La prensa marroquí critica la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla mientras los partidos mantienen la cautela de Rabat

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La prensa marroquí ha recibido con críticas la visita de los Reyes Felipe VI y Letizia a Ceuta y Melilla, presentando el desplazamiento como un nuevo desafío a las reivindicaciones territoriales de Marruecos sobre ambas ciudades autónomas. Frente a las críticas de determinados medios de comunicación, el Gobierno de Rabat ha optado por mantener el silencio oficial y evitar una confrontación diplomática abierta con España, en contraste con la crisis desencadenada por la visita de Juan Carlos I y la reina Sofía en noviembre de 2007.

El viaje de los monarcas españoles, los días 13 y 14 de octubre, ha devuelto al primer plano una disputa de soberanía que Marruecos mantiene desde hace décadas. Algunos medios marroquíes se refieren a Ceuta y Melilla como «ciudades ocupadas» o «enclaves ocupados», una terminología que refleja la posición reivindicativa de Rabat y que contrasta con la condición de ambas ciudades como parte integrante del territorio español.

Uno de los medios que ha abordado el desplazamiento es Hespress, uno de los principales portales informativos marroquíes. Su cobertura ha situado la visita en el contexto de las reclamaciones sobre Ceuta, Melilla y otros territorios españoles del norte de África, y ha advertido de que el viaje vuelve a poner a prueba las relaciones políticas y diplomáticas entre Madrid y Rabat, pese al acercamiento estratégico experimentado por ambos países en los últimos años.

La reacción más crítica se ha producido en determinados medios que consideran la visita una provocación. La cabecera digital Assahifa ha reclamado una respuesta de Rabat y ha planteado la necesidad de que el desplazamiento tenga consecuencias políticas para España. Otras publicaciones han recuperado el precedente de 2007 y han advertido de que una visita de estas características puede reabrir un conflicto diplomático que ambos Gobiernos han tratado de mantener bajo control.

Los partidos marroquíes evitan una escalada diplomática

La reacción de los partidos políticos marroquíes ha sido más contenida que la de los sectores mediáticos más críticos, aunque la reivindicación de soberanía sobre Ceuta y Melilla continúa presente en el debate político del país. La cuestión territorial quedó en segundo plano durante las recientes elecciones legislativas marroquíes, celebradas el 23 de septiembre, y el nuevo Gobierno ha evitado convertir la visita real en un enfrentamiento institucional directo con Madrid.

No obstante, esa prudencia no significa que los principales partidos hayan renunciado a sus posiciones históricas. El Partido de la Autenticidad y la Modernidad (PAM), vencedor de los comicios, ha mantenido anteriormente reivindicaciones sobre ambas ciudades a través de dirigentes como Abdelatif Uahbi, mientras que el nacionalista Partido Istiqlal y el Partido del Progreso y del Socialismo (PPS) también han defendido la posición marroquí sobre estos territorios. Por el momento, la respuesta oficial a la visita se ha caracterizado por la ausencia de una condena institucional explícita.

Entre las formaciones que sí han expresado su rechazo figuran Al Ahd y la Vía Democrática Obrera, partidos minoritarios que han criticado el desplazamiento de los monarcas españoles. Al Ahd ha defendido que Ceuta y Melilla forman parte de la memoria histórica y nacional marroquí, mientras que la Vía Democrática Obrera ha condenado la visita y ha cuestionado el silencio de las autoridades de Rabat. Estas posiciones, sin embargo, no deben confundirse con una declaración oficial del Gobierno marroquí.

El precedente de 2007 condiciona la respuesta de Rabat

La comparación con noviembre de 2007 aparece de forma recurrente en las informaciones publicadas en Marruecos. Durante aquella visita de Juan Carlos I y Sofía, Mohamed VI calificó el desplazamiento de contraproducente y Rabat llamó a consultas a su embajador en Madrid, lo que abrió una crisis diplomática entre los dos países.

En esta ocasión, la monarquía marroquí ha optado por una estrategia distinta. El rey Mohamed VI criticó el pasado 9 de octubre la supuesta instrumentalización política y mediática de la crisis migratoria de Ceuta por parte de determinados sectores españoles, y advirtió de que la cooperación bilateral no puede estar sometida a presiones o amenazas. Sin embargo, no ha emitido una condena explícita de la visita de Felipe VI y Letizia.

A esta contención se ha sumado un gesto de distanciamiento diplomático: ningún ministro ni alto cargo del Gobierno marroquí acudió a la recepción organizada el 12 de octubre en la Embajada española en Rabat con motivo de la Fiesta Nacional. La ausencia de representantes de alto nivel contrasta con la participación de autoridades marroquíes en anteriores celebraciones y constituye una señal de malestar, aunque no equivale a una ruptura de las relaciones bilaterales.

La cobertura de la visita refleja, por tanto, dos planos diferentes. Por un lado, determinados medios marroquíes han empleado un lenguaje abiertamente crítico y han reclamado una respuesta política a España. Por otro, el Gobierno y la Casa Real de Marruecos han evitado una reacción que pueda comprometer la cooperación bilateral en ámbitos como la inmigración, la seguridad y las relaciones económicas.

La visita de los Reyes no ha modificado la posición oficial de Marruecos sobre Ceuta y Melilla, pero tampoco ha provocado, hasta el momento, una crisis diplomática comparable a la de 2007. La cautela de Rabat apunta a una voluntad de mantener abierta la cooperación con España sin abandonar sus reivindicaciones territoriales. El resultado es una situación de frialdad política en la que la disputa sobre la soberanía permanece vigente, aunque ambas partes evitan elevarla a un nuevo enfrentamiento institucional.

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