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miércoles, julio 29, 2026

3 de cada 4 carreteras españolas, en mal estado

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En pleno siglo XXI, con tecnologías de vanguardia en los vehículos y campañas constantes de concienciación vial, las carreteras españolas siguen arrastrando un problema tan antiguo como crítico: su deterioro progresivo. Aunque España dispone de una de las redes viarias más extensas de Europa, más de 165.000 kilómetros de vías entre carreteras estatales, autonómicas y locales, el estado de conservación de muchas de ellas ha encendido las alarmas de expertos, usuarios y asociaciones de automovilistas.

Según el último informe de la Asociación Española de la Carretera (AEC), conocido hace unos días, más del 75% de la red viaria española presenta deficiencias de mantenimiento. Fisuras en el firme, baches, señalización horizontal desgastada, ausencia de barreras de seguridad o vegetación invasiva son algunos de los problemas más recurrentes.

El informe señala que haría falta una inversión superior a los 10.000 millones de euros para recuperar unos niveles óptimos de conservación. Sin embargo, las inversiones públicas en mantenimiento no solo no crecen, sino que en algunos tramos se han visto congeladas o reducidas por años.

Las peores carreteras de España: el ranking del abandono

Diversas entidades como la AEC o el RACE (Real Automóvil Club de España) elaboran cada año estudios y rankings sobre los tramos más peligrosos de la red. Uno de los más destacados es el elaborado por EuroRAP (European Road Assessment Programme), que identifica puntos negros por su alta concentración de accidentes.

Entre las carreteras más señaladas figuran tramos concretos de la N-340 (Almería y Castellón), la N-120 (en León), la N-435 (en Badajoz y Huelva), la N-432 (entre Córdoba y Granada), la N-260 (en los Pirineos catalanes), la N-121 (Navarra) o la N-630 (entre León y Zamora). Todas ellas tienen en común un alto grado de peligrosidad, escasa inversión en mejoras y un diseño que en muchos casos data de décadas pasadas, con curvas cerradas, arcenes inexistentes o firme en pésimo estado.

En el caso de la N-340, por ejemplo, los expertos denuncian que se trata de una vía saturada, con tramos de un solo carril y un elevado tránsito de camiones, lo que incrementa significativamente el riesgo de colisiones frontales. Algunos de estos tramos registran una siniestralidad hasta cuatro veces superior a la media nacional.

¿Puede el mal estado de las carreteras causar accidentes?

La relación entre el mal estado del firme y los accidentes de tráfico es directa, aunque en los partes de siniestros rara vez aparece como causa principal. Según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), solo en torno al 2% de los accidentes con víctimas mortales en carretera tienen como causa reconocida el estado del pavimento. No obstante, asociaciones de víctimas y peritos independientes discrepan: consideran que el porcentaje podría ser mayor si existiese una evaluación más rigurosa.

Los expertos aseguran que una vía mal conservada puede ser un factor desencadenante o agravante en múltiples tipos de accidentes, como salidas de vía, pérdida de control en curvas, atropellos por mala visibilidad o incluso choques por frenadas más largas al circular sobre asfalto deteriorado. Además, la falta de mantenimiento en señalización, pintura horizontal y barreras de contención incrementa el riesgo cuando se producen errores humanos o condiciones climáticas adversas.

Más allá del riesgo físico, el mal estado de las carreteras impacta directamente en la economía de los conductores, ya que provoca un mayor desgaste de neumáticos, suspensiones y frenos, lo que a medio plazo incrementa los costes de mantenimiento del vehículo. También se traduce en tiempos de desplazamiento más largos y estrés en la conducción.

Según un informe del RACE, el deterioro del pavimento puede reducir hasta en un 25% la adherencia del neumático, multiplicando el riesgo en frenadas de emergencia. Por su parte, los motoristas denuncian ser los más perjudicados: una pequeña grieta o bache puede tener consecuencias letales para quienes circulan sobre dos ruedas.

Desigualdad territorial: no todas las comunidades invierten igual

La calidad del firme y el mantenimiento de la red presentan grandes diferencias entre comunidades autónomas. Mientras en regiones como Madrid, País Vasco o Navarra se detectan altos niveles de inversión por kilómetro de carretera, otras como Castilla y León, Extremadura o Andalucía muestran índices preocupantes de deterioro, especialmente en las vías secundarias.

La razón principal radica en la diferencia de competencias. Muchas carreteras que antes eran de titularidad estatal han sido transferidas a las comunidades, que a menudo carecen de los recursos suficientes para un mantenimiento adecuado. Así, miles de kilómetros de vías secundarias, que son las más utilizadas por la población rural, se convierten en puntos ciegos de la red viaria nacional.

Las asociaciones de automovilistas exigen un Plan Nacional de Mantenimiento dotado con una financiación sostenida, y no sujeta a los vaivenes políticos de cada ejercicio presupuestario. También reclaman que el estado de las carreteras se incorpore de forma sistemática en las estadísticas de siniestralidad, con auditorías técnicas independientes y con consecuencias administrativas en caso de negligencia.

En paralelo, la tecnología puede ser un aliado. En este sentido, ya se están probando sensores integrados en vehículos que recopilan datos sobre vibraciones, estado del firme y condiciones de la vía, información que podría ser enviada automáticamente a las autoridades para establecer mapas de deterioro en tiempo real.

El discurso habitual sobre seguridad vial suele centrarse en los conductores, los vehículos o las normas de tráfico. Pero rara vez se pone el foco sobre el tercer pilar de esta tríada: la carretera. En España, muchas vías siguen acumulando décadas de olvido bajo sus capas de asfalto, invisibles a la estadística, pero determinantes en cientos de accidentes cada año. Mientras las autoridades se esfuerzan en reducir los factores humanos y técnicos, la infraestructura sigue siendo un eslabón débil. Y aunque ningún asfalto puede evitar una imprudencia, sí puede evitar que una equivocación se convierta en tragedia.

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