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martes, mayo 21, 2024

Vincent Van Gogh. ¿Loco o víctima?

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“Es bueno amar tanto como se pueda, porque ahí radica la verdadera fuerza, y el que
mucho ama realiza grandes cosas y se siente capaz, y lo que se hace por amor está
bien hecho” (Cita de un loco Vincent Van Gogh)

Como apasionada del arte y muy especialmente de la pintura, Vincent Van Gogh ha despertado siempre mi admiración. Apenas si vendió un solo cuadro antes de quitarse la vida a los 37 años muriendo como un completo desconocido, sin ninguna reputación, haciendo un arte al margen y en contra del público de su época. Sin embargo, ejerció una gran influencia sobre el arte moderno que comenzó inmediatamente después de su muerte; momento a partir del cual se le comenzó a considerar uno de los grandes postimpresionistas. Su obra artística ha sido y sigue siendo admirada por millones de personas en todo el mundo. En la actualidad, y en nuestro mundo capitalista, su obra se ha explotado de una manera fantasmagórica, no solo con todo tipo de exposiciones, incluso multisensoriales, sino a través de una infinidad de productos de merchandising que podemos encontrar incluso en los bazares y tiendas de alimentación.

El ritmo rápido de sus pinceladas enérgicas y el uso del color eran para el artista la manera expresiva de proyectar su estado de ánimo. “En el color busco la vida”. A diferencia del resto de impresionistas que trataban de representar lo que veían, Van Gogh quiso llegar más lejos procurando representar cómo se sentía ante lo que tenía frente a él. “¿Qué sería de la vida si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?”

Tanto su legado artístico como sus más de novecientas cartas escritas, principalmente a su hermano Theo, a quien le unía una estrecha relación, nos ofrecen material para una tesis. Van Gogh escribía a diario a su hermano, incluso a veces hasta dos cartas por día.

Carta de Vincent a su hermano Theo (Londres, 1873)
Carta de Vincent a su hermano Theo (Londres, 1873)

Casi todos conocemos aspectos de su obra y su
personalidad; el retrato de su médico, el Dr. Gachet, el hecho de que se cortara el lóbulo de su oreja izquierda después de una discusión con su amigo y pintor Paul Gauguin y su posterior suicidio con un arma dos años después de aquel incidente. Hechos por los que siempre se le atribuyó padecer una cierta locura. Pero ¿estaba realmente loco Van Gogh, o era víctima de una sociedad rígida y hermética que le convirtió en el candidato idóneo a la locura? No solo su obra pictórica sino también todo este material escrito nos han ayudado a conocer aspectos de su personalidad de manera más profunda. En este artículo quiero hacer una breve síntesis de las tres etapas más importantes de su vida, y destacar los rasgos más notables de su grafía y personalidad en relación a esa locura. Para ello he seleccionado tres manuscritos, uno de cada una de estas épocas y en las que existen notables cambios.

La primera carta pertenece a 1873. Vincent tenía tan solo 19 años. Pertenece a la etapa en la que vivió en Londres, donde trabajaba en una tienda familiar de Bellas Artes. Es una escritura caligráfica, con predominio de legibilidad pero algo confusa, es decir, los pies o jambas de las líneas chocan con las líneas inferiores, siendo estos además angulosos. Presenta además una inclinación a la derecha y las líneas son rectas. Su firma además es sencilla, legible y clara con ausencia de rúbrica. En síntesis no es una escritura negativa que muestre ningún síntoma de locura. Sin embargo, si es destacable que a nivel temperamental existe en este periodo temprano una acumulación o embrollo de ideas, sentimientos y afectos que se mezclan entre sí, lo que le lleva a caer en la incomprensión, en la agitación y el desconcierto. Comienza a mostrar una cierta manía de cambio, de sobrepasarse así mismo y mostrar a los demás sus proezas. Fue un individualista con un toque de rebeldía. Además, existen ciertas frustraciones y represiones en el plano sexual
que le acompañaran a lo largo de toda su vida.

Carta de Vincent a su hermano Theo (Julio de 1875)
Carta de Vincent a su hermano Theo (Julio de 1875)

En 1875 Vincent se traslada a París donde                  comienza una etapa religiosa. En este manuscrito, perteneciente a ese mismo año, la confusión del escrito anterior ha desaparecido, es una escritura clara. En este periodo el artista se muestra más tranquilo, con mayor claridad en sus ideas y también a nivel espiritual. Predomina en este periodo una actividad consciente, donde la razón domina la imaginación.

 

 

Carta de Vincent a John Peter Russell (Arlés, 1888)
Carta de Vincent a John Peter Russell (Arlés, 1888)

No será hasta 1879, cuando es
despedido de la tienda familiar,
momento en el que decide dedicarse a la
pintura. Comienza en este momento una
etapa de verdadera actividad artística.
El tercer manuscrito corresponde a una
carta dirigida a su amigo y también
pintor John Peter Russell. Escrita en
1888, año en el que el artista ya se
encontraba en Arlés y fue allí donde no
solo su paleta se trasformó en colores
vivos, sino que sufrió su mayor frenesí.
Ese mismo año tuvo lugar el
desafortunado incidente de su oreja. Lo
que más llama la atención en este
manuscrito es la notable diferencia
entre ambos párrafos. A simple vista
parece estar escrito por sujetos
diferentes. La grafía del primer párrafo
es similar a la datada en 1873. Es una
escritura caligráfica, extensa, progresiva

y no presenta una excesiva presión. Todo ello contrasta con el párrafo inferior que
presenta ondulación de las líneas “a brincos”, un trazo grueso y pastoso, el
conjunto parece abigarrado, sin espacios en blanco y con un predominio del eje
vertical. En este momento se convierte en una persona completamente pasional,
incapaz de controlar sus impulsos, con bruscos cambios en su emotividad, incluso
verdaderas explosiones de cólera, con tendencia al trabajo creativo que aborda con
calor y vivacidad.

En relación a su firma solo dos artistas a lo largo de la historia de la pintura han firmado con su nombre de pila; Rembrandt y él. Aunque hay algunas diferencias apreciables a lo largo de las diferentes etapas, no voy a entrar a analizar para no extenderme más en este artículo. La esencia y lo mas evidente es la sencillez, claridad, legibilidad y ausencia de rúbrica en ellas, signo de autenticidad y trasparencia de la persona, sencillez en su manera de ser y una actitud natural en sus relaciones sociales.

¿Loco o víctima? A raíz de su último escrito me arriesgaría a decir, como han concluido muchos psicólogos, que en la última etapa de su vida desarrolló un síndrome de personalidad límite; enfermedad mental que afecta de manera grave a la capacidad para controlar las emociones. En cualquier caso, y sin lugar a dudas, Van Gogh fue un genio lleno de sensibilidad, que como tantos otros trataron de hacer algo diferente según su sentir y en su campo y que, al margen de esa “locura”, fue convertido en un inadaptado por una sociedad hermética.

Por Elsa Alonso, grafóloga y perito calígrafo.

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