35.7 C
Madrid
viernes, julio 31, 2026

Las firmas del poder

Debe leer

Sandra Cerro
Sandra Cerro
Grafóloga, perito calígrafo judicial, directora y profesora del Centro de Grafología Sandra Cerro y directora y profesora en la UDIMA, Cámara de Comercio de Madrid y ESERP Business & Law School.

Resulta curioso que, en la actualidad, y cuando ya parecía que el liderazgo dictatorial había pasado a formar parte del baúl de los desagradables recuerdos de la Historia, vuelven a aparecer líderes con este estilo de ejercicio del poder y la autoridad.

El liderazgo autocrático del gesto airado, la mirada escrutadora y del dedo acusador ha regresado a nuestro mundo y a nuestro tiempo, y no por fortuna.

El destino del mundo en la firma de Trump

En enero de este año, el diario El Mundo publicaba una columna de Andrés Trapiello en la que citaba el estudio grafológico que realicé, hace unos años, sobre la firma de Donald Trump.

Me sorprendió gratamente comprobar que Trapiello es fan de la grafología.

Su artículo se titula “El destino de Trump está en su firma”, aunque quizás, y con todo mi respeto hacia el autor, sería más apropiado titularlo “El destino del mundo está en la firma de Trump”.

Cuando Donald Trump accedió, por vez primera, a la Casa Blanca, en 2017, ya realicé un análisis sobre su firma y, en una entrevista que me hizo para Telemadrid, el periodista José Antonio Masegosa la describió como “la gráfica médica de un hipertenso, como una montaña rusa o, en términos bursátiles, la gráfica de una jornada de infarto”.

Tal cual. La firma de Trump es exactamente así en términos descriptivos.

Pero, ¿qué nos revela sobre su personalidad, en términos grafológicos?

Una firma de poder pura y dura

Ese conjunto persistente, continuo y bien presionado de trazos gruesos y punzantes no es sino el retrato manifiesto de una firma de poder pura y dura.

El ángulo es hiriente, agresivo, contundente, completamente inflexible.

Imagen cortesía publicada en el perfil de Donal Trump en X
@realDonaldTrump

Esos trazos nos hablan de rigidez mental, de una autoridad radical, incontestable, que no deja lugar a la negociación ni a la réplica.

Evidencian a un líder autocrático muy potente. Egocéntrico.

Reflexivo, pero contundente en sus decisiones y que no ceja en su empeño hasta ver conseguida cualquier cosa que se le meta en la cabeza.

Ocho años después. Ahora, en 2025, nada ha cambiado.

Vuelve Trump con su firma “como puñaladas, enérgicas y certeras”, tal cual la describe Trapiello.

Con su rotulador Sharpie, cuyo nombre refuerza la astucia de quien lo utiliza para escribir, y cuyos trazos gruesos y feroces reafirman su poderoso afán de protagonismo.

Pero Trump no está sólo.

También encontramos otras firmas y escrituras de poder, en otros mandatarios.

La firma de Nicolás Maduro y el saludo nazi

Véase la firma de Nicolás Maduro, también con ese gesto en “dientes de sierra” tan aguzados e hirientes, en una gesticulación continua tan persistente e irrefrenable como la de Trump.

Para más inri, Maduro añade un gesto rebelde y polemista en su tramo final.

Ese remate ascendente, semejante al saludo nazi, es un muro infranqueable que para los pies a cualquier intento de réplica.

Vladimir Putin y su firma rodante

La firma de Vladimir Putin es también arrolladora y perseverante.

Se revela también en un movimiento gráfico continuo que parece ir rodando, a toda velocidad y sin freno, sobre el papel.

Esto unido a la pronunciada proyección de las grafías hacia la derecha, retrata a otro terco imparable, que se dirige, a piñón fijo y sin dar lugar a oposición, hacia cualquier meta que conquiste su mente.

Pedro Sánchez, el prestidigitador de la estrategia

Pero, no hace falta que nos vayamos tan lejos.

Firmas y escrituras de poder las tenemos también en nuestra propia “casa”.

Sólo hace falta echar un vistazo a los tajantes ángulos, ligaduras complejas y tes con travesaño alto y acerado que caracterizan a la escritura de nuestro presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

No es tan rígida como la de Trump, pero tiene sus mismos tintes egocéntricos en los sobrealzados de las letras y en el poderío de su firma escrita en mayúsculas.

No es tan combativa como la de Maduro, pero es altiva e impertérrita, exenta de toda empatía.

No es tan polemista, pero sí más viperino. Su grafía es la de un auténtico prestidigitador del juego de la estrategia.

No tiene esa iniciativa proyectada a la derecha como la de Putin, sino que mantiene la firmeza de la verticalidad propia de la prudencia, de la sagacidad más afilada, de la ideación astuta que, lejos de precipitarse a los abismos de la impaciencia, prefiere cocinar a fuego lento.

Lo digo siempre, la escritura no miente. Es el espejo más fiel de la personalidad.

Aunque, en este caso, creo que las firmas expuestas son tan gráficas y descriptivas por sí solas, como microgestos que son, que hasta los profanos en grafología se pueden dar cuenta de que mi interpretación aquí escrita es una realidad con mayúsculas.

Sandra Cerro, grafóloga y perito calígrafo.

 

spot_img

Publicidad

spot_img

Última Hora

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Aquí puede consultar nuestra Aviso Legal y Política de Privacidad