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martes, julio 28, 2026

Lorenzo Ramírez: «Ormuz amenaza con desatar la mayor crisis económica de lo últimos tiempos, incluso superior a la del 2008»

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

El libro ‘El diablo está entre nosotros’ es un ensayo de análisis político y geopolítico escrito por el periodista español Lorenzo Ramírez, publicado en 2025 por la editorial La Esfera de los Libros. La obra se adentra en los grandes conflictos y transformaciones del mundo contemporáneo, proponiendo una reflexión crítica sobre el funcionamiento del poder global y el papel que desempeñan instituciones políticas, económicas y mediáticas en la configuración del orden internacional.

A lo largo de más de cuatrocientas páginas, el autor intenta explicar cómo diversas crisis recientes —desde la pandemia hasta las tensiones geopolíticas— se insertan en un contexto más amplio de cambio en el equilibrio mundial.

En este ensayo, Ramírez plantea que el mundo atraviesa un momento histórico en el que se cuestiona el sistema político y económico establecido tras la Segunda Guerra Mundial. Según el enfoque del autor, detrás de muchos de los acontecimientos actuales operan estructuras de poder y organizaciones supranacionales cuyos intereses, en ocasiones, pueden situarse por encima de los de los propios Estados.

Desde esta perspectiva, el libro analiza fenómenos como la rivalidad entre Estados Unidos y China, la guerra de Ucrania o los debates sobre la transición energética, interpretándolos como parte de una reconfiguración geopolítica que está redefiniendo el papel de Occidente en el escenario internacional.

El autor, Lorenzo Ramírez, es periodista de investigación especializado en economía y geopolítica. A lo largo de su trayectoria ha colaborado con medios como el diario económico Expansión o la revista Forbes y ha desarrollado su actividad como analista independiente y divulgador en diferentes plataformas informativas y programas de análisis político. Además de su trabajo periodístico, ha publicado otros libros de investigación sobre acontecimientos recientes, consolidando una línea de trabajo centrada en examinar las dinámicas del poder económico, financiero y geopolítico que influyen en las decisiones políticas contemporáneas.

De todo ello y con él conversamos en esta entrevista concedida a Delta13News.

Lorenzo, ¿Como juzga que la guerra en irán puede, o no, darle una vuelta al orden mundial tal y como lo conocemos?

La guerra contra Irán es el final de un programa de reconfiguración de Oriente Medio diseñado en los meses previos a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, por un grupo de personas ligadas al lobby sionista que diseñaron un programa geopolítico para remodelar el nuevo orden mundial que mantuviera el papel hegemónico de Estados Unidos y sirviera a los intereses del Estado de Israel. Era el Programa para el Nuevo Siglo Americano (PNAC, por sus siglas en inglés)

Los estrategas del Pentágono sabían que la pelea por la hegemonía mundial tendría como terreno de juego los países de Eurasia y los estados ricos en materias primas bajo influencia árabe, de los cuales tenían relativamente controlados a los de ascendencia suní (con Arabia Saudí a la cabeza) pero no tanto a los chiíes, con Irán y Afganistán siendo los primeros de la lista. El caso de Irak fue un ejemplo de lo que ocurriría tiempo después con Libia, que pasó de ser aliado a enemigo en un periquete. Tal como desveló el que fuera comandante supremo de la OTAN durante la guerra de Kosovo, el estadounidense Wesley Clark, después del ataque contra las torres gemelas se elaboró un informe en la oficina del secretario de Defensa Donald Rumsfeld en el que se describía cómo se pretendía intervenir en siete países en los siguientes cinco años: Irak, Siria, Libano, Libia, Somalia, Sudán y, finalmente, Irán.

La reciente caída de Siria, colocando a un yihadista suní, fue el preludio de este ataque contra Irán con el que han soñado durante las últimas décadas este grupo de poder norteamericano, respaldado por un gobierno de Israel que tras el ataque de Hamás del  año 2023 se ha establecido como objetivo prioritario acabar con el régimen de los ayatollahs. Y para ello se ha aliado con sus teóricos enemigos suníes, que ahora son los que sufren las consecuencias de las respuestas militares del ejército iraní. Y aquí es donde puede estar una clave no deseada por los promotores de esta guerra (Trump y Netanyahu): la posible ruptura de la alianza atlantista con unos países del Golfo que hasta ahora, sobre todo Arabia Saudí, han sido claves para mantener el estatus del dólar como divisa de reserva internacional. Recordemos que durante la Administración Biden el príncipe heredero coqueteó con la entrada en el club de los BRICS. EEUU ha demostrado que no puede proteger a sus aliados (algo de lo que venían advirtiendo funcionarios del Pentágono desde hace meses) y esto manda un mensaje a otros territorios, como Taiwan, los países del Ártico, la región báltica y la propia Europa Occidental.

¿Por qué cree que deberíamos temer a Irán?

Según los informes presentados en el Comité de Inteligencia del Senado norteamericano, Irán no era una amenaza inminente para el mundo occidental, de hecho este era el momento de la historia en el que el régimen de los ayatollahs estaba más dispuesto a negociar un acuerdo. El cambio político en Siria y la operación norteamericana en Venezuela –ambas acciones sin la oposición rusa– mandaron un mensaje claro a Irán, que en estos momentos lo único que deseaba era que se pusiera fin a las sanciones y se le permitiera exportar petróleo sin cortapisas, a cambio de dejar entrar a los inspectores para comprobar que sus programas nucleares estaban destinados exclusivamente al ámbito civil. El problema es que esta actitud ha cambiado drásticamente tras los bombardeos, sobre todo después de la matanza de la escuela de niñas y la operación para acabar con la vida de toda la cúpula gubernamental. Y el cierre del estrecho de Ormuz amenaza con desatar la mayor crisis económica de lo últimos tiempos, incluso con una magnitud superior a la del año 2008.

Por comparación, lo de Venezuela fue pan comido ¿Será también tan fácil lo que pueda pasar con Cuba, el que parece ser siguiente objetivo de EEUU?

Desde hace varios meses hay conversaciones entre el departamento de Estado y el nieto de Raúl Castro, en los que se está planteando una operación de tutela por parte de EEUU para un cambio de gobierno sin que se produzca una modificación de las estructuras del régimen, de forma similar a como se ha hecho en Venezuela con Delcy Rodríguez como colaboradora necesaria. Tal como reveló el reciente documento de estrategia de Seguridad Nacional, ahora desde Washington se abandona la excusa de promover cambios políticos hacia la democracia cuando se actúa en un país para atraerlo a su órbita. La “operación Maduro” ha servido como un aviso a navegantes para que todos los gobiernos de Hispanoamérica vean lo que les puede suceder si no se acercan a EEUU y se alejan de China. Además, en el caso de Cuba, su dependencia energética con Caracas le ha puesto en una situación límite que ahora quiere aprovechar la Administración Trump.

El subtítulo de su obra habla de “los agentes del caos del nuevo orden mundial”. ¿Cómo define usted a esos agentes y qué papel desempeñan en la actualidad?

Los agentes del caos son aquellas instituciones públicas y privadas, en no pocas ocasiones agrupadas en organizaciones supranacionales nada democráticas, que impulsan procesos de ingeniera social para generar problemas que luego pretenden solucionar desde sus atalayas, aprovechando entonces para implantar mecanismos de control. Estas élites manipulan crisis reales o inventadas para desmantelar la soberanía de los Estados-nación, mediante un sistema de plutocracia que requiere mantener a los ciudadanos en un estado permanente de emergencia (bélica, pandémica, climática…) para que acepten sumisos lo que determinan estos agentes del caos en nombre del denominado “interés general”.

Plantea que hay crisis aparentemente independientes (como la pandemia, la guerra en Ucrania, la agenda climática, etc.) que están siendo usadas como herramientas de poder. ¿Cuál es el hilo conductor que las conecta?

Lo relevante no es tanto como se producen estas crisis, sino como son aprovechadas para trasladar a la población una supuesta necesidad de tutela y protección desde la cuna a la tumba por unos poderes políticos y económicos que hacen de esta visión paternalista su mayor herramienta de control. En las sociedades supuestamente democráticas es necesario manipular a la población para que pase por el aro, y para ello se emplean las turbulencias geopolíticas, sanitarias y la baza medioambiental para manipular la ventana de Overton, de forma que lo que ayer era impensable, hoy no solo es factible, sino deseable. Desde este punto de vista toda crisis es una oportunidad para, mediante técnicas de ingeniera social, manipular a los ciudadanos para que admitan regulaciones que minan sus derechos y libertades.

¿Podría explicar qué entiende por “nuevo orden mundial” en el contexto de su análisis?

El mundo está en un momento histórico de cambio de paradigma, en una especie de parto que viene acompañado de dolor y que pone en tela de juicio el statu quo vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Francis Fukuyama se equivocó cuando auguraba el “fin de la Historia” tras la caída de la URSS al no tener en cuenta el auge de China, que se presenta como adalid de un nuevo orden mundial unipolar, en el que los países de los BRICS y los estados africanos se convierten en actores principales por sus alianzas con el gigante asiático y sus recursos naturales, entre los que destacan los energéticos y las denominadas tierras raras, fundamentales para la economía global. El nacimiento de este nuevo orden es el que pretende detener, o al menos desacelerar, la Administración norteamericana con su estrategia de posesión del Hemisferio Occidental, en un reparto de áreas de influencia con su Némesis china que es posible que en el futuro nos pueda llevar a una contienda por el trono mundial.

¿Cuál es la diferencia entre su visión sobre estas estructuras de poder y las teorías conspirativas más simplistas que circulan en internet?

La inmensa mayoría de las teorías de la conspiración que circulan por Internet carecen de base documental y, en no pocas ocasiones, son incluso impulsadas por los servicios de inteligencia para captar incautos y desviar el trabajo de los investigadores que, de forma honesta, dedican su vida a estudiar las verdaderas estructuras de poder. La clave para separar el grano de la paja está en acudir a las fuentes originales de las informaciones y saber determinar la fiabilidad y veracidad de los hechos que se exponen. Esa es la razón de que haya puesto tanto empeño en mi libro en citar los trabajos de los autores que respaldan los datos y análisis que expongo, de hecho la obra tiene cerca de 500 notas a pie de página para que el lector pueda comprobar cada una de las afirmaciones e, incluso, continuar la investigación por su cuenta.

¿Cree que la respuesta global a la pandemia de COVID-19 ha sido un punto de inflexión en la relación entre ciudadanía y estructuras de poder? ¿Qué papel han jugado —o juegan— los gobiernos europeos en este contexto según su investigación?

Los gobiernos europeos han servido de mamporreros, a modo de cómplices necesarios de un sistema de control en el cual no tienen voz no voto. La actuación de la presidenta de la Comisión Europea (CE), Úrsula Von der Leyen, investigada por corrupción en la compra de las vacunas, o las medidas restrictivas adoptadas por orden del NIH norteamericano sin base real (tal como el propio Fauci declaró en el Congreso de EEUU) han revelado que los políticos del Viejo Continente sirven a intereses que están fuera de las fronteras de la Unión, lo cual ha aumentado la desconfianza de los ciudadanos hacia unas estructuras políticas que cada vez sienten más lejanas y más antidemocráticas.

¿Cómo afecta la pugna entre Estados Unidos y China a las políticas internas de los países occidentales?

En estos momentos esta pugna es la clave para comprender los movimientos geopolíticos globales. Recordemos que antes del ataque de Hamás de 2023 a Israel, la caída de Siria y el polvorín iraní, el gobierno de Xi gin Ping había logrado sentar en la misma mesa a Teherán y Riad mediante acuerdos económicos que le permitieran expandir su nueva Ruta de la Seda, proyecto económico imperial que China aspira a emplear para aumentar sus esferas de dominio. Y en este contexto, Hispanoamérica y Europa tienen un papel muy similar, ambas regiones , atrapadas entre la deuda y el comercio obligado con las grandes corporaciones norteamericanas, se ven forzadas por EEUU a una ruptura con el gigante chino en dos territorios que son patios traseros y que son en estos momentos dos grandes campos de prueba para calibrar hasta qué punto la estrategia que emerge de Washington puede tener éxito. El problema es que esta desconexión con China no es factible sin provocar un derrumbe económico, ya que el país asiático es el primer socio comercial de la mayoría de los países ubicados en el sur del continente americano y lo mismo sucede en Europa. Pekín ofrece infraestructura, financiación y mercados sin las condicionalidades políticas y las crisis de deuda recurrentes que históricamente han acompañado a los paquetes del Fondo Monetario Internacional y el Consenso de Washington.

¿Puede ser el ‘caso Groenlandia’ y el empeño de Trump por ella el inicio del fin de la OTAN como la entendemos?

Ese ha sido uno de los mantras que se ha repetido desde que Trump llegó a la Casa Blanca en este segundo mandato, pero se trata de un relato falaz. EEUU no va a renunciar a la OTAN porque es un instrumento de control, lo que pretende es que los países de la alianza aumenten su cuota financiera al mismo tiempo que reducen su ya escasa capacidad de influencia en el club. La excusa presentada a la comunidad internacional para que la OTAN no se disolviera tras la disolución de la Unión Soviética era que había que luchar contra el terrorismo internacional y emplear de forma torticera los conceptos de democracia y capitalismo para poner y quitar presidentes, extraer activos extranjeros y someter a posibles competidores. Esto en esencia no ha cambiado, de hecho se ha hecho más evidente debido a que la Administración Trump ha dejado a un lado la diplomacia y las buenas palabras para presentarse sin disfraz. Como dijo Lord Ismay, general y diplomático británico, asistente militar principal de Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial y primer secretario general de la alianza: “la OTAN fue creada para mantener fuera a la Unión Soviética, a los estadounidenses dentro y a los alemanes bajo control”. Y en esas estamos.

¿Y cuál es su pronóstico de lo que pasará en Ucrania?

Ucrania es un estado dividido por la fractura de una guerra civil que comenzó tras la revolución del Maidán, acentuando unas diferencias étnicas y sociales que nunca van a solventarse de una forma pacífica. Zelensky debe asumir que los ciudadanos de los territorios de las Repúblicas del Donbass no quieren vivir bajo la tutela de Kiev y convocar unas elecciones que le reclaman desde el Parlamento ucraniano, comicios que deberían haberse celebrado hace meses. El plan de paz diseñado por EEUU y Rusia (verdaderos contendientes de esta guerra) plantea establecer una zona colchón que divida al país en dos, en la cual es posible que se produzcan guerras de baja intensidad que mantengan el pulso entre Bruselas y Kiev, con Washington capitaneando una reconstrucción que beneficiará a los grandes contratistas norteamericanos y a los fondos de inversión de Wall Street.

¿Cómo ve el futuro de la geopolítica global en los próximos diez años? ¿Qué papel debe tener la sociedad civil frente a los estados y entidades supranacionales?

El mensaje más importante que se debe trasladar es que estamos a tiempo de revertir todas estas tendencias que están llevando a Europa a un callejón sin salida, sufriendo una especie de “síndrome de Estocolmo” que nos ciega a la hora de calibrar hasta qué punto las políticas impuestas por nuestros supuestos aliados pueden ser contraproducentes. No se trata de dar una versión maniquea de ellos: los gobernantes estadounidenses y sus empresas velan por sus propios intereses, algo que debemos reclamar también a los gobernantes europeos. Y para lograr tener margen de negociación necesitamos no dar la espalda al nuevo mundo multipolar que, aunque en el plano político nada bueno tenga que aportar, en el económico puede servir como moneda de cambio para negociar con el “amigo” americano.

En la medida en que la sociedad sea consciente del problema se podrán buscar soluciones abriendo un debate sobre cuál es el modelo que quieren los ciudadanos europeos para el futuro de su continente. No hay caminos históricos deterministas y que está en las manos de las sociedades europeas volver a recuperar el timón de su destino. Y además es tarea obligada limpiar nuestra casa, mediante una regeneración democrática, cultural y económica que garantice la supervivencia de Europa como un agente relevante. El suicidio geopolítico no debe ser una opción.

Por último, ¿Cuál es, según su perspectiva, el mayor desafío que enfrenta la democracia hoy?

La mayor amenaza para la democracia en la actualidad es el uso de herramientas tecnológicas para crear narrativas, censurar contenidos y moldear los pensamientos y emociones de los ciudadanos, usando para ello las aplicaciones de Inteligencia Artificial. La tecnología digital es la herramienta final para la implementación de un sistema de vigilancia y control social masivo, eliminando las libertades individuales y llevando a las guerras hacia un estado nunca visto, en el que los objetivos son seleccionados por máquinas, sin que exista prácticamente intervención humana.

Los gigantes tecnológicos como Google, Palantir y Meta no son simples empresas privadas, sino extensiones del complejo militar-industrial y de inteligencia, y lo mismo sucede con sus competidores chinos, que actúan como herramientas gubernamentales de un modelo de control tecnocrático que necesita ingentes cantidades de recursos (económicos, naturales y energéticos) para su desarrollo. Los sistemas de identidad digital son determinantes para lograr que este nuevo panóptico global, en su versión tecnológica, se desarrolle y por eso debemos ser conscientes de los riesgos que conllevan.

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