Josep Lluís Trapero ha presentado este miércoles su dimisión como director general de la Policía de Cataluña, cargo que ocupaba desde agosto de 2024, cuando fue recuperado para la primera línea institucional por el presidente de la Generalitat, Salvador Illa. Su salida se produce después de dos años al frente de la dirección política de los Mossos d’Esquadra y en plena remodelación de la cúpula del cuerpo policial catalán.
La renuncia se ha producido por “voluntad propia”, según ha comunicado el Departamento de Interior de la Generalitat. Trapero comunicó su decisión durante una jornada en la que estaban convocados los comisarios de los Mossos para informarles de los cambios previstos en la estructura de mando. La dimisión pone fin a una etapa en la que el histórico mando policial había asumido nuevamente una posición de máxima responsabilidad dentro de la seguridad catalana.
La marcha de Trapero se produce, además, en un momento de importantes cambios en Interior. El comisario Ferran López será el nuevo director general de la Policía, mientras que Sílvia Catà, hasta ahora responsable de la Región Policial de Girona, asumirá la jefatura de los Mossos d’Esquadra en sustitución de Miquel Esquius, que se jubila. Catà se convertirá así en la primera mujer al frente de la policía catalana.
Ferran López no es un desconocido para Trapero ni para la historia reciente de los Mossos. Ingresó en el cuerpo en 1989 y fue comisario jefe entre 2017 y 2018. Precisamente, asumió el mando de los Mossos después de la destitución de Trapero tras la aplicación del artículo 155 de la Constitución, por lo que su regreso a la primera línea de la dirección policial supone también el reencuentro de dos figuras estrechamente vinculadas a algunos de los episodios más complejos de la historia reciente del cuerpo.
La etapa de Trapero como director general estuvo marcada por prioridades como la lucha contra la multirreincidencia, el refuerzo de la seguridad ciudadana y la introducción de nuevas tecnologías de videovigilancia. Sin embargo, su gestión también estuvo acompañada de controversias relacionadas con determinadas actuaciones policiales, entre ellas la infiltración de agentes en asambleas de profesorado y la actuación de los Mossos durante determinadas manifestaciones.
La relación entre Trapero y la consellera de Interior, Núria Parlon, se había deteriorado en los últimos tiempos, según fuentes citadas por medios catalanes. Algunas informaciones apuntan a discrepancias sobre la gestión del cuerpo, determinadas actuaciones policiales y los cambios que debían producirse en la cúpula de los Mossos. La salida del secretario general de Interior, Tomás Carrión, también había añadido tensión al Departamento.
La dimisión tiene además una importante dimensión política por el significado que tenía Trapero para el Govern de Salvador Illa. Su recuperación en 2024 fue uno de los movimientos más destacados del nuevo Ejecutivo socialista, después de que el histórico mando policial hubiera quedado apartado tras los acontecimientos del 1 de octubre de 2017 y posteriormente fuera juzgado y absuelto por la Audiencia Nacional por su actuación durante el proceso independentista.
Trapero había dirigido a los Mossos durante el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017 y los acontecimientos posteriores a la declaración unilateral de independencia. Tras su destitución por el artículo 155, regresó al cuerpo y volvió a ocupar puestos de responsabilidad. Su trayectoria también quedó marcada por la gestión de los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils de agosto de 2017, que contribuyeron a convertirle en uno de los mandos policiales españoles con mayor proyección pública.
Desde la Generalitat, Parlon ha agradecido a Trapero los dos años de trabajo al frente de la dirección de la Policía catalana y ha destacado su “vocación de servicio público”. La consellera ha considerado que su labor contribuyó a situar a los Mossos en uno de sus mejores momentos profesionales.
La oposición catalana, sin embargo, ha interpretado la dimisión como un síntoma de una crisis más amplia en el Departamento de Interior y ha reclamado explicaciones a Parlon. Junts, ERC, Comuns y CUP han planteado diferentes críticas sobre el relevo, aunque desde posiciones políticas distintas, y han reclamado que la consellera explique en el Parlament las razones de la remodelación y de la salida de Trapero.
Con la salida de Trapero y la llegada de Ferran López y Sílvia Catà, la policía catalana afronta una nueva etapa de reorganización. El relevo supone no solo un cambio en la dirección política y operativa de los Mossos, sino también un nuevo intento de estabilizar una cúpula policial que desde 2017 ha atravesado numerosos cambios y que continúa teniendo un importante peso político e institucional en Cataluña.



