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martes, mayo 21, 2024

La demolición de la democracia (I de III)

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El relato de lo ocurrido en las sociedades occidentales después de la Segunda Guerra Mundial coincide con el falseamiento de la historia en muchos países debido a intereses espúreos de diversa índole, contrarios al interés general de esas sociedades. Estos intereses intentan socavar derechos fundamentales como la democracia, la libertad, la justicia, la igualdad de oportunidades, el bienestar familiar y el ejercicio pleno de los derechos individuales. Su objetivo es adquirir poder ilimitado sobre estas sociedades.

La alianza de Occidente con el comunismo marxista-leninista para derrotar al nazismo fue una desgracia. Como resultado, en Occidente se ha aceptado la ideología comunista como un régimen homologable y benigno, a pesar de su historial criminal que ha causado más de 200 millones de muertes en el siglo XX y ha esclavizado a miles de millones de personas. Los países comunistas han ganado el relato a través de la propaganda y han llegado incluso a reescribir sus hemerotecas para manipular su mensaje ante una audiencia incauta. Hemos sido testigos de fotografías retocadas en diferentes épocas, agregando o eliminando figuras políticas según la coyuntura y la propaganda. Sin duda, la batalla de los diferentes relatos a lo largo y ancho del mundo después del conflicto mundial 1939-1945 ha sido una victoria de las izquierdas, marxistas o no, dado que la mayoría de las izquierdas “democráticas” de todas partes aceptaron la “superioridad moral” expandida por el comunismo como forma de conseguir adeptos.

Incluso democracias respetables en Occidente han reescrito su historia según su conveniencia. Por ejemplo, Francia rehízo gran parte de su hemeroteca, presentándose como vencedora al final de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de haber comenzado derrotada y colaborando con el enemigo. Como dijo George Orwell en su libro “1984”: “Primero reescribieron la historia, luego olvidaron que la habían reescrito…”. El resultado es predecible.

En el contexto de España, afectada desde finales del siglo XIX por diversas corrientes de izquierda que van desde el anarquismo hasta el socialismo marxista y el sindicalismo de orientación similar, así como el comunismo con sus controversias y regueros de sangre, se argumenta que pocas ideologías han sido tan antipatrióticas y antiespañoles como las mencionadas.

Particularmente el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ha sido una rémora para nuestra nación solo comparable por sus desmanes a los perpetrados por la invasión napoleónica y su consiguiente Guerra de la Independencia, destructiva hasta límites insospechados. Protagonizó los sucesos de octubre de 1934, verdadero golpe de Estado en forma de guerra revolucionaria y creó el clima que llevó a la nación a los sucesos de Julio de 1936 que se prolongaron como Guerra Civil hasta el primero de abril de 1939. El período octubre 1934 hasta las elecciones de 1936 y después, fue una intoxicación constante de falsas informaciones sobre las supuestas tropelías del gobierno nacido de las elecciones de noviembre de 1933, que crearon un ambiente guerra civilista que no había existido de esa manera tan virulenta desde el advenimiento de la República, que llegó de forma casi natural, sin romper un cristal.

Por lo que respecta a nuestra democracia, fruto de la Transición Política que tuvo lugar a la muerte del Caudillo Franco (así se denominó al vencedor de la Guerra Civil, que ejerció su poder de modo autocrático bajo la forma de regencia de un Reino sin Rey, de corte tradicionalista, enlazando con el modelo de los Reyes Católicos, hasta su fallecimiento el 20 de noviembre de 1975; en suma una dictadura de tipo paternalista con muchos elementos de Estado de Derecho inconcluso) adquiere su legitimidad bajo la fórmula “de la Ley a la Ley” propuesta por el Presidente de las Cortes de aquel régimen Don Torcuato Fernández Miranda, durante el primer gobierno de Don Adolfo Suárez González nombrado por el Rey Juan Carlos I.

Suárez propuso aquella Ley para la Reforma Política que supuso el harakiri de dichas Cortes y que fue refrendada por el pueblo español en su conjunto con fecha 15 de diciembre de 1976 con el apoyo del 94’17% de las papeletas emitidas por el 77’80% de censados para voto. Es decir, el 73’26 del listado total de españoles con derecho a voto emitió su acuerdo favorable. La abrumadora mayoría de votos y la consiguiente amnistía política, publicada en el BOE número 248, con fecha 17 de octubre de 1977, antes de la redacción de la Constitución Española de 1978, anuló legalmente los delitos de índole penal cometidos por ambos bandos. La ley establecía la amnistía para todos los actos de intencionalidad política considerados delitos por la legislación vigente, ejecutados hasta el 15 de junio de 1977, fecha de la celebración de las primeras elecciones democráticas tras cuarenta años de dictadura. Esto otorgó al nuevo régimen una legitimidad sin mácula desde una perspectiva jurídica.

En cuanto a la legalidad de la II República Española de 1931, su legitimidad de origen fue impecable también: tras el golpe de Estado de Primo de Rivera de 1923 la monarquía perdió popularidad y los partidos dinásticos de la Restauración quedaron inactivos, obsoletos y en suma, desaparecieron. El único beneficiado fue el PSOE y sus organizaciones anexas como la UGT. Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1929), Francisco Largo Caballero aceptó el cargo de consejero de Estado por Real Orden firmada por Alfonso XIII en octubre de 1924. Aunque oficialmente su nombramiento como representante obrero procedía del Consejo Superior de Trabajo, esta decisión marcó su posición en ese período histórico. De este modo PSOE y UGT se beneficiaron de la colaboración con la dictadura, en detrimento de la CNT, que les hacía sombra.

La caída de Primo de Rivera en 1930 marcó el comienzo de una serie de cambios políticos en España. Los gobiernos sucesivos del General Berenguer y del Almirante Aznar no pudieron estabilizar la situación, lo que llevó a la convocatoria de elecciones municipales en abril de 1931.

Aunque las candidaturas monárquicas ganaron en los pueblos, las capitales y grandes ciudades optaron por partidos que preconizaban el advenimiento de la República. La República fue proclamada primero en Éibar el 13 de abril y al día siguiente en Madrid. Alfonso XIII, que había sido muy querido en períodos anteriores, se encontró cada vez más aislado en un ambiente de indiferencia popular. Los viejos partidos de la alternancia que lo habían apoyado durante todo el período constitucional se esfumaron debido a su inactividad durante la dictadura.

Este período de la historia de España es un ejemplo fascinante de cómo los cambios políticos pueden ser impulsados por una combinación de factores, incluyendo el descontento popular, el cambio de lealtades políticas y las circunstancias internacionales.

Es relevante destacar que, si bien la legitimidad de origen de la Segunda República Española queda fuera de dudas, su trayectoria durante el período en que estuvo vigente fue un desastre histórico. La legitimidad de ejercicio se desvaneció rápidamente debido a una serie de acontecimientos que marcaron y debilitaron profundamente a la República. Aunque su recuerdo persiste en la narrativa de sus promotores, su impacto sigue resonando en la actualidad.

En mayo de 1931, se produjeron quemas de numerosos conventos e iglesias en Madrid y Málaga. Esta funesta actuación del gobierno, propiciada por un Manuel Azaña sectario y lleno de ego, resultó en una pérdida de popularidad para el régimen recién estrenado. Los gobiernos occidentales tomaron nota de estos eventos.

En el período que transcurrió hasta las elecciones de 1933, los anarquistas hostigaron constantemente al gobierno, y los episodios sangrientos se multiplicaron, incluyendo los trágicos sucesos de Casas Viejas. Estos acontecimientos minaron la estabilidad de la República y culminaron en los comicios de noviembre.

Posteriormente, tras la victoria del centro y la derecha, los partidos jacobinos, liderados por Manuel Azaña, y las izquierdas, principalmente el PSOE y la UGT, prepararon el golpe de Estado de octubre de 1934. Consideraban que los no partidarios de la República, o partidos monárquicos o bien contrarios a las izquierdas, no tenían derecho a acceder al gobierno. Este complejo y tumultuoso período dejó una huella indeleble en la historia de España y sigue influyendo en el presente.

Una vez establecida la democracia, con una Constitución de 1978 muy ingenua y con evidentes fallas, su única fortaleza radicaba en que no se podía modificar fácilmente sin un consenso tan amplio como el que existió al promulgarla. Las fuerzas políticas presentes en España durante las elecciones de 1979, las primeras plenamente amparadas por el nuevo marco constitucional eran muy similares a las que existían en febrero de 1936.

En el espectro de la derecha, encontrábamos a la UCD (Unión de Centro Democrático), liderada por el presidente del Gobierno, Don Adolfo Suárez González, y a Alianza Popular, presidida por Don Manuel Fraga Iribarne. Aunque no sean paralelos perfectos, las formaciones correlativas en febrero de 1936 eran la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), liderada por Don José María Gil Robles, y Renovación Española, cuyo dirigente era Don José Calvo Sotelo. La Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacionalsindicalista (F.E.T y de las J.O.N.S.) fue irrelevante en 1936 y también lo fue en 1979 desde el punto de vista electoral.

En el lado izquierdo del espectro político en 1979, encontrábamos al PSOE (Partido Socialista Obrero Español), cuyo secretario general era Don Felipe González Márquez, y al PCE (Partido Comunista de España), liderado por Santiago Carrillo Solares, conocido como «el asesino de Paracuellos» debido a su papel como consejero de Orden Público en la Junta de Defensa que se quedó en Madrid cuando el gobierno se trasladó a Valencia en noviembre de 1936. Estos partidos, que encabezaron el Frente Popular y estuvieron involucrados en la Guerra Civil en el bando de la izquierda, eran los mismos que participaron en el conflicto armado que afectó a España entre 1936 y 1939.

Los nacionalistas estuvieron representados en 1979 por Convergencia y Unión (CiU), cuyo líder era Jordi Pujol i Soley, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), representada por Heribert Barrera, y el Partido Nacionalista Vasco (PNV), liderado por Javier Arzallus. Estas formaciones eran muy parecidas a las existentes en 1936, dado que ERC y PNV eran los mismos partidos de los comicios de febrero de dicho año, y CiU podría equipararse a la entonces Lliga Catalana.

Por lo tanto, podemos afirmar que los principales actores de las elecciones al final de la II República y los participantes en las elecciones de 1979, las primeras plenamente democráticas tras la promulgación de la Constitución de 1978 eran los mismos o muy similares.

Otro actor importante presente durante la Transición y en los inicios de la recién estrenada democracia fue la banda terrorista ETA, un grupo criminal complejo que se escindió del PNV y que estaba compuesto por varios brazos armados y una red de partidos supuestamente democráticos, pero totalmente subordinados a los objetivos del grupo terrorista y liderados por éste con mano de hierro. Esta lacra criminal, responsable de masacres contra civiles, militares y fuerzas de seguridad, persiguió implacablemente a la sociedad española durante un período efectivo de 40 años, más de 50 desde su creación en 1959. La banda terrorista desapareció como autora de episodios sangrientos en 2010, pero sus sucesores políticos han sido pertinazmente blanqueados desde entonces por el PSOE con la complicidad del Partido Popular y en la actualidad son un partido elegible denominado Bildu que actúa en los ámbitos de las Comunidades Autónomas Vasca y Navarra.

Recientemente han obtenido un triunfo deslumbrante en las elecciones autonómicas del País Vasco y ya se equiparan en números al PNV. Lo que representa un interminable quebradero de cabeza para este partido para los próximos años, pues a nadie le extrañará que les quiten el puesto como fuerza líder de su ámbito, tras haber apoyado a los radicales durante toda su existencia. Los electores prefieran los originales completos y no los sucedáneos.

En los años 30, se produjo terrorismo por parte de otros actores, principalmente grupos anarquistas y posteriormente comunistas o marxista-leninistas, que actuaron durante el período de la II República y más tarde en forma de grupos chequistas durante la Guerra Civil. Durante el período 1936-1939, el Frente Popular se refirió a su régimen como la «II República» siguiendo instrucciones del PCUS (Partido Comunista de la URSS) por necesidades políticas frente a las democracias occidentales. Sin embargo, la II República como régimen legítimamente constituido comenzó a desmoronarse con las elecciones de febrero de 1936 debido a las irregularidades electorales (pucherazos), asesinatos, secuestros, extorsiones, ocupaciones y crímenes que ocurrieron antes del levantamiento militar, así como por la entrega irregular de armas a población civil perteneciente a partidos y sindicatos de izquierda o anarquistas el 19 de julio de 1936, llevada a cabo por el gobierno de José Giral. En ese momento, la II República dejó de existir con la disolución del Parlamento y la huida de sus diputados por temor a perder la vida.

Los representantes parlamentarios de las izquierdas se redujeron a poco más de 100, ya que el resto huyó o se escondió precipitadamente para salvar sus vidas. Incluso diputados supuestamente partidarios del régimen, como Clara Campoamor, defensora del sufragio femenino, huyeron a países como Suiza por temor a represalias. El número de 150 muertos en cantidades parecidas por ambos bandos (77 de uno y 73 de otro) entre diputados y ex-diputados es una cifra real.

La II República desapareció de facto, con un inexistente quórum en el Parlamento, una Junta de Defensa en Madrid, un gobierno en Valencia, un presidente de la República en Barcelona, una Generalidad de Cataluña completamente autónoma y desligada de los compromisos militares globales, una CNT-FAI actuando por libre, y una lendakaritza en el País Vasco haciendo la guerra por su cuenta. El Frente Popular era este conjunto descrito, y hoy en día sus herederos lo llaman «II República», perpetuando una versión falsificada de la historia que circula por los planes de estudio de todos los centros educativos homologados en España.

Por A.M. Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

Agradecimientos por sus valiosos aportes a:

  • 1931 Curzio Malaparte, “Técnica del Golpe de Estado”.
  • 1948 George Orwell, “1984”.
  • 1977 Niceto Alcalá-Zamora, “Mis Memorias”
  • 2022 Javier García Isac, “Historia Criminal del Partido Socialista”
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