Defensa reclama acelerar el salto del prototipo al campo de operaciones ante la revolución de los drones

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La revolución de los sistemas no tripulados está obligando a las Fuerzas Armadas españolas a replantearse sus tradicionales ciclos de desarrollo y adquisición de capacidades. Los drones han dejado de desempeñar un papel exclusivamente complementario para convertirse en uno de los elementos que están modificando con mayor rapidez la forma de planificar y ejecutar las operaciones militares. Ante este escenario, el Ministerio de Defensa quiere reducir el tiempo que transcurre entre la aparición de una tecnología, su validación y su incorporación efectiva al campo de operaciones.

Este ha sido uno de los principales mensajes trasladados por Defensa a la industria durante UNVEX 2026, el encuentro especializado en sistemas no tripulados celebrado en San Javier, Murcia. La secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, situó la aceleración de la ejecución de los programas y la reducción de los ciclos de desarrollo entre las prioridades del departamento, en un momento en el que la evolución tecnológica de los drones y de las tecnologías asociadas avanza a una velocidad muy superior a la de los tradicionales procesos de adquisición militar.

La magnitud de la apuesta económica refleja la importancia que están adquiriendo estas capacidades. El Ministerio de Defensa cifra en aproximadamente 4.600 millones de euros la inversión destinada a programas relacionados con sistemas autónomos, una cantidad que engloba diferentes desarrollos y programas de modernización de las Fuerzas Armadas. Entre las iniciativas se encuentran programas como SIRTAP y Eurodrone, además de diferentes sistemas nacionales vinculados a plataformas no tripuladas y capacidades destinadas a hacer frente a los UAS.

El desafío para Defensa, sin embargo, ya no consiste únicamente en disponer de prototipos tecnológicamente avanzados. El objetivo es conseguir que las soluciones desarrolladas por la industria puedan evolucionar con rapidez, integrarse en arquitecturas comunes, fabricarse en cantidades suficientes y mantenerse durante toda su vida operativa. La experiencia de los conflictos recientes ha demostrado que la superioridad tecnológica puede quedar rápidamente comprometida cuando el adversario adapta sus sistemas y tácticas a una velocidad superior a la de los procesos de adquisición convencionales.

El tradicional itinerario que lleva desde el concepto inicial hasta el despliegue —investigación, desarrollo, prototipo, experimentación, certificación, producción y entrada en servicio— está siendo sometido a una presión creciente. En el ámbito de los sistemas no tripulados, un proceso de varios años puede provocar que una tecnología llegue al usuario militar cuando ya ha sido superada por una nueva generación de sensores, algoritmos, sistemas de navegación o procedimientos de empleo.

Esta circunstancia afecta especialmente a tecnologías como los drones, la inteligencia artificial, la guerra electrónica, los sensores y los sistemas contra UAS, cuyos ciclos de innovación son sensiblemente más cortos que los correspondientes a grandes plataformas militares convencionales. La consecuencia es que Defensa necesita combinar la adquisición de capacidades maduras con mecanismos que permitan introducir rápidamente mejoras y nuevas tecnologías durante la vida útil de los sistemas.

Una segunda carrera tecnológica: detectar y neutralizar drones

La expansión de los drones está generando, además, una segunda carrera tecnológica: desarrollar sistemas capaces de detectar, identificar, seguir y neutralizar plataformas no tripuladas cada vez más numerosas, pequeñas y diversas.

Las Fuerzas Armadas están trabajando en arquitecturas que combinan sensores, sistemas de mando y control, guerra electrónica e interceptores. El objetivo es construir una defensa por capas capaz de responder tanto ante sistemas militares sofisticados como frente a drones comerciales modificados o plataformas de bajo coste empleadas con fines militares.

Durante UNVEX, el jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio, general del aire Francisco Braco, explicó el trabajo que se está desarrollando para disponer de un sistema de control del espacio aéreo capaz de integrar las diferentes capacidades de vigilancia, control y respuesta frente a las amenazas procedentes de sistemas no tripulados.

La dificultad reside en que el concepto de amenaza ha cambiado. Ya no se trata exclusivamente de enfrentarse a grandes aeronaves no tripuladas de elevado valor económico. El campo de batalla incorpora también enjambres, pequeños drones comerciales adaptados, plataformas autónomas y sistemas capaces de operar coordinadamente, lo que obliga a disponer de respuestas diferentes dependiendo de las características de cada amenaza.

El problema de los costes

Uno de los principales retos que plantea esta nueva realidad es económico. La defensa contra drones no puede basarse exclusivamente en utilizar sistemas extremadamente caros para destruir plataformas cuyo coste puede ser muy reducido.

La denominada relación coste de la amenaza-coste de neutralización se ha convertido en uno de los parámetros centrales del desarrollo de las capacidades antidron. Si una Fuerza Armada utiliza sistemáticamente un interceptor de cientos de miles de euros o incluso más para derribar un dron de unos pocos miles, puede conseguir una victoria táctica pero generar un problema estratégico de sostenibilidad.

Por ello, Defensa reclama a la industria soluciones escalables y coste-eficaces, capaces de responder a diferentes tipos de amenazas sin recurrir siempre a la opción más cara. La defensa por capas permite combinar medios de guerra electrónica, interferencia de comunicaciones y navegación, sistemas cinéticos, sensores y diferentes tipos de interceptores.

El objetivo es que el sistema de defensa pueda seleccionar la respuesta adecuada en función de las características de la amenaza, evitando utilizar una capacidad de alto coste cuando exista una alternativa suficientemente eficaz y más económica.

La velocidad de innovación plantea asimismo un desafío industrial. No basta con que España disponga de empresas capaces de diseñar y fabricar prototipos avanzados; la nueva competición tecnológica exige disponer también de capacidad industrial para fabricar rápidamente y a escala cuando una determinada solución demuestra su utilidad operativa.

Esta cuestión afecta directamente a la autonomía estratégica española. La capacidad de producir grandes cantidades de sistemas no tripulados y, sobre todo, de reponer rápidamente las pérdidas, se ha convertido en una variable fundamental de la capacidad militar.

La guerra en Ucrania ha puesto de manifiesto esta transformación. Los drones pueden emplearse para reconocimiento, adquisición de objetivos, ataque, corrección de fuego de artillería, guerra electrónica o vigilancia, mientras que los sistemas comerciales modificados permiten introducir nuevas capacidades con costes relativamente reducidos.

La consecuencia es una presión creciente sobre los fabricantes para que sean capaces de innovar y fabricar simultáneamente. El modelo basado en pequeños lotes de producción y largos periodos entre pedidos resulta menos adecuado para una tecnología que cambia en cuestión de meses.

La Armada incorpora el concepto de «dron contra dron»

La transformación tampoco se limita al Ejército del Aire y del Espacio o al Ejército de Tierra. La Armada está incorporando progresivamente sistemas no tripulados a sus capacidades y experimentando con conceptos en los que un dron puede convertirse en parte de la respuesta frente a otro sistema no tripulado.

El concepto de «dron contra dron» representa precisamente una de las líneas de evolución de la defensa antidron: utilizar plataformas relativamente económicas y autónomas para localizar, perseguir o neutralizar otras plataformas aéreas no tripuladas.

Esta tendencia introduce una nueva dimensión en el campo de batalla. El enfrentamiento ya no se produce necesariamente entre una plataforma tripulada y un sistema no tripulado, sino entre diferentes familias de sistemas autónomos que pueden operar coordinadamente y con distintos niveles de intervención humana.

Para las Fuerzas Armadas, la cuestión fundamental será determinar qué grado de autonomía pueden alcanzar estos sistemas, cómo se integran en las cadenas de mando y qué mecanismos de supervisión humana deben mantenerse en las decisiones críticas.

Un cambio en la forma de adquirir defensa

El mensaje trasladado por Defensa a la industria durante UNVEX apunta, en definitiva, a un cambio que va más allá de los propios drones. El Ministerio está reclamando una transformación de los procesos de innovación, adquisición y producción militar para adaptarlos a tecnologías cuyos ciclos de evolución son mucho más rápidos que los de los sistemas tradicionales.

Los aproximadamente 4.600 millones de euros vinculados a programas de sistemas autónomos constituyen una muestra del volumen económico que está adquiriendo este ámbito. Pero el reto no consiste exclusivamente en incrementar la inversión, sino en conseguir que esa inversión se transforme rápidamente en capacidades disponibles para las unidades.

La cuestión será determinar si el modelo español puede acortar suficientemente la distancia entre laboratorio, prototipo, experimentación, producción y despliegue operativo. En un escenario en el que los drones evolucionan constantemente y en el que las tácticas desarrolladas para combatirlos generan inmediatamente nuevas contramedidas, la velocidad de adaptación se está convirtiendo en una variable cada vez más relevante de la capacidad militar.

UNVEX 2026 ha servido así para poner de manifiesto una de las principales prioridades de la modernización militar española: pasar de una industria capaz de desarrollar prototipos a un ecosistema capaz de innovar, producir y actualizar sistemas autónomos a la velocidad que exige el campo de batalla contemporáneo. El desafío ya no es únicamente construir el dron más avanzado, sino disponer de una arquitectura tecnológica e industrial capaz de evolucionar antes de que la siguiente generación de amenazas vuelva a cambiar las reglas del juego.

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