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sábado, agosto 1, 2026

¿Por qué romper los mitos en la seguridad?

Debe leer

“Rompiendo mitos”

Una serie editorial de Carlos Enrique Pérez Barrios

¿Por qué romper los mitos en la seguridad? Una invitación a repensar la seguridad desde sus propias creencias

Toda profesión construye, con el paso de los años, un patrimonio que trasciende a las personas. Ese patrimonio está formado por conocimientos, experiencias, procedimientos, principios y valores que permiten a cada nueva generación comenzar su camino desde un nivel superior al alcanzado por quienes la precedieron. Gracias a ese proceso continuo de aprendizaje colectivo, las profesiones evolucionan, fortalecen su identidad y responden cada vez mejor a las necesidades de la sociedad.

Sin embargo, ese mismo proceso produce un fenómeno mucho menos visible. Junto al conocimiento también comienzan a transmitirse ideas que rara vez vuelven a ser examinadas. Algunas nacieron como soluciones acertadas frente a circunstancias muy concretas; otras fueron el resultado de experiencias exitosas que terminaron convirtiéndose en modelos de actuación. Con el paso del tiempo dejaron de presentarse como simples criterios para transformarse, casi sin advertirlo, en verdades aceptadas. Nadie recuerda exactamente cuándo ocurrió ese cambio. Simplemente sucede. Lo que un día fue una respuesta termina ocupando el lugar de un principio incuestionable.

Mientras esa transformación permanece alineada con la realidad, la profesión continúa avanzando sin mayores dificultades. El problema aparece cuando el entorno cambia con mayor velocidad que las ideas utilizadas para comprenderlo. Entonces comienza a producirse una contradicción silenciosa: la actividad evoluciona, las amenazas se transforman, las organizaciones incorporan nuevas tecnologías y la sociedad plantea desafíos diferentes, pero muchas de las respuestas siguen apoyándose sobre paradigmas concebidos para una realidad que ya dejó de existir.

Ese fenómeno no es exclusivo de la seguridad. Acompaña prácticamente a todas las disciplinas. La diferencia radica en que, dentro de una profesión cuya razón de ser consiste precisamente en anticiparse al cambio, permanecer aferrados a explicaciones del pasado puede convertirse en una de las mayores fuentes de vulnerabilidad.

Cuando una idea deja de ser cuestionada, comienza a convertirse en un paradigma

La experiencia constituye uno de los activos más valiosos de cualquier organización. Gracias a ella se reducen errores, se perfeccionan procedimientos y se construyen buenas prácticas que merecen ser preservadas. Nadie sensato podría plantear el desarrollo de una profesión ignorando el conocimiento acumulado por quienes dedicaron su vida a fortalecerla.

Pero la experiencia, por sí sola, nunca ha garantizado la evolución. Lo que verdaderamente impulsa el progreso es la capacidad de revisar permanentemente aquello que la experiencia enseña. Las profesiones dejan de crecer cuando sustituyen el análisis por la repetición y convierten la costumbre en el principal argumento para justificar sus decisiones. A partir de ese momento, el conocimiento comienza a inmovilizarse y las preguntas desaparecen, precisamente porque las respuestas parecen haber quedado resueltas para siempre.

Así nacen los paradigmas que más tarde se convierten en mitos profesionales. No suelen ser completamente falsos. Si lo fueran, desaparecerían con facilidad. Conservan una parte importante de verdad, suficiente para mantenerse vigentes durante años. Esa aparente solidez es precisamente la que dificulta volver a examinarlos. La costumbre termina otorgándoles una autoridad que pocas personas se sienten motivadas a discutir.

Sin embargo, ninguna profesión puede darse el lujo de dejar de cuestionarse. La realidad nunca permanece inmóvil. Cada transformación tecnológica, cada cambio social, cada nueva amenaza y cada nueva oportunidad obligan a revisar si aquello que ayer produjo buenos resultados continúa siendo suficiente para enfrentar los desafíos del presente.

Las profesiones dejan de crecer mucho antes de dejar de cambiar

Pocas actividades han experimentado una transformación tan profunda como la seguridad. Lo que décadas atrás se concentraba principalmente en la protección física de personas e instalaciones hoy abarca dimensiones mucho más amplias: gestión integral de riesgos, continuidad operacional, protección de infraestructuras críticas, inteligencia corporativa, ciberseguridad, análisis estratégico, resiliencia organizacional y un conjunto creciente de responsabilidades que exigen conocimientos cada vez más especializados.

Paradójicamente, mientras la profesión amplía su campo de acción, todavía sobreviven maneras de pensar que pertenecen a otra época. No porque exista resistencia consciente al cambio, sino porque toda organización desarrolla una cultura propia y esa cultura tiende naturalmente a conservar aquello que alguna vez funcionó. Esa tendencia aporta estabilidad, pero también puede convertirse en una limitación cuando impide reconocer que la realidad ya no responde a las mismas reglas.

Con frecuencia se incorporan nuevas tecnologías sin modificar los criterios utilizados para dirigirlas. Se adquieren mejores equipos, pero se mantienen idénticos estilos de liderazgo. Se actualizan los procedimientos, aunque las decisiones continúan inspirándose en paradigmas que jamás fueron revisados. En esas circunstancias, la innovación termina siendo únicamente una modernización de recursos, no una verdadera evolución del pensamiento.

Y ninguna profesión alcanza su máximo desarrollo mientras el cambio ocurra solamente en las herramientas y no también en la forma de comprender aquello que hace.

Toda transformación comienza mucho antes de modificar los procedimientos

Fue precisamente esa reflexión la que dio origen a esta colección.

No surgió con la intención de desacreditar la experiencia ni de presentar la innovación como un valor absoluto. Mucho menos pretende afirmar que todo cuanto se ha hecho hasta ahora debe ser reemplazado. Las profesiones no evolucionan destruyendo sus fundamentos; evolucionan fortaleciéndolos mediante el análisis permanente de aquello que verdaderamente conserva su vigencia.

La finalidad de Rompiendo mitos en la seguridad – De pirata a profesional consiste, precisamente, en recuperar ese ejercicio de reflexión. Cada uno de los artículos abordará una creencia profundamente arraigada dentro del mundo de la seguridad. Algunas demostrarán conservar plena validez. Otras necesitarán ser reinterpretadas a la luz de las nuevas realidades. Y algunas habrán cumplido ya su propósito histórico, convirtiéndose, sin proponérselo, en obstáculos para continuar creciendo.

No se trata de ofrecer respuestas definitivas. Tampoco de imponer una manera única de pensar. La intención es mucho más ambiciosa: promover una cultura profesional donde las decisiones nazcan del análisis y no de la costumbre; donde la experiencia sea una fuente permanente de aprendizaje y no una justificación para evitar el cambio; donde cada práctica pueda sostenerse por sus resultados y no únicamente por el tiempo que lleva siendo aplicada.

Porque el verdadero desarrollo profesional nunca comienza cuando aparecen nuevas herramientas. Comienza cuando aparecen nuevas maneras de pensar.

El verdadero profesionalismo comienza cuando aparece la voluntad de revisar las propias certezas

Hasta este momento la reflexión ha girado alrededor de las ideas. De aquellas creencias que, con el paso de los años, terminan incorporándose al ejercicio cotidiano de la profesión hasta confundirse con verdades permanentes. Sin embargo, las ideas no permanecen vivas por sí mismas. Siempre encuentran personas dispuestas a conservarlas y otras capaces de someterlas nuevamente al análisis. Es precisamente allí donde empieza a manifestarse una diferencia que resulta mucho más profunda que la simple aceptación o rechazo de un procedimiento determinado.

A lo largo de esta colección esa diferencia irá tomando forma de manera gradual. No para clasificar personas, ni para establecer categorías entre quienes trabajan en seguridad, sino para representar dos actitudes frente al conocimiento y frente a la propia evolución de la profesión. Una de ellas encuentra suficiente continuar haciendo las cosas porque siempre se han hecho así. La otra considera que la experiencia constituye un extraordinario punto de partida, pero nunca un punto de llegada.

La primera deposita su confianza en la repetición. Interpreta la estabilidad como una garantía de eficacia y observa el cambio con prudencia, convencida de que modificar aquello que funcionó durante años puede representar un riesgo innecesario. La segunda comprende que precisamente el éxito alcanzado obliga a mantenerse alerta, porque ninguna realidad permanece inalterable y ninguna organización puede aspirar a seguir obteniendo los mismos resultados si deja de evolucionar al ritmo de los desafíos que enfrenta.

Poco a poco, el lector descubrirá que esas dos maneras de pensar han acompañado silenciosamente la evolución de la seguridad durante mucho tiempo. También comprenderá que no dependen del cargo ocupado, de la antigüedad, del uniforme ni de la experiencia acumulada. Dependen, sobre todo, de la actitud con la que cada profesional decide relacionarse con el conocimiento. Solo entonces aparecerán, de manera natural, las dos figuras que dan identidad a esta serie: el pirata y el profesional. No como etiquetas destinadas a señalar personas, sino como dos modelos de pensamiento que conviven dentro de la profesión y cuya influencia se refleja diariamente en la calidad de las decisiones, en la fortaleza de las organizaciones y en el futuro mismo de la seguridad.

Quizá el propósito más importante de estas páginas no sea demostrar quién tiene razón, sino ofrecer al lector la oportunidad de mirar nuevamente su propia práctica profesional y preguntarse, con absoluta honestidad, cuáles de sus convicciones siguen impulsando su crecimiento y cuáles merecen ser revisadas. Porque las grandes transformaciones rara vez comienzan modificando estructuras; casi siempre empiezan cuando alguien se atreve a formular una pregunta diferente.

El legado de la serie

Toda profesión necesita conservar su memoria, pero también desarrollar la capacidad de examinar críticamente las ideas que orientan su futuro. Entre esos dos extremos se encuentra el verdadero camino de la evolución. La experiencia aporta estabilidad; el pensamiento crítico evita el estancamiento. Cuando ambos logran convivir, el conocimiento deja de ser una herencia estática para convertirse en una construcción permanente.

Ese es el espíritu que inspira Rompiendo mitos en la seguridad – De pirata a profesional. No pretende enfrentar el pasado con el presente, ni sustituir la experiencia por la novedad. Aspira a algo más trascendente: contribuir a la formación de una cultura profesional donde cada paradigma pueda ser revisado con libertad intelectual, cada práctica encuentre su verdadera justificación en los resultados que produce y cada generación reciba, no un conjunto de respuestas inamovibles, sino una profesión que conserve intacta su capacidad de aprender, de evolucionar y de construir su propio futuro. Porque las organizaciones más sólidas no son aquellas que creen haber encontrado todas las respuestas, sino las que nunca dejan de hacerse las preguntas que las impulsan a seguir creciendo.

 

Carlos Enrique Pérez Barrios es Magíster en Seguridad y Defensa Nacional, Consultor Internacional en Seguridad, Director General de Global Security Academy, conferencista y articulista, y autor de las obras: ‘Control de Riesgos – Manual para Estudios de Seguridad‘; ‘El Factor M‘ y ‘Venezuela: Reconstrucción desde las Cenizas

Carlos Enrique Pérez Barrios
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