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sábado, agosto 1, 2026

La tasa de homicidios en España sigue siendo muy baja, pero aumentan mucho sus tentativas

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Pese a que el castigo legal por matar a alguien en España es desproporcionadamente bajo con relación al mal causado (el homicidio doloso se castiga con penas de 10 a 15 años de prisión; el asesinato, homicidio agravado, con 15 a 25 años de prisión), nuestro país sigue teniendo una de las tasas de homicidio intencional más bajas del mundo: según las fuentes, entre 0,6 y 0,7 por 100.000 habitantes, según se recoge en el informe ‘Demografía de la delincuencia en España’ de CEU-CEFAS.

La «Estadística de defunciones por causa de muerte» del INE, y el Portal estadístico de la criminalidad del Ministerio del Interior, arrojan números distintos de homicidios, si bien con el mismo orden de magnitud. En los últimos años, el número total de homicidios consumados ha fluctuado en torno a 300, pero están aumentando de forma alarmante las tentativas de homicidio, que se quedan en tales quizá por la rápida actuación policial y la buena práctica médica, bien al abortar el intento de matar, bien por impedir el fallecimiento de personas malheridas.

Los hombres cometen más del 90% de los homicidios y la propensión al homicidio es mucho mayor entre los extranjeros. En 2023 fueron condenadas en España 524 personas por homicidio intencional o asesinato, consumado o en grado de tentativa. De ellas, 488 eran varones (93,1%), y el 96,6% tenían entre 18 y 70 años, siendo la propensión a matar de los extranjeros residentes en nuestro país mucho mayor que la de los españoles.

Si los inmigrantes hispanos (y otros de países con muchos homicidios) replicaran las tasas de criminalidad de sus respectivos países, habría muchos más homicidios. La mitad de la inmigración que hay en España, y más del 70% de la que está llegando en los últimos años, es hispanoamericana, procedente de países con tasas de homicidio intencional muy superiores a las de España.

Y aunque su tasa de homicidios aquí por 100.000 personas es varias veces superior a la de los españoles (y lo mismo sucede con delitos como las violaciones o los robos), también es muchísimo menor que la promedio en sus países de origen. ¿Por qué? Cabría apuntar cinco grandes razones. En primer lugar, el mayor nivel de renta de que disfrutan en España (si bien esto no tendría por qué tener incidencia en delitos sin móvil económico, como los asesinatos por viogen o las violaciones).

Luego está que la inmigración, en general, tiene un nivel económico y educativo algo mayor que el promedio existente en sus respectivos países (en el caso de la inmigración venezolana, su nivel educativo es incluso superior a la media española, según un estudio de FUNCAS, con datos de la EPA).

De igual modo, la inmigración iberoamericana es mayoritariamente femenina (a diferencia de la africana, que es mayoritariamente masculina). Por otro lado, el miedo al castigo en caso de delito muy grave. Es razonable suponer, señalan los investigadores, que la propensión al delito aumenta cuando una persona vive en un entorno donde el crimen es frecuente, y disminuye cuando ocurre lo contrario.

Además, los homicidios tienden a generar otros nuevos, como consecuencia de venganzas o represalias. Por tanto, una menor cantidad de asesinatos «primarios» también implica, de forma indirecta, una reducción de los asesinatos «secundarios» o inducidos por venganza.

 

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