España avanza hacia una mayor autonomía tecnológica en el ámbito de los sistemas aéreos no tripulados con el desarrollo de una nueva generación de drones tácticos diseñados y fabricados en territorio nacional. Indra será la responsable de impulsar este desarrollo dentro del Programa Especial de Modernización del Sistema Aéreo No Tripulado de Alcance Medio (SANTAM), que contempla la entrega de 147 aeronaves remotamente pilotadas de Clase I, de hasta 150 kilos, agrupadas en 49 sistemas, destinados al Ejército de Tierra, el Ejército del Aire y del Espacio y la Armada.
El programa, cuyos sistemas serán entregados entre 2028 y 2030, representa para la compañía un paso relevante en la construcción de una base industrial y tecnológica española capaz no solo de fabricar drones militares, sino también de evolucionarlos, mantenerlos y adaptarlos a las necesidades operativas de las Fuerzas Armadas.
La iniciativa se apoya en dos configuraciones de la familia TARSIS, que cubrirán necesidades tácticas diferentes. Por un lado, el TARSIS-W, de ala fija y despegue y aterrizaje convencionales, estará orientado a misiones que requieran mayor autonomía y alcance y podrá integrar armamento ligero en determinadas configuraciones. Por otro, el TARSIS-VTOL incorporará capacidad de despegue y aterrizaje vertical, una característica especialmente útil para operar en espacios con limitaciones logísticas.
Dos drones para dos necesidades operativas
Ambas plataformas compartirán una arquitectura tecnológica común. Tendrán aproximadamente seis metros de envergadura, un peso máximo al despegue de 150 kilos, un techo operativo de unos 15.000 pies —4,57 kilómetros— y una autonomía aproximada de 10 horas.
El enlace de comunicaciones superará los 120 kilómetros, y los sistemas podrán transferir el control de la aeronave y distribuir la gestión de una misión entre diferentes operadores. Esta capacidad resulta especialmente relevante para operaciones en las que el control y la explotación de la información deben mantenerse incluso cuando participan distintos equipos.
La familia TARSIS ocupará así un espacio intermedio entre los drones ligeros y las plataformas de mayores dimensiones. Frente a los primeros, ofrece mayor autonomía, alcance y capacidad de carga; frente a los sistemas más grandes, reduce las necesidades de infraestructura, despliegue y huella logística.
Esta combinación busca proporcionar a las unidades militares una herramienta que pueda desplegarse con rapidez y operar durante periodos prolongados sin requerir la infraestructura asociada a plataformas de mayor tamaño.
La batalla por la autonomía tecnológica
Uno de los aspectos más estratégicos del programa es la nacionalización de tecnologías críticas. Indra señala que hasta ahora buena parte de las capacidades asociadas a este tipo de sistemas dependía de proveedores internacionales.
SANTAM pretende cambiar esta situación mediante el desarrollo en España de elementos esenciales como los sistemas de navegación y control, autopiloto, comunicaciones, radar SAR, electrónica embarcada, sistemas electroópticos y tecnologías de propulsión.
La importancia de esta nacionalización trasciende la fabricación de un determinado modelo de dron. Disponer de conocimiento y capacidad industrial propios permite modificar los sistemas cuando cambien las necesidades operativas, introducir nuevas tecnologías y mantener las plataformas durante todo su ciclo de vida sin depender completamente de proveedores externos.
En un escenario internacional caracterizado por la creciente utilización de sistemas no tripulados, esta capacidad se convierte en un componente de la autonomía estratégica de la defensa española.
Inteligencia, vigilancia y reconocimiento
Los nuevos TARSIS incorporarán capacidades ISTAR, acrónimo utilizado para identificar las funciones de inteligencia, vigilancia, adquisición de objetivos y reconocimiento.
Para ello podrán integrar sensores electroópticos, infrarrojos y de designación láser, además de radar SAR. La combinación de estos sensores permite ampliar la capacidad de observación de las unidades militares y obtener información del terreno y de posibles objetivos desde una plataforma no tripulada.
El radar SAR aporta además capacidades de observación que complementan los sensores electroópticos e infrarrojos, ampliando las posibilidades de empleo del sistema en diferentes condiciones.
El resultado es un dron concebido no simplemente como una aeronave de observación, sino como un nodo de información dentro de las operaciones militares, capaz de proporcionar datos que posteriormente pueden ser utilizados por los sistemas de mando y control y por las unidades desplegadas.
El salto industrial de SANTAM
El programa tiene también una importante dimensión industrial. Indra prevé la participación de alrededor de una docena de empresas nacionales, además de dos centros de investigación y universidades. También se contempla la participación de centros de Formación Profesional especializados en mecánica y montaje aeronáutico.
La actividad se distribuirá por diferentes puntos de España. Los centros de Indra situados en Sevilla, Villadangos del Páramo, Valladolid, Madrid y Barcelona participarán en las tareas de ingeniería y producción, a las que se añadirá la actividad de los socios industriales y tecnológicos del programa.
La compañía calcula que el desarrollo de estos sistemas generará durante los próximos cuatro años unos 500 empleos directos, aproximadamente 100 de ellos dentro de Indra y el resto en empresas de su cadena de suministro.
El proyecto convierte así el desarrollo de drones militares en un instrumento para ampliar las capacidades industriales españolas en aeronáutica, electrónica, comunicaciones, sensores, software y sistemas de misión.
El papel de León y la nueva capacidad industrial
El programa se conecta además con el proceso de expansión industrial de Indra en León. La compañía prevé construir en Villadangos del Páramo una fábrica especializada en vehículos aéreos no tripulados y munición merodeadora, dentro de su estrategia de respuesta a los Programas Especiales de Modernización.
La planta concentrará capacidades de producción de UAS, entre ellas las vinculadas a TARSIS, y contará con líneas de montaje diferenciadas. Indra también prevé reforzar las capacidades de ingeniería de su centro leonés.
El objetivo industrial es avanzar desde el desarrollo de prototipos y sistemas específicos hacia una capacidad de producción seriada, un elemento especialmente relevante para un sector en el que la disponibilidad de grandes cantidades de sistemas puede convertirse en un factor determinante.
Certificación para producir en serie
Otro elemento clave será la certificación de tipo de las plataformas. Se trata de un proceso necesario para poder fabricar los sistemas en serie y que aporta garantías adicionales de seguridad, robustez y disponibilidad operativa.
La certificación también puede facilitar la interoperabilidad de las plataformas con otros sistemas y abrir posibilidades de exportación futura hacia países aliados y miembros de la OTAN.
En este proceso tendrá un papel relevante el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), que participará en las tareas de certificación de las plataformas.
Una industria preparada para una nueva guerra aérea
El desarrollo de SANTAM se produce en un momento en el que los sistemas no tripulados han adquirido una importancia creciente en los conflictos contemporáneos. La experiencia de escenarios como Ucrania ha demostrado que los drones pueden desempeñar funciones de reconocimiento, vigilancia, adquisición de objetivos, ataque y guerra electrónica.
Pero también ha puesto de manifiesto otra realidad: las Fuerzas Armadas necesitan disponer de sistemas que puedan producirse, mantenerse y actualizarse con rapidez.
En este contexto, la apuesta de Indra no se limita a fabricar un determinado número de aeronaves. El objetivo industrial es disponer de una cadena de valor nacional capaz de sostener el ciclo completo del sistema, desde la ingeniería y fabricación hasta la integración, certificación, mantenimiento y evolución tecnológica.
El Ejército como usuario de una nueva generación de UAS
Los 49 sistemas que se entregarán dentro de SANTAM estarán destinados a los tres Ejércitos españoles. El programa permitirá, por tanto, ampliar de manera significativa la presencia de capacidades UAS tácticas dentro de las Fuerzas Armadas.
La incorporación de estos sistemas debe entenderse dentro de una transformación más amplia de las operaciones militares, en la que las plataformas tripuladas y no tripuladas trabajan cada vez más conectadas.
Los TARSIS podrán actuar como plataformas de vigilancia y reconocimiento, proporcionar información a las unidades desplegadas y, en determinadas configuraciones, integrar sistemas de inteligencia electrónica o armamento ligero. La propia Indra sitúa a esta familia en un espacio operativo intermedio entre los drones ligeros y las aeronaves de mayores dimensiones.



