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domingo, abril 14, 2024

Perú, libre de municiones de racimo

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El Gobierno peruano ha anunciado el cumplimiento de su compromiso para la destrucción, con antelación al plazo programado, de su remanente de bombas de racimo, en el marco de la Convención de Oslo sobre Municiones en Racimo.

Los trabajos de destrucción de municiones en racimo se iniciaron en el año 2014. Se tenía como fecha límite el 30 de abril de 2024; sin embargo, se pudo culminar con las tareas el 15 de diciembre de 2023, gracias a la intervención de especialistas del Servicio de Material de Guerra de la FAP.

El anuncio lo hizo el ministro de Defensa, Jorge Luis Chavez Cresta, en una ceremonia realizada en el Palacio Torre Tagle, en Lima, en la que participaron, además, el ministro de Relaciones Exteriores, Javier González-Olaechea, y el comandante general de la Fuerza Aérea, General del Aire Carlos Enrique Chávez Cateriano.

“Distintos estamentos de nuestra Cancillería, del Ministerio de Defensa, de nuestras Fuerzas Armadas, se alinearon en este compromiso con particular entrega, en el que se destaca la labor de nuestros especialistas de nuestra gloriosa Fuerza Aérea del Perú”, afirmó el ministro, durante la ceremonia sobre el cumplimiento de las obligaciones del país ante la Convención de Oslo.

El ministro Chavez Cresta refirió que el personal especializado que intervino en esta labor recibió la capacitación internacional adecuada de parte de la Organización Ayuda Popular de Noruega para desactivar y destruir el arsenal en mención, contribuyendo, de esta forma, a la tranquilidad de la población nacional y del mundo.

“La ayuda económica proporcionada por nuestros amigos de la República Alemana fue un importante bastión de soporte en la recta final de esta tarea. La destrucción de municiones en racimo nos ofrece hoy la oportunidad de identificar los activos modernos que debemos tener en cuenta para mantener la seguridad y soberanía de nuestro país en un capítulo de hermandad”, dijo el ministro.

¿Qué son las bombas de racimo?

Las bombas de racimo, también conocidas como municiones de racimo o bombas clúster, son un tipo de armamento conformado por un proyectil hueco que en su interior contiene cientos de submuniciones o bombas pequeñas, y que puede ser disparado por aviones, artillería y misiles.

Estas bombas se pueden lanzar tanto desde el aire como desde la tierra y tienen la capacidad de cubrir una gran superficie con explosiones. Sin embargo, su uso es muy controvertido y está prohibido en más de 100 países, ya que suponen un grave riesgo para la población civil y el medio ambiente.

Las bombas de racimo explotan en el aire y liberan las submuniciones, que pueden dispersarse en un área equivalente a varios campos de fútbol. Estas submuniciones están diseñadas para detonar al impactar con el suelo o con algún objetivo, pero muchas veces fallan y quedan sin explotar, convirtiéndose en minas terrestres que pueden activarse por cualquier contacto.

Según la organización Human Rights Watch, las bombas de racimo tienen un porcentaje de fallo que puede variar entre el 2,5% y el 40%, dependiendo del tipo y la calidad de las mismas. Esto significa que pueden permanecer ocultas durante años y causar muertes o heridas a civiles inocentes, especialmente a niños, que pueden confundirlas con juguetes u objetos metálicos.

Además de las víctimas directas, las bombas de racimo también generan consecuencias indirectas sobre la población y el desarrollo. Por un lado, dificultan el acceso a los servicios básicos, como la salud, la educación o el agua potable, al impedir el tránsito seguro por las zonas afectadas.

Por otro lado, impiden el aprovechamiento de los recursos naturales, como la agricultura o la ganadería, al contaminar los suelos y los cultivos. Asimismo, obstaculizan los procesos de reconstrucción y reconciliación tras los conflictos armados, al prolongar el miedo y el sufrimiento de las comunidades.

Ante esta situación, muchos países y organizaciones han impulsado iniciativas para prohibir y eliminar las bombas de racimo. La más importante es la Convención sobre Municiones en Racimo, adoptada en Oslo en 2008 y que entró en vigor en 2010. Este tratado internacional prohíbe el uso, la producción, el almacenamiento y la transferencia de estas armas, así como obliga a los Estados parte a destruir sus arsenales existentes y a asistir a las víctimas y a las zonas contaminadas.

Potencias militares las siguen usando

Hasta la fecha, 120 países han firmado o ratificado la Convención, pero otros importantes productores y usuarios de bombas de racimo, como Estados Unidos, Rusia, China o Israel, no lo han hecho.

En los últimos años, se han documentado casos de uso de bombas de racimo en diversos conflictos, como en Siria, Yemen, Libia o Nagorno Karabaj. El caso más reciente es el de Ucrania, donde tanto las fuerzas rusas como las ucranianas han empleado estas armas en su enfrentamiento por el control del territorio.

Estados Unidos ha anunciado que enviará bombas de racimo a Ucrania como parte de su ayuda militar, lo que ha generado críticas y rechazo por parte de Rusia y de organizaciones humanitarias. Estas últimas han pedido a ambos bandos que cesen el uso de estas armas y que se adhieran a la Convención sobre Municiones en Racimo.

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