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martes, agosto 4, 2026

El tricornio y la pluma

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Juan Manuel Llenderrozas
Juan Manuel Llenderrozas
General de Brigada de la Guardia Civil

Existe una paradoja fascinante en la cultura española contemporánea: aquellos que por oficio velan por el orden público han encontrado en la literatura un territorio de libertad creativa sin precedentes. La Guardia Civil, institución nacida en 1844 bajo la égida del duque de Ahumada, ha generado en los últimos setenta años una corriente literaria tan sorprendente como reveladora de las transformaciones sociales y culturales de España.

Esta tradición, que nace paradójicamente con la propia Cartilla del guardia civil —texto fundacional que Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II duque de Ahumada, escribió de su puño y letra a los pocos meses de fundar el Cuerpo—, ha evolucionado desde el testimonio histórico hasta la experimentación narrativa más audaz. Si la Cartilla establecía un código moral para distinguir a la nueva institución de los cuerpos precedentes, los autores guardias civiles de hoy han logrado algo quizá más ambicioso: transformar los estereotipos literarios heredados y conquistar un espacio propio en el panorama cultural español.

Los primeros cronistas

Los antecedentes de esta tradición se remontan a los propios orígenes de la institución. Ya en 1858, apenas catorce años después de la fundación del Cuerpo, los oficiales del Ejército José Sidro Surga y Antonio de Quevedo Donis publicaron la primera Historia de la Guardia Civil, estableciendo las bases de lo que sería una rica tradición historiográfica. Sin embargo, el verdadero florecimiento literario llegaría un siglo después, cuando la urgencia testimonial de la España de posguerra encontró en algunos guardias civiles a sus cronistas más directos.

Francisco Aguado Sánchez, nacido en Almería en 1926, representa uno de los pioneros de esta corriente moderna. Su labor como fundador de la revista Estudios Históricos del Cuerpo y su monumental Historia de la Guardia Civil en siete volúmenes establecieron un precedente de rigor académico que influiría en las generaciones posteriores. Su trabajo sobre El maquis en España aporta documentación crucial para la comprensión de un período histórico complejo, demostrando cómo la experiencia profesional puede nutrir la investigación histórica de mayor calado. Tampoco de puede dejar de lado su obra El Duque de Ahumada Fundador de la Guardia Civil (1969).

Los cronistas del maquis, literatura y memoria histórica

La primera hornada de escritores guardias civiles surge en los años cincuenta del siglo XX, marcada por la necesidad imperiosa de dar testimonio de una España en reconstrucción. Ángel Ruiz Ayúcar y Conrado del Valle inauguran esta tradición con La sierra en llamas (1953) y Fuego en las cumbres (1952) respectivamente, novelas que transfieren a la ficción las experiencias directas de sus autores en la represión del maquis.

Ruiz Ayúcar, veterano de la División Azul que después alcanzaría el rango de general, desarrolla en Mientras llueve en la frontera (1957) una prosa más madura, capaz de retratar con precisión etnográfica la vida fronteriza gallega y el fenómeno del contrabando. Su técnica de concentración temporal —la novela transcurre en menos de veinticuatro horas— anticipa procedimientos narrativos que décadas después serían considerados modernos. Como escritor, cultivó la novela y el periodismo, colaborando en diarios como PuebloEl Español y El Alcázar.

José Luis Cervero aporta una perspectiva diferente con Los rojos de la Guardia Civil, obra que examina el comportamiento de los mandos que permanecieron leales a la República. Su acceso privilegiado al Archivo Central de la institución, combinado con su experiencia en los servicios secretos de información desde 1965, convierte su trabajo en documento histórico de primer orden. Sus múltiples condecoraciones y premios periodísticos, incluyendo entre otros muchos el Ortega y Gasset de Periodismo y el Larra de la Unión de Periodistas, avalan la calidad de su labor.

José Riquelme Sánchez, nacido en Jimena de la Frontera en 1931, integrado en la llamada «generación del 36» complementa esta primera generación con una obra poética que combina la sensibilidad lírica con la experiencia vital del servicio en la Guardia Civil durante diecisiete años. Su reconocimiento póstumo, materializado en el hecho de que la Biblioteca Municipal de La Línea de la Concepción lleve su nombre, testimonia la relevancia de su aportación cultural al Campo de Gibraltar.

La consolidación poética: entre Machado y la academia

Con el general de división Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, nacido en 1945, la literatura de la Guardia Civil experimenta un salto cualitativo decisivo. Sus veinte poemarios y seis antologías han conquistado el reconocimiento académico —es miembro de las Academias de Toledo y Córdoba— y prestigiosos galardones como el Premio Nacional de Poesía Militar en 1986 concedido por su poemario De un oficio infinito y el Premio Claudio Rodríguez por Del perfil opaco de los pasos.

La poesía de Rodríguez Búrdalo trasciende la anécdota profesional para adentrarse en territorios universales: el amor, la muerte, el tiempo, la memoria. Poemarios como El arpa cercenada, Bóveda y estribo y Si volviera mayo revelan una voz personal que dialoga con la tradición machadiana sin renunciar a la modernidad expresiva. Su éxito evidencia que la condición de guardia civil, lejos de limitar la sensibilidad poética, puede nutrir una obra de alcance verdaderamente universal.

La generación del rigor: historiadores y académicos

La segunda generación de autores activa desde los años ochenta, se caracteriza por una aproximación más académica y rigurosa a la escritura. Miguel López Corral, doctor en Historia y en Derecho por la Complutense, ejemplifica esta nueva orientación con obras como La Guardia Civil: nacimiento y consolidación, 1844-1874, referencia ineludible para comprender los orígenes de la institución. Su labor como fundador de «Cuadernos de la Guardia Civil» ha establecido un marco intelectual que trasciende lo meramente corporativo, ganando el primer premio Roger de Lauria en lengua castellana.

Eduardo Martínez Viqueira, teniente general, doctor en Historia Contemporánea y académico de la Academia de Ciencias y Artes Militares, ha explorado episodios cruciales de la historia española en obras como Recuerdos de Irak, La conjura de Siboney y Hombres de honor. Su Atlas Ilustrado de la Guardia Civil logra esa difícil síntesis entre rigor académico y divulgación cultural que caracteriza a la mejor escritura histórica contemporánea. En 2012 publicó Guardias civiles de Caballería, estudio acompañado de óleos de Augusto Ferrer‑Dalmau.

Jesús Narciso Núñez Calvo, coronel doctor en Historia y académico de la Academia de Ciencias y Artes Militares, ha desarrollado una obra historiográfica monumental que incluye más de seiscientos artículos y múltiples monografías. Su Historia de la Guardia Civil y El armamento de la Guardia Civil (1844-2002) constituyen referencias fundamentales. Sus trabajos como coautor de Rojo y Azul: Imágenes de la Guerra Civil española y Las Campañas de Marruecos (1909-1927) han elevado el nivel académico de la literatura institucional. En 2021 obtuvo el Premio Marqués de Santa Cruz de Marcenado del Ministerio de Defensa, por su labor divulgativa de la historia del Instituto Armado.

Antonio Morales Villanueva, general de división de la Guardia Civil, ha desarrollado una importante obra jurídica y administrativa, destacando Las Fuerzas de Orden Público y Administración policial española: Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil, policías autónomas, policías locales. Su aportación se centra en el ámbito del derecho administrativo y la organización policial, campo en el que alcanzó el empleo de general de división antes de pasar a la situación de reserva en 2003.

El testimonio antiterrorista

Una de las aportaciones más significativas de la literatura “Guardia Civil” contemporánea radica en el tratamiento de la lucha antiterrorista. Manuel Sánchez Corbí, «hijo de Intxaurrondo» según la expresión de Victoria Prego, ha dedicado su obra a documentar cinco décadas de enfrentamiento con ETA. Sus libros Sangre, sudor y paz (coescrito con Lorenzo Silva y Gonzalo Araluce) e Historia de un desafío (con Manuela Simón) superan el simple testimonio para convertirse en análisis sociológico de un fenómeno que marcó generaciones.

La adaptación de Historia de un desafío para Amazon Prime Video bajo el título El desafío: ETA evidencia el impacto cultural de estas obras, que han trascendido el ámbito editorial para influir en el debate público sobre memoria y reconciliación. Los cuatro años de trabajo que requirió esta obra, basada en centenares de testimonios de guardias civiles y víctimas de ETA, demuestran el rigor metodológico de Sánchez Corbí.

Juan José Mateos San José, víctima del atentado de Reus a los veinte días de servicio y posteriormente miembro del GAR, ha desarrollado una literatura testimonial de especial intensidad emocional. Sus obras Pikoletos e Inocentes dan voz a las víctimas silenciadas del terrorismo, cumpliendo una función que el propio autor define como «lucha contra el olvido». Su colaboración con el servicio vasco de criminología IVAC y su labor en conferencias universitarias amplían el impacto de su testimonio.

La nueva narrativa, del realismo experimental al premio Azorín

La tercera generación de autores guardias civiles, activa desde el cambio de siglo, ha experimentado una notable diversificación estilística y temática. José Ángel Astillero Fuentes, conocido como «Coque», coronel diplomado de Estado Mayor, alcanzó reconocimiento nacional al quedar finalista del Premio Azorín 2022 con Pazman, novela que aborda la lucha antiterrorista desde la perspectiva de la ficción histórica. Su capacidad para transformar la experiencia personal —siete años en el Servicio de Información en el País Vasco— en literatura de calidad demuestra la madurez artística alcanzada por esta corriente.

Manuel Montoya Vicente, general de brigada nacido en Carboneras en 1960, ha consolidado su carrera literaria con Del torno al pedestal (2025), novela histórica, casi una tesis doctoral sobre Eloy Gonzalo García, el héroe de Cascorro. Su trayectoria incluye diferentes destinos en el exterior, experiencia que enriquece su perspectiva narrativa. Entre sus obras anteriores destacan Una súplica en las olas (2021), que obtuvo el premio Baltasar Porcel de novela corta, e Hijos del destino (2022).

Nacho García ha explorado territorios más experimentales con su trilogía santanderina, que combina realismo sucio, terror y suspense en novelas como El círculo desnudo, El círculo sobrenatural y El círculo sobrenatural (Sangre Real). Su declaración de sentirse «más escritor que guardia civil» revela una nueva actitud hacia la literatura como vocación primordial, mientras que su influencia de Charles Bukowski aporta una estética urbana renovadora al corpus guardia civil.

La investigación policial como fuente literaria

Jesús Pastor representa la vertiente de autores que han transformado su experiencia en la Unidad Central Operativa (UCO) en material narrativo. Su convicción de que el criminal «siempre deja su tarjeta de visita» se refleja en novelas como Objetivo beato, inspirada en la investigación para recuperar un códice del beato de Liébana del siglo X. Su colaboración con Octavio Rani en Papa Luna, el rescate de un pontífice olvidado demuestra cómo las investigaciones desclasificadas del Grupo de Patrimonio Histórico pueden nutrir la ficción policial de calidad.

Entre la risa y la reflexión, humor y poesía contemporánea

La literatura humorística ha encontrado en Germán Vaquero, Francisco José Botana Ferreiro y José Manuel León Sánchez cultivadores especialmente dotados. Vaquero, sargento nacido en Carmona en 1980, descubrió desde su primer destino en Navia (Asturias) cómo las situaciones cotidianas del servicio se convertían en material narrativo. Sus obras Anécdotas Beneméritas (2010) y Con su permiso mi sargento han logrado éxito comercial significativo al desacralizar la imagen institucional mediante un humor inteligente.

Francisco José Botana Ferreiro, responsable de la oficina de prensa de la Guardia Civil en Barcelona, recopiló unas 300 anécdotas para su obra Anécdotas de la Guardia Civil (2009), seleccionando finalmente 89 en una criba que evitara «herir sensibilidades». Su trabajo presenta situaciones que van desde lo divertido hasta lo paranormal, humanizando la institución a través de más de ciento cincuenta años de servicios.

José Manuel León Sánchez, quien ingresó en la Guardia Civil en 1982 y prestó servicios en Logroño, País Vasco y Palamós (Gerona), ha desarrollado una saga de libros de anécdotas que incluye Historias beneméritas, representando su quinto volumen de esta colección que documenta la cotidianidad del servicio.

David Minayo representa la vertiente poética más joven, con obras como El amor en tiempos de los desguaces de coches y Soportar la noche, que revelan la influencia de la «poesía de la experiencia» de García Montero y Benjamín Prado. Nacido en Madrid en 1981 y destinado en Soto del Real, este agente reconoce que sus dos vocaciones están claramente separadas: la poesía le permite «sacar lo que tiene dentro», mientras que ser guardia civil sacia su «hambre de movimiento».

Francisco Molero, guardia civil cordobés, aporta una dimensión testimonial muy personal con el poemario Versos y pequeños cuentos de un corazón roto, obra que, según declara en el prólogo, busca transmitir sus vivencias y despertar «sentimientos ocultos, recuerdos perdidos» en el lector.

Historiografía local y especializada

Rafael Pimentel, guardia civil que presta servicio en Carcabuey, ha desarrollado una labor historiográfica especializada en la historia local con trabajos como La Guardia Civil de Priego de Córdoba (1848-1975), El Castellar de Priego (2012), La Guardia Civil de Carcabuey 1895-1975 (2013) y Por los Caminos de Priego de Córdoba (2017). Sus publicaciones en las revistas Guardia Civil y Considerando del Colegio de Abogados de Lucena demuestran el rigor de su aproximación documental.

Agustín Fraile, destinado en Mijas durante 26 años, ha publicado Historia de la Guardia Civil de Mijas y Fuengirola, coincidiendo con el 170 aniversario del puesto. Pedro Córdoba Quintana es autor de La Guardia Civil defensa de la ley y servicio a España, obra de más de 1.200 páginas que constituye una referencia sobre la historia de la institución.

Félix Hernández Díaz es un comandante de la Guardia Civil que ha destacado por su labor como historiador y divulgador de la historia del instituto armado en la provincia de Ávila. Su obra más reconocida es La Guardia Civil en Ávila (1844–2014), publicada en 2014 por la Institución Gran Duque de Alba. Este libro ofrece un exhaustivo recorrido histórico sobre la presencia y evolución de la Guardia Civil en la provincia, desde su fundación hasta la actualidad.

Autores multidisciplinares y científicos

Pedro Blanco Naveros (Huelva, 1946 – Almería, 2022) representa una figura excepcional por su versatilidad intelectual. Coronel especializado en Física cuántica y Astronomía, además de licenciado en Psicología Clínica, desarrolló una obra que abarca desde ensayos científicos como El centinela que nunca duerme: El Cerebro y De la Nada a los infinitos multiversos hasta ficción histórica como La condesa de la Alhambra y La Leyenda del Gitano Cantaor. Procedente de una familia de escritores —sobrino nieto de Carmen de Burgos, primera periodista profesional española—, recibió el premio periodístico del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid (1987).

Ángel García-Fraile, general de la Guardia Civil y doctor economista, ha desarrollado una importante labor ensayística especializada en terrorismo y conflictos internacionales. Su obra La amenaza terrorista. ¿Hacia la tercera guerra mundial? recorre la historia del fenómeno terrorista hacia el radicalismo islamista, demostrando cómo la experiencia profesional puede nutrir el análisis geopolítico contemporáneo.

El impacto cultural, más allá de la literatura corporativa

El fenómeno de los autores guardias civiles trasciende la mera curiosidad sociológica para insertarse en transformaciones culturales más amplias. Lorenzo Silva, creador de los personajes Bevilacqua y Chamorro, nombrado guardia civil honorario en 2010, ha contribuido decisivamente a normalizar la presencia de guardias civiles como protagonistas literarios. Su reconocimiento institucional evidencia una transformación en la percepción cultural de la Guardia Civil.

Esta normalización representa una superación definitiva de estereotipos heredados. Frente a la imagen siniestra del Romance de la Guardia Civil española de Federico García Lorca, los autores contemporáneos han logrado proyectar una visión humanizada y compleja de la institución, contribuyendo a su integración en el imaginario cultural democrático.

La diversidad de géneros cultivados —desde la historiografía académica hasta la novela experimental, pasando por la poesía lírica, el humor costumbrista, el ensayo científico y la investigación local— evidencia una vitalidad creativa que augura continuidad y renovación. La existencia de estructuras de apoyo como la Asociación Española de Militares Escritores, con 365 asociados y 8 asociados de honor, proporciona el marco institucional necesario para el desarrollo futuro de esta corriente.

Epílogo: la pluma como segundo servicio

La literatura producida por autores guardias civiles constituye uno de los fenómenos culturales más singulares de la España contemporánea. Desde la Cartilla fundacional del duque de Ahumada hasta las novelas experimentales de la generación actual, estos escritores han demostrado que la experiencia del servicio público, lejos de constreñir la creatividad, puede nutrirla de manera excepcional.

Su aportación trasciende lo meramente cuantitativo —aunque la nómina de más de treinta autores resulte sorprendente— para alcanzar relevancia cualitativa indiscutible. Han enriquecido géneros diversos, han contribuido a la memoria histórica nacional y han humanizado una institución tradicionalmente percibida con recelo por ciertos sectores intelectuales.

Los nombres que conforman este rico panorama —desde los pioneros Francisco Aguado Sánchez, Ángel Ruiz Ayúcar, Conrado del Valle y José Riquelme Sánchez, pasando por la consolidación académica de Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, Miguel López Corral, Eduardo Martínez Viqueira, Jesús Narciso Núñez Calvo y Antonio Morales Villanueva, hasta la diversificación contemporánea de José Ángel Astillero, Juan José Mateos San José, Manuel Sánchez Corbí, Manuel Montoya Vicente, David Minayo, Nacho García, Germán Vaquero, J.D. Pastor, Francisco Molero, Rafael Pimentel, José Manuel León Sánchez, José Luis Melguizo, Francisco José Botana Ferreiro, Octavio Rani, Pedro Blanco Naveros, Ángel García-Fraile, Agustín Fraile, Pedro Córdoba Quintana y José Luis Cervero— representan una constelación literaria que ha transformado definitivamente la percepción cultural de la Guardia Civil.

Esta tradición literaria, iniciada por el propio duque de Ahumada con su Cartilla y continuada por los primeros historiadores José Sidro Surga y Antonio de Quevedo Donis, demuestra una continuidad cultural que trasciende coyunturas políticas y generaciones. La literatura española aguarda nuevas voces que continúen esta noble tradición de servicio a la patria y a las letras, demostrando una vez más que el talento literario no conoce uniformes ni fronteras profesionales.

Quizá, con total seguridad, haya omitido involuntariamente algún nombre en este panorama necesariamente selectivo. Si así fuera, sirvan estas líneas de disculpa y, simultáneamente, de estímulo para quienes aún no han tomado la pluma. La literatura española aguarda nuevas voces que continúen esta noble tradición de servicio a la patria y a las letras, demostrando una vez más que el talento literario no conoce uniformes ni fronteras profesionales.

«Así, en el singular maridaje entre el tricornio y la pluma, entre el deber del orden y la libertad de la palabra, estos escritores uniformados han demostrado que las más hermosas paradojas de la literatura española nacen cuando quienes custodian la ley abrazan, con igual fervor, el imperio de las letras.»

Juan Manuel Llenderrozas es General de Brigada de la Guardia Civil (R)

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1 COMENTARIO

  1. Mi respetado general: Termino de leer ese singular repaso que hace del mundo de la escritura referida a la Guardia Civil. Como está cambiando la Benemérita en la que presté mis servicios durante tantos años a la actual, nunca en todos esos años que yo recuerde la materia literaria fue reflejada en la actividad del Puesto o Destacamento. Ahora ya con 83 años, me he dedicado a escribir las anotaciones que aparecieron en mi traslado definitivo y que he titulado «Yo preferí el verde», son vivencias de los años sesenta setenta del siglo pasado. Como se imaginará apenas llegan al ámbito próximo estas narraciones que son hechos sencillos de la vida cotidiana de un guardia civil y que pienso deben trasmitirse al pueblo del que procedemos y para que vean a traves de su lectura como vivían en sus cuarteles esos guardias y sus familias. Con mucho gusto le manifiesto el poder remitirle un ejemplar de dicha obra a la dirección que me indique. Atentamente queda a sus ordenes el sargento primero Fernando Sánchez López.

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