Debatiendo con los alumnos, un día, en clase de Grafología Criminal, uno de ellos cuestionaba que la escritura de Rosa Peral, implicada en el famoso y reciente crimen de la guardia urbana, no parecía de una asesina.
Claro, aquí se plantea una cuestión interesante.
¿Se pueden determinar por la escritura rasgos que definen a un asesino?
La respuesta es que no.
En primer lugar, una de las razones es que existen distintos tipos de asesinos.
Hay distintos modelos de personalidad que pueden predisponer a la violencia, al desorden mental, al desequilibrio emocional o a la falta de control de impulsos que pueden llevar a cometer un crimen.
En segundo lugar, aunque parezca increíble, cualquiera de nosotros podría ser un asesino.
En la intención o en el hecho de cometer un crimen, no sólo influyen valores fisiológicos o propensión psicológica, sino también aspectos coyunturales o de contexto.
Al menos, desde el punto de vista de la grafología, a estos últimos criminales no los podemos detectar.
Estas serían las típicas personas que cometen un crimen pasional o que actúan en defensa propia o para proteger a un ser querido.
No son personas que quieran o que sientan la necesidad de agredir o de matar, sino que lo hacen dejándose llevar por una determinada coyuntura.
El grafólogo solamente puede determinar aquellos aspectos de origen pulsional, fisiológicos o psicológicos, que puedan llevar a una persona a cometer un crimen.
Pero esto también tiene sus matices, ya que no toda persona con este tipo de patrones, que ya trae de serie en su personalidad, comete crímenes.
Un ejemplo claro de esto es el perfil psicópata.
¿El psicópata es siempre un asesino?
La mente del psicópata no siempre se corresponde con el trastorno de la personalidad antisocial establecido en el DSM.
Es decir, no todos los psicópatas padecen un trastorno.
Y no todos los psicópatas van por ahí matando a gente.
La prevalencia de la psicopatía, en la población mundial, se sitúa en torno al 2%, siendo un tanto mayor en hombres que en mujeres.
Curiosamente, en muchos puestos de gerencia o alta dirección, ocupando posiciones de liderazgo de equipos, hay muchos psicópatas que están bien integrados en la sociedad.
La característica más destacada de la personalidad psicopática es una alteración en su sistema nervioso que le incapacita para sentir emociones de forma normalizada.
Esto arrastra otra serie aspectos de personalidad, como pueden ser la falta de empatía, la ausencia de remordimientos, frialdad emocional, mentalidad analítica y calculadora, exceso de reflexión y de cautela, tendencia a la planificación, con poco margen para la improvisación.
Los psicópatas integrados suelen ser personas de aspecto frío, distante, que no se inmutan por nada y que tampoco se implican en los sentimientos ajenos.
Van un poco a lo suyo, por lo que suelen ser también bastante independientes, desapegados, egocéntricos o prepotentes.
En su escritura, es muy fácil detectarlos, con carácter general, ya que suelen tener una grafía muy rígida y regular, con ausencia de vibración y de movimiento, con un ritmo muy controlado, normalmente desligada y con signos de orgullo o prepotencia, como pueden ser los sobrealzados o las mayúsculas altas.
A primera vista, parecen escrituras robóticas, mecánicas, ajenas a la natural vibración que produce la mano humana cuando escribe.
Un ejemplo podemos verlo en el protagonista de un caso relativamente reciente.
Es la escritura de José Enrique Abuín, “El chicle”, asesino de Diana Quer:

Cuando la violencia se lleva en la sangre
Otro tipo de criminal es aquel que presenta conflictos a la hora de controlar sus impulsos o una personalidad sociópata, fruto de una educación, cultura o entorno desestructurados y con total ausencia de valores.
En estos casos, encontramos escrituras muy diferentes a las de los psicópatas.
Son grafías naturalmente violentas, que incluso dibujan la violencia en sus gestos.
Son grafías que, por sí, visualmente, hacen daño.
Suelen ser escrituras con muchas puntas afiladas, predominio de ángulos, invasiones entre renglones, gestos disparados o fuera de control, conjuntos gráficos desordenados y desorganizados, con desproporciones e irregularidades.
Son, en definitiva, escrituras caóticas cuyas letras se invaden y agreden entre sí.
Un ejemplo muy claro puede verse en la escritura de Charles Manson.

Dentro de este grupo de criminales, los hay de muy diferentes tipos y con infinitos matices en sus complejas personalidades.
La perfilación criminal con grafología ayuda en mucho, como soporte al trabajo de los criminólogos y psicólogos forenses, a determinar cada tendencia, cada pulsión, el porqué de cada forma de ser y de comportarse.
Son personalidades muy singulares, muchas con un largo historial de traumas y trastornos mentales a las espaldas que resulta apasionante indagar.
Volvemos con Rosa Peral
Cerramos este artículo con la protagonista que lo inició, Rosa Peral.
Realmente mi alumno tenía razón.
La escritura de Rosa no tiene signos de psicopatía y tampoco de una mente sociópata o con algún tipo de desajuste conductual o cognitivo.
Sí se aprecia una grafía muy infantil, que parece ejecutada con esfuerzo y con velocidad lenta.
Se focaliza, sobre todo, en la forma y carece de armonía y de movimiento.
Se corresponde a una personalidad inmadura, excesivamente empachosa, en el sentido de complaciente.
Se esfuerza por agradar, por parecer perfecta, pero resulta todo lo contrario, impostada, antinatural.
Parece tener una pose forzada, poco espontánea, que intenta simular una falsa ingenuidad, pero que está encubriendo a una gran manipuladora.

Los grafólogos somos profesionales técnicos y evaluamos la psicología en base a los gestos de escritura
Pero, por supuesto, no podemos determinar la culpabilidad, o señalar a un asesino sólo porque tenga ciertos rasgos que apunten a un posible instinto criminal.
Normalmente trabajamos en equipo y en conjunto con psicólogos forenses, y nos encargamos de la prueba grafológica, mientras que otros especialistas evalúan con otro tipo de técnicas.
Todas se complementan entre sí.
Todas suman.
La mayor parte de las veces, resultados que se quedan cojos o escasos con algunas pruebas, son completados por otras.
Y, cuando varias pruebas coinciden en sus conclusiones, se afianza la verosimilitud y eficacia de la evaluación psicológica.
La grafología criminal es una de estas pruebas de evaluación que se adentra en los rincones más escondidos e inconscientes de la personalidad humana.
Los misterios de los ángeles y de los demonios que todos llevamos dentro no se pueden escapar del ojo clínico del grafólogo.
Sandra Cerro, grafóloga y perito calígrafo.




