La infancia se encuentra cada vez más expuesta a guerras, conflictos armados y crisis humanitarias prolongadas. Los datos más recientes de UNICEF dibujan un escenario en el que el conflicto ha dejado de afectar a una proporción relativamente limitada de la población infantil para convertirse en una realidad cotidiana para cientos de millones de menores. Según UNICEF, en 2025 más de uno de cada cinco niños del mundo vivía en una zona afectada por un conflicto, una proporción que supone un nuevo deterioro respecto a los niveles registrados en décadas anteriores.
La dimensión del fenómeno resulta especialmente significativa si se observa su evolución histórica. En 2024, aproximadamente el 19% de todos los niños del planeta vivía en una zona afectada por conflictos, prácticamente el doble que a mediados de la década de 1990. UNICEF había estimado previamente que más de 473 millones de niños —más de uno de cada seis— vivían en áreas afectadas por conflictos, lo que convirtió 2024 en uno de los años más graves de las últimas décadas para la infancia atrapada en escenarios de violencia.
La evolución conocida hasta ahora apunta, por tanto, a una tendencia ascendente. UNICEF señala que más de uno de cada cinco niños vivía en áreas afectadas por conflictos en 2025, mientras que la organización describe el panorama de 2026 como un contexto todavía más peligroso para la infancia debido a la prolongación de las guerras, la fragmentación de los conflictos, la destrucción de infraestructuras civiles y las dificultades crecientes para hacer llegar asistencia humanitaria.
La cifra de niños que viven en zonas de conflicto debe diferenciarse de la de los menores desplazados. No todos los niños que viven en un área afectada por una guerra han abandonado sus hogares y, al mismo tiempo, millones de menores que han huido de sus lugares de origen continúan expuestos a las consecuencias de los conflictos durante su desplazamiento. UNICEF calculaba que 47,2 millones de niños habían sido desplazados por conflictos y violencia a finales de 2023, una cifra que aumentó posteriormente como consecuencia de la intensificación de diferentes crisis.
El dato permite comprender que la dimensión de la crisis infantil es considerablemente superior a la de los menores que aparecen directamente en las estadísticas de víctimas de ataques. Vivir en una zona de conflicto no significa necesariamente estar en el frente de combate. Significa también crecer en un territorio en el que las escuelas pueden ser atacadas o cerrar, los hospitales pueden quedar destruidos, el suministro de agua y alimentos puede interrumpirse y los sistemas sanitarios pueden dejar de funcionar con normalidad.
Una infancia atrapada entre guerras
UNICEF advierte de que los conflictos armados tienen consecuencias que van mucho más allá de las heridas provocadas directamente por las armas. La guerra altera prácticamente todos los elementos necesarios para garantizar el desarrollo de un niño: alimentación, educación, asistencia sanitaria, protección frente a la violencia, acceso al agua potable, vacunación y estabilidad familiar.
En su informe sobre la situación de la infancia en 2025, UNICEF señala que los conflictos destruyen infraestructuras y servicios públicos y perjudican la estabilidad económica de las familias. La organización subraya además la estrecha relación existente entre conflicto y pobreza infantil. En los Estados frágiles y afectados por conflictos, la pobreza monetaria extrema infantil pasó del 46% en 2014 al 50,2% en 2024, mientras que en los países que no se encontraban en esa situación descendió del 19,9% al 11,4%.
La diferencia resulta especialmente relevante porque muestra que la guerra no solamente provoca una crisis inmediata, sino que puede generar una estructura de pobreza que se prolonga durante años. Un niño que pierde el acceso a la educación durante un conflicto puede sufrir posteriormente menores oportunidades laborales. Una familia que pierde su vivienda o sus medios de subsistencia puede quedar atrapada en una situación de pobreza. Y una generación que crece sin atención sanitaria adecuada puede arrastrar consecuencias durante toda su vida.
UNICEF considera que los conflictos constituyen además uno de los principales motores de las necesidades humanitarias mundiales. En su análisis de 2024, la organización estimó que aproximadamente el 80% de las necesidades humanitarias existentes en el mundo estaban relacionadas con los conflictos, que interrumpen servicios esenciales como el suministro de agua, los alimentos y la asistencia sanitaria.
El doble aumento: más conflictos y mayor proporción de niños afectados
El crecimiento de la población infantil expuesta a conflictos coincide con un escenario internacional caracterizado por la proliferación de guerras y crisis armadas. UNICEF afirma que 2024 y 2025 registraron el mayor número de países implicados en conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial.
La organización advierte además de que los conflictos contemporáneos presentan características diferentes a las de muchas guerras del pasado. Son más fragmentados, prolongados y, en numerosas ocasiones, se desarrollan en áreas urbanas densamente pobladas. Esta circunstancia incrementa la exposición de la población civil y, especialmente, de los menores.
El informe de UNICEF sobre 2026 describe un entorno en el que la tecnología está cada vez más integrada en las operaciones militares, mientras que las infraestructuras civiles son destruidas con frecuencia y el acceso de las organizaciones humanitarias se ve restringido. La frontera entre guerra y paz también resulta más difícil de delimitar en algunos escenarios, según la organización.
Para la infancia, esta transformación tiene una consecuencia fundamental: el espacio supuestamente seguro deja de existir. La vivienda, la escuela, el hospital o las instalaciones destinadas a prestar ayuda humanitaria pueden convertirse en escenarios afectados por la violencia.
2024: 41.370 violaciones graves contra niños
Uno de los indicadores más preocupantes de la evolución del fenómeno es el número de violaciones graves de los derechos de los niños verificadas por Naciones Unidas en situaciones de conflicto.
Según el informe de UNICEF The State of the World’s Children 2025, durante 2024 se verificaron 41.370 violaciones graves contra niños en conflictos armados, un incremento del 25% respecto a 2023. Estas violaciones afectaron directamente a 22.495 niños.
Entre las categorías contempladas se encuentran el asesinato y la mutilación, el reclutamiento y utilización de menores por fuerzas o grupos armados, la violencia sexual, los secuestros y los ataques contra escuelas y hospitales.
La organización advierte de que estas cifras no representan necesariamente la totalidad de las violaciones cometidas. Se trata de casos que han podido ser verificados por Naciones Unidas dentro de sus mecanismos de seguimiento. En contextos de guerra, especialmente cuando el acceso humanitario está restringido, documentar las violaciones puede resultar extremadamente difícil.
Por ello, las estadísticas disponibles deben entenderse como un indicador mínimo de la magnitud del problema y no como un recuento absoluto de todas las agresiones sufridas por niños en las guerras.
Los ataques contra escuelas también aumentan
Uno de los aspectos que más preocupa a UNICEF es la pérdida del acceso a la educación. La escuela constituye para millones de niños no solamente un lugar de aprendizaje, sino también un espacio de protección, alimentación, atención psicológica y contacto con otros menores.
Sin embargo, las instalaciones educativas se encuentran cada vez más expuestas en determinados conflictos. UNICEF señala que los ataques contra instalaciones educativas aumentaron un 44% durante 2024.
Cuando una escuela resulta destruida o deja de funcionar, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá del momento concreto del ataque. Los niños pueden abandonar definitivamente sus estudios, verse obligados a trabajar, quedar expuestos a explotación o reclutamiento y perder una de las estructuras sociales que les proporcionan estabilidad.
En las guerras prolongadas, además, el problema se multiplica porque el cierre de las escuelas puede durar meses o años.
El conflicto también afecta directamente a la salud infantil. La destrucción o interrupción del funcionamiento de hospitales y centros sanitarios limita la atención de emergencia y dificulta tratamientos rutinarios que en circunstancias normales serían relativamente sencillos.
La interrupción de los programas de vacunación constituye uno de los riesgos más importantes. Cuando las campañas sanitarias se detienen, enfermedades prevenibles pueden volver a aparecer, especialmente en comunidades desplazadas o en lugares donde las condiciones de higiene y saneamiento se han deteriorado.
A esto se suma la inseguridad alimentaria. La destrucción de cultivos, la interrupción de las cadenas de suministro, el desplazamiento de las familias y el encarecimiento de los alimentos pueden llevar a situaciones de desnutrición infantil.
La guerra, por tanto, genera una cadena de consecuencias: destruye infraestructuras, desplaza a las familias, reduce los ingresos, dificulta el acceso a alimentos y medicamentos y, finalmente, incrementa la vulnerabilidad de los niños.
Oriente Medio: una de las regiones más afectadas
Oriente Medio y el Norte de África constituyen uno de los principales epicentros de esta crisis. UNICEF España señalaba en julio de 2025 que casi 110 millones de niños y niñas de la región vivían en países afectados por conflictos.
La organización indicaba además que, en menos de dos años, más de 12 millones de niños habían sido desplazados, más de 40.000 habían resultado mutilados y casi 20.000 habían sido presuntamente asesinados en la región. UNICEF utilizaba estos datos para ilustrar la velocidad con la que la violencia estaba afectando a la población infantil.
El desplazamiento constituye en sí mismo una nueva forma de vulnerabilidad. Abandonar una vivienda no implica necesariamente alcanzar un lugar seguro. Las familias desplazadas pueden terminar en campamentos, asentamientos improvisados o ciudades que ya tienen dificultades para proporcionar servicios básicos a su propia población.
Para los niños, el desplazamiento puede significar también la separación de sus padres, familiares o cuidadores.
Los niños desplazados: una crisis dentro de otra crisis
La cifra de 47,2 millones de niños desplazados por conflictos y violencia a finales de 2023 constituye uno de los indicadores más importantes para entender el alcance de la crisis. UNICEF señaló que las tendencias observadas posteriormente apuntaban a un nuevo aumento como consecuencia de conflictos en lugares como Gaza y otros territorios palestinos, Haití, Líbano, Myanmar y Sudán.
El desplazamiento puede ser interno o internacional. Algunos niños permanecen dentro de las fronteras de sus países, mientras que otros se convierten en refugiados al cruzar una frontera internacional.
La diferencia jurídica es importante, pero desde la perspectiva humanitaria ambos grupos pueden compartir problemas similares: pérdida de vivienda, interrupción escolar, inseguridad alimentaria, falta de documentación, dificultades para recibir asistencia médica y riesgo de explotación.
Además, el desplazamiento prolongado puede convertirse en una condición permanente. Un niño que huye de una guerra puede pasar años sin regresar a su lugar de origen.
La magnitud de las cifras lleva a UNICEF a advertir de que el problema ya no puede considerarse una sucesión de crisis aisladas. La exposición a conflictos está afectando a una parte creciente de toda una generación.
La organización española de UNICEF resume la situación señalando que más de uno de cada seis niños del mundo vive en zonas afectadas por conflictos, mientras que los datos más recientes de UNICEF sitúan la proporción por encima de uno de cada cinco en 2025.
La diferencia entre ambas cifras refleja precisamente la rapidez con la que está evolucionando el fenómeno y la necesidad de especificar siempre el año al utilizar estos datos. El 19% corresponde aproximadamente a 2024; para 2025 UNICEF ya habla de más del 20%.
No se trata, por tanto, de una estimación estática. El número de menores expuestos cambia a medida que aparecen nuevos conflictos, se intensifican los existentes o disminuyen determinadas hostilidades.
2025: 38.558 violaciones graves verificadas
Los datos publicados por UNICEF en 2026 muestran que la situación continuó siendo extremadamente grave durante 2025. Naciones Unidas verificó 38.558 violaciones graves contra niños en conflictos armados durante ese año.
Aunque esta cifra es inferior a las 41.370 violaciones verificadas en 2024, la comparación directa requiere cautela, porque los mecanismos de documentación, los periodos de referencia y las posibilidades de acceso a determinadas zonas pueden variar.
UNICEF subraya además que los datos de 2025 registraron una circunstancia particularmente relevante: los actores estatales representaron el 41,2% de los autores identificados de estas violaciones graves, según el mecanismo de verificación de Naciones Unidas citado por la organización.
La cifra no significa que los Estados sean responsables de todas las violaciones contra menores. El dato se refiere a los casos verificados y atribuidos dentro del mecanismo correspondiente.
UNICEF utiliza diferentes categorías estadísticas que conviene no confundir. Existe una diferencia entre un niño que vive en un país afectado por un conflicto y otro que vive directamente en una zona afectada por el conflicto.
En 2024, UNICEF estimó que 1.900 millones de niños, aproximadamente el 76% de la población infantil mundial, vivían en países afectados por conflictos, mientras que unos 473 millones, el 18,9%, vivían en una zona de conflicto. La diferencia es fundamental.
Un país puede estar involucrado en un conflicto localizado sin que todos sus territorios sufran enfrentamientos. Por ello, el número de niños que viven en países afectados por conflictos es muy superior al de aquellos que residen directamente en zonas de conflicto. Esta distinción también evita sobredimensionar o interpretar incorrectamente las estadísticas.
La guerra como factor de pobreza infantil
Uno de los principales mensajes del informe de UNICEF sobre la infancia mundial es que la guerra y la pobreza están estrechamente relacionadas.
En los países frágiles y afectados por conflictos, la pobreza infantil extrema no solamente es más elevada, sino que ha evolucionado en sentido contrario al observado en otros países. Mientras que entre 2014 y 2024 descendió en los países no afectados por conflictos, aumentó en los Estados frágiles y afectados por conflictos.
Esto genera un círculo difícil de romper. La pobreza incrementa la vulnerabilidad de las familias ante la violencia y los desplazamientos; la guerra destruye los medios de subsistencia; la pérdida de ingresos incrementa la pobreza y reduce el acceso a educación y sanidad; y la falta de oportunidades puede aumentar posteriormente el riesgo de explotación y reclutamiento.
La consecuencia puede ser una transmisión intergeneracional de la pobreza.
Los niños como objetivo y como víctimas indirectas
No todos los menores afectados por una guerra son víctimas directas de un ataque. Muchos sufren las consecuencias indirectas de la violencia.
Un niño puede no resultar herido por una explosión y, sin embargo, perder su casa. Puede no ser atacado personalmente y quedar sin escuela. Puede no ser desplazado y, aun así, quedarse sin médico, agua potable o alimentos.
Esta dimensión indirecta explica por qué las estadísticas sobre asesinatos o mutilaciones no pueden utilizarse para medir por sí solas el impacto de la guerra sobre la infancia.
UNICEF destaca que los conflictos afectan a los niños mediante múltiples vías: violencia directa, desplazamiento, destrucción de servicios, pobreza, interrupción educativa, inseguridad alimentaria y deterioro de la protección social.
La situación tiene además una dimensión internacional. Cuando los niños abandonan sus países, las consecuencias se trasladan a los países vecinos y, en algunos casos, a otras regiones.
Los países receptores deben proporcionar alojamiento, educación, atención sanitaria, alimentación y protección a menores que llegan después de haber sufrido experiencias traumáticas.
El desplazamiento infantil también plantea problemas relacionados con la documentación y la reunificación familiar. Los menores separados de sus padres o cuidadores pueden quedar expuestos a trata, explotación laboral, violencia y abusos.
Por ello, UNICEF insiste en la necesidad de mantener sistemas de protección infantil incluso durante las emergencias.
La educación como primera línea de protección
En este escenario, la educación adquiere una función que va mucho más allá del aprendizaje académico. UNICEF considera que mantener a los niños escolarizados constituye una herramienta de protección frente a numerosos riesgos.
La escuela proporciona rutinas, contacto con adultos responsables, relaciones sociales y, en determinados contextos, alimentación y atención psicosocial. Cuando las escuelas son destruidas o utilizadas para otros fines, los niños pierden simultáneamente educación y protección. El incremento del 44% de los ataques contra instalaciones educativas registrado en 2024 muestra la dimensión del problema.
El impacto de los conflictos tampoco termina cuando cesan los combates. Los niños expuestos de manera prolongada a violencia, desplazamientos, pérdida de familiares o destrucción de sus hogares pueden experimentar consecuencias psicológicas y sociales que persisten durante años. UNICEF incluye entre los efectos de los conflictos el deterioro del bienestar psicosocial de los menores.
La reconstrucción de una sociedad después de una guerra requiere, por tanto, mucho más que reconstruir edificios. También implica recuperar escuelas, servicios sanitarios, sistemas de protección, redes familiares y espacios seguros para la infancia.
Los datos de UNICEF plantean un desafío considerable para los Estados, las organizaciones humanitarias y las instituciones internacionales. La organización sostiene que la protección de los niños en conflictos debe incluir el acceso humanitario, la protección social y la educación, además del cumplimiento de las obligaciones derivadas del derecho internacional humanitario y de la Convención sobre los Derechos del Niño.
La dificultad reside en que muchas de las guerras actuales son prolongadas y presentan múltiples actores armados. Esto complica la negociación de corredores humanitarios, la protección de civiles y la documentación de las violaciones.
A ello se añade el problema de la financiación. Cuando disminuyen los recursos disponibles para ayuda humanitaria, los programas destinados a proteger a los menores pueden verse afectados precisamente cuando las necesidades están aumentando.
Una cifra que resume una transformación histórica
La evolución desde aproximadamente el 10% de los niños viviendo en zonas de conflicto en la década de 1990 hasta cerca del 19% en 2024 y más del 20% en 2025 resume una transformación profunda del escenario internacional.
En términos absolutos, esto significa que cientos de millones de menores están creciendo actualmente en entornos afectados por conflictos.
La cifra de 473 millones utilizada por UNICEF para 2023-2024 ofrece una referencia especialmente gráfica: aproximadamente uno de cada seis niños del planeta se encontraba entonces en una zona afectada por conflictos. Los datos más recientes indican que la proporción ha seguido aumentando.
La cuestión, por tanto, no es únicamente cuántos niños han muerto o han resultado heridos en las guerras. La cuestión es cuántos están creciendo bajo la amenaza permanente de la violencia, cuántos han perdido su hogar, cuántos han dejado de ir a la escuela, cuántos no reciben vacunas o atención sanitaria y cuántos están desarrollándose en condiciones de pobreza y desplazamiento.
La respuesta de UNICEF apunta a una realidad difícil de ignorar: la infancia se ha convertido en una de las principales poblaciones afectadas por el aumento global de los conflictos armados. Y la tendencia registrada durante los últimos años muestra que la exposición infantil a la guerra no está disminuyendo, sino aumentando.
En 2024, cerca de uno de cada cinco niños del mundo vivía en una zona de conflicto. En 2025, UNICEF elevó la proporción a más de uno de cada cinco. Y detrás de cada porcentaje se encuentran millones de menores para quienes conceptos como escuela, hospital, hogar, seguridad o alimentación han dejado de ser elementos garantizados de la infancia.



