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Dulcinea del True Crime. Capítulo XIV
CAPÍTULO XIV
De cómo don Justo Severo encontró un caso que no era un caso y Modesto encontró una historia que no podía contar
Modesto Fama Cuesta llegó a Olmeda del Espino un viernes de abril con la cámara en la mochila y algo que don Justo no le había visto antes: cierta incomodidad en el modo de entrar, como si esta vez no estuviera del todo seguro de qué venía a hacer.
Se sentaron en el bar de la plaza, en la mesa del fondo, que a esas horas de la tarde estaba vacía. Modesto pidió un café. Don Justo ya tenía el suyo. El cuaderno verde estaba sobre la mesa, pero cerrado, que también era algo nuevo.
—Tengo un caso —dijo Modesto—. De Madrid. Una familia. Un hijo que desapareció hace dos años y cuyo caso fue archivado por falta de pruebas. He encontrado material en redes sociales que podría replantear la línea de investigación. Publicaciones del chico antes de desaparecer, contactos, geolocalización de algunas fotos.
Don Justo no abrió el cuaderno.
—¿Cómo se llama la familia? —preguntó.
—No importa el nombre.
—¿Cómo se llama la familia, Modesto?
Modesto dio el apellido.
—¿Saben que tienes ese material?
—Es material público. Las publicaciones estaban en perfiles abiertos.
—Eso no es lo que te he preguntado. ¿Saben que tienes ese material y que estás pensando en publicar un episodio sobre su hijo?
Modesto no contestó. Lo cual era una contestación.
—¿El caso sigue abierto?
—Archivado, como te he dicho.
—Archivado no es lo mismo que cerrado. La familia puede reabrirlo si aparecen nuevas pruebas. ¿Has pensado en qué pasa si publicas el episodio y la familia no quiere que ese material circule? ¿Has pensado en qué pasa si las conclusiones que tú extraes de las redes sociales del chico son incorrectas y circulan con ciento doce mil suscriptores detrás?
Modesto miraba el café.
—Es un caso con potencial —dijo, pero lo dijo sin la convicción habitual, con el tono de quien repite un argumento que ya no termina de creer.
—Modesto. —Don Justo habló despacio, sin levantar la voz—. ¿Has respondido a la hija del señor del episodio 34?
Silencio.
—Sí —dijo Modesto.
—¿Qué le has dicho?
—Que lo sentía. Que iba a revisar el episodio. Que… —Hizo una pausa—. Que no sabía que su padre leía los comentarios.
—¿Y qué te ha contestado ella?
—Que se lo agradecía. Que era la primera vez que alguien del canal le contestaba algo.
Don Justo asintió.
—La familia de Madrid —dijo—. Llámales antes de hacer nada. Cuéntales lo que tienes. Pregúntales si quieren que lo publiques. Y si dicen que no, no lo publiques.
—Si espero el consentimiento de cada familia para cada caso no tengo canal —dijo Modesto.
—Quizás el canal que tienes no es el canal que deberías tener —dijo don Justo.
Fue la frase más directa que don Justo le había dicho en todos los meses que llevaban conociéndose. Modesto la recibió sin contestar. Luego miró el café, que estaba frío.
—¿Qué haría usted? —preguntó finalmente y lo preguntó sin ironía, con la sencillez de quien realmente no lo sabe.
Don Justo pensó en la mujer de la biblioteca de Mota del Cuervo. En el pelo recogido con descuido. En los cuatro años sin poder hacer el duelo en paz.
—Llamaría a la familia —dijo—. Y escucharía lo que me dijeran.
Modesto se quedó un rato más en el bar. Luego recogió la mochila, pagó el café y se fue. La cámara no había salido de la mochila en todo el tiempo que habían estado sentados.
Don Justo se quedó solo en la mesa del fondo con su café y el cuaderno verde cerrado. Pensó que era la primera conversación con Modesto en la que él no había citado ninguna teoría criminológica. Ningún episodio de Inés. Ningún rotulador amarillo.
Solo había hablado de personas. Y había sido suficiente.
No son casos. Son personas.
CAPÍTULO XV
Del silencio del cuaderno verde y de lo que Remedios llevaba tiempo esperando
CONTINUARÁ …




