Dos personalidades aparentemente opuestas.
Dos formas muy distintas de entender y ejercer el liderazgo.
Pero surge una pregunta inevitable: ¿podrían ser, precisamente por ello, dos estilos complementarios?
Desde la perspectiva de la grafología aplicada a la evaluación de la competencia de liderazgo —tanto en selección de personal como en gestión y desarrollo de equipos—, la comparación entre las escrituras de Pedro Sánchez y Felipe VI constituye un ejemplo especialmente ilustrativo.
Ambos son figuras públicas cuya personalidad creemos conocer.
Durante los últimos años, los hemos visto afrontar situaciones de enorme complejidad política e institucional, tomar decisiones trascendentales y desempeñar sus respectivas responsabilidades en escenarios de enorme presión.
Esa exposición continuada ha ido configurando una determinada imagen de cada uno de ellos.
Ahora bien, ¿coincide esa percepción pública con lo que revela su escritura?
¿Confirma la grafología la imagen que la ciudadanía se ha formado de ambos líderes o, por el contrario, pone de manifiesto secretos de sus respectivas personalidades que no resultan aparentes a simple vista?
Responder a estas preguntas exige, no obstante, una importante matización.
La grafología es una disciplina compleja que no basa sus conclusiones en un único signo aislado, sino en la valoración conjunta de numerosos indicadores gráficos.
Es la combinación de todos ellos y un conocimiento muy profundo de la técnica lo que permite elaborar una interpretación global de los múltiples rasgos que configuran la personalidad humana, y de competencias tan relevantes como el liderazgo.
Por lo tanto, siempre me gusta aclarar que artículos divulgativos como éste tan sólo pueden entenderse como una aproximación a la personalidad, y nunca como un informe grafológico exhaustivo y concluyente.
Tras el matiz, a continuación, voy a tratar de desgranar los rasgos más significativos del carácter y forma de ser de Pedro Sánchez y Felipe VI, haciendo hincapié en sus diferencias individuales en cuanto al ejercicio del liderazgo.
La escritura de Pedro Sánchez: Un liderazgo de conquista
La escritura de Pedro Sánchez nos dibuja un perfil compatible con un liderazgo de estilo ejecutivo, estratégico y orientado a la consecución de objetivos.
Desde una perspectiva grafológica, predominan rasgos que reflejan una personalidad de voluntad fuerte, elevada determinación y una notable capacidad para el ejercicio del mando.
La abundancia de ángulos y de los denominados dientes de sierra pone de manifiesto un temperamento firme, inflexible y combativo, poco dado a las concesiones o a dar su brazo a torcer, cuando considera que una decisión responde a sus objetivos.
A esta fortaleza de carácter se suman un acusado espíritu de conquista, una gran ambición y una inteligencia de tipo estratégico, orientada a planificar con antelación y valorar distintos escenarios antes de tomar acción.
Entre los signos gráficos que apoyan esta interpretación destacan la abundancia de ligados altos, la presencia de puntas proyectadas hacia la derecha y las características barras de las t —dobles, apuntadas y fugadas—, tradicionalmente relacionadas con la voluntad imperativa, la intransigencia y el talante combativo.
Estas cualidades se entretejen con una destacada capacidad de persuasión y con una notable habilidad para adaptar su estrategia a las circunstancias del momento.
Su escritura sugiere una persona capaz de modular el discurso, improvisar cuando la situación lo requiere y encontrar alternativas que le permitan mantener su visión de la meta, pese a todo tropiezo u obstáculo que se interponga en su camino.
Aunque su escritura denota cierta sensibilidad, esta aparece fuertemente regulada por el control racional que permanentemente ejerce sobre sus propios sentimientos.
Predomina el análisis frío, el cálculo sobre la impulsividad, lo que favorece una forma de actuar reflexiva y ponderada.
La velocidad de su escritura, unida a otros rasgos gráficos como las ligaduras altas y originales, delata a una mente rápida, divergente, dominada por la lógica y la estrategia, que combina la paciencia con la capacidad de anticipación, esperando el momento más oportuno para intervenir.
Por otra parte, el tamaño grande de sus letras, una firma de mayores dimensiones que el texto y el predominio del cuerpo central sobrealzado son reveladores de su elevada autoestima, su intensa necesidad de protagonismo y una fuerte confianza -casi ciega- en las propias capacidades.
Estos rasgos, llevados al extremo, también podrían relacionarse con cierta tendencia al egocentrismo del líder cualificado para manejar el juego político a la medida de sus propios antojos.
Es Pedro Sánchez, en definitiva, un líder racional, distante, imperturbable y de estilo dictatorial.

La escritura de Felipe VI: prudencia y sentido del deber
La escritura del rey Felipe VI transmite moderación, sensibilidad y razonamiento reflexivo.
Retrata al hombre voluntarioso y disciplinado, pero prudente.
Sus letras presentan una inclinación oscilante, propia de personalidades con la sensibilidad a flor de piel.
El tamaño pequeño de sus letras, la combinación de ángulo y curva y las formas simplificadas reflejan a un carácter analítico, intuitivo, que trata a duras penas de controlar sus sentimientos y con una destacada capacidad para la empatía y para vibrar abiertamente con las emociones de los demás.
Estamos ante un líder moderado, tenaz y perseverante, pero cauto, con una gran fuerza de voluntad y un alto sentido del deber y del compromiso.
La sencillez de su grafismo denota también una excelente capacidad para relativizar los problemas, concentrarse en lo esencial de los asuntos, priorizar alternativas.
Es un líder emocional, cercano, de estilo conciliador y facilitador.
Y puede ser, quizás, esa emotividad, su talón de Aquiles, su punto más vulnerable.
El carisma que reflejan sus mayúsculas sobreelevadas se rebaja con el tamaño menudo de sus letras que lo llevan hacia la reserva, la introversión, la tendencia a la introspección, y lo alejan de todo afán de protagonismo.
En términos de liderazgo, este perfil se vincula a dirigentes que buscan estabilidad, cooperación, cercanía, y que priorizan el sentido del deber frente al ego personal.

Dos formas distintas de entender el liderazgo
Aunque ambos ocupan posiciones de enorme responsabilidad institucional, la grafología sugiere estilos de liderazgo muy diferentes.
Felipe VI proyecta un liderazgo basado en la estabilidad, la concordia, la responsabilidad, la prudencia y la continuidad institucional.
Por su parte, Pedro Sánchez refleja un liderazgo caracterizado por el ejercicio del mando, la intransigencia, la mentalidad estratégica, la habilidad persuasiva y seductora, el afán de protagonismo y la orientación a objetivos.
En términos de complementariedad, la escritura de Felipe VI revela una personalidad más sensible y receptiva, con una mayor capacidad para conectar emocionalmente con quienes le rodean y transmitir cercanía, serenidad y empatía.
Estas cualidades contribuyen a suavizar y equilibrar un estilo de liderazgo más firme, intransigente, distante y puramente directivo que refleja la escritura de Pedro Sánchez.
Por su parte, el grafismo del presidente del Gobierno evidencia una voluntad sólida, una gran perseverancia y una notable capacidad para mantenerse firme frente a la presión y la adversidad. Su liderazgo se asemeja al faro que permanece inalterable ante los envites de la tempestad: constante, resistente y focalizado en el objetivo.
Frente a él, la escritura del Rey refleja una mayor oscilación y lucha entre la razón y el corazón, propia de una personalidad más permeable al componente humano y emocional de las situaciones, lo que favorece un liderazgo de carácter integrador, facilitador y conciliador.
Sandra Cerro, grafóloga y perito calígrafo.




