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martes, julio 28, 2026

Lucía Bort: «La mirada criminológica aporta mucho valor en casos de corrupción»

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Luis Miguel Belda
Luis Miguel Belda
Periodista y Máster en Seguridad, Defensa y Geoestrategia

En un contexto global marcado por escándalos financieros, fraudes empresariales y nuevas formas de criminalidad económica, la figura del criminólogo corporativo emerge como una pieza clave para comprender, y prevenir, los riesgos que acechan a las organizaciones. Para profundizar en este ámbito, hablamos en Delta13News con Lucía Bort, profesora en la Universidad Isabel I y directora de INTK Business Security, y una de las voces más especializadas en criminología corporativa en España.

Con una sólida trayectoria académica y experiencia en el análisis del comportamiento delictivo dentro de las estructuras empresariales, Bort ofrece una mirada rigurosa sobre cómo operan estas dinámicas, qué fallos permiten que prosperen y qué desafíos afrontan las compañías para fortalecer su cultura ética.

En esta entrevista, Bort desgrana los mecanismos que hacen posible la criminalidad de cuello blanco, analiza el papel de la formación en la prevención del delito corporativo y reflexiona sobre el impacto de la inteligencia artificial y los entornos digitales en la evolución de estas prácticas. Una conversación imprescindible para entender los riesgos que enfrentan las empresas en pleno siglo XXI.

Para empezar, ¿cómo definiría de forma sencilla qué es la criminología corporativa?

La criminología corporativa estudia por qué, cómo y en qué condiciones se cometen delitos o conductas ilícitas dentro y desde las organizaciones, y qué podemos hacer para prevenirlos. En definitiva, estudia los factores humanos, culturales, organizativos y tecnológicos que lo hacen posible. En la práctica, esto se traduce en analizar cómo funciona una empresa por dentro, dónde están sus puntos ciegos y qué cambios se pueden introducir para reducir riesgos y proteger a personas, activos y reputación.

¿En qué se diferencia de la criminología tradicional o de la criminología económica?

La criminología tradicional se ha centrado históricamente en el delito «de la calle»: violencia, delitos contra la propiedad, carrera delictiva de individuos…etc. La criminología económica se focaliza más en fenómenos financieros complejos, blanqueo de capitales, mercados, etc. La criminología corporativa, en cambio, toma como unidad de análisis principal la organización: cómo decide, cómo se estructura, qué incentivos genera y cómo su cultura puede favorecer o frenar conductas ilícitas. Nos movemos en el cruce entre delito económico, cultura corporativa, gestión del riesgo y comportamiento humano en el trabajo.

¿Por qué es un campo que ha cobrado tanta relevancia en los últimos años?

Por tres motivos principales. En primer lugar los cambios legales, ya que muchas jurisdicciones han introducido la responsabilidad penal de las personas jurídicas, lo que obliga a las empresas a tomarse muy en serio la prevención. En segundo lugar, por la digitalización y el cibercrimen, debido a que hoy en día casi cualquier delito corporativo tiene una dimensión digital. Aquí está la importancia del sector en el que me encuentro, la ciberseguridad, ya que trabajamos mucho la parte de prevenir que los ciberataques accedan a las empresas desde diferentes perspectivas. Por último, por la presión social y reputacional. Escándalos de corrupción, filtraciones de datos o acosos internos se conocen en horas y hacen muchísimo daño. Todo esto ha hecho que las empresas entiendan que el delito no es solo «un tema de abogados», sino un riesgo estratégico donde la mirada criminológica aporta mucho valor.

¿Qué tipo de delitos o conductas ilícitas analiza específicamente la criminología corporativa dentro de una empresa?

Analiza, entre otros, fraude interno, corrupción, sobornos, conflictos de interés, apropiación indebida, acoso laboral y sexual, discriminación, filtraciones de información, espionaje corporativo, delitos informáticos, delitos medioambientales o contra la propiedad intelectual, así como el uso indebido de recursos de la empresa. Pero también se ocupa de conductas «zona gris» que quizá no son delito todavía, pero son semilla de problemas mayores: normalización de pequeñas trampas, tolerancia al acoso, cultura del «todo vale» para llegar a objetivos, etc.

¿Qué perfil de organizaciones suele demandar este tipo de análisis? ¿Grandes compañías, pymes, administraciones públicas…?

Empezó siendo un servicio muy ligado a grandes compañías y sectores regulados (financiero, sanitario, tecnológico, industria), pero cada vez más pymes y administraciones públicas se acercan a este tipo de análisis. Las grandes suelen buscar modelos avanzados de gestión de riesgos y cumplimiento; las pymes, entender «por dónde les puede venir el problema» sin montar un aparato burocrático inasumible. En el sector público, la criminología corporativa encaja muy bien con la integridad institucional y la prevención de la corrupción.

¿Qué ventajas aporta a una organización contar con un análisis criminológico corporativo?

La principal ventaja es que permite anticiparse. Antes de invertir en herramientas, protocolos o cursos estándar, el análisis criminológico ayuda a entender qué riesgos concretos tiene esa organización, en su contexto y con sus personas. Eso se traduce en: menos probabilidad de sufrir incidentes graves, mejor uso de los recursos de compliance y seguridad, reducción de conflictos internos, rotación y clima tóxico y refuerzo de la confianza de clientes, inversores y empleados. Y, sobre todo, evita que la empresa vea el cumplimiento como un «papel para el juez» y lo vea como una palanca de gestión responsable.

Lucía Bort

¿Cuáles son los riesgos criminológicos más frecuentes en el ámbito corporativo hoy en día?

Diría que tres grandes bloques: fraude y corrupción (especialmente en compras, ventas y relación con terceros), riesgos relacionados con la información y la ciberseguridad (fugas de datos, uso indebido de accesos, phishing, espionaje interno) y conductas contra las personas (acoso, discriminación, represalias, abuso de poder.

¿Cómo contribuye la criminología corporativa a prevenir delitos internos como fraudes, corrupción, acoso o filtraciones de información?

Primero se debe diagnosticar: se analizan procesos, entrevistas, datos y cultura para entender dónde se dan oportunidades para el delito, qué controles fallan y qué incentivos están desalineados. Después, se deben proponer medidas de prevención ajustadas: rediseño de procesos clave, segregación de funciones, sistemas de alerta temprana, canales de denuncia confiables, cambios en liderazgo, formación adaptada a los riesgos reales y no «formación genérica». El enfoque criminológico pone el foco en el comportamiento humano: por qué alguien se atrevería a hacer algo, qué percepción de riesgo tiene y qué frenos reales existen.

¿De qué forma se relaciona esta disciplina con la ciberseguridad y los riesgos digitales de las empresas?

Hoy casi todo riesgo corporativo tiene una capa digital, así que la criminología corporativa y la ciberseguridad están obligadas a entenderse. La ciberseguridad suele centrarse en proteger sistemas, redes y datos; la criminología corporativa se pregunta quién, por qué y en qué condiciones podría vulnerar esas medidas: abuso de privilegios, accesos compartidos, ingeniería social, cuentas huérfanas, uso de aplicaciones no autorizadas, etc.

Desde esta disciplina analizamos el factor humano que hay detrás de incidentes como filtraciones internas, ransomware facilitado por un click, robo de información por parte de un empleado descontento o manipulación de proveedores. Traducimos estos patrones en controles más realistas: diseño de perfiles de acceso, segregación de funciones, gestión del error humano, políticas claras de teletrabajo, formación antiphishing basada en escenarios reales y canales seguros para alertar de comportamientos anómalos. En resumen, la ciberseguridad pone el foco en la tecnología; la criminología corporativa ayuda a entender cómo las personas interactúan con esa tecnología, dónde aparecen oportunidades para el delito y qué cambios organizativos y culturales reducen de verdad la superficie de ataque. Juntas permiten pasar de «culpar al usuario» a diseñar entornos digitales donde sea mucho más difícil que un riesgo humano acabe convirtiéndose en incidente de seguridad.

¿Qué papel juega la cultura corporativa en la prevención del delito dentro de una organización?

Es absolutamente central. Una buena parte de los casos no se explican por falta de normativa, sino por una cultura que tolera pequeñas irregularidades, castiga a quien denuncia o premia únicamente el resultado económico. La cultura se transmite en los mensajes del día a día: cómo reacciona la dirección ante un incidente, qué historias se cuentan como «éxitos» y qué conductas se corrigen de verdad. En ciberseguridad pasa exactamente lo mismo, tener a un equipo formado hará que se disminuyan los riesgos de que un ciberataque acceda por factor humano.

¿Qué metodologías o técnicas utiliza un criminólogo corporativo para detectar vulnerabilidades en una empresa?

Se combinan herramientas de las ciencias sociales con técnicas propias del análisis de riesgos. Por ejemplo, entrevistas y grupos focales con empleados de distintos niveles, análisis de procesos críticos (contratación, compras, acceso a sistemas, gestión de incidencias), revisión documental, análisis de datos (patrones de acceso, transacciones anómalas, rotación, absentismo) o técnicas de observación y «mystery» en algunos casos, para ver cómo se aplican las normas en la práctica. Todo esto se traduce en un mapa de riesgos criminológicos que prioriza dónde actuar y con qué medidas.

¿Cómo se articulan los planes de compliance con el trabajo de la criminología corporativa?

No son mundos separados; de hecho, la criminología corporativa puede verse como una capa de profundidad dentro del compliance. El compliance establece el marco normativo, los controles, los procedimientos y la evidencia; la criminología aporta conocimiento sobre el delito y el comportamiento humano para que esos controles sean realistas y efectivos. Por ejemplo, ayuda a que los mapas de riesgos penales no sean un listado teórico, sino un análisis vivo de cómo se podría materializar un delito en esa empresa concreta, con sus canales, actores y oportunidades.

¿Cómo están afectando fenómenos como la IA, el trabajo remoto o la globalización del fraude a las dinámicas delictivas corporativas?

La IA facilita tanto la defensa como el ataque: permite detectar patrones anómalos, pero también generar correos de phishing perfectos o manipular evidencias. El trabajo remoto e híbrido ha diluido fronteras entre lo personal y lo profesional, ha aumentado la superficie de exposición y ha hecho más difícil captar señales informales de alarma. Y la globalización del fraude implica que una pyme local puede ser objetivo de redes internacionales que operan casi sin fricción de fronteras. Todo esto exige una criminología corporativa más tecnológica, más internacional y muy pegada a la realidad del negocio.

¿Qué formación necesita un especialista en criminología corporativa?

La base suele ser un Grado en Criminología, al que se le añade formación específica en delito económico, derecho penal económico y de la empresa, compliance, ciberseguridad, análisis de riesgos y gobierno corporativo. A partir de ahí son muy importantes las competencias transversales: entender el lenguaje del negocio, saber trabajar con datos, manejar metodologías de investigación social y tener habilidades de comunicación para moverse con soltura entre dirección, departamentos técnicos y empleados.

¿Existe suficiente demanda laboral para estos perfiles? ¿Qué tipo de salidas profesionales ofrece actualmente este campo?

Es un campo en crecimiento, todavía emergente, pero con demanda creciente. Los criminólogos corporativos pueden trabajar en departamentos de cumplimiento, riesgos, auditoría interna, seguridad corporativa, recursos humanos, integridad pública, así como en consultoras especializadas, despachos de abogados, aseguradoras o entidades públicas centradas en integridad y anticorrupción. Muchas veces el puesto no se llama «criminólogo corporativo», pero el contenido del trabajo es claramente criminológico. Por eso es tan importante tener esta base formativa especializada que te permita identificar que efectivamente se trata de una posición así.

¿Cree que la criminología corporativa será un área clave dentro de las empresas en los próximos años? ¿Por qué?

Sí, porque cada vez más se espera de las empresas que identifiquen, gestionen y prevengan sus impactos negativos, no solo que reaccionen cuando algo ya ha explotado. Reguladores, inversores, clientes y empleados piden integridad, transparencia y responsabilidad. La criminología corporativa ofrece un enfoque muy práctico para conectar el mundo del delito y el incumplimiento con las decisiones diarias del negocio. Es un puente entre lo jurídico, lo tecnológico y lo humano. Además, previene riesgos reputacionales, muy importante para las empresas, y puede ser capaz de generar retorno de inversión por la reducción de ciertos riesgos que suponen un coste económico para las organizaciones.

¿Cuáles son los dilemas éticos más importantes que afronta un profesional de la criminología corporativa?

El principal es mantener la independencia en entornos donde puede existir presión para «mirar hacia otro lado» o suavizar conclusiones. También están los dilemas ligados al uso de datos de empleados, la confidencialidad de las denuncias internas, el riesgo de que herramientas pensadas para prevenir el delito se conviertan en mecanismos de vigilancia excesiva. Un criminólogo corporativo debe tener muy claro su código ético y su marco de actuación, porque muchas decisiones no son solo técnicas, son morales.

¿Cómo equilibrar la protección de la empresa con los derechos de los empleados en la investigación interna?

La clave es la proporcionalidad y la transparencia. Investigar un posible delito interno no autoriza a la empresa a hacer «cualquier cosa». Hay que respetar principios como la presunción de inocencia, el derecho de defensa, la confidencialidad y los límites legales en materia de protección de datos y privacidad. Antes de desplegar medidas intrusivas, hay que preguntarse: ¿es necesario?, ¿es adecuado?, ¿hay alternativas menos invasivas? Proteger a la empresa también implica respetar los derechos de las personas que la integran.

¿Hasta qué punto esta disciplina puede contribuir a generar empresas más responsables y transparentes?

Mucho, si se utiliza con esa intención. La criminología corporativa no debería ser solo un mecanismo para «tapar riesgos» o evitar sanciones, sino una forma de comprender y transformar las dinámicas que permiten que aparezcan abusos, abusos o delitos. Cuando se ayuda a una empresa a identificar sus puntos ciegos, a escuchar a su gente, a corregir incentivos perversos y a responder mejor cuando algo falla, se está contribuyendo directamente a que sea más responsable, más transparente y, en definitiva, más digna de confianza.

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