ANÁLISIS. Azov, de milicia de voluntarios con raíces ultranacionalistas a unidad de élite de la Guardia Nacional ucraniana

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Pocas unidades militares han quedado tan atrapadas entre la realidad de una guerra y la batalla propagandística que la acompaña como Azov. Para Rusia, su existencia constituye una de las principales pruebas de su acusación de que Ucrania está dominada por fuerzas «nazis» o ultranacionalistas. Para Ucrania, Azov se ha convertido en uno de los símbolos de la resistencia frente a la invasión rusa, especialmente después de la defensa de Mariúpol y de la resistencia en la acería de Azovstal en 2022.

La realidad histórica es más compleja. Azov nació en 2014 como una formación de voluntarios en un contexto de guerra en el Donbás y sus primeros cuadros estuvieron vinculados a círculos de extrema derecha y ultranacionalistas. Posteriormente fue incorporado a la estructura oficial de seguridad del Estado ucraniano y experimentó una profunda transformación institucional. La actual 12.ª Brigada de Fuerzas Especiales Azov de la Guardia Nacional de Ucrania es una unidad militar profesional, aunque su origen continúa siendo objeto de controversia.

Para comprender la controversia hay que retroceder a 2014. La revolución del Maidán, la anexión rusa de Crimea y el estallido de la guerra en el este de Ucrania generaron una situación en la que Kiev necesitaba rápidamente efectivos capaces de combatir a las fuerzas separatistas respaldadas por Rusia.

En ese contexto aparecieron numerosos batallones de voluntarios. Azov fue creado el 5 de mayo de 2014 como un batallón de operaciones especiales dependiente inicialmente del Ministerio del Interior ucraniano. Sus primeros integrantes procedían en parte de organizaciones y círculos nacionalistas radicales.

Uno de los nombres asociados a aquellos orígenes es Andriy Biletsky, dirigente de extrema derecha que había encabezado organizaciones nacionalistas antes de la creación de Azov. Las primeras estructuras de la unidad estuvieron, por tanto, marcadas por una combinación de nacionalismo radical, voluntariado armado y una fuerte oposición a Rusia.

Esta circunstancia no es una invención propagandística rusa: la existencia de elementos de extrema derecha en el entorno fundacional de Azov está documentada por diversas fuentes. De hecho, Estados Unidos mantuvo durante años restricciones que impedían que la unidad recibiera directamente determinados tipos de asistencia militar estadounidense debido a las preocupaciones relacionadas con sus antecedentes.

Pero de esa constatación histórica no se deriva automáticamente que todos los integrantes de Azov fueran nazis ni que la actual brigada sea una organización nazi.

La cuestión de los símbolos

La controversia se intensificó por la simbología utilizada por algunos de sus miembros y por las conexiones de algunos de los primeros dirigentes con el nacionalismo radical europeo.

Uno de los símbolos asociados históricamente a Azov es el llamado «Wolfsangel», aunque la propia unidad ha rechazado que su emblema represente el símbolo utilizado por determinadas organizaciones nazis. También han circulado imágenes de combatientes con tatuajes y símbolos relacionados con el nazismo o con movimientos de extrema derecha.

Aquí aparece una de las dificultades para analizar Azov: es necesario diferenciar entre la historia y la simbología de determinados individuos y la naturaleza jurídica e institucional de la unidad militar actual.

La propia documentación estadounidense distingue expresamente entre el antiguo batallón de 2014 y la formación actual. En documentación del Congreso estadounidense se señala que las estructuras actuales no deben confundirse con el Azov de 2014, ya que la unidad experimentó posteriormente una transformación institucional.

De batallón voluntario a unidad oficial

El cambio fundamental se produjo cuando Azov dejó de funcionar como una estructura esencialmente voluntaria y pasó a integrarse en las instituciones estatales ucranianas.

En 2015, Azov fue incorporado formalmente a la Guardia Nacional de Ucrania, lo que supuso un proceso de institucionalización y profesionalización.

Ese proceso es fundamental para comprender la discusión actual.

La organización que apareció en 2014 y la brigada que existe actualmente no son exactamente la misma estructura en términos institucionales. La actual unidad forma parte de la cadena de mando de la Guardia Nacional ucraniana y desarrolla funciones militares dentro del aparato estatal.

En la actualidad se denomina 12.ª Brigada de Fuerzas Especiales «Azov». La propia unidad sitúa su creación en el 5 de mayo de 2014 y describe su evolución desde aquel primer batallón hasta la formación profesional actual.

Mariúpol: el episodio que convirtió a Azov en un símbolo

Si existe un episodio que transformó definitivamente la imagen internacional de Azov fue la batalla de Mariúpol en 2022.

Cuando Rusia lanzó su invasión a gran escala de Ucrania en febrero de aquel año, Mariúpol quedó rodeada. En la defensa de la ciudad participaron diferentes unidades ucranianas, entre ellas Azov.

La resistencia terminó concentrándose en la gigantesca planta siderúrgica de Azovstal, donde miles de militares y civiles quedaron atrapados durante semanas.

Azov desempeñó un papel central en aquella defensa. Los combatientes resistieron durante aproximadamente tres meses, en condiciones extremas, mientras la ciudad era sometida a intensos ataques rusos. Finalmente, en mayo de 2022, el mando ucraniano ordenó poner fin a la defensa para preservar la vida de los soldados restantes.

La resistencia de Azovstal tuvo una enorme repercusión propagandística.

Para Ucrania, los defensores de Mariúpol pasaron a representar el sacrificio y la resistencia frente a la invasión.

Para Rusia, la presencia de Azov permitió reforzar uno de los argumentos centrales utilizados por el Kremlin para justificar la denominada «desnazificación» de Ucrania.

La utilización de Azov por la propaganda rusa

El Kremlin ha presentado reiteradamente Azov como una organización neonazi. Rusia ha utilizado sus antecedentes ultranacionalistas, sus símbolos y las declaraciones de algunos de sus antiguos dirigentes para construir una imagen de Ucrania como un Estado dominado por el extremismo.

En agosto de 2022, el Tribunal Supremo ruso declaró a Azov organización terrorista y prohibió sus actividades en territorio ruso. La decisión se produjo después de la batalla de Mariúpol y de la captura de numerosos combatientes de la unidad.

La cuestión tiene además consecuencias jurídicas importantes para los combatientes capturados.

Human Rights Watch ha cuestionado los procesos judiciales emprendidos por Rusia contra miembros de Azov capturados durante la defensa de Mariúpol, recordando las garantías que el Derecho Internacional Humanitario establece para los prisioneros de guerra.

¿Hubo realmente elementos neonazis?

La respuesta más rigurosa es sí, especialmente en el origen de la organización, pero la afirmación necesita numerosos matices.

Azov nació en un ambiente donde existían organizaciones nacionalistas radicales y algunos de sus primeros dirigentes y combatientes estaban vinculados a la extrema derecha. Esa circunstancia está suficientemente documentada.

También es cierto que algunas de las imágenes y símbolos utilizados por miembros de la formación han alimentado las acusaciones de neonazismo.

Pero resulta igualmente incorrecto convertir ese hecho histórico en la afirmación de que la actual 12.ª Brigada Azov es una organización nazi en sentido estricto.

La unidad está integrada en la Guardia Nacional ucraniana y sometida a la estructura militar estatal. Además, en 2024 Estados Unidos levantó la prohibición que impedía que Azov recibiera armas y entrenamiento estadounidenses después de que el Departamento de Estado realizara una revisión conforme a la Leahy Law, legislación que impide proporcionar asistencia militar a unidades extranjeras cuando existen evidencias creíbles de graves violaciones de derechos humanos. La revisión concluyó que la actual 12.ª Brigada superaba ese proceso de evaluación.

Este punto es relevante porque demuestra que Washington no ignoró los antecedentes de Azov, sino que realizó una evaluación específica antes de autorizar la asistencia.

Una transformación difícil de separar de su pasado

El principal problema para Azov es precisamente su pasado.

Aunque la actual brigada sea una formación militar integrada en el Estado ucraniano, conserva el nombre, parte de las tradiciones y el capital simbólico acumulado desde 2014.

Por ello, sus defensores argumentan que hablar de «batallón nazi» sin distinguir entre 2014 y la unidad actual supone utilizar una realidad histórica parcialmente cierta para construir una conclusión mucho más amplia.

Sus críticos responden que la incorporación a la Guardia Nacional no elimina automáticamente las raíces ideológicas de la organización ni las actuaciones de algunos de sus miembros.

Ambas cuestiones deben analizarse separadamente.

Una cosa es documentar la presencia de elementos de extrema derecha en el origen de Azov. Otra muy distinta es afirmar que toda la actual unidad militar ucraniana es una organización neonazi.

Azov dentro de la guerra de Ucrania

La evolución de Azov también refleja una característica peculiar de la guerra del Donbás: durante los primeros años del conflicto, Ucrania recurrió a numerosos batallones de voluntarios porque sus Fuerzas Armadas atravesaban una situación de debilidad.

Con el paso del tiempo, muchos de aquellos grupos fueron integrados en las estructuras oficiales del Estado. Azov fue uno de los casos más conocidos.

La unidad terminó desarrollando capacidades militares muy superiores a las de sus primeros tiempos como batallón voluntario. La actual brigada se presenta como una formación especializada y participa en operaciones en el frente.

En diciembre de 2025, por ejemplo, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, visitó a efectivos de la 12.ª Brigada de Fuerzas Especiales Azov y a su mando, en un momento en el que la unidad participaba en operaciones defensivas en el este de Ucrania.

La batalla de las narrativas

Azov se ha convertido así en algo más que una unidad militar. Es también un campo de batalla informativo.

Para el Kremlin, Azov permite presentar la invasión como una operación destinada a combatir el extremismo y el nazismo en Ucrania.

Para Kiev, la brigada representa precisamente lo contrario: la resistencia nacional frente a una invasión extranjera.

La realidad histórica se encuentra entre ambas narrativas.

Azov tuvo raíces reales en el nacionalismo radical y contó en sus primeros años con miembros vinculados a la extrema derecha. Eso forma parte de su historia y no debería ocultarse.

Pero también es cierto que Azov fue posteriormente integrado en la Guardia Nacional, transformado en una unidad militar estatal y sometido a procesos institucionales que la diferencian de aquella formación voluntaria de 2014. La propia documentación estadounidense ha establecido esa distinción.

Por eso, la conclusión más rigurosa no es afirmar simplemente que «Azov es nazi» ni que «Azov nunca tuvo relación con la extrema derecha». Ambas afirmaciones simplifican una historia mucho más compleja.

Azov nació en el entorno de la extrema derecha ucraniana, se convirtió después en una unidad oficial de la Guardia Nacional y terminó adquiriendo una enorme relevancia militar y simbólica durante la guerra contra Rusia. Su pasado continúa siendo utilizado por Moscú como una de las piezas centrales de su narrativa sobre la “desnazificación” de Ucrania, mientras que Kiev reivindica fundamentalmente su papel militar en la defensa del país.

 

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