La industria europea recupera el pulso en 2025 y la defensa gana peso estratégico dentro del repunte manufacturero

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La industria europea volvió a crecer en 2025 después de dos años de contracción. Según los datos publicados por Eurostat, el valor de la producción industrial vendida de la Unión Europea, calculado a precios constantes para eliminar el efecto de la inflación, aumentó un 2,9% respecto a 2024. Se trata del primer incremento desde 2022, después de las caídas registradas en 2023, del 1,5%, y en 2024, del 1,9%.

En términos nominales, el valor de la producción manufacturera vendida pasó de 5.869 billones de euros en 2024 a 6.090 billones en 2025, lo que supone un incremento de 221.000 millones de euros. Eurostat advierte, no obstante, de que la comparación más adecuada para medir la evolución física de la producción es la realizada a precios constantes.

El dato adquiere una dimensión adicional cuando se observa desde la perspectiva de la autonomía industrial y de la defensa europea. La nota de Eurostat no identifica expresamente a la industria de defensa como uno de los sectores analizados en sus principales titulares, por lo que no sería correcto atribuir al conjunto de la industria militar el crecimiento del 2,9%. Sin embargo, varias de las ramas manufactureras que aparecen en las estadísticas tienen una relación directa o indirecta con las cadenas de suministro de la defensa.

Maquinaria y equipos, una de las grandes protagonistas

Entre los cinco grandes grupos manufactureros analizados por Eurostat, maquinaria y equipos registró en 2025 un crecimiento del 3,3% en términos reales, el segundo mayor incremento después de la industria alimentaria, que avanzó un 3,8%. La producción de vehículos de motor, remolques y semirremolques aumentó un 0,6%.

La importancia de la maquinaria para la defensa resulta evidente por su carácter transversal. Las capacidades militares modernas dependen de cadenas industriales que incluyen fabricación mecánica, sistemas de producción, componentes, electrónica, sensores, vehículos y sistemas de integración.

No obstante, conviene distinguir entre dato estadístico e interpretación industrial: Eurostat está midiendo la producción manufacturera por ramas NACE y no identifica en esta noticia qué parte de la maquinaria producida se destina a usos militares.

Las armas y municiones tienen una categoría estadística propia

La industria de defensa sí dispone de una categoría específica dentro de la clasificación económica europea. La NACE 25.4 corresponde a la fabricación de armas y municiones y se encuentra dentro de la división 25, dedicada a la fabricación de productos metálicos, excepto maquinaria y equipos. La documentación metodológica de Eurostat identifica expresamente la fabricación de armas y municiones como C254.

Este aspecto es especialmente importante para interpretar correctamente los datos.

Eurostat señala que la producción de productos metálicos fabricados, excepto maquinaria y equipos, disminuyó un 1,4% en 2025 respecto al año anterior. Pero ese dato corresponde a toda la división y no permite concluir que la producción de armas y municiones haya disminuido un 1,4%. La categoría incluye numerosas actividades industriales ajenas a la defensa.

Por tanto, la evolución de la industria europea de armamento no puede extraerse directamente de este porcentaje.

Una industria de defensa que va mucho más allá de las armas

La estructura industrial de la defensa contemporánea hace además que limitar el análisis a armas y municiones resulte insuficiente.

Un análisis de la Comisión Europea sobre el ecosistema industrial de defensa identifica como sectores específicamente militares la fabricación de armas y municiones (NACE 25.4) y la fabricación de vehículos militares de combate (NACE 30.4). Pero también considera altamente relevantes para la defensa actividades de carácter dual, entre ellas la fabricación de instrumentos de medición, prueba y navegación; la fabricación de aeronaves y vehículos espaciales; las actividades de ingeniería; la investigación y desarrollo en ciencias naturales e ingeniería; y determinados servicios de seguridad.

Esto significa que una parte importante de la capacidad industrial que necesita Europa para reforzar su defensa está estadísticamente distribuida entre diferentes ramas de la economía.

La defensa no es únicamente una fábrica de tanques, misiles o munición: es también electrónica, aeronáutica, ingeniería, software, sensores, comunicaciones, materiales, motores, óptica, investigación y desarrollo.

El dato de maquinaria resulta especialmente significativo

Desde esta perspectiva, el crecimiento del 3,3% registrado por maquinaria y equipos cobra especial interés.

La recuperación de esta actividad proporciona capacidad industrial que puede ser utilizada tanto por sectores civiles como militares. Además, una base industrial amplia facilita la posibilidad de aumentar la producción militar cuando las circunstancias estratégicas lo requieren.

El reto europeo consiste precisamente en conseguir que esa capacidad pueda transformarse rápidamente en producción de defensa cuando sea necesario, sin depender excesivamente de proveedores externos.

La Comisión Europea ha situado esta cuestión en el centro de su estrategia de fortalecimiento de la base industrial europea de defensa. El objetivo es aumentar la capacidad de producción, garantizar suministros y desarrollar capacidades críticas dentro de Europa. En declaraciones recientes, la Comisión ha subrayado que una industria europea de defensa sólida es necesaria para que la UE pueda depender de su propia base industrial en momentos críticos.

Aeronáutica, electrónica e ingeniería: el segundo gran frente

La otra gran cuestión es la de las tecnologías duales.

La clasificación utilizada por la Comisión identifica como altamente relevantes para la defensa actividades como la fabricación de aeronaves y vehículos espaciales, la instrumentación para medición y navegación y la investigación científica y tecnológica.

Estas actividades son fundamentales para el desarrollo de sistemas militares avanzados: aeronaves tripuladas y no tripuladas, satélites, radares, sistemas de navegación, sensores, comunicaciones, guerra electrónica y sistemas autónomos.

El carácter dual de estas tecnologías hace que su desarrollo pueda generar simultáneamente capacidades civiles y militares. También implica que el fortalecimiento de la industria europea de defensa puede tener efectos sobre un conjunto mucho mayor de empresas que las tradicionalmente identificadas como fabricantes de armamento.

Europa recupera producción, pero todavía tiene un desafío industrial

Los datos de Eurostat muestran que el repunte de 2025 rompe una tendencia negativa. La producción industrial europea había descendido durante dos años consecutivos y ahora vuelve a crecer en términos reales.

Sin embargo, la recuperación no es homogénea. Mientras alimentos aumentaron un 3,8% y maquinaria y equipos un 3,3%, los productos químicos y los productos metálicos fabricados registraron descensos del 1,4%. Además, Eurostat señala que estas dos últimas grandes ramas son las únicas entre los grupos analizados que han registrado una disminución durante la última década.

Para la defensa europea, este comportamiento tiene implicaciones importantes porque la fortaleza militar depende de la existencia de una base industrial suficientemente amplia y diversificada.

Una Europa capaz de producir armas pero dependiente del exterior para determinados metales, componentes electrónicos, maquinaria especializada, productos químicos o tecnologías críticas continuaría teniendo vulnerabilidades en caso de una crisis prolongada.

El desafío: convertir la recuperación industrial en capacidad de defensa

Los datos publicados por Eurostat permiten, por tanto, hablar de una recuperación de la industria europea, pero no de un crecimiento cuantificado de la industria de defensa.

La diferencia es importante.

Lo que sí muestran las estadísticas es que la producción manufacturera europea aumentó un 2,9% en términos reales en 2025 y que algunas actividades particularmente relevantes para la industria de defensa, como maquinaria y equipos, registraron avances significativos.

El siguiente paso será determinar cuánto de esa capacidad industrial puede orientarse hacia las necesidades de seguridad europeas.

En un escenario marcado por el aumento del gasto en defensa, la guerra de Ucrania, la necesidad de reponer arsenales y la búsqueda de una mayor autonomía estratégica, la capacidad de producir en Europa se convierte en una cuestión de seguridad, además de económica.

La fabricación de armas y municiones constituye solamente una parte del problema. La verdadera autonomía exige disponer también de una cadena industrial capaz de producir vehículos, motores, componentes metálicos, electrónica, sensores, sistemas de navegación, aeronaves, tecnología espacial, software y equipamiento especializado.

Por ello, el dato de Eurostat puede interpretarse como una señal positiva: Europa vuelve a incrementar su producción industrial después de dos años de descensos. Pero también como una advertencia: la recuperación general de la industria no garantiza por sí misma que Europa disponga de la capacidad de defensa que necesita.

El desafío será ahora transformar esa recuperación industrial en una base tecnológica y productiva capaz de sostener durante años un esfuerzo de defensa creciente, sin generar nuevas dependencias exteriores en los componentes críticos.

Y en ese proceso, la fabricación de armas y municiones será importante, pero también lo serán la maquinaria, la aeronáutica, la electrónica, la ingeniería, la investigación y las tecnologías duales.

 

 

 

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