En el corazón de la profunda transformación digital que está viviendo el sistema de defensa occidental, dos gigantes tecnológicos nórdicos, Ericsson y Nokia, se han convertido en piezas clave en la integración del 5G en la seguridad y defensa de la OTAN y de la Europa occidental. Esta transición no es un mero despliegue de infraestructura comercial: responde a una necesidad estratégica de asegurar comunicaciones seguras, resilientes y de alta capacidad en un entorno geopolítico cada vez más competitivo y digitalizado, donde la conectividad del futuro se entrelaza con la soberanía y la defensa colectiva.
El 5G, la quinta generación de redes móviles, no es solo un salto en velocidad o latencia para los consumidores. Para las fuerzas armadas y los sistemas de seguridad, supone una red capaz de soportar enormes volúmenes de datos (incluyendo vídeo en tiempo real, sensores conectados e inteligencia artificial aplicada en el borde), con una fiabilidad que otras tecnologías no pueden igualar. Esta amplia capacidad convierte al 5G en un “multiplicador de fuerza” para operaciones coordinadas, ejercicios multinacionales y despliegues de defensa conjunta.
Ericsson, con raíces en Estocolmo y una histórica presencia en redes móviles europeas, ha ido más allá de su tradicional papel como proveedor de infraestructura comercial para liderar iniciativas directamente conectadas a la defensa. Su enfoque se basa en extender las capacidades del 5G comercial —seguro, rápido y escalable— para que funcione como columna vertebral de comunicaciones tanto civiles como militares.
En su portafolio de soluciones para defensa, Ericsson destaca cómo el 5G puede proporcionar conectividad táctica en tiempo real, integración de sensores distribuidos, transferencia de datos entre sistemas y apoyo a tecnologías emergentes como IoT, inteligencia artificial y computación en la nube en el borde de la red. Esto permite a unidades militares recolectar, procesar y actuar sobre información crítica con rapidez y precisión, mejorando la toma de decisiones en escenarios complejos.
Un ejemplo tangible de cómo esta tecnología se está adoptando en aplicaciones militares se observa en Suecia. A través del programa NorthStar 5G, una iniciativa conjunta entre Ericsson y la operadora Telia, las Fuerzas Armadas suecas están probando redes 5G Standalone para funciones de defensa, incluido el posicionamiento de personal y equipos y la provisión de conectividad segura en zonas remotas sin cobertura establecida.
Este proyecto, que también busca interoperabilidad con capacidades de la OTAN, refleja un nuevo modelo de cooperación civil-militar donde tecnología desarrollada en el sector privado sirve directamente a necesidades estratégicas nacionales y colectivas.
Nokia, con sede en Finlandia, no se queda atrás. Esta empresa ha posicionado su tecnología 5G como un elemento esencial para los ejércitos modernos y las alianzas multinacionales. Más allá de la infraestructura básica de red, Nokia ha desarrollado productos específicos para entornos de defensa, como radios tácticos 5G de pequeño tamaño (por ejemplo, el Nokia Banshee 5G Tactical Radio) que facilitan comunicaciones seguras en el borde del campo de batalla, y teléfonos de misión con sistemas endurecidos para soportar condiciones exigentes. Estas soluciones están diseñadas para asegurar que la información estratégica pueda fluir sin interrupciones desde unidades móviles a centros de mando.
Un hito que demuestra la aplicabilidad real del 5G en operaciones de defensa tuvo lugar durante el ejercicio Joint Viking 2025 en Noruega, uno de los más grandes de Europa, en el que Nokia desplegó radios AirScale y una infraestructura 5G Standalone para proporcionar conectividad en tiempo real entre fuerzas multinacionales. Más de 10.000 soldados de varias naciones pudieron contactar, coordinarse y compartir inteligencia usando tecnologías que antes eran impensables en ejercicios de este tipo. Tal integración contribuyó a una mayor eficiencia operativa y mejoró la coordinación en el terreno, un objetivo esencial para la interoperabilidad de la OTAN.
La colaboración de Nokia con fuerzas nacionales también está rompiendo barreras técnicas y geográficas. En otro proyecto, junto a Telia y las Fuerzas de Defensa de Finlandia, se logró la primera transferencia continua de una “slice” de red 5G Standalone a través de fronteras nacionales, algo crítico para operaciones conjuntas que involucran múltiples países aliados. Este tipo de conectividad transversal refuerza la capacidad de coaliciones para operar sin interrupciones en misiones colectivas o despliegues multilaterales, una pieza clave en el concepto de defensa europea integrada.
La contribución de estas empresas no se limita a la pura tecnología; también incluye estándares, interoperabilidad y cooperación estratégica. Nokia participa activamente en iniciativas de la OTAN como el NATO Cellular Communications Syndicate, donde ayuda a definir cómo se deben adoptar y adaptar las redes 5G (y en el futuro, 6G) para requisitos militares. Además, colabora con organizaciones internacionales y proyectos financiados por la Unión Europea y la Alianza para acelerar la madurez de tecnologías dual-uso (civil y militar), asegurando que los sistemas no solo sean eficientes, sino también seguros frente a amenazas como sabotajes o ciberataques.
En paralelo, ambos fabricantes impulsan acuerdos regionales y colaboraciones con países de Europa occidental. Por ejemplo, Nokia y operadores locales han firmado pactos para desarrollar soluciones de comunicaciones 5G adaptadas a las necesidades de defensa en el Báltico, combinando su tecnología con capacidades regionales para crear redes resistentes que puedan soportar tensiones geopolíticas.
Esta relevancia industrial se ve además fortalecida por decisiones políticas recientes. La Unión Europea ha adoptado medidas para excluir a proveedores considerados de riesgo en infraestructuras críticas de telecomunicaciones, lo que coloca a empresas europeas como Nokia y Ericsson en una posición dominante en la construcción de redes 5G más seguras en el continente, beneficiando directamente a los esfuerzos de defensa y soberanía tecnológica en la OTAN y la UE.
La creciente integración del 5G en estructuras de seguridad y defensa supone un punto de inflexión: deja atrás la visión puramente comercial para convertirse en un componente estratégico de las operaciones militares modernas. A medida que la OTAN y sus países miembros profundizan en la adopción de redes avanzadas, la aportación de Ericsson y Nokia se consolida como indispensable. Su tecnología no solo potencia comunicaciones más rápidas y eficientes, sino que también habilita capacidades críticas como la automatización, sensorización en tiempo real y resiliencia operativa —funciones que, en conflictos futuros, podrían marcar la diferencia entre victoria y derrota.
Su papel, por tanto, trasciende la economía digital convencional para convertirse en una columna vertebral tecnológica de la seguridad colectiva occidental, apoyando no solo la defensa nacional de países individuales, sino la interoperabilidad, la cohesión y la preparación operativa de toda la OTAN y Europa occidental.



