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martes, mayo 21, 2024

Delincuencia juvenil: un problema complejo que requiere un abordaje integral

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La criminalidad está siempre en el punto de mira de las preocupaciones de los ciudadanos. No es el primer asunto que les preocupa, ya que el top tres lo tienen la crisis económica, la sanidad y el empleo, según el último informe del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre los principales problemas de los españoles, pero siempre está en la lista, más alto o más bajo. Y es más preocupante si la criminalidad está protagonizada por jóvenes, por menores de edad.

Está claro que hay que preocuparse, sobre todo sabiendo que el número de menores condenados por sentencia firme inscritos en el Registro Central de Sentencias de Responsabilidad Penal de los Menores ha aumentado un 3,2% en 2023 con respecto al año anterior, según indicó el Instituto Nacional de Estadística (INE).

En este informe se revela también que ocho de cada diez de los menores condenados fueron varones, produciéndose también un incremento de dos puntos por encima del periodo anterior, aunque este aumento fue más notable en el caso de las mujeres. En cuanto a la tipología del delito, los de mayor incidencia fueron las lesiones (31,4 por ciento del total), seguidos de los robos (17,5 por ciento) y las amenazas (8,6 por ciento).

Teniendo en cuenta este contexto en el que nos encontramos, hay que saber que desde la perspectiva criminológica, se aborda como un complejo conjunto de factores que contribuyen al comportamiento delictivo de los jóvenes. Al explorar este tema, es esencial comprender el perfil de los criminales juveniles y las estrategias para prevenir su involucramiento en actividades ilícitas.

El perfil de los delincuentes juveniles varía, pero ciertos patrones comunes pueden identificarse. Factores socioeconómicos, familiares y educativos desempeñan un papel crucial. En muchos casos, la falta de oportunidades, la presión de grupos delictivos, y la influencia negativa del entorno familiar contribuyen al deslizamiento hacia la delincuencia. Sin embargo, es crucial evitar generalizaciones, ya que cada caso es único y requiere un análisis detenido.

La prevención de la delincuencia juvenil implica abordar sus causas fundamentales. La promoción de oportunidades educativas y laborales, así como la mejora de las condiciones socioeconómicas en comunidades vulnerables, son estrategias clave. Además, la implementación de programas de intervención temprana, orientados a jóvenes en riesgo, puede marcar la diferencia al ofrecer alternativas positivas y fomentar un sentido de pertenencia.

En el ámbito de los derechos y deberes de los jóvenes, es esencial tener en cuenta que, a pesar de su participación en actividades delictivas, los menores de edad siguen siendo sujetos de derechos. El sistema legal tiende a abordar la delincuencia juvenil de manera diferente, buscando rehabilitar en lugar de castigar de manera severa. Los jóvenes delincuentes tienen derecho a un juicio justo, asesoría legal y protección de su integridad física y emocional.

No obstante, con los derechos vienen los deberes. La sociedad y las autoridades deben garantizar que los jóvenes comprendan las consecuencias de sus acciones. La educación sobre valores éticos y ciudadanos, así como el fomento de la responsabilidad personal, son elementos cruciales en la prevención de la delincuencia juvenil. La colaboración entre instituciones educativas, familiares y la comunidad en general es esencial para fortalecer este enfoque.

La criminología es la ciencia que estudia el delito y el delincuente. Desde la criminología, la delincuencia juvenil se aborda desde un enfoque integral que tiene en cuenta las causas del problema y las diferentes opciones de intervención. Las principales estrategias de intervención en la delincuencia juvenil serían, por un lado, la prevención, intentando por todos los medios que los jóvenes no se involucren en la delincuencia.

También hay que tener en cuenta el control, que se centra en disuadir a los jóvenes de cometer delitos y que puede abordarse desde el punto de vista penal, educativo o incluso social. Por supuesto, hay que centrarse también en la rehabilitación, que se centra en ayudar a los jóvenes que ya hayan cometido delitos a reintegrarse en la sociedad. En este sentido, las estrategias de rehabilitación pueden ser educativas, terapéuticas o laborales.

La delincuencia juvenil es un problema complejo que requiere un abordaje integral. Las estrategias de prevención, control, y rehabilitación deben combinarse para lograr resultados efectivos.

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