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martes, mayo 21, 2024

Cómo las maras azotan la seguridad de LATAM… hasta que llegó Bukele

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Hace casi un año, en febrero de 2023, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, presentó al mundo entero una cárcel de máxima seguridad que creó gran controversia al verse vulnerados una serie de derechos humanos para con los prisioneros. Se trata del Centro de Confinamiento del Terrorismo, un gran complejo presidiario localizado a las afueras de San Salvador que fue creado dentro de su controvertida estrategia de seguridad para acabar con las pandillas salvadoreñas.

Una de las bandas criminales más importantes de este país es la Mara Salvatrucha, también conocida como MS-13, que aunque nació en Los Ángeles, Estados Unidos, su formación se remonta a la migración de salvadoreños que huyeron de la guerra civil de su país.

A lo largo de los años, esta pandilla ha evolucionado, convirtiéndose en una organización transnacional con presencia en varios países de América Central y Estados Unidos. El nombre, Mara Salvatrucha, tiene un significado concreto: mara es el término con el que se conocen las pandillas en Centroamérica; “salva” sería la abreviación de El Salvador; y “trucha” es una palabra en jerga callejera para “listo” o “inteligente”.

A principios de los años 2000, y debido a un incremento de la violencia en este grupo criminal debido a su rivalidad con la banda Barrio 18, Estados Unidos deportó a miles de integrantes de este grupo criminal, que se fueron asentando en las calles y prisiones de El Salvador en células de esta banda, reclutando a los jóvenes en situación de vulnerabilidad, que buscaban protección y apoyo en un entorno hostil.

Con el tiempo, la pandilla se involucró en actividades criminales, incluyendo el tráfico de drogas, extorsiones y actos de violencia extrema. El perfil de sus integrantes ha variado, y actualmente la MS-13 recluta a jóvenes de diversos contextos socioeconómicos y culturales.

La Mara Salvatrucha opera en zonas urbanas y suburbanas, mostrando una presencia significativa en El Salvador, Honduras y Guatemala, así como en ciudades de Estados Unidos con población latina. Su modus operandi incluye el reclutamiento de jóvenes, a menudo en situaciones de vulnerabilidad, y la imposición de un estricto código de lealtad.

En concreto, los integrantes son miembros de la banda para siempre, no pudiendo dejar el grupo, ya que la deserción se paga con la muerte. Los que se incorporan por primera vez a la banda deben de someterse a rituales de iniciación que suelen ser muy crueles, desde grandes golpizas hasta acceder, en el caso de mujeres, a ser violadas de manera masiva como prueba de lealtad. Sin olvidar que, en ocasiones, se les pide que maten a alguien, ya sea policía o rival, o incluso incriminarse en un crimen que haya cometido otro marero.

La banda criminal ha ganado notoriedad por su participación en crímenes violentos, incluyendo asesinatos, secuestros y torturas. La MS-13 también ha sido vinculada al tráfico de drogas y al contrabando de personas. Su habilidad para infiltrarse en diversas comunidades y su uso de la violencia extrema han generado una gran preocupación en términos de seguridad.

La expansión de la Mara Salvatrucha a otros países ha sido un fenómeno preocupante. La pandilla ha extendido sus tentáculos a México, Canadá y algunos países europeos, aprovechando las redes migratorias y las oportunidades para el crimen organizado. Esta expansión ha llevado a un aumento de la colaboración entre las fuerzas de seguridad de diferentes naciones para hacer frente a la amenaza.

En El Salvador, la MS-13 ha tenido un impacto significativo en la seguridad nacional. La violencia generada por la pandilla ha contribuido a altas tasas de homicidios y ha desafiado los esfuerzos del gobierno para mantener el orden público. A pesar de los avances en la lucha contra el crimen organizado, la MS-13 sigue representando un desafío constante.

El presidente de El Salvador ha implementado diversas estrategias para contrarrestar el poder de la Mara Salvatrucha. Estas incluyen operativos policiales, programas de prevención del delito y esfuerzos para mejorar las condiciones socioeconómicas en áreas vulnerables. Sin embargo, la complejidad de la situación requiere un enfoque integral que aborde tanto las causas subyacentes como las manifestaciones inmediatas del problema.

La Mara Salvatrucha se ha equiparado a grandes grupos criminales conocidos por su violencia y sus actos delictivos, como el Cartel de Sinaloa, liderado por Chapo Guzmán hasta que fue arrestado y extraditado a los Estados Unidos, o las guerrillas como el ELN de Colombia.

Lo que está claro es que los gobiernos están intentando acabar con estos grupos criminales y para ello Bukele abrió esa cárcel de máxima seguridad cuyas imágenes del traslado de miles de presos ha dado la vuelta al mundo.

Un año más tarde, y después de múltiples denuncias por parte de ONGs sobre la situación que allí se vive, otro país Latinoamericano está pensando hacer algo similar. Es el caso de Ecuador, que está viviendo una ola de violencia y cuyo presidente está planteándose la necesidad de crear centros penitenciarios de máxima seguridad como el de su homólogo en El Salvador.

 

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