El grupo industrial y tecnológico checo Czechoslovak Group (CSG) y la compañía polaca Zakłady Metalowe Dezamet, integrada en la estatal Polska Grupa Zbrojeniowa (PGZ), han firmado un acuerdo valorado en más de 100 millones de euros para el suministro de componentes destinados a la fabricación de munición de artillería de 155 milímetros.
El contrato se enmarca en una estrategia más amplia de Polonia para aumentar su producción nacional de munición y reducir vulnerabilidades en las cadenas de suministro de defensa.
El acuerdo contempla, entre otros elementos, el suministro por parte de CSG de componentes pirotécnicos y subconjuntos empleados en la fabricación de espoletas para proyectiles de 155 milímetros. Se trata de elementos que, aunque no constituyen por sí mismos el proyectil completo, resultan esenciales para mantener una producción industrial sostenida de munición de artillería.
La operación profundiza además una colaboración que las dos compañías mantienen desde hace años. Según CSG, la transferencia previa de conocimientos y tecnología por parte de empresas del grupo checo permitió a las plantas polacas iniciar la fabricación en serie de munición de 155 milímetros, incluida la destinada a los obuses autopropulsados Krab de las Fuerzas Armadas polacas.
La importancia del acuerdo debe situarse en un contexto europeo marcado por el aumento de la demanda de munición de artillería. La guerra de Ucrania ha demostrado la relevancia que mantiene la artillería convencional en los conflictos de alta intensidad y ha obligado a numerosos países europeos a revisar sus reservas, sus capacidades industriales y la capacidad de sus proveedores para mantener una producción elevada durante periodos prolongados.
Polonia se encuentra entre los países europeos que están realizando una de las mayores apuestas por incrementar sus capacidades militares. En diciembre de 2023, el consorcio PGZ-Amunicja y la Agencia de Armamento polaca suscribieron un contrato de casi 11.000 millones de zlotys para suministrar grandes cantidades de munición de artillería a las Fuerzas Armadas polacas entre 2024 y 2029. Posteriormente, el 30 de mayo de 2026, ambas partes firmaron otro acuerdo para el suministro de varios cientos de miles de conjuntos de munición, por un valor superior a 13.500 millones de zlotys, con financiación asegurada a través del instrumento europeo SAFE.
La sucesión de contratos muestra que Varsovia no está limitándose a adquirir munición terminada, sino que pretende desarrollar una base industrial propia, apoyándose al mismo tiempo en socios europeos capaces de proporcionar tecnología, componentes y capacidades de fabricación. En este escenario, el contrato entre CSG y Dezamet funciona como uno de los eslabones de una cadena de suministro mucho más amplia.
Wojciech Grzonka, presidente del consejo de administración de CSG Polska y vicepresidente de Ventas de CSG, destacó que la cooperación con la industria polaca ha alcanzado un nivel estratégico y planteó la posibilidad de ampliar la transferencia tecnológica, construir nuevas instalaciones productivas y desarrollar actividades comerciales conjuntas destinadas a reforzar las capacidades de defensa de los países de la OTAN y la Unión Europea.
Desde la perspectiva polaca, Dariusz Szlęzak, presidente de Dezamet, calificó la colaboración como un ejemplo de cooperación entre industrias europeas de defensa y vinculó el nuevo acuerdo con el programa SAFE y con la necesidad de mantener una producción en serie estable de proyectiles de 155 milímetros. También señaló que las dos compañías estudian nuevos proyectos dentro del acuerdo de asociación estratégica firmado entre PGZ y CSG en marzo de 2026.
El calibre 155 mm se ha convertido en uno de los principales estándares de la artillería terrestre de los países de la OTAN. Su utilización en sistemas como el Krab polaco, el alemán PzH 2000, el francés Caesar o el estadounidense M109 ha generado una demanda creciente de proyectiles compatibles y, con ella, la necesidad de disponer de una cadena industrial capaz de producir no solo carcasas y cargas, sino también explosivos, propelentes, espoletas y otros componentes.
La dimensión industrial es especialmente relevante porque la disponibilidad de munición se ha convertido en un elemento estratégico. Los grandes pedidos militares ya no se plantean únicamente en términos de adquisición de sistemas de armas, sino también de capacidad de reposición y sostenimiento. Para los gobiernos europeos, disponer de fábricas capaces de incrementar rápidamente la producción constituye una garantía frente a interrupciones del suministro exterior y frente a una eventual crisis prolongada.
La cooperación CSG-Dezamet refleja además la creciente integración de las industrias de defensa de Europa Central. La compañía checa ha desarrollado una importante presencia en el sector de municiones y mantiene relaciones industriales con empresas de distintos países europeos. Para Polonia, la colaboración permite acelerar el desarrollo de capacidades propias aprovechando tecnología y experiencia existentes, mientras que para CSG supone consolidar su posición dentro de una de las mayores expansiones industriales de defensa actualmente en marcha en Europa.
Más munición para Europa
El acuerdo también encaja en el objetivo de la Unión Europea de incrementar la capacidad de producción de munición europea. La experiencia de Ucrania ha puesto de manifiesto que disponer de sistemas de armas avanzados resulta insuficiente si no existe una capacidad industrial que permita mantenerlos operativos y reponer rápidamente las municiones consumidas.
En este sentido, el contrato de más de 100 millones de euros entre CSG y Dezamet representa algo más que una operación comercial. Es una muestra de cómo la industria europea está reconstruyendo y ampliando sus cadenas de suministro de defensa, con especial atención a la munición de artillería. Polonia pretende convertirse en uno de los grandes centros industriales militares del continente, mientras empresas como CSG buscan ampliar su presencia en los programas europeos.
El resultado será, previsiblemente, una mayor interdependencia entre fabricantes europeos, pero también una mayor capacidad de producción dentro de la propia Europa. En un escenario marcado por el conflicto en Ucrania, el incremento del gasto militar y la necesidad de reforzar la autonomía estratégica europea, la capacidad de fabricar munición a gran escala vuelve a ocupar un lugar central en la planificación de defensa.



