofensiva moderna: un ejército que no puede abastecerse difícilmente puede sostener el impulso inicial. La tercera es el peso creciente de la inteligencia en tiempo real y de los sistemas de información compartidos, capaces de multiplicar la eficacia de un defensor.
La retirada rusa del entorno de Kiev no puso fin al conflicto, pero sí transformó completamente su naturaleza. Lo que había comenzado como una operación concebida para provocar un rápido cambio de régimen derivó en una guerra prolongada de desgaste, con frentes estabilizados, movilizaciones masivas, sanciones internacionales y una implicación cada vez mayor de los aliados occidentales en el apoyo a Ucrania.
Con la perspectiva que ofrece el tiempo, la ofensiva sobre Kiev representa uno de los momentos decisivos del conflicto. Si la capital hubiera caído en las primeras semanas, el desarrollo político y militar de la guerra podría haber sido radicalmente distinto. En cambio, la resistencia ucraniana, unida a los errores de cálculo del Kremlin, convirtió aquella retirada en el primer gran revés estratégico de Rusia y en el punto de inflexión que definió el resto de la contienda.



