Seguramente te hayas preguntado alguna vez qué significa escribir en mayúsculas.
Es fundamental para un correcto análisis grafológico conocer el contexto, es decir, tener en cuenta si el sujeto ha elegido la escritura en mayúsculas para un momento y caso puntual o si por el contrario es el modelo habitual de quien escribe.
Todos, en algún momento, hemos escrito alguna nota usando las letras mayúsculas con intención de que nuestro mensaje llegue al lector con la máxima claridad, evitando la confusión, y cuando consideramos que nuestra letra habitual, generalmente en cursiva, pudiera no ser del todo legible. En ocasiones también hemos empleado e intercalado entre nuestra escritura las mayúsculas para hacer resaltar algún dato o poner mayor énfasis en una expresión, incluso gritar; es lo que llamamos lapsus enfático. También puede existir un problema o deterioro en la visión tanto de quien escribe como de quien va a recibir el mensaje y escribimos de este modo para facilitar su lectura. La mayoría de las personas escribimos en cursiva de una forma natural y espontanea, no solo porque desde la escuela es el modelo que nos han enseñado, sino también por su facilidad de ejecución, comodidad y sobre todo rapidez y fluidez de la mano. Al hacerlo en mayúsculas forzamos nuestra escritura natural lo cual implica un esfuerzo mayor y por tanto una escritura más lenta y un mayor consumo de espacio en el papel. Sin embargo, hay personas que de manera habitual escriben siempre en mayúsculas independientemente de la extensión del documento. Lo hacen igualmente de manera inconsciente y espontanea. Y es, precisamente, este aspecto o rasgo grafológico el que quiero abordar.
Piénsese y sirva de ejemplo una nota anónima como forma de hacer llegar un consejo, una carta de amor, una amenaza o un insulto, y escrita por quien intenta no ser descubierto. La mayoría de las veces los manuscritos anónimos que los peritos calígrafos analizamos para averiguar la autoría están realizados en letras mayúsculas. Existe por tanto un intento de ocultación por parte de su autor. El sujeto que escribe de esta manera y lo hace de forma habitual tiene el mismo objetivo; colocarse una máscara veneciana detrás de la cual poder esconderse o protegerse para evitar que su personalidad sea analizada. Los motivos que le llevan a ocultarse pueden ser de tipos variados, desde la timidez, la inseguridad, ciertos complejos o narcisismo. En cualquier caso, son individuos a los que es complicado llegar a conocer de manera profunda a un nivel personal. Los grafólogos aquí chocamos con esa careta que nos complica el análisis de algunos rasgos de la personalidad a través de la grafía y gestos tipo propios de un individuo que solo son visibles en la escritura cursiva. No obstante, y debiendo analizar cada escritura de manera individualizada, son características comunes a todos estos sujetos la altivez de quien escribe y se siente por encima del resto, marcan bien las distancias y son reacios a recibir ordenes, pues suelen ser ellos los que dictan las normas. En el mundo laboral, este tipo de sujetos suelen ocupar puestos directivos y en general no son excesivamente sociables.

En una ocasión se me encargó un informe pericial para determinar la autoría de un manuscrito consistente en más de doscientas páginas. La obra en cuestión había sido extraída, plagiada y publicada tras el fallecimiento de su autor legítimo.
Y aunque por razones obvias no puedo desvelar su identidad, cuando mi cliente me explicó que había sido una de las personas mas influyentes, a nivel político, de principios del s. XX, espía británico, maestro masón y autor de otros libros, imaginé, de inmediato, la escritura de quien ha aprendido a no mostrarse quien verdaderamente es, sino escondido tras un grueso velo. Una vez más, pude constatar que no somos todo aquello que nuestra escritura refleja de nosotros, pero sin duda ninguna, sí somos todo aquello que nuestra escritura refleja.
Por Elsa Alonso, grafóloga y perito calígrafo judicial.



