La transparencia puede conseguir cambios reales en el comportamiento de las organizaciones policiales, pero sus efectos pueden ser temporales si no van acompañados de mecanismos permanentes de supervisión y rendición de cuentas. Esta es una de las principales conclusiones de una investigación difundida por la Yale School of Management (Yale SOM) que ha analizado la evolución de los controles de tráfico realizados por departamentos de policía estadounidenses después de su incorporación a una iniciativa federal de transparencia.
El estudio, coautoría de Minjae Kim, profesor asistente de Comportamiento Organizacional de Yale SOM, y Tae-Ung Choi, de la Universidad Yonsei de Corea del Sur, siguió durante 30 semanas la evolución de varios departamentos policiales que decidieron participar en la Police Data Initiative (PDI). Los investigadores concluyen que la publicación de datos produjo inicialmente una reducción significativa de los controles de tráfico en barrios con una mayor proporción de residentes negros, pero que esa modificación no se mantuvo.
La investigación plantea así una cuestión que trasciende el caso de la policía estadounidense: ¿qué ocurre cuando una organización modifica su comportamiento como consecuencia de una presión externa y esa presión pierde intensidad con el paso del tiempo?
La transparencia como herramienta de rendición de cuentas
La iniciativa analizada nació en un contexto marcado por la creciente preocupación en Estados Unidos por las actuaciones policiales y su impacto sobre las comunidades negras.
El caso de Michael Brown, un adolescente negro que murió abatido por un agente de policía en Ferguson, Missouri, el 9 de agosto de 2014, se convirtió en uno de los acontecimientos que impulsaron una ola de protestas y contribuyeron al crecimiento del movimiento Black Lives Matter.
En 2015, el Gobierno federal puso en marcha la Police Data Initiative, entre cuyos objetivos estaba aumentar la transparencia mediante la publicación de determinados datos internos relacionados con los controles de tráfico. La lógica era que proporcionar información al exterior permitiera conocer mejor las prácticas policiales y facilitara la rendición de cuentas.
Para Minjae Kim, la experiencia constituye además un caso especialmente interesante para estudiar cómo funcionan las iniciativas de rendición de cuentas en las organizaciones. Este tipo de mecanismos se utiliza en numerosos ámbitos, desde la reducción de las diferencias salariales entre hombres y mujeres hasta la disminución de emisiones contaminantes.
La pregunta que plantea la investigación es si los cambios provocados por esa presión externa permanecen una vez que disminuye la atención sobre el problema.
Para estudiar esta evolución, Kim y Choi combinaron dos fuentes de información. Por una parte utilizaron los registros recopilados por el Stanford Open Policing Project a través de solicitudes de información pública, que reúnen datos sobre cerca de 100 millones de controles de tráfico.
Posteriormente cruzaron esos registros con la relación de departamentos que participaron en la Police Data Initiative. El resultado fue una muestra de 36 departamentos locales, de los cuales seis se incorporaron a la iniciativa en mayo de 2015 y otros 30 fueron utilizados como grupo de control.
La decisión de participar en la iniciativa correspondió a alcaldes y jefes de policía, y no a los agentes que realizaban directamente los controles. Esto permitió a los investigadores comparar la evolución de las prácticas policiales entre departamentos que adoptaron la medida y otros que no lo hicieron.
El estudio no estableció de antemano qué debía considerarse un efecto de corto o largo plazo. Los investigadores analizaron primero las seis semanas anteriores a la puesta en marcha de la iniciativa y posteriormente ampliaron progresivamente el periodo de observación: seis, diez, catorce semanas y así sucesivamente hasta alcanzar las 30 semanas posteriores.
Una reducción inicial del 11,7%
Los primeros resultados fueron claros. Durante las seis semanas posteriores a la incorporación a la iniciativa, los departamentos participantes redujeron considerablemente el número de controles de tráfico.
En comparación con los departamentos utilizados como grupo de control, realizaron aproximadamente 2,81 controles menos por cada 10.000 habitantes y semana, lo que representaba una reducción aproximada del 11,7%.
Pero la disminución no se produjo de manera uniforme. Fue especialmente acusada en los barrios con una mayor proporción de población negra, precisamente el ámbito en el que la iniciativa pretendía aumentar la transparencia y favorecer una mayor rendición de cuentas.
El dato parecía indicar inicialmente que la presión pública y la obligación de hacer visibles las actuaciones policiales estaban consiguiendo modificar las prácticas de los departamentos. Sin embargo, la evolución posterior cambió completamente el diagnóstico.
La reversión del efecto
A medida que aumentaba el periodo transcurrido desde la incorporación a la iniciativa, la reducción de los controles comenzó a perder intensidad.
El efecto dejó de ser estadísticamente significativo y, posteriormente, se invirtió. Al llegar a las 30 semanas, los departamentos participantes en la Police Data Initiative realizaban aproximadamente 1,82 controles más por cada 10.000 habitantes y semana que los departamentos del grupo de control. En términos relativos, esto suponía un incremento aproximado del 7,8%.
La reversión se concentró además en los mismos barrios donde se había producido inicialmente la mayor reducción. Los distritos censales con mayor proporción de población negra experimentaron primero las caídas más pronunciadas y, posteriormente, los mayores incrementos.
El resultado convierte el estudio en algo más que una investigación sobre transparencia: es también un análisis sobre la capacidad de las organizaciones para absorber, resistir y eventualmente revertir las reformas.
Las organizaciones que más necesitaban cambiar fueron las que más retrocedieron
Los investigadores analizaron también el comportamiento previo de los departamentos antes de la introducción de la iniciativa. El retroceso se concentró fundamentalmente entre los departamentos que partían de situaciones más alejadas de los objetivos de la Police Data Initiative: aquellos que inicialmente realizaban más controles en barrios con mayor población negra.
Los departamentos que presentaban tasas más bajas de controles en esos barrios no experimentaron la misma reversión durante el periodo analizado.
El hallazgo resulta significativo porque sugiere que la transparencia no tuvo exactamente el mismo efecto en todas las organizaciones. Los departamentos sometidos a una mayor presión reformadora fueron también los que posteriormente mostraron una mayor capacidad de volver atrás.
¿Por qué se produjo el retroceso?
El estudio no permite determinar con certeza cuál fue la causa de la reversión. Los autores plantean, sin embargo, varias posibles explicaciones.
Una de ellas es que la presión inicial ejercida por activistas y por la opinión pública disminuyera con el tiempo, permitiendo que otros grupos de interés recuperaran influencia sobre las decisiones policiales.
También podrían haber intervenido la pérdida de atención pública y la propia inercia organizativa, es decir, la tendencia de las instituciones a regresar a sus rutinas anteriores cuando desaparece el estímulo que las llevó a modificarlas.
Pero los investigadores consideran que estos factores no explican completamente el fenómeno. Si únicamente hubiera desaparecido la presión reformadora, cabría esperar que los controles regresaran aproximadamente a los niveles anteriores. Sin embargo, terminaron situándose por encima de esos niveles.
Esta circunstancia lleva a los investigadores a considerar la posibilidad de que otros grupos con mayor capacidad de influencia política o mayores recursos para ejercer presión sobre los departamentos hubieran contribuido al cambio de rumbo.
Una de las principales conclusiones de la investigación es que la transparencia puede ser necesaria, pero no suficiente para mantener una reforma organizativa. Publicar datos permite observar qué está haciendo una institución y puede generar presión para modificar determinadas prácticas. Pero, si esa presión desaparece, la transparencia por sí sola puede no garantizar que el cambio se consolide.
El caso analizado por Yale plantea la necesidad de combinar la publicación de información con supervisión permanente, mecanismos de cumplimiento y consecuencias efectivas cuando una organización incumple los objetivos establecidos.
Esta conclusión tiene potencialmente aplicación más allá de la seguridad pública. Las organizaciones pueden aceptar determinadas medidas de transparencia, modificar temporalmente sus comportamientos y, una vez que disminuye la atención externa, recuperar prácticas anteriores.
El problema, por tanto, no es únicamente conseguir que una institución cambie, sino conseguir que el cambio sobreviva a la desaparición de la presión que lo originó.
La importancia de mantener la presión ciudadana
La investigación también concede un papel fundamental a quienes impulsan inicialmente las reformas. Si la presión ejercida por organizaciones sociales, activistas, medios de comunicación o ciudadanos disminuye rápidamente, las instituciones pueden recuperar un margen para volver a sus comportamientos anteriores.
En este sentido, la transparencia no debería entenderse únicamente como la publicación periódica de datos, sino como parte de un sistema más amplio de rendición de cuentas.
Los datos deben poder ser examinados, comparados y utilizados para determinar si una organización está cumpliendo los objetivos que justificaron la reforma. De lo contrario, la publicación de información puede convertirse en un ejercicio formal sin capacidad suficiente para modificar comportamientos a largo plazo.
Una advertencia para las políticas de seguridad
El estudio de Yale SOM adquiere especial relevancia en un momento en el que la transparencia y el acceso a los datos se han convertido en elementos centrales de las políticas de seguridad.
Cuerpos policiales y otras organizaciones de seguridad utilizan cada vez más sistemas de información, cámaras corporales, herramientas de análisis de datos, inteligencia artificial y sistemas predictivos. La publicación de información sobre su funcionamiento puede convertirse en un mecanismo esencial para comprobar cómo se toman las decisiones y qué efectos tienen sobre diferentes colectivos.
Pero la investigación de Kim y Choi introduce una advertencia: hacer visible una actuación no garantiza por sí mismo que esa actuación vaya a cambiar de forma permanente.
La experiencia de la Police Data Initiative muestra que la presión externa puede producir modificaciones rápidas, pero también que las organizaciones pueden desarrollar mecanismos de resistencia o regresar a comportamientos anteriores cuando cambia el contexto.
A pesar de sus conclusiones, Minjae Kim no interpreta los resultados como una razón para abandonar las iniciativas de transparencia. Su lectura es, en cierto modo, la contraria. El hecho de que la presión externa consiguiera modificar inicialmente el comportamiento policial demuestra que las organizaciones no son estructuras completamente impermeables a las demandas de la sociedad.
La lección sería que las reformas necesitan tiempo, continuidad y mecanismos que permitan consolidar los cambios conseguidos.
La investigación muestra, además, que la frontera entre una organización y su entorno puede ser más permeable de lo que habitualmente se piensa. Una presión suficientemente intensa puede alterar las prácticas internas, aunque mantener esas modificaciones requiera una estrategia mucho más prolongada.
El caso estudiado por Yale ofrece finalmente una conclusión que puede trasladarse a numerosos ámbitos de la gestión pública: una reforma no puede medirse únicamente por su efecto inmediato.
La reducción inicial de los controles policiales en barrios con mayor población negra habría podido interpretarse como un éxito si el análisis hubiera terminado después de seis semanas. Sin embargo, al ampliar la observación hasta las 30 semanas apareció una realidad muy diferente: el efecto desapareció y acabó convirtiéndose en un incremento de los controles.
La diferencia entre ambos resultados ilustra la importancia de evaluar las políticas públicas a medio y largo plazo. Una medida puede funcionar inicialmente porque existe una fuerte presión política, social o mediática y dejar de hacerlo cuando esa presión disminuye.
Para Yale, la experiencia de la Police Data Initiative no demuestra que la transparencia sea inútil. Demuestra algo más incómodo: la transparencia puede abrir la puerta al cambio, pero no garantiza que el cambio permanezca.
La consolidación exige vigilancia, rendición de cuentas, capacidad de enforcement y una sociedad dispuesta a mantener la atención sobre el problema. En materia de seguridad, donde las decisiones institucionales afectan directamente a derechos y libertades, la diferencia entre una reforma temporal y una transformación duradera puede depender precisamente de esa capacidad para mantener la presión después de que desaparezcan los titulares.



