ANÁLISIS. Turquía emerge como posible socio industrial de Europa ante sus carencias en drones, munición y defensa antiaérea

Debe leer

La industria de defensa de Turquía puede desempeñar un papel creciente como socio industrial de Europa ante el aumento de las necesidades de rearme y las carencias de capacidad productiva que todavía afectan a determinados sectores de la industria europea. Así lo señala el informe Türkiye | Defense Industry Potential, publicado este mes, que identifica especialmente los drones y sistemas aéreos no tripulados, la munición y la reposición de arsenales como los ámbitos con mayor potencial de cooperación a corto plazo.

El análisis parte de una transformación del mercado mundial de defensa que, según sus autores, presenta un carácter cada vez más estructural. El aumento de las tensiones geopolíticas, el crecimiento del gasto militar y la incorporación de nuevas tecnologías están llevando a los Estados a reconstruir capacidades industriales y militares. El informe apunta que esta evolución está vinculada tanto a la preparación frente a conflictos actuales y futuros como a la transformación de las formas de hacer la guerra mediante sistemas no tripulados, inteligencia artificial y nuevas capacidades de misiles.

En este contexto, el gasto militar de Turquía aumentó un 7,2% en 2025, hasta alcanzar los 30.000 millones de dólares, lo que situó al país como el decimoctavo mayor gastador militar del mundo ese año, según los datos recogidos en el estudio. El documento interpreta este incremento como parte de una tendencia más amplia de crecimiento sostenido de la demanda mundial de defensa.

Europa aumenta el gasto, pero mantiene carencias industriales

Uno de los puntos centrales del informe es que el problema europeo no se limita a disponer de mayores presupuestos. El desafío consiste también en convertir ese aumento del gasto en capacidades militares disponibles, producción suficiente y capacidad de reposición de arsenales.

El estudio señala que la industria europea mantiene una base tecnológica e industrial considerable, pero identifica déficits especialmente importantes en defensa aérea y antimisiles integrada, sistemas contra drones, UAV y municiones merodeadoras, fuegos de largo alcance y existencias de munición. En cambio, considera que Europa presenta una posición industrial más sólida en aeronaves de combate, plataformas navales y determinados sistemas terrestres.

La dimensión del esfuerzo europeo queda reflejada en las cifras incluidas en el documento. El gasto en defensa de la Unión Europea alcanzó 418.000 millones de euros en 2025, equivalentes al 2,2% del PIB, mientras que la inversión en defensa llegó a 134.000 millones y el gasto en I+D se situó alrededor de los 17.000 millones. El informe apunta además que el gasto europeo podría alcanzar los 454.000 millones de euros en 2026.

Sin embargo, el incremento presupuestario no elimina automáticamente los problemas de producción. El estudio sostiene que Europa necesita aumentar la capacidad de fabricación y acelerar los ciclos de producción para poder reponer equipos y municiones en un escenario de conflicto de alta intensidad.

La situación es especialmente visible en el ámbito de la defensa aérea. El informe considera que Europa mantiene una flota importante de aeronaves y plataformas navales, pero identifica debilidades en la defensa antiaérea y antimisiles integrada, en los sistemas contra UAV y en la producción de interceptores de coste asumible capaces de responder a ataques masivos de drones y misiles.

Turquía gana peso como potencia exportadora

Frente a estas necesidades, Turquía ha desarrollado durante los últimos años una industria de defensa cada vez más orientada a la exportación. El informe señala que las exportaciones del sector pasaron de 2.300 millones de dólares en 2020 a 10.100 millones en 2025.

El documento sitúa además a Turquía como el undécimo mayor proveedor mundial de grandes sistemas de armas, con una cuota del 1,6% de las transferencias mundiales. El sector emplea a más de 100.000 trabajadores, registra una facturación superior a 20.000 millones de dólares y cuenta con una cartera de proyectos superior a 100.000 millones.

La industria turca también ha ampliado considerablemente su presencia internacional. El informe señala que sus empresas disponen de redes de exportación en más de 185 países y alrededor de 230 productos, entre los que figuran UAV, vehículos blindados, misiles, buques, radares y sistemas de guerra electrónica.

Esta evolución ha estado acompañada de un aumento de la capacidad de producción. El estudio cita, entre otros ejemplos, una capacidad anual anunciada de hasta 120.000 drones para Skydagger, una instalación de BMC diseñada para fabricar hasta 96 carros de combate Altay al año y los objetivos de TAI para producir alrededor de 1.500 plataformas aéreas militares hasta 2034. También destaca la construcción simultánea de siete fragatas de la clase I y la producción de submarinos de la clase Reis.

Los drones, principal punto de encuentro

El análisis identifica los UAV y drones de ataque como el área con mayor potencial de complementariedad entre Turquía y Europa.

Europa presenta, según el estudio, una importante brecha industrial en este segmento, mientras que Turquía dispone de capacidad productiva, experiencia operativa y una amplia cartera de sistemas. El informe cita a Baykar, con una producción estimada de entre 200 y 250 Bayraktar TB2 anuales, además de plataformas como TB3, AKINCI y KIZILELMA. TAI aporta asimismo sistemas como ANKA y AKSUNGUR.

La ventaja turca, según el documento, no se limita a la fabricación de plataformas. El ecosistema integra capacidades de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, municiones de precisión, guerra electrónica y sistemas no tripulados.

El informe menciona además la creación de una empresa conjunta entre Baykar y Leonardo en Italia, como ejemplo de una evolución desde el modelo basado exclusivamente en exportaciones hacia fórmulas de cooperación industrial dentro de Europa.

La munición aparece como segunda gran oportunidad

El segundo gran ámbito identificado por el estudio es el de la munición y la reposición de arsenales. Europa necesita incrementar sus existencias y, sobre todo, desarrollar capacidad industrial suficiente para mantenerlas durante escenarios prolongados de alta intensidad.

Turquía dispone de una base productiva relativamente amplia en munición, explosivos y sistemas relacionados, por lo que el informe considera que sus fabricantes podrían aportar capacidad adicional a Europa tanto para recuperar existencias como para aumentar la producción disponible.

La oportunidad se extiende también a los sistemas counter-UAS y a las municiones merodeadoras. El estudio identifica como ejemplos turcos los sistemas KARGU y ALPAGU de STM, la familia KEMANKES de Baykar y soluciones contra drones como GÖKBERK, İHTAR y ŞAHİN, de ASELSAN, o ALKA, de Roketsan.

Defensa aérea y misiles: cooperación más selectiva

El informe considera que la defensa aérea y antimisiles ofrece posibilidades de cooperación, aunque de manera más selectiva. Turquía ha desarrollado una arquitectura propia que incluye sistemas de corto alcance KORKUT, la familia HİSAR y el sistema de mayor alcance SİPER.

Según el estudio, estas capacidades podrían complementar determinadas capas de la arquitectura europea, especialmente en un momento en que los países europeos buscan incrementar sus inventarios y su capacidad de reposición. Sin embargo, el documento considera que Turquía todavía presenta una capacidad moderada en defensa aérea y antimisiles integrada, por lo que no plantea sus sistemas como sustitutos de las capacidades europeas de mayor nivel.

Los sistemas de fuegos de largo alcance representan una posibilidad más orientada al medio plazo. El informe cita la evolución de la cartera turca de misiles, con sistemas como SOM, KARA ATMACA, ÇAKIR y TAYFUN, pero considera que las exigencias tecnológicas, estratégicas y de integración hacen que esta área tenga actualmente un potencial inferior al de los drones y la munición.

El obstáculo: las reglas europeas de contratación

El informe introduce una importante cautela: disponer de capacidades complementarias no significa automáticamente tener acceso al mercado europeo.

Las reglas de contratación de la UE, y particularmente el mecanismo SAFE, establecen requisitos de contenido local y de control sobre el diseño de determinados sistemas. El documento señala que, para determinados productos, los componentes procedentes de terceros países están limitados y que determinados sistemas, entre ellos defensa aérea y antimisiles, IA y guerra electrónica, drones y sistemas antidron, requieren que la UE mantenga derechos de diseño que permitan modificar y actualizar las capacidades de forma independiente.

Por este motivo, el informe considera que la fórmula más viable para una mayor integración entre Turquía y Europa no sería necesariamente la exportación directa. La producción conjunta, el ensamblaje local, las empresas mixtas, la integración en cadenas de suministro europeas y los acuerdos de transferencia tecnológica aparecen como mecanismos potencialmente más adecuados.

El propio análisis advierte de que Turquía todavía mantiene dependencias tecnológicas en motores, sistemas de propulsión y otros componentes avanzados. Aunque el grado de localización de su industria de defensa habría alcanzado el 81,3% en 2025, el documento identifica estos ámbitos como algunos de los principales cuellos de botella.

La estrategia turca no se limita al mercado europeo. El informe analiza también la expansión de la industria de defensa del país en África, Asia y Oriente Medio, con modelos de cooperación cada vez más centrados en la producción local, las empresas conjuntas y la transferencia tecnológica.

En Asia, el estudio menciona acuerdos de cooperación y producción con Indonesia y Malasia, mientras que en Oriente Medio destaca las relaciones industriales con Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos. En estos mercados, el modelo de negocio turco está evolucionando desde la venta de productos hacia fórmulas de localización industrial y desarrollo conjunto.

En el Golfo, el informe considera que la capacidad de inversión y las exigencias de localización pueden generar oportunidades para empresas conjuntas y acuerdos tecnológicos de mayor duración.

El estudio advierte de que el crecimiento de la industria turca no dependerá únicamente de aumentar la fabricación de plataformas existentes. La siguiente fase estará condicionada por la capacidad para avanzar en inteligencia artificial, sistemas autónomos, ciberseguridad, espacio, sensores, software y comunicaciones seguras.

La IA y los sistemas autónomos están modificando la forma de operar de las fuerzas armadas, al integrar sensores, procesamiento de datos, sistemas de decisión y plataformas no tripuladas. Para mantener su competitividad, Turquía tendrá que avanzar, según el informe, en autonomía, software, procesamiento de datos, sensores y comunicaciones seguras.

El documento identifica también el espacio y la ciberseguridad como elementos estratégicos para conectar sensores, plataformas y sistemas de mando y control. Al mismo tiempo, considera que el acceso a materias primas críticas puede convertirse en otro factor determinante para la industria de defensa.

El futuro pasa por alianzas industriales

El informe concluye que Turquía se encuentra ante una oportunidad para profundizar su integración en las cadenas de valor internacionales de defensa, pero que esa evolución dependerá de su capacidad para resolver sus dependencias tecnológicas y adaptarse a las nuevas exigencias de la industria.

Para Europa, la industria turca puede aportar escala, capacidad productiva y experiencia en determinadas tecnologías, especialmente drones, munición, sistemas contra UAV y determinados sistemas de defensa. Para Turquía, una mayor integración europea permitiría reforzar su posición en las cadenas de suministro y aumentar su credibilidad como proveedor internacional.

El documento plantea que el modelo de cooperación con mayores posibilidades de desarrollo sería aquel basado en coproducción, interoperabilidad, estándares OTAN, participación industrial local y acuerdos de transferencia tecnológica, en lugar de limitarse a la venta directa de equipos.

El informe identifica, en definitiva, una oportunidad industrial y tecnológica condicionada por factores regulatorios y estratégicos. La cuestión que plantea no es únicamente qué capacidades puede aportar Turquía a Europa, sino bajo qué mecanismos industriales y de contratación puede incorporarse esa capacidad al ecosistema europeo de defensa.

 

spot_img

Publicidad

spot_img

Última Hora