ANÁLISIS. La rivalidad entre Argelia y Marruecos convierte al Magreb en pieza clave para la seguridad de España

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Marruecos y Argelia mantienen desde hace décadas una rivalidad política, territorial y estratégica que ha adquirido una nueva dimensión con el aumento del gasto militar de ambos países. El conflicto del Sáhara Occidental continúa siendo el principal elemento de confrontación, mientras Rabat estrecha sus vínculos militares con Estados Unidos, Israel y varios países europeos y Argel mantiene una relación privilegiada con Rusia.

Para España, situada entre ambos actores y con intereses directos en el Mediterráneo occidental, el Magreb constituye uno de los principales escenarios de seguridad nacional.

La dimensión de esta competición puede medirse en términos económicos. Según los últimos datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), Argelia destinó en 2025 unos 25.400 millones de dólares a defensa, un 11% más que el año anterior. Marruecos, por su parte, alcanzó aproximadamente 6.300 millones, con un incremento del 6,6%. La diferencia absoluta es considerable, aunque el esfuerzo militar argelino también destaca por su peso sobre la economía nacional.

El International Institute for Strategic Studies (IISS) estima que el gasto argelino en defensa pasó de representar alrededor del 4,1% del PIB en 2022 al 8,9% en 2025, mientras que el esfuerzo marroquí se ha mantenido alrededor del 4%. Estos datos muestran que no se trata simplemente de dos países que modernizan sus Fuerzas Armadas, sino de una competición que está condicionando las decisiones de seguridad de todo el Magreb.

El Sáhara Occidental como origen de la rivalidad

El origen de la confrontación contemporánea se encuentra en buena medida en el Sáhara Occidental, territorio que España abandonó en 1975 y cuya soberanía continúa disputada. Marruecos considera el territorio parte de su integridad territorial, mientras que Argelia respalda al Frente Polisario y defiende el derecho de los saharauis a la autodeterminación.

La ruptura del alto el fuego entre Marruecos y el Polisario en 2020 reactivó un conflicto que llevaba años en una situación de relativa congelación. Desde entonces, el Sáhara se ha convertido todavía más en un asunto central de la política exterior y de defensa de Rabat y Argel.

La posición internacional de Marruecos se ha reforzado durante los últimos años. Estados Unidos reconoció en 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, y posteriormente otros países han expresado diferentes grados de apoyo al plan de autonomía presentado por Rabat. En 2025, además, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas respaldó políticamente el plan marroquí como base para las negociaciones, un movimiento que reforzó la posición diplomática de Rabat.

Para Argelia, la cuestión saharaui tiene una importancia estratégica, pero también política y regional. El respaldo al Polisario forma parte de una concepción histórica de su política exterior basada en el principio de autodeterminación. La rivalidad con Marruecos se extiende así desde el terreno diplomático hasta la seguridad, la economía, la energía y las alianzas internacionales.

Dos modelos militares diferentes

El rearme de ambos países no es idéntico. Argelia mantiene una estrecha relación militar con Rusia, país del que ha adquirido durante décadas aviones de combate, helicópteros, sistemas de defensa aérea y otros equipos. Su posición geográfica y su capacidad energética han contribuido además a mantener una política exterior relativamente independiente.

Marruecos, por el contrario, ha desarrollado una relación militar particularmente estrecha con Estados Unidos y ha diversificado sus proveedores. Su fuerza aérea se apoya en los F-16 estadounidenses, mientras que el país ha reforzado sus capacidades de drones, defensa aérea y vigilancia. También ha estrechado la cooperación militar con Israel, aunque el grado de esa relación está condicionado por la evolución de la guerra de Gaza y por las posiciones políticas internas.

Durante 2026 han circulado informaciones sobre posibles adquisiciones marroquíes de F-35, aunque no existe confirmación pública de un contrato definitivo. Las opciones analizadas también han incluido aeronaves francesas como el Rafale. El debate refleja la voluntad de Rabat de continuar modernizando su aviación militar y reducir la distancia tecnológica respecto de Argelia.

La consecuencia es una especie de carrera armamentística regional, aunque sería excesivo interpretar automáticamente el aumento del gasto como una preparación para una guerra abierta. Ambos gobiernos utilizan sus capacidades militares también como instrumento de disuasión, negociación diplomática y posicionamiento internacional.

España, entre dos socios estratégicos

Para España, la rivalidad entre Rabat y Argel tiene una importancia extraordinaria. Marruecos es un socio fundamental en materia de inmigración, lucha contra el narcotráfico, cooperación policial y comercio. Argelia, por su parte, constituye un socio energético estratégico y mantiene importantes relaciones económicas y de seguridad con España.

La dificultad para Madrid consiste en mantener relaciones funcionales con dos países enfrentados entre sí. El problema se hizo especialmente visible en 2022, cuando el Gobierno de Pedro Sánchez modificó la posición española sobre el Sáhara Occidental y pasó a respaldar la propuesta marroquí de autonomía. Argelia reaccionó con dureza y las relaciones bilaterales sufrieron una crisis diplomática y comercial.

La situación comenzó a reconducirse posteriormente. En julio de 2026, Sánchez viajó a Argel y ambos países acordaron impulsar de nuevo la cooperación política, económica, energética y de seguridad. La visita fue presentada como un intento de recuperar una relación bilateral deteriorada durante años.

El componente energético es especialmente relevante. Argelia continúa siendo un proveedor fundamental de gas para España, mediante el gasoducto Medgaz y mediante gas natural licuado. La seguridad energética, por tanto, forma parte inseparable de la relación estratégica entre ambos países.

Migración, narcotráfico y crimen organizado

La rivalidad magrebí también afecta directamente a la seguridad de las fronteras españolas. Marruecos y Argelia constituyen países de origen, tránsito o destino de diferentes flujos migratorios hacia Europa. La ruta mediterránea occidental conecta el norte de África con España y las redes criminales dedicadas al tráfico de personas aprovechan las diferencias de control entre las distintas rutas.

La Unión Europea considera precisamente que la ruta del Mediterráneo occidental incluye tanto las llegadas a la España peninsular como las entradas por Ceuta y Melilla, con migrantes que pueden atravesar Marruecos o Argelia.

El fenómeno se cruza además con el narcotráfico y el tráfico de armas. En agosto de 2026, una operación policial internacional liderada desde España permitió desmantelar una red dedicada al tráfico marítimo de migrantes, drogas y armas que operaba entre Argelia y España. La investigación terminó con 78 detenidos y la incautación de 18 embarcaciones.

Ceuta y Melilla, el punto más sensible

La posición española añade un elemento que ningún otro país europeo posee: Ceuta y Melilla, las únicas fronteras terrestres de la Unión Europea con África. Cualquier deterioro significativo de la relación entre España y Marruecos tiene potencial para repercutir directamente en estas ciudades.

La crisis fronteriza de julio de este año volvió a demostrar esa vulnerabilidad, cuando decenas de miles de personas intentaron acceder a Ceuta en un episodio de extraordinaria magnitud que provocó una grave crisis humanitaria y política.

Aunque ese episodio no puede atribuirse directamente a la rivalidad marroquí-argelina, sí evidencia hasta qué punto la estabilidad del Magreb tiene consecuencias inmediatas para España y para la Unión Europea. La migración, la seguridad fronteriza y la cooperación policial pueden verse afectadas por los cambios en las relaciones diplomáticas entre Madrid y Rabat.

Un Mediterráneo occidental cada vez más estratégico

El riesgo principal para España no es necesariamente que Marruecos y Argelia entren en una guerra convencional. Un enfrentamiento abierto tendría costes enormes para ambos países y desestabilizaría todo el norte de África. El escenario más probable es una competición prolongada basada en rearme, alianzas, presión diplomática, inteligencia, influencia económica y control de espacios estratégicos.

Para Madrid, el desafío consiste en mantener abiertos simultáneamente los canales con Rabat y Argel. España necesita a Marruecos para gestionar la frontera sur y combatir redes criminales; necesita a Argelia para la seguridad energética y para mantener cooperación en el Mediterráneo; y necesita, al mismo tiempo, evitar que la rivalidad entre ambos países termine trasladándose a territorio español.

El Magreb se encuentra además conectado con otros escenarios de inestabilidad: Sahel, Libia, Mediterráneo occidental y Atlántico norteafricano. La expansión del terrorismo yihadista en el Sahel, el tráfico de drogas, las redes de inmigración irregular y la competencia por rutas energéticas hacen que la estabilidad de Marruecos y Argelia tenga consecuencias mucho más allá de sus fronteras.

La evolución del rearme confirma una tendencia. Argelia y Marruecos están construyendo unas Fuerzas Armadas más modernas, tecnológicas y capaces, pero sus estrategias responden también a alianzas internacionales diferentes. Esa situación convierte al norte de África en un espacio donde confluyen los intereses de Rusia, Estados Unidos, Francia, España, China y otros actores.

Para España, la conclusión es clara: la seguridad del Mediterráneo occidental ya no puede analizarse exclusivamente desde las costas europeas. La estabilidad del Magreb forma parte de la seguridad nacional española, y la rivalidad entre Marruecos y Argelia constituye uno de los factores que determinarán el equilibrio estratégico de la región durante los próximos años.

 

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