Delta13News arranca este lunes un especial sobre la Jornada Informativa Círculo Ave Fénix, que acogió el pasado jueves el Cuartel General de la Armada, bajo el título ‘Transición de la carrera militar al ámbito empresarial’, que contó con la intervención de expertos militares y civiles para tratar sobre este proceso.
En el marco de la mesa redonda ‘La aportación de valores y talento de los miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del estado al tejido empresarial español’, que moderó Rafael Orbe, defence general director del Grupo SENER, el Coronel Pedro Sebastián de Erice Llano, jefe del Departamento de Liderazgo del Ejército de Tierra con sede en la Escuela de Guerra y Liderazgo del ET (EGLET), experto en liderazgo y comunicación en las unidades militares, ofreció una profunda reflexión sobre la cultura organizacional y su impacto en los individuos que forman parte de ella.
A lo largo de su intervención, el coronel De Erice Llano destacó la importancia de la cultura en cualquier organización y su papel fundamental en la formación de los militares como profesionales.
«Antes de hablar de las personas, que es lo fundamental y lo que nos trae a todos aquí, quiero hablar un poco de la organización, porque es donde nacen las fortalezas que los militares tenemos como profesionales», explicó. Según él, la cultura organizacional define las reglas no escritas que rigen el comportamiento de los integrantes de una institución. «Es lo que hacemos cuando nadie nos ve, es el patrón de comportamientos que la organización a lo largo del tiempo va premiando, tolerando o castigando», afirmó.
Los niveles de la cultura organizacional
Para explicar con mayor detalle la estructura de la cultura organizacional, el coronel recurrió al modelo de Edgar Chayes, quien la divide en tres niveles. El primer nivel, según describió, abarca los aspectos más visibles, como los uniformes, los espacios físicos, las producciones artísticas y los sistemas informáticos. «Cualquiera que nos vea desde fuera puede identificar a un militar por estas características», comentó.
El segundo nivel incluye los valores y creencias de la organización. «Es lo que la organización quiere que seamos», explicó. En este nivel se encuentran los códigos de comportamiento y los decálogos que guían la conducta de los integrantes de las Fuerzas Armadas. «Los valores siempre tienen una connotación positiva, mientras que las creencias pueden ser potencialmente limitantes», advirtió.
El tercer nivel, el más profundo e inconsciente, está compuesto por las presunciones subyacentes básicas. «Es lo que verdaderamente define los comportamientos, la forma de pensar, de actuar y de decidir dentro de la organización», señaló. Este nivel es el más difícil de modificar, ya que forma parte de la esencia de la institución y de quienes la conforman.

El impacto de la cultura en las Fuerzas Armadas
Pedro Sebastián de Erice Llano destacó la solidez y la tradición de la cultura organizacional en las Fuerzas Armadas. «Nuestros valores se hunden en las primeras ordenanzas de 1496, 1497 y 1503. Luego se consolidaron con Carlos III en 1768 y se sintetizaron en las ordenanzas aprobadas en 2005», explicó. Esta continuidad ha permitido una alineación entre lo que la organización espera de sus miembros y lo que estos desean ser. «Eso hace que las Fuerzas Armadas tengan una capacidad competitiva muy grande«, subrayó.
No obstante, reconoció que no todos los integrantes de las Fuerzas Armadas comparten el mismo nivel de compromiso. «Si dividimos los componentes en tres grupos, encontramos un primer grupo fuertemente vocacional, un segundo grupo con un enfoque ocupacional y un tercer grupo cuyos parámetros éticos y morales no son adecuados para la institución», señaló. En los dos últimos grupos, el desalineamiento entre los valores de la organización y los valores individuales puede generar desafección y frustración.
El talento militar y su aporte a la empresa
Además de los valores, enfatizó la importancia del talento en las Fuerzas Armadas, el cual se divide en dos grandes categorías: las hard skills y las soft skills. «Las hard skills incluyen el manejo de sistemas de armas, la gestión administrativa y la gestión financiera. Son competencias técnicas que pueden encontrarse en cualquier currículum», explicó.
Sin embargo, a su juicio, la verdadera fortaleza de los militares radica en las soft skills. «Desde que ingresamos al Ejército, trabajamos en equipo, interactuamos con jefes, compañeros y subordinados en ambientes de alta presión y toma de decisiones rápidas», comentó. Estas habilidades, muchas veces invisibles, son las que diferencian a los militares y las que aportan un valor añadido en cualquier empresa.
«Lo que verdaderamente aporta el militar a la empresa no son solo sus competencias técnicas, sino su capacidad para gestionar equipos, tomar decisiones en entornos complejos y actuar con disciplina y liderazgo», enfatizó. En su opinión, estas cualidades convierten a los militares en profesionales altamente valiosos para el sector empresarial.
En su intervención, dejó claro que la cultura organizacional es una de las grandes fortalezas de las Fuerzas Armadas. «Es el caldo de cultivo en el que nos formamos y crecemos como militares, y lo que llevamos en nuestra mochila cuando tocamos la puerta de las empresas», expresó. Asimismo, destacó que, aunque las habilidades técnicas son fundamentales, son las soft skills las que marcan la diferencia en el mundo laboral.
«Nuestro compromiso, nuestra capacidad de adaptación y nuestras habilidades de liderazgo son lo que nos hace valiosos dentro y fuera de las Fuerzas Armadas», concluyó. Su análisis dejó en evidencia que la cultura y los valores militares no solo contribuyen a la defensa del país, sino que también representan un activo esencial para la sociedad y el mundo empresarial.
El vídeo íntegro de la Jornada puede visualizarse aquí:




