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domingo, septiembre 6, 2026

Las RRSS, nueva puerta de entrada para el reclutamiento de menores por grupos armados en Colombia

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Colombia afronta una nueva dimensión del reclutamiento infantil: los grupos armados ilegales están trasladando parte de sus estrategias de captación al entorno digital, utilizando plataformas como TikTok, Facebook e Instagram para acercarse a niños, niñas y adolescentes, difundir propaganda y lanzar falsas ofertas de trabajo. Human Rights Watch advierte de que el 44% de los menores reclutados en 2025 fueron captados a través de redes sociales.

El reclutamiento de menores por parte de los grupos armados ilegales en Colombia ha encontrado un nuevo escenario de actuación: las redes sociales. La captación ya no depende exclusivamente de la presencia física de los grupos criminales en determinadas comunidades rurales o de la intermediación de personas vinculadas a estas organizaciones. Cada vez más, el primer contacto puede producirse a través de un teléfono móvil, un vídeo de TikTok, una publicación de Facebook o una conversación privada en una plataforma digital.

La dimensión del problema ha quedado reflejada en un reciente informe de Human Rights Watch (HRW), que alerta sobre el incremento del reclutamiento y utilización de niños, niñas y adolescentes por grupos armados en Colombia. Según la investigación, al menos 1.500 menores fueron reclutados desde 2021, mientras que las redes sociales han adquirido un papel cada vez más importante dentro de las estrategias utilizadas para atraerlos.

Uno de los datos más significativos procede de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), citada por HRW: el 44% de los niños, niñas y adolescentes reclutados durante 2025 fueron captados mediante redes sociales. La cifra evidencia hasta qué punto el espacio digital se ha convertido en un terreno de actuación para las organizaciones armadas que buscan incorporar nuevos miembros, especialmente entre adolescentes expuestos a situaciones de pobreza, exclusión, falta de oportunidades educativas o ausencia de alternativas laborales.

El mecanismo de captación combina diferentes estrategias. Los grupos armados pueden utilizar contenidos que presentan una imagen idealizada de la vida dentro de sus estructuras, exhibiendo armas, uniformes, vehículos, dinero o una supuesta posición de poder. En otros casos, recurren a falsas ofertas laborales, promesas económicas o propuestas que inicialmente pueden parecer actividades ajenas al mundo criminal. El objetivo es establecer primero una relación de confianza y avanzar posteriormente hacia la incorporación del menor.

Human Rights Watch revisó 72 perfiles y 41 publicaciones en TikTok y Facebook relacionadas con la glorificación de la vida armada o con mensajes dirigidos a potenciales nuevos integrantes. La organización encontró publicaciones que aparentemente buscaban reclutar personas para grupos armados en regiones como Catatumbo, Cauca y Tolima. Algunas de estas publicaciones permanecieron activas durante semanas y recibieron comentarios de usuarios interesados en incorporarse.

El fenómeno presenta una característica especialmente preocupante: la frontera entre propaganda, captación y comunicación directa resulta cada vez más difusa. Una publicación aparentemente destinada a mostrar una determinada forma de vida puede convertirse en el primer contacto con un adolescente. Posteriormente, la conversación puede desplazarse a los mensajes privados, donde los responsables de la captación tienen mayores posibilidades de establecer una relación individualizada con la víctima.

La Procuraduría General de la Nación ya había advertido sobre esta transformación del fenómeno. En mayo de 2026 señaló que los grupos armados estaban utilizando modalidades como el reclutamiento digital, las falsas promesas y el denominado «enamoramiento«. El organismo de control subrayó que las redes sociales constituyen un medio especialmente utilizado para facilitar el contacto con menores y normalizar la vinculación a grupos armados.

La propia normativa y documentación institucional colombiana identifica específicamente a TikTok y Facebook como plataformas utilizadas para difundir contenidos destinados a llamar la atención de niños y adolescentes. La estrategia incluye el uso de audios virales, hashtags y otros recursos propios de las redes sociales para conseguir que los mensajes lleguen a públicos juveniles y presenten la pertenencia a estructuras armadas como algo atractivo o normal.

La captación digital se apoya, además, en una realidad social que continúa siendo determinante. Los grupos armados actúan en territorios donde persisten elevados niveles de pobreza, dificultades de acceso a la educación, escasas oportunidades laborales y una presencia institucional insuficiente. En ese contexto, la promesa de dinero, reconocimiento, poder o pertenencia a un grupo puede resultar especialmente atractiva para adolescentes que carecen de perspectivas de futuro.

El problema no se limita a quienes viven en grandes ciudades. De hecho, una parte importante de las víctimas procede de territorios rurales y comunidades especialmente vulnerables. La Procuraduría ha identificado departamentos como Cauca, Antioquia, Nariño, Norte de Santander, Chocó, Valle del Cauca, Caquetá y Arauca entre los territorios con mayores índices de desvinculación de niños y adolescentes de grupos armados.

Las cifras oficiales muestran, además, que se trata de un fenómeno de enormes dimensiones. La Unidad para las Víctimas contabilizaba, con corte al 30 de abril de 2026, 11.830 niñas, niños y adolescentes vinculados a actividades de grupos armados. Por su parte, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) había registrado el ingreso de 2.259 menores a programas especializados de atención, principalmente adolescentes de entre 13 y 17 años.

La edad constituye uno de los elementos que explican la vulnerabilidad ante las nuevas estrategias digitales. Los adolescentes tienen una presencia especialmente intensa en las redes sociales y pueden encontrarse expuestos durante horas a contenidos cuidadosamente diseñados para generar identificación, curiosidad o admiración. El problema aumenta cuando esos mensajes aparecen mezclados con contenidos cotidianos y no presentan inicialmente señales evidentes de criminalidad.

La utilización de las redes también permite a los grupos armados superar algunas de las barreras geográficas tradicionales. Un reclutador ya no necesita desplazarse físicamente hasta una comunidad para localizar a un adolescente. Puede identificar potenciales víctimas, seguir sus perfiles, observar sus intereses, iniciar una conversación y construir progresivamente una relación de confianza.

El fenómeno también presenta una dimensión de género

HRW advierte de que las niñas se encuentran entre los grupos especialmente afectados y que, además del reclutamiento y utilización en actividades armadas, pueden quedar expuestas a distintas formas de violencia, incluida la violencia sexual. Los menores reclutados pueden terminar desempeñando funciones que van desde labores logísticas o de vigilancia hasta actividades directamente relacionadas con las operaciones armadas.

Una de las nuevas amenazas detectadas es la incorporación de menores a actividades relacionadas con drones. Según Human Rights Watch, algunos grupos armados están utilizando a niños y adolescentes en tareas vinculadas con estas tecnologías, en un contexto en el que los drones se han convertido en una herramienta cada vez más importante dentro de la confrontación armada colombiana.

La organización de derechos humanos también ha advertido de un problema añadido: la capacidad de las plataformas para detectar y eliminar este tipo de contenidos. En mayo de 2025, la JEP había identificado 146 cuentas de TikTok y Facebook vinculadas a presuntas prácticas de reclutamiento de menores. En febrero de 2026, 37 de esas cuentas continuaban activas, mientras que otras 109 habían sido eliminadas. Sin embargo, el informe describe un fenómeno de «reconfiguración digital», mediante el cual las cuentas eliminadas son sustituidas por nuevos perfiles que reproducen contenidos similares.

La respuesta de las plataformas constituye, por tanto, uno de los principales puntos de debate. Human Rights Watch considera que las compañías tecnológicas deben mejorar sus mecanismos para detectar contenidos relacionados con el reclutamiento y conservar las evidencias necesarias para facilitar eventuales investigaciones judiciales.

TikTok, por su parte, ha asegurado a HRW que prohíbe la utilización de su plataforma por parte de grupos armados ilegales y organizaciones criminales, y que utiliza sistemas automatizados y moderadores humanos para localizar y retirar contenidos que infringen sus normas. La compañía aseguró que entre enero y marzo de 2026 eliminó de forma proactiva el 99,4% del contenido en Colombia que vulneraba sus políticas sobre organizaciones e individuos violentos antes de que fuera denunciado.

El ICBF ha reconocido igualmente que las redes sociales forman parte de la nueva realidad del reclutamiento. El organismo anunció esta semana que reforzará la colaboración con TikTok, Instagram y Facebook para prevenir y bloquear contenidos susceptibles de poner en riesgo los derechos de los menores. La institución considera que la prevención debe concentrarse especialmente en las comunidades donde existen mayores factores de riesgo.

La respuesta institucional tendrá que afrontar, sin embargo, un escenario especialmente complejo. El reclutamiento digital no sustituye al reclutamiento territorial, sino que lo complementa. La pantalla puede convertirse en el primer paso de un proceso que posteriormente continúa fuera de Internet, con el desplazamiento del menor a otra zona, su aislamiento de la familia y la comunidad y su incorporación progresiva a la estructura armada.

Human Rights Watch señala precisamente que, una vez reclutados, los menores suelen ser trasladados a otras regiones, una práctica que permite a los grupos armados romper sus vínculos familiares y comunitarios y dificultar cualquier intento de fuga o rescate.

La evolución del fenómeno obliga así a ampliar el concepto tradicional de prevención del reclutamiento infantil. Ya no basta con vigilar los territorios donde operan los grupos armados. También es necesario analizar el ecosistema digital en el que se mueven los adolescentes, reforzar la educación para detectar intentos de captación, mejorar los canales de denuncia y aumentar la cooperación entre autoridades, familias, centros educativos y empresas tecnológicas.

Colombia se enfrenta, en definitiva, a una transformación de una de las prácticas más graves asociadas al conflicto armado. Los grupos ilegales han descubierto que las redes sociales pueden proporcionarles acceso directo a una población especialmente vulnerable y hacerlo, además, utilizando códigos de comunicación propios de los jóvenes. Frente a ello, el desafío no consiste únicamente en retirar vídeos o cerrar cuentas, sino en impedir que una conversación aparentemente inocente pueda convertirse en la puerta de entrada de un menor a una organización armada.

La dimensión de la amenaza explica la urgencia de la respuesta. Las cifras de los últimos años muestran que el reclutamiento infantil continúa siendo una realidad en Colombia, mientras que el traslado de una parte de la captación al mundo digital abre un nuevo frente de protección de la infancia. La batalla contra el reclutamiento, por tanto, ya no se libra únicamente en los territorios donde están presentes los grupos armados: también se desarrolla en las pantallas de los teléfonos de miles de niños y adolescentes.

 

 

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