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miércoles, abril 17, 2024

Carrero (I): Una semblanza a 50 años del magnicidio que acabó con su vida

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El 20 de diciembre de 1973 tuvo lugar uno de los acontecimientos más importantes de los estertores del franquismo, régimen que había venido gobernando España desde que terminó la Guerra Civil de 1936 – 1939. Ese día, una bomba situada bajo el suelo en la calle Claudio Coello 104 de Madrid, terminó con la vida del Almirante y Presidente del Gobierno, así como con la de su chófer y la de su escolta. Una explosión de dimensiones poco comunes elevó el coche del mandatario más de 20 metros y lo envió al patio del edificio por encima del cual voló. La explosión provocó un cráter considerable en la calle, dejando la zona sin servicios públicos. Tal fue el destrozo causado.

¿Quién era Don Luis Carrero Blanco? Nacido en Santoña en 1904, en la entonces provincia de Santander, de tradición militar, su padre era Camilo Carrero Gutiérrez, nacido en La Coruña y destinado en Santander y su madre Ángeles Blanco Abascal, natural de Santoña. El Almirante tenía dos hermanos y dos hermanas, y su padre enviudó cuando Luis tenía 6 años, volviendo a contraer nupcias y añadiendo un vástago más a la familia. Dice la historia que Carrero Blanco entró en la Escuela Naval de San Fernando con 15 años, pero posiblemente tenía 14 (era 1918) y casi con toda seguridad se jugó con la fecha de nacimiento (práctica habitual en la época) para poder entrar un año antes. Su abuelo y su padre y algún hermano también fueron militares, pero del Ejército de Tierra. Durante el curso 1920-21 realizó su viaje de prácticas en el entonces buque escuela Reina Regente, periplo que transcurrió por Sudamérica (entonces no existía el buque escuela actual, Juan Sebastián Elcano, alistado para el servicio en 1927). Por la época España mantenía una guerra en el Norte de África contra insurgentes del Rif y Carrero participó en la misma entre los años 1925 y 1927. Al parecer el personaje coincidió con Franco en el desembarco de Alcazarseguer del año 25.

Carrero comenzó como Alférez de Fragata, después de las prácticas durante 1920 en el planero Giralda y en el acorazado Pelayo. Ya en 1921 hizo su crucero de adiestramiento en el buque escuela Reina Regente, fondeando en Buenos Aires en octubre. En diciembre toma el mismo grado que tenía, pero de alumno de segundo año, ascendiendo a Alférez de Navío el 1º de Septiembre de 1922. Pasa a formar parte de la tripulación del acorazado Alfonso XIII, que opera en la costa marroquí como buque de protección de las operaciones en el Rif. A finales de 1924 ya es segundo comandante del Guardacosta Arcila, también de servicio en la zona. En 1925 esta nave realiza un desembarco en Alcazarseguer, con tres batallones de legionarios y su coronel, Francisco Franco. Un ensayo para lo que fue posteriormente, en septiembre del mismo año, el desembarco de Alhucemas que precipitó la victoria Hispano-Francesa y el final de las operaciones en el Rif y en Marruecos. En 1926 recibe su primer mando como comandante en el remolcador Ferrolano, y este mismo año es ascendido a Teniente de Navío (equivalente a Capitán en el Ejército de Tierra) y es nombrado para comandar el cañonero Cánovas del Castillo, que operaba en Guinea Española, hoy Ecuatorial. Desde allí regresa a Cartagena y se especializa en el arma submarina, y a finales de 1928 se incorpora como segundo comandante al sumergible B-2. Durante este período obtiene permiso para contraer matrimonio. Consigue en enero de 1930 su primer destino como Comandante de Submarinos, de servicio en el B-5. Posteriormente obtiene el Diploma de Estado Mayor, y en Mayo de 1933 proporciona detallados informes al general Franco, a la sazón Comandante Militar de las Islas Baleares, sobre mejoramiento de defensas para el archipiélago, a petición del general, a quien había sido recomendado por militares bajo su mando. En 1934, con fecha 1 de julio, Carrero es nombrado Capitán de Corbeta (equivalente a Comandante en el Ejército de Tierra). En febrero de 1935 obtiene su nombramiento como Subdirector de la Escuela de Armas Submarinas en la Escuela de Guerra Naval donde permanece hasta enero de 1936. Carrero entra en el Puerto de la Luz de las Palmas de Gran Canaria el 1 de mayo de 1936, bajo insignia del vicealmirante Don Francisco Javier de Salas en el acorazado Jaime I, donde son recibidos por el Comandante General del Archipiélago Canario, Don Francisco Franco Bahamonde, General de División.

Al producirse el alzamiento en la tarde del 17 de julio de 1936, Carrero Blanco queda aislado en Madrid y se refugia en la embajada de Méjico, habiendo sufrido la pérdida de un hermano (José) y de su padre, fusilados en el acto en los primeros compases del levantamiento militar. En marzo de 1937, por acuerdo entre embajadas (muchas estaban colapsadas de refugiados, que salvaron la vida gracias a ellas, en el régimen de chekas que se vivía en las grandes capitales), Carrero pasa a la francesa y desde allí, en junio, marcha a Francia bajo patrocinio de sus autoridades, regresando a España por San Sebastián, ya bajo los nacionales, que estaban a punto de culminar la campaña del Norte. El 14 de julio llega a Ferrol y a primeros de agosto se presenta al general Dávila, sustituto de Mola, fallecido en junio en accidente de aviación. Desde octubre se le asigna el mando del destructor Huesca, del que toma posesión en noviembre, con base en la bahía de Palma de Mallorca, donde opera como escolta de barcos mercantes para el bando nacional. El 6 de abril de 1938 queda asignado como comandante del submarino General Sanjurjo hasta el 14 de octubre, cuando es nombrado Jefe de Estado Mayor de la División de Cruceros. A 19 del mismo mes es ascendido a Capitán de Fragata, equivalente a Teniente Coronel en el Ejército de Tierra. En abril de 1939, cuando se crea la Escuadra, ya con la guerra terminada, pasa a ser 2º Jefe de Estado Mayor de la misma. Este mismo año, a 13 de agosto, es trasladado al Estado Mayor de la Armada, como Jefe de Operaciones. El 30 de mayo de 1941 es nombrado Subsecretario de la Presidencia del Gobierno y Profesor de la Escuela de Guerra Naval. Aunque ya había estado en contacto con la Jefatura del Estado desde Noviembre de 1940 (Informe Carrero, al que Franco dio gran valor, interesándose desde ese momento por su persona), es en mayo de 1941 cuando Carrero entra en el Gobierno de Franco (tercero de los formados desde 1938) y poco a poco se convierte en el número 2 del régimen, aunque en la sombra, dada la personalidad y proverbial modestia del personaje.

Carrero, hasta el momento del informe proporcionado en noviembre de 1940, no tuvo notoriedad política alguna. Fue con motivo del viaje al Nido del Águila en Berchtesgaden (residencia de Hitler en los Alpes Bávaros) de Ramón Serrano Suñer (quien se ocupaba de la cartera de Exteriores), a petición del Führer, para tratar asuntos relacionados con la posible entrada de España en la guerra en curso, cuando Salvador Moreno Fernández, Ministro de Marina desde 1939, pidió a Carrero un informe geoestratégico del momento que atravesaba el conflicto. Dicho informe fue requerido por el Ministro de Marina al Jefe de Operaciones de la Armada, dependiente de su ministerio, pues Serrano había solicitado a Franco una reunión previa a su viaje con los responsables de las carteras de guerra y el propio Franco para analizar la situación y llevar el argumentario político preparado para sus conversaciones con el Canciller alemán. La reunión solicitada por el jefe nazi era la continuación, de alguna manera, a las conversaciones inconclusas en octubre anterior, con motivo de la reunión de Hendaya con el Caudillo.

Carrero preparó un magnífico informe de las circunstancias y necesidades de España para el caso de su participación en la guerra, y el ministro Moreno acudió a la reunión plenamente informado del transcurso de los acontecimientos bélicos. Franco se interesó por la autoría del informe y el ministro comunicó al Caudillo el nombre y cargo del autor. Desde ese momento, Franco tuvo en cuenta al personaje, y como hemos relatado en la hoja de servicios de Don Luis Carrero, a 30 de mayo de 1941 es nombrado Subsecretario de la Presidencia del Gobierno (con funciones también de Secretario del Consejo de Ministros) y Profesor de la Escuela de Guerra Naval. Si bien es cierto que el 19 de enero de 1945 recibe el mando del destructor Lazaga, Carrero no saldría del gobierno hasta el mismo momento de su terrible asesinato. El 1 de julio de 1945 entregó el mando del destructor a su sucesor y ya no tuvo responsabilidades directas sobre armas, dedicándose en plenitud a sus tareas en el gobierno, como ya venía haciendo desde su nombramiento como Subsecretario de la Presidencia y Secretario del Consejo de Ministros. Si menoscabo de sus ascensos por escalafón.

Para entender la figura de Carrero y su importancia en el régimen, debemos acudir a 1938 (30 de enero), año de la formación del primer gobierno del bando nacional. Anteriormente había habido dos Juntas Técnicas procedentes de la exaltación a la Jefatura del Estado de Franco el 1º de octubre de 1936. Al primer gobierno de Franco se incorporó su cuñado Ramón Serrano Suñer, “el cuñadísimo” (casado con Ramona Polo Martínez-Valdés, más conocida como Zita Polo, hermana de Carmen, la esposa del Generalísimo), hombre de Falange y amigo de José Antonio. Poseedor de una técnica jurídica impecable, el Nuevo Estado surgido de la victoria en la guerra debe su formato y cuerpo legislativo a Serrano, que en este primer gobierno tuvo el cargo de Ministro del Interior. Para el segundo gobierno, de 9 de agosto de 1939, Serrano Suñer continúa con su cargo de Interior y aparece el Almirante Moreno como ministro de Marina, y este gobierno es el que se tendrá que enfrentar a los primeros compases de la guerra en Europa, desatada por Alemania el 1 de septiembre de 1939 y secundada por la URSS el día 17, en lo que no dejó de ser el Cuarto Reparto de Polonia, tras los tres sufridos a manos de Prusianos, Austríacos y Rusos en el siglo XVIII. Es durante este gobierno cuando Carrero proporciona su informe técnico y geopolítico a la Junta previa al viaje de Serrano a Alemania y de resultas del cual obtiene el puesto de Subsecretario y Secretario del Consejo de Ministros en el tercer gobierno que se formaría el 20 de mayo de 1941.

El franquismo, pues, además de S.E. el Jefe del Estado, aparece cimentado por la capacidad técnica y jurídica del “cuñadísimo” en sus comienzos, y sostenido por la presencia ininterrumpida de Carrero Blanco durante los siguientes 33 años, si contamos 1940 como la aparición en el tablero de este último, con su informe del 11 de noviembre.

El período 1941-1945 fue extraordinariamente complejo para España y para el régimen del Caudillo a medida que las hostilidades bélicas fueron tomando mayor cuerpo. Si bien el modelo político de Franco había nacido aparentemente bajo los auspicios del Ejército y de Falange, la realidad nacional era muy diversa, con actores monárquicos (carlistas y alfonsinos, luego juanistas del Príncipe de Asturias nacido en 1913, Don Juan de Borbón y Battenberg, hijo de Alfonso XIII y de Dª Victoria Eugenia), católicos (sin olvidar la Iglesia de Roma, que tanta importancia tuvo hasta el Concilio Vaticano II), falangistas, antiguos cedistas adscritos ahora a las diversas familias, militares y otras fuerzas vivas de la nación, a saber los capitalistas, principalmente de Cataluña, Madrid y las entonces Provincias Vascongadas. Y sin olvidar a la oposición (todos los derrotados en la guerra civil) en el exilio, con su vasta red de contactos por todo el mundo, con diversos gobiernos y regímenes de índole varia. Franco tuvo que hacer malabarismos con lo que se llamó “las familias” en el frente interior y no digamos con la oposición exiliada y con las potencias partícipes en el conflicto mundial. España había permanecido neutral ante el posible conflicto europeo desde su reconocimiento por las potencias en 1939 y así permaneció hasta el 12 de junio de 1940, cuando Italia entró en la guerra atacando a Francia por el Sur y el Este. A 14 de junio de 1940 España tomó el control de Tánger, que paradójicamente era una acción que beneficiaba más al bando aliado que al Eje, pues era mejor tener como administrador de la plaza internacional a un país neutral (no beligerante se declaró entonces) que a italianos o alemanes. España permaneció como administrador de la plaza hasta 11 de octubre de 1945, regresando la ciudad a su anterior estatus. Una resolución de 19 de septiembre del mismo año tomada por la Conferencia aliada en París así lo impuso.

España había terminado su contienda en condiciones económicas, políticas y sociales muy adversas, con la agricultura en baja producción, con la ganadería prácticamente desaparecida de toda la zona gobernada por el Frente Popular y con una destrucción de infraestructuras, grandes empresas y viviendas muy considerable, por lo que las prioridades del gobierno en esos primeros tiempos eran la alimentación de la población, la salud y la reconstrucción de los daños del país mediante un organismo que se llamó Dirección General de Regiones Devastadas y Reparaciones, dependiente del Ministerio de Gobernación (Interior). Naturalmente, cualquier plan de inversión en otros menesteres, sobre todo de orden militar, para renovación de material, ampliación de la flota o creación de un arma aérea eficiente, quedaba muy lejos del alcance y posibilidades del régimen: la guerra había costado mucho dinero a ambos bandos, y había deudas internacionales de peso a las que hacer frente, al quedar reconocido el régimen de Franco y su Estado Nuevo. Por este motivo, la posición de neutralidad de España venía obligada por las circunstancias y el cambio a país “no beligerante” (estado previo a una posible beligerancia, sin abandonar la neutralidad…la beligerancia se podría producir si las circunstancias lo aconsejaran/permitieran. Especie de quiero y no puedo en el caso de España, dado que su capacidad estaba exhausta)  se produjo por la entrada de Italia en la guerra al lado de la Alemania Nazi. El régimen nacional-católico español se posicionó para una posible victoria rápida del Eje, para no quedar excluido en su relevancia política internacional o posibles repartos territoriales y/o ventajas de otro tipo, por ejemplo económico. La no beligerancia fue abandonada el 1º de octubre de 1943, volviendo a la neutralidad e incluso retirando la División Azul del Frente Oriental. Los avatares de la guerra habían situado al Eje en situación efectiva de derrotado, y ya solo faltaba la fecha de liquidación.

Durante este período el régimen tuvo que lidiar con conspiraciones internas y externas y con las posiciones políticas y bélicas de los participantes en la contienda: España necesitaba mantener abiertas las rutas comerciales y las vías de financiación para sacar a flote un país destruido por la reciente contienda civil, y la entrada en la guerra mundial era una quimera en las condiciones del momento. Naturalmente los dos bandos (Eje y Aliado) presionaron al régimen para obtener ventajas frente a su adversarios en los frentes y para disponer del territorio español y sus materias primas con fines bélicos. La política de Franco en dicho período fue jugar con varias barajas en distintas mesas y manteniendo apuestas en varios juegos a la vez: el territorio era utilizado por las Embajadas de todos los contendientes como sólida base de espionaje, las materias primas eran necesarias para todos y el régimen comerció con todos, incluso con beneficios por las subidas de precios debido a la demanda de productos estratégicos (principalmente hierro y metales como el wolframio) y al mismo tiempo, la situación interna requería contentar o desautorizar a unos u otros en base a sus fobias y filias y a su grado de fidelidad al régimen. El franquismo no era grato a los Aliados por su antigua amistad con el Eje (que había participado en la guerra española con hombres y material, más Italia que Alemania), si bien no convenía a los angloamericanos como enemigo, pues podría cerrar el Estrecho de Gibraltar y dejar al Imperio Británico sin su conexión con sus colonias orientales, principalmente la India por vía del Canal de Suez. Con el Estrecho de Gibraltar cerrado, el Canal de Suez dejaba de ser operativo.

España tuvo dos momentos de angustia prebélica en los primeros años de la II Guerra Mundial, el primero entre junio de 1940 y el comienzo de la Operación Barbarroja (22 de junio de 1941) debido al interés del Eje por tomar Gibraltar para cerrar el Mediterráneo al Imperio Brtánico (Franco tuvo que jugar con unos y otros prometiendo a los ingleses la neutralidad y a los alemanes la toma de Gibraltar) y el segundo durante la Operación Torch en noviembre de 1942, desembarco de los angloamericanos en el Norte de África, que les permitiría derrotar a Rommel y su Africa Korps y abrirse camino por Sicilia hacia la invasión del Continente y recuperar en primer lugar Italia. En esta segunda fase de peligro para España, Franco y su gobierno debieron convencer a todos de su neutralidad, pues unos y otros estaban dispuestos a invadir la península si Franco ayudaba al contrario. Para lo cual, Franco garantizó a los angloamericanos que no obstruiría su desembarco en el Norte de África, que debía contar con un Estrecho de Gibraltar seguro y a los alemanes que España defendería su territorio con uñas y dientes, con todo su potencial bélico ante cualquier invasor (no importa de qué bando) que osara entrar en territorio nacional.

Desde los primeros momentos de la colaboración entre Carrero (Subsecretario de Presidencia y Secretario del Consejo de Ministros) y Franco, se dio una sintonía de pensamiento y puesta en acción entre ambos personajes que no se había dado entre Franco y Serrano (el “cuñadísimo”), pues mientras Carrero tenía una visión de extrema prudencia respecto a la entrada en la guerra, la posición de Serrano era pro beligerante en favor de los nazis. Por dichas desavenencias y otras circunstancias del manejo de las familias del régimen (y ante conflictos entre ellas), Franco y Carrero fueron apartando a Serrano del gobierno y adaptando el cuerpo ministerial en su conjunto a las circunstancias de la contienda. A partir de febrero de 1943 (rendición en Stalingrado del VI Ejército de Paulus)  y sobre todo después del verano con las ofensivas de los frentes soviéticos, principalmente ante el resultado de la batalla de Kursk, la situación se clarificó a favor de las armas aliadas, quedando la derrota como único saldo posible del Eje. De hecho, Italia fue invadida (Operación Husky y Campaña de Italia) y Víctor Manuel III de Saboya destituyó al Duce y cambió de bando. España retiró la División Azul del Frente Oriental y volvió a la neutralidad, y en lo sucesivo Alemania dejó de ser un problema, pero los angloamericanos y el frente exterior plantearon serios obstáculos para la continuidad del Movimiento Nacional. Franco y Carrero recomendaron (y asumieron) firmeza y aguantar frente a todos los adversarios internos y externos, en la confianza absoluta de que a medio plazo el comunismo se convertiría en el principal problema de Occidente y que, por lo tanto, la URSS pasaría de amigo a enemigo, por lo que España sería necesaria como aliado en el flanco Sur.

Pero, con todo, con el eje ya derrotado y a falta de rematarlo, los años por venir no fueron nada fáciles para el franquismo, que estaba dedicado a la reconstrucción del país y a procurar sustento a la población, y aunque todavía había muertos por inanición (menos que en los años de la República para entonces), el peligro del mundo en guerra y las circunstancias del conflicto hacían que el régimen sufriera embates, ahora de los angloamericanos, pero sobre todo del frente interior y exterior (monárquicos dentro y fuera de España y antiguos partidos del Frente Popular). Don Juan, desde Suiza, prestaba oídos a todo el que quisiera hacerle creer que el régimen sería presa fácil y que él podría regresar a España fácilmente para reinar en condiciones normales. Nada más lejos de la realidad, pues si bien había muchos monárquicos en el interior, la mayor parte de ellos eran más franquistas que monárquicos; los monárquicos del exterior, próximos a Don Juan, no tenían peso ni influencia, y mucho menos el fervor de las masas, y las opciones francesa e inglesa apoyaban al futuro monarca, pero solo para la galería, pues no les interesaba, con la Operación Overlord en embrión, lista para la primavera de 1944, más complicaciones con nuevos frentes. Los americanos, aunque no sentían simpatía por Franco y su Movimiento Nacional, tampoco querían inestabilidad en la Península Ibérica, pues estaban centrados en trasladar material al Reino Unido y en preparar la mayor operación logística de la historia: el desembarco del día D (6 de junio de 1944, Operación Overlord)  y plantar la cabeza de puente necesaria para la invasión de Europa por Francia. La Falange por su lado había sido desactivada, los falangistas que estaban en los puestos claves o en los ministerios eran también adictos a Franco y los militares relevantes (aquellos que posiblemente fueron sobornados por los británicos, ya sea para que España se mantuviera neutral, ya para descabalgar a Franco y que llegara Don Juan) se dedicaron a cobrar sus mordidas y en la práctica a hacer poco o nada y así, su actividad era escasa y conocida por Franco y aquel que se significaba, era descabalgado de su puesto de mando con algunos honores (patada hacia arriba, que consiste en ser ascendido al tiempo que desactivado) y a veces desterrado al lugar natal o a las Canarias, y de este modo quedaba neutralizado.

El dúo Franco – Carrero se llevaba a las mil maravillas, y hay que reseñar que, desde el momento de su nombramiento el 20 de mayo de 1941 hasta el 22 de julio de 1967 tuvo los cargos, inseparables, de Subsecretario de la Presidencia y Secretario del Consejo de Ministros. Con fecha 18 de julio de 1951 su categoría de Subsecretario ascendió de grado como Ministro de la Presidencia, aunque sus funciones permanecieron intocables. Adicionalmente fue nombrado Vicepresidente del Gobierno y el 22 de julio de 1967 y con estos tres encargos permaneció hasta el 9 de junio de 1973, cuando fue nombrado Presidente del Gobierno. En dicho puesto permaneció hasta el atentado que le costó la vida el 20 de diciembre de 1973.

(Agradecimientos a www.todoavante.es por la hoja de servicios del Almirante Carrero)

(A Javier Tusell por Carrero, la eminencia gris del régimen de Franco, Temas de Hoy, 1993)

Por A.M. Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

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