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miércoles, julio 29, 2026

Cultura Woke, pensamiento único

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Antonio Miguel Sánchez
Antonio Miguel Sánchez
Psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

Occidente ha sido, en los últimos 3.000 años, el faro de referencia en el orbe conocido, nuestro planeta tierra. Las culturas cretense y micénica propiciaron el nacimiento de la griega, que a su vez inspira a fenicios, cartagineses y romanos. El Imperio Romano, desde 753 A.C. no hizo otra cosa que crecer y desarrollarse, y aunque colapsó en Occidente el año 476 D.C., todavía pervivió en Constantinopla otro milenio más, hasta 1453. Por medio nació Europa de la feliz cooperación entre cultura greco-romana y judeo-cristiana, ambas pilares de la civilización occidental.

Occidente, durante tres milenios, ha irradiado como faro de referencia en el planeta Tierra. Su rica y compleja historia está profundamente entrelazada con las culturas cretense, micénica y griega, pilares fundamentales de su identidad y desarrollo.

En el mar Egeo, entre los años 3000 y 1200 a. C., florecieron las culturas cretense y micénica, precursoras de la antigua Grecia. Estas culturas sembraron las semillas de la democracia, la filosofía, las artes y las ciencias, legados que han transformado el mundo.

La cultura griega, heredera de la tradición cretense y micénica, no se confinó a las fronteras de su región. A través del comercio, la colonización y el intercambio intelectual, sus conocimientos y valores se propagaron por el Mediterráneo, impactando profundamente en civilizaciones como la fenicia, cartaginesa y romana.

El Imperio Romano, heredero de la tradición greco-romana, se expandió por gran parte de Europa, Asia y África, dejando una huella imborrable en la historia. Su sistema político, legal, administrativo y de infraestructuras sentó las bases para el desarrollo de las sociedades occidentales, y su legado continúa en la actualidad.

La cultura judeo-cristiana ha sido de vital importancia en la conformación de Occidente. El cristianismo, en particular, se convirtió en la religión dominante en Europa, ejerciendo una profunda influencia en la vida social, política y cultural del continente. Sus valores éticos y morales han moldeado la visión del mundo occidental.

La Europa actual es producto de la sinergia entre las culturas greco-romana y judeo-cristiana. La interacción y el intercambio de ideas entre estas tradiciones dieron lugar a una civilización única, caracterizada por su riqueza intelectual, su legado artístico y su sistema de valores.

La herencia de las culturas greco-romana y judeo-cristiana sigue siendo un elemento fundamental de la identidad occidental. Su influencia se manifiesta en diversos aspectos de la vida, desde la política y el derecho hasta el arte y la literatura. Comprender este legado es esencial para comprender la historia y la cultura de Occidente en su conjunto.

El viaje de Colón: Puerta a la globalización y el mundo moderno

El audaz viaje de Cristóbal Colón marcó un hito histórico al abrir rutas universales y dar inicio a la primera globalización. El mundo moderno se embarcó en una era de exploración, conquista, expansión comercial y descubrimiento de los confines del planeta. Este nuevo panorama trajo consigo cambios trascendentales en diversos ámbitos.

En conclusión, el viaje de Colón no solo abrió nuevas rutas comerciales, sino que también desencadenó una serie de transformaciones profundas en la sociedad occidental. La ciencia, la filosofía y la política experimentaron un desarrollo sin precedentes, sentando las bases para el mundo moderno que conocemos hoy en día.

El ascenso de la ciencia y la filosofía

La religión comenzó a ceder terreno a la ciencia como fuente de conocimiento y explicación del mundo. La filosofía, por su parte, impregnó el nacimiento de la concepción del hombre como sujeto con libre albedrío, liberándolo de las ataduras del pensamiento mágico. La Ilustración, con su énfasis en la razón y el conocimiento científico, se convirtió en un movimiento intelectual fundamental para el desarrollo del pensamiento moderno.

La Revolución Francesa: Un desafío al orden establecido

La Revolución Francesa supuso un punto de inflexión al desafiar la idea del origen divino del poder. La lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad puso en tela de juicio el absolutismo monárquico y sentó las bases para las democracias modernas.

Revoluciones: Entre el idealismo y la realidad

La Revolución Francesa y otros procesos revolucionarios, como las independencias de Estados Unidos e Iberoamérica, despertaron la esperanza de un punto de inflexión hacia el desarrollo integral de la humanidad, tanto a nivel individual como social. Sin embargo, la realidad ha demostrado ser más compleja.

Si por un lado el bien suele definir gran parte de la conducta humana, el mal también tiene su lugar en ella. El poder y la ambición han dado lugar a acciones que distan mucho del altruismo. La Revolución Francesa, al igual que otras revoluciones, marcó un anhelo por la emancipación de las sociedades, pero también dio origen a un fenómeno propio de los siglos XIX y XX: el nacimiento de las ideologías como base de los sistemas de gobierno.

El lado oscuro de las revoluciones

Las revoluciones, a pesar de sus ideales de libertad e igualdad, no siempre han conducido a resultados positivos. La violencia, la represión y el autoritarismo han sido a menudo consecuencias nefastas de estos procesos. La búsqueda del poder y la imposición de ideologías han llevado a la violación de los derechos humanos y a la creación de regímenes opresores.

La complejidad de la naturaleza humana

Las revoluciones nos recuerdan la complejidad de la naturaleza humana. Si bien anhelamos el progreso y la justicia, también somos susceptibles a la ambición, el egoísmo y la violencia. La historia nos enseña que las revoluciones no son sinónimo de un futuro ideal, sino que pueden ser utilizadas para manipular y controlar a las masas.

El siglo XIX: Entre el progreso y la sombra de la destrucción

El siglo XIX se caracterizó por profundas transformaciones en diversos ámbitos. Los cambios políticos, las revoluciones industriales y las nuevas formas de asentamiento poblacional, que implicaron una migración masiva del campo a la ciudad, trajeron consigo grandes avances, pero también desafíos y tragedias.

Progreso y contrastes

  • Avances: La alfabetización, la difusión de noticias, los avances en medicina y saneamiento, y la mejora de las condiciones de habitabilidad en las ciudades contribuyeron al bienestar de la población.
  • Desafíos: La industrialización, si bien impulsó el desarrollo económico, también generó hacinamiento, hambruna y condiciones de vida precarias en las zonas urbanas.

Consolidación de poderes y nuevas ideologías

  • Estados nacionales: El siglo XIX presenció la consolidación de los estados nacionales en Europa y América, impulsada por el nacionalismo y las ideas liberales.
  • Imperios coloniales: Las potencias europeas expandieron sus imperios coloniales, explotando recursos y dominando territorios en todo el mundo.
  • Revoluciones sociales: Las desigualdades sociales y la explotación laboral dieron lugar a movimientos obreros y revoluciones sociales, dando origen a ideologías como el socialismo, el anarquismo y el comunismo.

La sombra de la guerra y el totalitarismo

  • Armamento y destrucción: La revolución industrial también impulsó el desarrollo de armamento con un poder destructivo sin precedentes, presagiando las guerras que marcarían el siglo XX.
  • Ideologías totalitarias: El auge de ideologías radicales como el comunismo y el nacionalsocialismo condujo al surgimiento de regímenes totalitarios caracterizados por la represión, la violencia y el culto a la personalidad.

El siglo XX: Un legado complejo

El siglo XIX, con sus avances y contrastes, sentó las bases para el siglo XX, una época marcada por dos guerras mundiales, el surgimiento de ideologías totalitarias y la lucha por la libertad y la democracia. De las ideologías totalitarias, de corte terrorista (la disidencia se pagaba con la muerte o el exilio; y trabajos forzados) una de ellas quedó completamente destruida y anatematizada: el nacional-socialismo alemán, también conocido como fascismo o nazismo. El bloque que preconizaba la Alemania nazi, surgida de la derrota de la Gran Guerra (Primera Guerra Mundial) y de las duras condiciones del Tratado de Versalles (1919) quedó totalmente destruido y sin influencia alguna a término de la Segunda Guerra Mundial.

La otra ideología totalitaria salió triunfante y se proyectó al mundo desde dos países con un peso extraordinario en la Comunidad Internacional: la URSS (su actual heredera es Rusia) y China.

Jamás se ha visto un éxito tan extraordinario como el propagandístico de las ideologías que sustentan a estos regímenes: colectivización e igualdad eran sus banderas, y consecución del poder a cualquier precio (la mentira es un arma política, sentenciaban) y este credo cruel hasta la saciedad no cayó hasta el hundimiento del bloque comunista en 1991, que dio lugar a la desaparición de la URSS y a la adscripción al bloque occidental de los países miembros del pacto de Varsovia excepto Rusia, que continúa siendo verso suelto en el concierto internacional, y que ha buscado acomodo en sus alianzas con China, Irán, Corea del Norte, India y un nuevo grupo de países que constituyen un nuevo bloque de poder, los BRICS, alternativo al occidental, y que ya incluye 10 países con un más que notable peso demográfico, ideológico y político.

El drama de Occidente

De todo lo ocurrido, citando algunos eventos capitales, a saber, Descubrimiento de América, Revolución Francesa, nacimiento de las ideologías, Guerras Mundiales, Guerra Fría, Descolonización, superpoblación, emergencia de nuevos bloques geopolíticos, … el más dramático para las sociedades occidentales es la persistencia de la influencia del comunismo a pesar de su dramática caída en 1991: su principio “divide y vencerás” ha evolucionado a la compartimentación de las sociedades en colectivos, de modo que al etiquetar a cada individuo dentro de uno de ellos, queda cimentado el campo de juego para sus nuevas formas de acción, con objetivo siempre el mismo: la influencia y la toma del poder.

El juego consiste en enfrentar a unos colectivos con otros, siendo naturalmente, unos “buenos” y deseable, y otros “malos” y detestables, a los cuales hay que esquilmar, ningunear, liquidar de la escena pública y erradicar, bajo la habitual premisa terrorista: o te callas, o te vas o te mato, y, además, si te dejo vivir, debes permanecer estigmatizado y permitirme que te robe y que te viole. Y, por otra parte, tu influencia y tu presencia en medios de comunicación subvencionados por mí, convertidos en Gran Hermano (el Poder, leviatán de dimensiones nunca vistas) quedan reducidas a la nada.

Sin olvidar los 80 millones de muertos de la URSS, los 60 millones de la revolución cultural china, y las hambrunas provocadas en ambos países por el modelo, Pol Pot, Che Guevara y Fidel, Corea del Norte, Vietnam, Venezuela, Cuba, etcétera.

Ya desde sus orígenes, la ideología de izquierdas y el triunfo de la URSS conseguido a sangre y fuego durante 20 años en el antiguo Imperio de los Zares, obtuvieron un éxito aún más resonante: el silencio de partidos socialistas y comunistas en occidente y su complicidad, así como la de las potencias ganadoras de la Segunda Guerra Mundial (USA, UK) junto a la propia URSS y el fenómeno de la cultura POP en Occidente, en los años 60 del siglo pasado, que dio lugar a la década prodigiosa, con fenómenos universalizados posteriormente en la cultura global, como fueron el pacifismo, el igualitarismo social (al menos de trato, y en apariencia) el ambientalismo, el ecologismo, la defensa de los mares, la revolución sexual (con la consiguiente conquista social que venían persiguiendo los colectivos LGTBI+Q) y que han tenido su expresión dentro de Occidente en el siglo XXI con el nuevo sistema de comunicaciones: Internet y todo su poder mediático, añadido a los ya existentes, prensa, radio, televisión. Con el nuevo etiquetado de grupos, que sustituye a la antigua lucha de clases del comunismo (es tan feo el comunismo que hay que ocultarlo tanto como cueste, e introducir sus métodos por las nuevas vías).

De este modo, si naces blanco y por ello quedas encuadrado en dicho colectivo, automáticamente eres un racista y te puedo acusar de etnocentrismo, porque eres un intolerante y un supremacista.

Si has nacido en una familia trabajadora, podrás ser acusado de burgués, pues te levantas cada día a ganarte el pan con tu esfuerzo, y además pretenderás acumular el fruto de lo que ahorres, con lo que te comprarás una casa y un coche, y pagando tu hipoteca acumularás bienes. Además, podrás estudiar y adquirir conocimiento para promocionarte socialmente y obtener más ingresos. Con los que podrás viajar y visitar otros espacios, y formarte todavía más, por lo que te conviertes en un elemento subversivo que desafías mi autoridad, pues pones en tela de juicio todo lo que te cuento y recomiendo a través de mis medios subvencionados. Y encima te podrás permitir no votarme, gracias a tu independencia de criterio.

Al no votarme, no eres uno de los nuestros, y te conviertes en un fascista. Automáticamente quedas marcado, rechazado y excluido. Y podrás ser víctima de todos los castigos que se aplica a tales individuos. Podrás sufrir escraches, ataques personales e incluso podrás ser golpeado y lesionado, sin que tenga gran importancia el hecho, porque te lo merecías. Naturalmente las pedradas a tu ventana o a tu escaparate o la quema de tu vehículo quedan incluidas como represalias justas.

Si eres heterosexual y no das escándalo de clase alguna, te dedicas a tus asuntos, a tu familia, a tus hijos, a tus negocios o trabajo y a tus actividades, podrás ser tachado de homófobo, intolerante y retrógrado cavernícola. Y no esperarás que se te tenga consideración alguna en ningún foro público, ni que se tengan en cuenta tus puntos de vista. Y naturalmente, no tienen derecho a subvenciones de ningún tipo, al no pertenecer a ningún colectivo de los que necesitan “discriminación positiva”.

Si valoras tu identidad y cultura eres un xenófobo intransigente, no importa cuán tolerante te proclames. Tu obligación es admitir sin reservas cualquiera otra forma de presencia en tu entorno, siempre que no sea cristiana, claro. Porque la presencia del cristianismo es innecesaria, irrelevante y no tolerada, y podrás ser criticado y estigmatizado en cualquier medida. No tienes derecho a defender tus valores ni a exigir el cumplimiento de las leyes con arreglo al ordenamiento vigente.

Cualquiera que llegue con otros valores ha de ser aceptado como tal y sus conductas deberán ser convalidadas, por disparatadas que te parezcan a ti. Especialmente si pertenece a colectivos de religión (creencia) o ideología musulmana (forma de vida y normas que la regulan), de especial protección en el nuevo sistema de valores. Tampoco importa si tú respetas sus creencias, cualquiera puede agredirte a ti por las tuyas.

Si deseas seguridad ciudadana te conviertes automáticamente en un torturador intolerante, porque hay personas que pertenecen a colectivos desfavorecidos, y naturalmente tienen derecho a causar el daño que causan, pero tú no tienes derecho a desvelar su identidad ni a rebelarte contra tales hechos, porque naturalmente, tú tienes el pecado original de pertenecer a una sociedad plena de bienes y garantías, y los que violan la seguridad colectiva son unos desheredados que merecen toda consideración.

Naturalmente si defiendes tus puntos de vista, y tu derecho a que te sean reconocidos, serás notado como represor, porque obviamente y una vez más, eres un intolerante.

Si expresas tu rechazo a los subsidios colectivos, más allá de necesidades puntuales que naturalmente deben ser cubiertas debido a la gravedad de las circunstancias de determinado caso, eres un insensible por estimar que no estimulan el deseo de obtener un trabajo que cubra sus necesidades y por otra parte tales subsidios socavan la dignidad de las personas.

Porque, indudablemente, si vives de acuerdo a tus principios y valores, respetando el pensamiento de los demás y dando tu voto y apoyando a personas que no creen a pies juntillas lo que les dicta el poder a través de su leviatán mediático, te conviertes en individuo en criterio propio, no etiquetado en un colectivo de los “buenos” y automáticamente eres un peligro social.

Cultura woke, pensamiento único, neoizquierda, LGTBI+Q, cambio climático, ecologismo, cultura de género

Así pues, Cultura Woke es un concepto norteamericano que nos llega filtrado por Argentina (este país se ha convertido en nuestro Gran Hermano, difusor y traductor de todo lo que nos viene procedente del gran país del Norte) y que se define como: Despierto, estar despierto, estar alerta. No dejar pasar ni una en lo que concierne al nuevo modelo de ideologización rampante en los grandes medios (aquellos en poder de la neoizquierda, lobbies LGTBI+Q, etcétera, convenientemente subvencionados por los gobiernos que siguen esta corriente, que en Occidente son casi todos, independientemente de que se tilden ellos mismos de derechas, centro o izquierda).

Este renacimiento de la cultura intransigente, de pensamiento único, sigue por otros métodos los antiguos utilizados por el comunismo, consistentes en acatar órdenes, o alternativamente te callas, te vas o te mato, y, además, te robo, como ya habíamos descrito. En la nueva cultura, tu desaparición física se produce por otras vías, mediante el silencio, la opresión, el ostracismo y el ninguneo al que queda sometido cualquier ente o persona que se atreva a discrepar del pensamiento único, denominado “políticamente correcto”.

Deberás ser paciente con sus manifestaciones, que necesariamente no podrán ser definidas como innecesarias, antes bien tendrán toda la cobertura mediática que sea necesaria, con varios objetivos: demostrar poder, adoctrinarte, y en última instancia aterrorizarte para que no te opongas, porque quedarás excluido del circuito. De cualquier circuito al que no podrás acceder por pensar diferente; en suma, por ser diferente, por no “tragar”. Tendrás que conformarte con ocupar tu puesto y permanecer en silencio, so pena de ser injuriado, calumniado, escracheado y elevado a la picota. Y además habrá muchísimos puestos a los que no tendrás acceso si no comulgas con el dogma impuesto.

Ha bastado que al candidato a la Presidencia USA, Donald Trump, se le lance el anatema (hay que poner a Trump en la diana, dijo Biden en un discurso) para que el exaltado de turno coja un rifle de combate y ejecute sus disparos sobre el candidato republicano, opuesto a la Cultura Woke, con resultado de muerte para un bombero del público y dos heridos graves. Y para más vejación, los media nacionales norteamericanos dieron en primera instancia la noticia como: “parece que ha habido un incidente en la campaña de Trump”. Hay que preguntarse qué hubieran dicho esos mismos medios si el atacado hubiera sido el candidato demócrata.

Trump en USA y algunos gobiernos y partidos en Europa están dando la batalla contra el pensamiento único, pero los ataques del sistema, más o menos aceptado en todo Occidente, no cesan dado el carácter intransigente de este movimiento que ha venido a sustituir a las izquierdas clásicas.

Cambio climático y ecologismo han sido levantados como nuevos credos frente a los cuales deberemos doblegarnos, so pena de recibir nuevamente todos los anatemas de la panoplia “progre”, los defensores de la Cultura Woke. En realidad, estas nuevas religiones no dejan de ser estafas piramidales, llenas de dinero y recursos públicos, que irán a parar siempre a los mismos, a costa del bolsillo de la sufrida clase media, que en Occidente es el reservorio de pulgones (los rebaños de las hormigas, pastoreados por ellas, de los que obtienen su melaza para vivir) del que se alimenta este sistema de privilegiados de la subvención y el enchufe. Impuestos y más impuestos, que a ellos no les alcanzan, pues disponen de leyes fiscales ad hoc o bien son multimillonarios y su terreno de juego es internacional, con lo que los paraísos fiscalmente amables quedan para su uso exclusivo. Un asalariado de clase media, por alto que sea su sueldo, no puede abandonar su espacio.

El cambio climático ha existido siempre, y el equilibrio del planeta es siempre precario, y así lleva 4.500 millones de años, con eras de todo tipo, separadas por cientos de millones de años, períodos en los que ha ocurrido de todo, como glaciaciones, inundaciones, terremotos, sunamis, movimientos de los continentes, etc. Habiendo tenido lugar el nacimiento de lo que llamamos vida, también ha habido nuevas especies, evolución, extinciones y todo lo acontecido y por acontecer. Pensar que el hombre tiene magnitud de fuerzas suficientes como para intervenir en la peregrinación universal del planeta y su destino, es de una prepotencia que tumba. Y, sin embargo, o aceptas que la especie humana es actor principal en el viaje interplanetario de nuestro modesto astro, con poder para modificar su existencia, o quedas fuera del circuito. Ha caído sobre ti el anatema “políticamente correcto”.

Por último, y lo que relatamos ya no es anécdota sino categoría, cuando vas a rellenar un formulario online, la pregunta habitual, si tenías que dar datos personales (sujetos a protección, por supuesto), era: ¿Cuál es su sexo o género? Y la consabida respuesta era: masculino o femenino; hombre o mujer.

Adivinen, en el paroxismo del neolenguaje adoptado por el neosistema, cómo se ha transformado la pregunta: ¿Cuál fue el sexo o género que le fue asignado al nacer?

Ahí les dejo esta reflexión. Porque, como dijo aquél: podéis crear 180 géneros si os apetece, pero a la hora del ir al médico, no hay más que dos; el ginecólogo y el urólogo.

Por A.M. Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años

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