Un reciente informe del Center for the Study of Democracy revela cómo Rusia, China e Irán combinan economía lícita, crimen organizado y operaciones encubiertas para erosionar la gobernanza regional
Rusia, China e Irán han desarrollado en Hispanoamérica un sofisticado modelo de influencia que fusiona la presencia económica legítima con las redes criminales transnacionales, operaciones de desinformación y evasión de sanciones internacionales. Así lo concluye Shadow Alliances: Authoritarian Powers and the Hybrid Warfare Nexus in Latin America, un exhaustivo informe publicado en 2026 por el Center for the Study of Democracy (CSD), con sede en Sofía.
El documento, elaborado por un equipo internacional de investigadores bajo la dirección de Martin Vladimirov, constituye el primer análisis del CSD sobre los modelos de guerra híbrida en la región y representa una advertencia directa a los gobiernos latinoamericanos y a sus aliados occidentales sobre la naturaleza sistémica (y no meramente coyuntural) de esta amenaza.
Un modelo integrado: de lo lícito a lo ilícito
La tesis central del informe es que las tres potencias no actúan mediante canales separados sino a través de lo que los autores denominan un sistema integrado de influencia: las inversiones en infraestructura, energía y comercio abren las puertas de entrada que, con el tiempo, sirven de plataforma para actividades de menor visibilidad como el blanqueo de capitales, la evasión de sanciones y la corrupción de élites políticas y empresariales.
«Las infraestructuras económicas legales (puertos, corredores logísticos, sistemas financieros y redes digitales) se han convertido en plataformas de doble uso que sirven tanto para la actividad legítima como para las operaciones ilícitas», sostiene el informe.
El crimen organizado transnacional ocupa en este esquema un papel de proveedor de servicios: suministra las rutas de contrabando, los sistemas financieros informales, la capacidad logística y, sobre todo, la cobertura de plausible denegación ante posibles atribuciones. No se trata de una relación de control directo, sino de vínculos transaccionales que ninguna de las partes necesita formalizar.
Tres modelos, una misma lógica
Aunque los tres actores comparten esta lógica estructural, el informe distingue con claridad sus perfiles operativos:
China opera con la mayor escala y profundidad institucional. Su presencia comercial es dominante: en 2024 representaba el 25% de las importaciones de Colombia, el 22,5% de Bolivia y el 21% de México. A ello se suman grandes proyectos de infraestructura (como el Metro de Bogotá, adjudicado a un consorcio liderado por empresas chinas) y acuerdos financieros que generan dependencias estructurales de largo plazo, como la línea de permuta de divisas de 5.000 millones de dólares concedida a Argentina. En paralelo, las redes chinas de blanqueo de capitales prestan servicios financieros a los grandes cárteles mexicanos, facilitando el movimiento transfronterizo de los beneficios del tráfico de fentanilo. La inteligencia financiera estadounidense identificó entre 2020 y 2024 aproximadamente 312.000 millones de dólares en transacciones sospechosas vinculadas a estas redes.
Rusia compensa su menor peso económico (apenas el 2,6% de su comercio global se dirige a la región) con una concentración estratégica en sectores palanca. Controla más del 90% de las importaciones brasileñas de diésel y alrededor del 40% de sus importaciones de fertilizantes. El 65% de sus casi 270 empresas registradas en América Latina y el Caribe opera desde paraísos fiscales, con unos 70.000 millones de dólares en activos canalizados a través de centros financieros caribeños. Su presencia paramilitar, articulada históricamente a través del Grupo Wagner, se ha desplegado en Venezuela para proteger activos estratégicos, entrenar milicias pro-gubernamentales y participar en la extracción ilegal de oro en la región del Orinoco. En el ámbito informativo, Rusia mantiene el aparato de influencia más agresivo de la región, con RT en español como punta de lanza: en México, el tráfico de dicho medio en la red X pasó de 191.000 visitas en 2022 a 715 millones en 2023.
Irán opera con la menor presencia económica formal, pero con la arquitectura encubierta más consolidada. Su modelo se articula en torno a Hezbolá y a redes de intermediarios como el clan Barakat en la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, o la red de Alex Saab, que permitió al régimen de Maduro evadir sanciones internacionales mediante complejos circuitos financieros. El IRGC controla hasta el 50% del ecosistema de criptomonedas iraní y ha movido fondos ilícitos a través de transacciones en la moneda estable USDT desde plataformas establecidas en ciudades venezolanas.
México, laboratorio de la influencia híbrida rusa
El informe dedica una atención especial a México como caso paradigmático de penetración rusa en el flanco sur de Estados Unidos. Según el general Glen VanHerck, excomandante del Mando Norte estadounidense, citado en el documento, «la mayor concentración de personal de inteligencia ruso en el mundo se encuentra en México». El número de diplomáticos rusos acreditados en el país creció en torno a un 60% tras la invasión de Ucrania en 2022, hasta alcanzar los 86 funcionarios, muchos de ellos identificados como operativos del GRU o agentes de desinformación.
Entre enero de 2022 y abril de 2024, más de 166.000 ciudadanos rusos entraron en México, con al menos 73.000 cruzando posteriormente de manera irregular hacia los Estados Unidos. Las investigaciones revelaron que al menos 13 agentes identificados del GRU se infiltraron en esos flujos migratorios, usando la ruta Moscú-Estambul-Cancún.
En el terreno criminal, las autoridades mexicanas detectaron que entre 2022 y 2024 el armamento de origen ruso representó aproximadamente el 60% de las armas incautadas a los cárteles mexicanos, reflejo tanto del excedente bélico generado por la guerra en Ucrania como de su desvío a través de las redes criminales transnacionales.
Infraestructura de doble uso y vigilancia digital
Un capítulo particularmente preocupante del informe es el de la transferencia de tecnología de vigilancia. En Venezuela, la empresa estatal china China National Electronics Import & Export Corporation (CEIEC) ha suministrado software y formación para el control digital de las comunicaciones, bloqueando medios independientes y restringiendo redes sociales en períodos electorales. En Bolivia, el anterior gobierno izquierdista instaló el sistema BOL-110 con financiación china, integrando cámaras, centros de mando y procesamiento de datos en el aparato de seguridad nacional.
Argentina alberga desde 2012 una estación espacial china de gran profundidad en la provincia de Neuquén, gestionada por una entidad vinculada a la Fuerza de Apoyo Estratégico del Ejército Popular de Liberación. La antena de 35 metros, cubierta por una concesión de 50 años con escasa supervisión argentina, ha suscitado serias dudas sobre su posible uso para misiones de inteligencia.
Respuestas fragmentadas ante una amenaza sistémica
El informe concluye que las respuestas de los Estados latinoamericanos siguen siendo fundamentalmente nacionales y reactivas, mientras que las redes de influencia operan con agilidad transfronteriza, explotando las asimetrías regulatorias entre países.
Los autores proponen una hoja de ruta basada en cinco pilares: la integración institucional de los servicios de inteligencia, las autoridades financieras y los cuerpos de seguridad; el refuerzo de la cooperación regional de inteligencia a través de plataformas como Ameripol; la persecución sistemática de los flujos financieros ilícitos en sectores de alto riesgo como la energía, los minerales estratégicos y las zonas francas; el reconocimiento del crimen organizado como componente estratégico de la influencia foránea; y el fortalecimiento de los marcos de gobernanza económica mediante la transparencia en la contratación pública y el escrutinio de las inversiones extranjeras.
«La influencia híbrida en América Latina no es episódica sino sistémica», advierten los autores. «Abordarla dependerá menos de medidas políticas aisladas que de la capacidad de conectar los instrumentos existentes en estrategias coherentes y coordinadas que fortalezcan la resiliencia institucional».
Shadow Alliances: Authoritarian Powers and the Hybrid Warfare Nexus in Latin America está disponible en acceso abierto bajo licencia Creative Commons a través del Center for the Study of Democracy (csd.bg). Sus autores son Martin Vladimirov, Sara Gálvez y Brendon Zhan, con el respaldo de un consejo editorial presidido por el Dr. Ognian Shentov. La investigación ha contado con el apoyo del National Endowment for Democracy.



