El estilo de razonamiento estratégico es una de las competencias que más se solicitan, en los procesos de selección de personal, cuando se trata de cubrir posiciones de alto liderazgo.
Personalmente, como grafóloga, me apasiona cuando las empresas solicitan este rasgo psicológico ya que las escrituras que lo delatan no sólo son muy originales y ricas en matices, sino también muy difíciles de encontrar.
Sí que es habitual hallar y examinar muestras de este estilo cuando la selección se dirige a perfiles muy potentes, para los que se solicitan unos estándares curriculares muy exigentes.
Estos suelen ser puestos de gerencia o alta dirección, mandos militares superiores o personal de cuerpos diplomáticos o de servicios secretos.
Pero, empecemos por definir qué es la inteligencia estratégica.
Nadie es inteligente en sí. Existen distintos tipos y niveles de inteligencia.
Tras las publicaciones de Howard Gardner, se abandonó el paradigma tradicional de considerar un único concepto de inteligencia y se abogó por la existencia de inteligencias múltiples.
Todos podemos ser inteligentes, pero no lo somos de la misma forma.
Además de los distintos tipos de inteligencia, el estilo de intelecto o de razonamiento también se puede clasificar por niveles.
En los niveles inferiores estarían los estilos de pensar más convencionales o convergentes, asociados con un nivel educativo bajo, con arraigo en la costumbre y con poca propensión al cambio.
En los niveles superiores estarían los razonamientos divergentes, más innovadores y creativos.
Son formas de razonar que requieren de cualidades intelectuales innatas, pero también de cierto grado de educación y cultura.
Y entre ellos se encuentra el estilo que nos ocupa en este artículo: el razonamiento estratégico.
El razonamiento estratégico como inteligencia superior
La forma estratégica de razonar requiere una visión objetiva y realista del presente, pero hilada, de forma inmediata, con los acontecimientos pasados y con la capacidad de anticipar el futuro.
Es, en definitiva, un presente con vocación de futuro, proyectado a metas.
Se trata de un razonamiento lógico, divergente, flexible y muy dinámico.
Las personas con razonamiento estratégico mantienen la mente alerta y abierta, son proclives al cambio y se adaptan con facilidad a todo tipo de situaciones, aunque sean desfavorables.
Tienen habilidades y recursos personales para mostrarse seguros de sí mismos y autoconfiados ante cualquier adversidad.
Además, son capaces de proporcionar respuestas creativas y rápidas ante eventos inesperados.
Son capeadores profesionales de temporales.
Esta cualidad requiere también de agilidad para la improvisación, para saber poner parches, pero sin descuidar cierta estructura mental de reflexión y planificación.
La mentalidad estratégica avanza con la mirada puesta en proyectos y metas a largo plazo, con foco en el horizonte futuro, pero sin perder de vista las experiencias y los errores del pasado, los cuales asume e integra como valiosos aprendizajes.
Por eso el razonamiento estratégico cuenta con altas dosis de resiliencia.
Al mismo tiempo, el razonamiento estratégico requiere de sensatez, cordura y equilibrio emocional, así como capacidades de análisis y de aguda observación.
Es un razonamiento que economiza los recursos cognitivos, que simplifica los problemas, que relativiza las situaciones, sabiendo separar lo esencial de lo banal, el trigo de la paja.
Se trata también de un razonamiento social, dotado de cualidades singulares para la comunicación, la persuasión y cierto estilo seductor.
La mayor parte de los líderes orientadores, aquellos que guían a otros en pos de una ilusión que ellos mismos ya están visualizando, tienen una personalidad de este tipo y gozan de inteligencia estratégica.
Se trata, por lo tanto, de un estilo de razonamiento muy vinculado al liderazgo.
¿Cómo escriben las personas con razonamiento estratégico?
Lo que más destaca, a primera vista, en las escrituras que delatan razonamiento estratégico y un nivel alto de inteligencia es la presencia de formas originales, pero dentro de la sencillez y la simplificación.
Se trata de escrituras muy reconocibles por sus particularidades gráficas y, lo que es más curioso, difícilmente falsificables por mano ajena.
Esta originalidad se aprecia, sobre todo, en la presencia de ligaduras extraordinarias, muy genuinas y singulares, en particular, en la zona alta de las letras.
Son escrituras fluidas, abiertas (predominio de “m” y “n” en forma de “u” o guirnaldas) y con cohesión interletras ligada o agrupada.
La inclinación de las letras presenta tendencia dextrógira, aunque también puede ser vertical cuando prevalece el equilibrio y la ponderación frente a una capacidad de iniciativa más irreflexiva.
Pueden aparecer también gestos progresivos, de avance, que economicen el ejercicio del gesto gráfico, así como signos de puntuación adelantados.
El tamaño de las letras es normal o pequeño, con ligera tendencia decreciente (palabras que se afinan de principio a fin) y palabras extendidas sobre la línea base.
Nada de ángulos.
Predominan las formas mixtas o curvas, con simplificaciones del grafismo provocadas, generalmente, por la agilidad y fluidez en la ejecución del trazo.
Predomina, en estas escrituras, el movimiento y la vibración sobre el mero dibujo de las formas. Se ven como escrituras vivas, bullentes, dinámicas, pero que no pierden, en ningún caso, el control en el rimo escritural.
Un ejemplo gráfico de escritura con signos de razonamiento estratégico
Entre otras muchas otras cualidades positivas de personalidad, el autor del texto que se muestra a continuación presenta altas dosis de razonamiento estratégico.

Se pueden observar los signos gráficos que se han comentado en el apartado anterior.
Destacan en esta escritura las uniones altas en las barras de las “tes” y los puntos de las “ies”, signo de ese razonamiento lógico que hilvana el presente con el futuro con agilidad y espontaneidad.
Se observan también simplificaciones en el grafismo, que denotan capacidad para pasar por encima de lo innecesario o banal, y centrar las energías en lo esencial y en lo verdaderamente importante de las cosas y las situaciones.
El autor del escrito presenta una personalidad muy trabajada, muy madura e inteligente, con tintes creativos dentro de un conjunto sencillo, pero muy reconocible por su estilo personal.
Se observa un grafismo abierto, con palabras extendidas, ligaduras entre letras, así como emes y enes en forma de guirnalda, que nos confirma esa faceta más social de la estrategia y también la apertura mental.
Y, por último, se evidencia de forma patente la agilidad del escrito, que retrata a una mente de ideas vivas, con facilidad para improvisar sobre la marcha, con fluidez intelectual y también lingüística, y capacidad para generar respuestas prontas y eficaces ante eventos sorpresivos.
La combinación del razonamiento estratégico con otras competencias valiosas
El análisis grafológico de una escritura es tan complejo como fascinante por la cantidad de matices que puede sonsacar sobre infinitos rasgos de personalidad.
La inteligencia estratégica es, ya de por sí, una competencia valiosísima en perfiles de alto nivel como los que se citaron al inicio de este artículo.
Pero, cuando se combina con otras de las que se suelen solicitar en posiciones de alto liderazgo, resulta un coctel explosivo.
Otras competencias que completan el perfil de un líder con habilidades estratégicas pueden ser, por ejemplo, la resiliencia, por supuesto la creatividad, la persuasión, la capacidad de resistencia al estrés, la inteligencia emocional y todas aquellas cualidades relacionadas con la flexibilidad y la capacidad de adaptación, entre otras.
En cualquier caso, estos requerimientos de unos rasgos u otros siempre dependen del qué y para qué se soliciten, ya que hay muchas variables que influyen en los procesos de reclutamiento y selección.
Sandra Cerro, grafóloga y perito calígrafo.




