Los Estados miembros de la Unión Europea han acelerado de forma significativa su gasto en defensa, hasta alcanzar los 418.000 millones de euros en 2025, un 20% más que el año anterior y un 47% más acumulado respecto a años anteriores. La cifra equivale al 2,2% del PIB europeo.
Para 2026, la Agencia Europea de Defensa (EDA) proyecta que el gasto alcance los 454.000 millones de euros, equivalentes al 2,4% del PIB. El informe Defence Data 2025-2026 señala que este incremento está relacionado, entre otros factores, con instrumentos europeos como los préstamos SAFE y la flexibilidad fiscal derivada de la National Escape Clause.
El incremento del gasto está acompañado por una fuerte orientación hacia la adquisición de capacidades materiales. La EDA señala que el gasto en equipamiento representó más del 28% del gasto total de defensa en 2025, mientras que otras áreas como personal, infraestructuras, operaciones y mantenimiento e investigación y desarrollo mantienen una proporción menor. El organismo advierte de que la actual dinámica está dando prioridad a cubrir déficits urgentes de material frente al desarrollo de capacidades estructurales a más largo plazo.
El aumento presupuestario se refleja también en el número de países que alcanzan el umbral del 2% del PIB en defensa. Según la EDA, 23 Estados miembros llegaron al 2% en 2025, diez más que en 2024. Además, 24 Estados incrementaron su gasto en términos reales durante 2025 y 15 de ellos lo hicieron en más de un 10%. El informe, no obstante, subraya que existen importantes diferencias entre los países en cuanto al volumen y la evolución de sus presupuestos.
La aceleración del gasto podría continuar en los próximos años. La EDA señala que las previsiones de crecimiento anual del gasto, inicialmente situadas entre el 2% y el 4%, han sido revisadas hasta un intervalo de entre el 4% y el 12% a partir de 2026. En el escenario proyectado, el gasto europeo podría situarse en torno a los 490.000 millones de euros en 2027 y 547.000 millones en 2030, según las estimaciones recogidas en el informe.
El documento también pone el foco en el coste creciente de la defensa por soldado y por ciudadano. El gasto total por militar en activo alcanzó los 297.000 euros en 2025, frente a 253.000 euros en 2024. Al mismo tiempo, el gasto de defensa por ciudadano se situó ligeramente por debajo de los 1.000 euros anuales, más del doble que en 2014. La EDA relaciona el incremento por militar con la mayor sofisticación y complejidad de los sistemas de defensa.
La compra de equipos concentra el esfuerzo inversor
La inversión total en defensa —que comprende tanto adquisición de equipos como investigación y desarrollo— alcanzó 134.000 millones de euros en 2025, un 23% más en términos reales que en 2024. Para 2026 se proyectan 163.000 millones, también con un crecimiento del 23%.
La adquisición de equipamiento representa la mayor parte de este esfuerzo. En 2025 alcanzó 115.000 millones de euros, un 26% más que en 2024, y supuso aproximadamente el 85% de toda la inversión en defensa. La EDA prevé que esta proporción aumente hasta alrededor del 87% en 2026.
Esta evolución contrasta con el ritmo de crecimiento del gasto destinado a investigación y desarrollo. Los Estados miembros dedicaron 17.000 millones de euros a I+D de defensa en 2025, el 4% de su gasto total, y la cifra podría alcanzar los 20.000 millones en 2026. Aunque supone un incremento real del 24%, la EDA destaca que la I+D continúa creciendo más lentamente que la adquisición de equipos y que está concentrada en un número reducido de Estados.
El desequilibrio resulta todavía más visible en la evolución acumulada. Entre 2023 y 2025, la inversión en defensa aumentó un 75% en términos reales, mientras que el gasto en personal lo hizo un 3,8%. En 2025, el personal seguía siendo la mayor categoría presupuestaria, con el 31,4% del gasto, mientras que las operaciones y mantenimiento representaron el 23,4%.
La cooperación europea continúa siendo limitada
Uno de los principales problemas identificados por la Agencia Europea de Defensa es la persistencia de los enfoques nacionales. La contratación colaborativa representó en 2025 solamente el 24% de la adquisición de equipamiento de defensa cuando se incluyen inversiones realizadas mediante mecanismos europeos o con terceros. En el caso de la contratación específicamente europea, 19 Estados comunicaron datos que situaron su peso agregado en torno al 11% de la inversión.
La EDA considera que la falta de sincronización entre programas nacionales y ciclos de vida de los equipos limita las economías de escala, la interoperabilidad y la convergencia a largo plazo. El informe identifica así una tensión entre el rápido aumento de las necesidades nacionales de defensa y la necesidad de desarrollar capacidades europeas de manera coordinada.
En este contexto, los instrumentos comunitarios pretenden favorecer proyectos conjuntos y reforzar la Base Tecnológica e Industrial de Defensa Europea. El marco ReArm Europe/Readiness 2030 contempla hasta 800.000 millones de euros de movilización potencial mediante flexibilidad fiscal, préstamos SAFE y mecanismos destinados a atraer capital privado. Dentro de ese marco, los préstamos SAFE pueden alcanzar 150.000 millones de euros. La propia EDA señala, sin embargo, que hasta el momento solo un número limitado de Estados ha utilizado plenamente estos instrumentos.
La I+D sigue por debajo de los objetivos
El informe presta especial atención a la investigación y tecnología de defensa. El gasto en Research and Technology (R&T) alcanzó una estimación de 6.500 millones de euros en 2025, 500 millones más de lo inicialmente proyectado y un 20% más en términos reales que en 2024. Sin embargo, esta partida representa únicamente el 1,6% del gasto total de defensa, por debajo del objetivo del 2% acordado por los Estados miembros.
Además, la EDA advierte de que los datos disponibles pueden infraestimar el volumen real de R&T debido a las diferencias entre los sistemas nacionales de contabilización. La concentración del gasto en un número reducido de países constituye otro de los factores que dificultan una estrategia europea homogénea de investigación y tecnología.
La Agencia considera especialmente relevante la conexión entre investigación, innovación y capacidades operativas. El informe señala que ámbitos de carácter dual como inteligencia artificial, espacio, ciberseguridad o navegación por satélite están difuminando la frontera entre las tecnologías civiles y militares, lo que abre posibilidades para aprovechar instrumentos europeos de financiación civil y de defensa.
Ucrania y la nueva arquitectura financiera de la defensa europea
El apoyo militar a Ucrania constituye también una parte creciente del esfuerzo presupuestario de los Estados miembros. El informe señala que, a través del European Peace Facility, se habían aprobado aproximadamente 6.100 millones de euros hasta 2025 para apoyar a las Fuerzas Armadas ucranianas, incluyendo material letal y no letal. Además, el documento recoge compromisos superiores a 10.000 millones de euros dentro del marco de este mecanismo desde 2022.
La EDA también recoge el proyecto de un préstamo europeo de 90.000 millones de euros para Ucrania, de los que 60.000 millones estarían destinados a asistencia militar, incluidos 28.300 millones correspondientes a 2026. El informe sitúa estos mecanismos dentro de la transformación de la política europea de defensa y del esfuerzo para reforzar simultáneamente las capacidades de los Estados miembros y la industria europea.
En conjunto, el Defence Data 2025-2026 dibuja una Europa que está incrementando con rapidez sus presupuestos militares y destinando una proporción creciente de esos recursos a adquirir nuevos equipos. El principal reto que identifica la EDA no es únicamente cuánto se gasta, sino cómo se transforma ese gasto en capacidades sostenibles, mediante una combinación equilibrada de equipamiento, personal, mantenimiento, infraestructura, investigación, innovación y cooperación entre Estados.
El informe destaca, por tanto, una doble tendencia: por un lado, el fuerte crecimiento de los presupuestos y de la inversión en material; por otro, la persistencia de fragmentación nacional y de una brecha entre adquisición de sistemas y desarrollo tecnológico. La EDA considera que una mayor coordinación europea puede contribuir a reducir duplicidades, mejorar la interoperabilidad y acelerar el paso desde la investigación hasta las capacidades operativas.



