Los servicios de inteligencia de Estados Unidos habrían alertado a varios gobiernos europeos sobre la posibilidad de que Rusia prepare una operación con drones contra alguno de los países mediterráneos de la OTAN, entre ellos España, Francia o Italia. La información, adelantada por El Mundo y posteriormente recogida por otros medios europeos, apunta a un escenario en el que Moscú podría utilizar buques mercantes para transportar y lanzar drones desde aguas internacionales.
El modelo que aparece asociado al supuesto plan es el Gerbera, un dron ligero empleado por Rusia durante la guerra de Ucrania. Según las informaciones difundidas, tendría aproximadamente dos metros de longitud, una envergadura de unos 2,5 metros, un peso de hasta 18 kilogramos, una velocidad cercana a los 160 kilómetros por hora y una autonomía declarada de hasta 600 kilómetros, aunque esta última cifra depende de la carga y de las condiciones de empleo.
Su característica más relevante en este escenario no sería su capacidad destructiva individual, sino su bajo coste, tamaño reducido y facilidad para ser transportado. La carga explosiva que se atribuye a estos aparatos —en torno a cuatro o cinco kilogramos— no permitiría, en principio, destruir grandes instalaciones por sí sola, pero sí podría provocar incendios, dañar equipos expuestos o forzar el cierre temporal de infraestructuras como aeropuertos o instalaciones portuarias.
Un lanzamiento desde un buque mercante
La hipótesis que más preocupación está generando es que los drones sean trasladados ocultos en contenedores a bordo de buques comerciales y posteriormente lanzados desde el mar. Fuentes vinculadas a la Defensa de Lituania citadas por la prensa han descrito precisamente este escenario.
El planteamiento permitiría evitar que los aparatos tuvieran que recorrer toda la distancia desde territorio ruso. Según las informaciones difundidas, un buque situado aproximadamente entre 200 y 300 kilómetros de la costa podría convertirse en una plataforma de lanzamiento. A una velocidad próxima a los 160 kilómetros por hora, un dron necesitaría aproximadamente entre una hora y cuarto y dos horas para alcanzar la costa.
La utilización de barcos mercantes introduciría además una dificultad añadida para los sistemas de vigilancia europeos: distinguir una plataforma utilizada para una operación clandestina de un buque comercial que desarrolla una actividad legítima.
España aparece expresamente entre los países afectados
La alerta situaría a España, Francia e Italia dentro de un mismo escenario de riesgo. No obstante, la información disponible no identifica una ciudad concreta, aeropuerto, puerto, instalación militar o infraestructura crítica como objetivo.
Tampoco se ha identificado públicamente un buque concreto que estuviera preparado para efectuar el lanzamiento ni existe información pública que permita afirmar que una operación de este tipo haya comenzado.
El objetivo de una eventual acción de estas características podría ser, según los análisis citados por los medios, más amplio que el daño físico provocado por los drones. Un ataque limitado contra una infraestructura civil podría tener repercusiones económicas, políticas y psicológicas considerablemente superiores al valor material de los daños causados.
La visita de John Ratcliffe a Moscú
La alerta habría adquirido especial relevancia después del viaje realizado a Moscú el 25 de agosto por el director de la CIA, John Ratcliffe. Según las informaciones publicadas, la visita estuvo relacionada con las advertencias estadounidenses a Rusia sobre las consecuencias de cualquier ataque o provocación contra un país de la OTAN.
La conexión temporal entre aquella visita y la posterior circulación de la información entre gobiernos europeos es uno de los elementos que ha contribuido a aumentar la preocupación. Sin embargo, no demuestra por sí misma que exista un plan operativo ruso contra España, Francia o Italia.
El supuesto escenario también pone el foco sobre uno de los principales problemas que plantea actualmente la guerra de drones: la relación entre el coste del atacante y el coste de la defensa.
Un aparato relativamente pequeño y barato puede obligar al defensor a utilizar radares, sistemas electroópticos, guerra electrónica, armas de corto alcance o incluso misiles cuyo coste y disponibilidad son muy superiores. La dificultad aumenta cuando se emplean simultáneamente numerosos drones o cuando estos se mezclan con otros tipos de aeronaves y amenazas.
España dispone de capacidades de vigilancia y defensa aérea integradas en el sistema nacional y en la estructura de la OTAN, pero la proliferación de drones de pequeño tamaño está obligando a los países aliados a desarrollar nuevas soluciones específicas contra sistemas no tripulados.
Francia ya ha elevado la preocupación
La información sobre la posible amenaza contra el Mediterráneo coincide con el aumento de la preocupación de varios gobiernos europeos por las actividades atribuidas a Rusia. Francia ha intensificado durante las últimas semanas el debate sobre la protección de infraestructuras críticas frente a drones y ciberataques.
El contexto es una sucesión de incidentes con drones y otras actividades consideradas parte de la denominada guerra híbrida rusa contra países europeos. En los últimos meses se han registrado episodios que han afectado a diferentes Estados miembros de la OTAN y que han incrementado la presión para mejorar la detección y neutralización de aeronaves no tripuladas.
La principal conclusión que puede extraerse de la información conocida es que existe una alerta de inteligencia sobre un escenario potencial, pero no que Rusia haya decidido atacar España ni que un ataque sea inminente.
La diferencia es importante. El supuesto informe de la CIA no ha sido publicado, no se conoce oficialmente su nivel de confianza, no se han divulgado los indicios concretos que lo sustentan y tampoco se ha hecho público un objetivo específico. Los gobiernos afectados tampoco han anunciado que exista una operación rusa en marcha contra sus territorios.
Lo que sí pone de manifiesto el episodio es un cambio en la concepción de la amenaza. España, Francia e Italia, tradicionalmente alejadas de las zonas donde se han producido las principales incursiones de drones rusos, podrían tener que contemplar escenarios en los que la distancia geográfica deje de ser una garantía suficiente. En este caso, la plataforma de lanzamiento no tendría que estar en territorio ruso: podría encontrarse en un barco situado en el Mediterráneo o en aguas internacionales.
Para España, el escenario resulta especialmente relevante por la extensión de su litoral, la presencia de numerosos puertos comerciales y militares y la importancia estratégica de sus aeropuertos e infraestructuras turísticas. Pero, con la información pública disponible este 24 de septiembre no existen elementos suficientes para afirmar que el país haya sido seleccionado como objetivo concreto ni que Moscú haya iniciado los preparativos de un ataque.
La cuestión que queda abierta para los servicios de inteligencia y Defensa europeos es, precisamente, determinar si la alerta describe una capacidad que Rusia está desarrollando, un escenario de planificación o una operación que ha avanzado hasta una fase ejecutiva. Esa distinción no puede establecerse a partir de la información publicada hasta ahora.



