Europa Unida (UE por sus siglas en español y EU por sus siglas en inglés) ha tenido varios nombres antes de llegar al actual. La Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA) nació en 1951 con el Tratado de París, con la participación de seis países: República Federal de Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo. Los Tratados de Roma de 1957 dieron lugar a la Comunidad Económica Europea (CEE). Estos tratados desarrollaron una unión aduanera y establecieron lo que durante muchos años se conoció como el Mercado Común Europeo. La plena Unión Aduanera no se alcanzó hasta 1968. El Reino Unido propuso su candidatura en 1961, pero tuvo que esperar a la salida del presidente francés Charles De Gaulle, quien se oponía a su entrada, para ingresar en la CEE.
En 1973 se integraron en la Unión Dinamarca, Irlanda y el Reino Unido.
En 1979 tuvo lugar la primera elección directa del Parlamento Europeo por los ciudadanos de los países miembros.
En 1981 lo hizo Grecia.
En 1986 se incorporaron España y Portugal.
En 1993, por el Tratado de Maastricht, la CEE pasó a denominarse Unión Europea, para significar de este modo el aspecto político del bloque.
En 1995 entraron a formar parte Austria, Finlandia y Suecia.
En 2004 se sumaron Chequia, Chipre, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta y Polonia. La mayoría excepto Chipre, antiguos miembros del Pacto de Varsovia.
En 2007 se añadieron Bulgaria y Rumanía.
En 2013, Croacia.
El 31 de enero de 2020 se consumó el Brexit y el Reino Unido de la Gran Bretaña salió de la UE.
Así pues, la UE está compuesta actualmente por 27 estados miembros.
Este bloque significativo de la geopolítica mundial nació como una necesidad propia del continente europeo para poner fin a las guerras internas. Europa, desde tiempos antiguos, se ha construido sobre la base de interminables luchas entre potencias locales, todas obsesionadas con la hegemonía.
La Europa moderna se forja tras el descubrimiento de América por España en 1492 y el subsiguiente nacimiento del Imperio Español. En las luchas y rivalidades por emular este imperio, participan principalmente Inglaterra, Francia y Holanda, que se convierten en potencias marítimas y compiten por un lugar en el mundo. Desde el momento en que la Monarquía Hispánica florece como hegemón y árbitro, los esfuerzos de unos y otros por mantener o alcanzar la primacía dan lugar a una pugna sin cuartel con episodios concatenados a lo largo de los siglos, a saber:
Guerras por la primacía en Italia (actores: Monarquía Hispánica, Francia y Sacro Imperio Germánico), Guerras con Francia (España y Francia), Guerras de Religión (Carlos V y el Sacro Imperio contra los protestantes), Guerra de los 80 años (guerra civil entre partidarios de la Monarquía Hispánica y partidarios de la Casa Orange-Nassau en los Países Bajos), Guerra de los 30 años (entre el bloque católico y el protestante, si bien Francia se adhiere a estos últimos ante la posibilidad de que España y el Imperio ganen la contienda), Guerra de Sucesión Española por la desaparición del último Habsburgo (entre Inglaterra y Austria contra España y Francia, por la imposición de sucesor), Guerra de Sucesión Austriaca, Guerra de los 7 años (también llamada Guerra Colonial en Norteamérica por la primacía en el continente norteamericano entre el Reino Unido y Francia), Guerra de Independencia Americana (en la cual Francia y España ayudan a las 13 colonias a separarse de la corona británica) y, finalmente, la Revolución Francesa que sume a Europa en una guerra de 25 años con Napoleón Bonaparte como protagonista.
De este período de formación de Europa, dos hitos son muy importantes: en 1648, se pone fin a la Guerra de los 30 años con el principio de la no injerencia en los asuntos internos de otros estados, lo que marca el nacimiento pleno del Derecho Internacional tal como lo conocemos. Además, la configuración de los Estados Nacionales surge por la necesidad de mantener ejércitos permanentes y financiarlos mediante sistemas fiscales propios, lo que lleva a la creación de agencias tributarias que dan lugar a las actuales. Sin duda, estas haciendas delimitan los territorios de soberanía.
El otro gran hito es la Conferencia de Viena al término de las Guerras Napoleónicas, que configura la Europa del siglo XIX y es testigo de las Revoluciones Industriales. Este siglo también presencia las revoluciones políticas provocadas por el nacimiento de ideologías como el Nacionalismo, Comunismo, Socialismo, Anarquismo, Liberalismo y Capitalismo, fruto de la Revolución Francesa. Muchas consecuencias políticas se derivarán de estos cambios, tanto para este siglo como para el venidero. Estas transformaciones sitúan a Europa, con los Imperios Británico y Francés, y el nacimiento de Alemania e Italia unificadas en la década de 1870, en una posición de preeminencia. El continente europeo alcanza en este siglo XIX y a comienzos del XX la cúspide del poder mundial.
Desgraciadamente, la pugna que hace prosperar a Europa a partir del siglo XV no se detiene allí. El progreso técnico genera poderes militares con armamento de última generación, producido en masa por la 3ª Revolución Industrial, que prácticamente destruye en dos guerras mundiales esta maravilla técnica, cultural y política que es Europa, luz del mundo durante muchos siglos. Esta autodestrucción absurda y demencial lleva a la cima a otros actores (EE.UU., URSS, China) y arrasa a la Europa de las Cinco Naciones: España, que cayó como potencia en el período napoleónico; Francia, Alemania, Italia y Gran Bretaña, las cinco naciones que durante 20 siglos habían venido construyendo el espacio europeo.
La capacidad de autodestrucción, sin parangón en la historia, no se ha dado en otros siglos o en otros espacios políticos con la virulencia que lo hizo en la relativamente pequeña Europa. Esta región sufrió 5 millones de muertos en el conflicto de 1618 – 1648 (Guerra de los 30 años), más de 7 millones de muertos en las Guerras Napoleónicas (1789 – 1815) y 120 millones de muertos, con posiblemente el doble de lisiados y mutilados, en los dos conflictos mundiales de 1914 – 1945. Estos periodos, cercanos a 30 años cada uno de los tres, ocurrieron a lo largo de tres siglos y un cuarto, desde 1618 hasta 1945.
Aunque en las guerras mundiales participaron también países que no eran europeos, en la primera, casi toda la carga la soportó Europa, y en la segunda, una buena parte también. Europa se suicidó como primera potencia económica y política con las dos guerras mundiales y, al término de la segunda, quedó literalmente arruinada y sin influencia geopolítica alguna, muy lejos de la que tenía en los últimos siglos y particularmente en los 50 años previos a la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial).
Ante la magnitud del desastre que dejó al mundo en caos y a Europa en ruinas al término de la Segunda Guerra Mundial, voces sabias, como la de Winston Churchill, propusieron en 1946 la creación de los Estados Unidos de Europa. En 1949, nació el Consejo de Europa como la primera organización paneuropea. El ministro de Exteriores francés Robert Schuman propuso la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), y como resultado se firmó el Tratado de París en 1951. La evolución posterior de este proceso creador, ya descrito al principio de este artículo, dio como resultado la actual Unión Europea.
Es notable el esfuerzo de potencias como Alemania y Francia por reducir las diferencias de siglos, ambas en el centro de los terribles conflictos que asolaron Europa y determinaron su declive y pérdida de influencia. El 8 de julio de 1962, el canciller Adenauer y el presidente de la República Francesa, Charles De Gaulle, simbolizaron el acercamiento de ambas naciones en un acto litúrgico en la Catedral de Reims, Francia. En una lápida colocada a la entrada principal, dejaron registrado el momento con estas palabras: «Su Excelencia el Canciller Adenauer y yo hemos sellado la reconciliación de Francia y Alemania en esta catedral».
En sus inicios, las expectativas de los ciudadanos europeos fueron extraordinarias y el europeísmo estaba en ascenso en todos los estados miembros. Sin lugar a dudas se crearon condiciones para una vida mejor: logros como la adopción de la moneda única, el espacio Schengen de cooperación judicial y de seguridad ciudadana, legislación ésta que permite cruzar fronteras como si fueran provincias, diversas formas de cooperación en ámbitos culturales, sociales, comerciales y de todo tipo, así como el fortalecimiento de las relaciones interpersonales entre ciudadanos de diferentes países gracias a todas estas facilidades, son hitos indiscutibles en una lista extensa de jalones de esta magna obra, que hubiera sido imposible sin la buena voluntad tanto de gobernantes como de gobernados.
Es crucial mencionar varios hechos significativos derivados de la caída del Muro de Berlín y el ascenso de China a los primeros puestos de influencia mundial: la expansión de la Unión Europea, que ha integrado a casi todos los antiguos miembros del Pacto de Varsovia o está en proceso de hacerlo; el crecimiento de la OTAN como pilar de seguridad global para los estados miembro; y las relaciones comerciales con Estados Unidos, China y otras regiones, incluyendo países emergentes y en desarrollo.
El Brexit, aviso para navegantes
También son relevantes los fenómenos asociados a la explosión demográfica global y las nuevas ideas surgidas como alternativas al comunismo, oficialmente condenado en Occidente, pero que ha experimentado transformaciones profundas con impacto significativo en la vida del mundo libre y, específicamente, en la Unión Europea. El Brexit es un ejemplo destacado de este impacto migratorio, reflejando el desacuerdo del Reino Unido con muchas de las políticas de la UE, especialmente en temas de inmigración y libre circulación.
Si bien la Unión Europea surgió como resultado de las expectativas de gobiernos y ciudadanos para mejorar nuestro entorno en áreas como empleo, economía global, agricultura, cooperación y convergencia real, en los últimos 30 años ha surgido una dinámica que podría calificarse de insolidaria entre los países miembros. Se han generado divisiones, como Norte versus Sur, en la lucha por recursos y ventajas dentro de la UE, y enfrentamientos entre países grandes y pequeños por la influencia y el poder para cambiar las reglas del juego dentro de la Unión, a menudo favoreciendo a los países más poderosos.
Las ideas neocomunistas han evolucionado hacia movimientos como el Woke, LGTBI+Q, ecologistas y los partidarios alarmistas del cambio climático, así como ideologías de género y un pensamiento único que promueve pautas de conducta consideradas «políticamente correctas». A esto se suma la apertura de las fronteras de la UE a inmigrantes de todo el mundo, generando significativos gastos y conflictos en muchos países debido a diferencias culturales, violaciones de derechos humanos, aumento de la criminalidad y la creación de zonas fuera del alcance de las fuerzas de seguridad de los Estados miembros. Existen barrios o zonas enteras de ciudades de la Unión Europea donde rigen leyes distintas de las del país y donde la policía tiene vetada la entrada.
Además, se facilita el tráfico de productos comerciales de países terceros al mercado europeo, los cuales no siempre cumplen con la rigurosa normativa de la UE. Estos factores han alimentado un creciente euroescepticismo en diversos países, resultando en protestas como los chalecos amarillos, tractoradas y manifestaciones contra la inmigración ilegal o leyes ambientales que afectan a las comunidades rurales tradicionales, pues no son los mismos los requisitos exigidos para producciones europeas que para las de países que nos venden las suyas. Este clima de crispación y desconfianza hacia la UE ha permeado a una parte significativa de la ciudadanía europea.

El registro histórico de elecciones europeas ha dado lugar a gobiernos comunitarios compuestos por asociaciones de partidos populares europeos, de centro o derecha, con socialistas y socialdemócratas durante décadas. De este modo, la Comisión Europea siempre ha estado presidida por miembros relevantes de esta asociación, por consenso, y las políticas comunes en consecuencia han tendido a reflejar las ideologías relatadas con motivo de la caída del muro de Berlín, pues poderosos lobbies de todo occidente han invertido y trabajado muy duro para permear toda la clase dirigente occidental, así como a las sociedades, mediante la acción cultural multimedia llevada a cabo durante muchos años, creando la sociedad del relativismo, muy ajena a los valores occidentales tradicionales.
De este modo, las nuevas ‘religiones’ del cambio están afectando a la vida y el bienestar de los ciudadanos, y muchos se rebelan contra esta forma de proceder. No solo la Unión Europea ha sido incapaz de hacer valer su peso económico, político y cultural en el resto del mundo, sino que también ha descuidado políticas de armonización fiscal, convergencia real, legislación social homologada, seguridad jurídica y cooperación militar. Las tendencias actuales intentan imponer un pensamiento único ‘políticamente correcto’, a través de una serie de leyes sobre energía, recursos minerales, política de aguas y protección del medio ambiente que chocan frontalmente con el interés común y con el modo de vida de comunidades que han administrado su entorno durante siglos.
Las actuales elecciones han dado unos resultados claramente favorables a tendencias políticas de centro, centro-derecha y derechas más tradicionales, liberal-conservadoras o de expresión en clave más nacional. Y, sin embargo, las decisiones tomadas por los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea han llevado el jueves 27 de junio de 2024 a nombrar a la conservadora alemana Ursula von der Leyen para un segundo mandato en la presidencia de la Comisión Europea y al socialista portugués Antonio Costa como presidente del Consejo Europeo, así como a la liberal estonia Kaja Kallas como alta representante de la UE para Asuntos Exteriores.
El dúo tradicional Partidos Populares / Partidos Socialistas o Socialdemócratas ha vuelto a pactar y a quedarse con los puestos clave, y supuestamente está decidido a seguir marcando la agenda, cuando la composición del Parlamento no responde, claramente, a esta fórmula. Si se observa el cuadro obtenido en las elecciones del pasado 9 de junio, la opción Partidos Populares sumados a tendencias centristas o derechistas dan como resultado una suma de 404 escaños, sobre 720. No obstante, con Populares sumados a Socialistas y a otras tendencias como Verdes, la suma alcanza 378 parlamentarios, con lo cual ambos guarismos parecen en principio suficientes para condicionar los programas de gobierno europeo para los próximos 5 años.
Sin embargo, los actuales responsables olvidan algo muy importante: las verdaderas decisiones las toman los países grandes, y más concretamente, las reuniones de Jefes de Estado y de Gobierno, que es donde realmente residen los poderes de la UE. De este modo, los países miembros de tendencia distinta a la expresada en los acuerdos, responde o va a responder más a la fórmula 404 (la de partidos de centro, centro-derecha y derecha) que a la de 378, es decir, Populares, Socialistas/Socialdemócratas y Verdes. Los cambios de tendencia por países han sido imparables, casos de Italia, Holanda, Suecia, por no decir Hungría, citando algunos ejemplos. Las legislativas francesas, acordadas por el presidente de la República, monsieur Emmanuel Macron ante el varapalo recibido en las europeas, ha compuesto una Asamblea Francesa que obligará al presidente a hacer malabares con la composición del nuevo gobierno, pues Izquierda, Centro y Derecha carecen de mayoría para condicionar la política francesa. Por lo que la cohabitación será la fórmula de gobierno, al menos hasta 2027, fecha de las nuevas presidenciales francesas.
El partido de Marine Le Pen no deja de subir en Francia y ya goza de una representación considerable, tanto en la Asamblea Francesa como en el Parlamento Europeo, y si los gobernantes franceses se niegan a tratar con este partido, no les será posible evitarlo en Europa, donde, como hemos mencionado, los partidos de centro y derecha componen una mayoría mayor que la acordada. Es indudable que las políticas europeas en varias materias van a condicionar la agenda, y el resultado influirá en la política de cada país individualmente.
Asuntos tan importantes como las leyes de protección de la naturaleza, en la base de las protestas de los agricultores, en ámbitos tanto europeos como locales; la transformación del modelo de administración de aguas, que tiende a liberar cauces, haciendo desaparecer de esta forma ciertos saltos y embalses, u otros como Agenda 2030; legislación sobre fabricación, importación/exportación y venta de automóviles, o explotación de recursos minerales aprisionados por legislaciones de la coalición vigente, y, no digamos todo lo relativo a inmigración y protección de fronteras, va a proporcionar nuevas coordenadas a la acción de la UE, por mucho que Populares y Socialistas europeos se empeñen en mantener el sistema que tanto años lleva regulando la UE.
Los años venideros serán muy movidos, pues hay ciertos temas urgentes que provocan gran controversia y enfrentamiento en las sociedades, en concreto el apartado migraciones irregulares, la introducción de ideologías al margen de la ley bajo la apariencia de religiones de paz, la violación de los derechos humanos de las personas a manos de la llegada de estas hordas irregulares, el aumento de la delincuencia y del gasto en atención social a estas masas no deseadas, así como otros puntos de la agenda económica como las leyes de protección de la naturaleza, en la que ecologistas, defensores del cambio climático y agenda 2030 en general, no están de acuerdo con las prácticas tradicionales de los ciudadanos de la UE, por no mencionar el agravio comparativo de requisitos para la comercialización de productos producidos en el ámbito comunitario y fuera de él.
Por todo ello será necesario prestar mucha atención y estar alerta ante los cambios que, sin duda, se producirán en la UE en los próximos años, y, dependiendo de las decisiones que se adopten, la UE marcará un nuevo rumbo de éxito… o estará condenada al fracaso y a la mengua de poder de todo tipo (economía, política, seguridad global, etc.) en este siglo XXI que está revolucionando el sistema de poder global, con la aparición de nuevos operadores y bloques de extraordinario interés para la vida en este pequeño planeta.
Por A.M. Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años



