Una de las frases más icónicas de acogida a inmigrantes en Estados Unidos es el poema grabado en la base de la Estatua de la Libertad, escrito por Emma Lazarus en 1883: «Dadme a vuestros cansados, a vuestros pobres, a vuestras masas apiñadas anhelando respirar en libertad«. Esta frase simboliza el espíritu de bienvenida que Estados Unidos proyectó históricamente hacia los inmigrantes que llegaban en busca de oportunidades y refugio. Las tornas están cambiando. Donald Trump acaba de certificar un giro sustancial en la política migratoria de este país.
Para comprender mejor esta cuestión acudimos en Delta13News a Miguel Paradela López, profesor del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas. Doctor en Estado de Derecho y Gobernanza Global por la Universidad de Salamanca, donde también cursó estudios de Derecho y Ciencias Políticas y de la Administración, un Máster en Ciencia Política y otro en Estudios Avanzados en Filosofía (Filosofía Moral y Política), desempeña también desde 2017 tareas como profesor en diversas universidades de América Latina, habiendo obtenido acreditación de investigación en Colombia (Investigador Asociado por MINCIENCIAS), México (Investigador Nacional Nivel I por SNI) y España (Profesor Contratado Doctor y Profesor de Universidad Privada por ANECA). Durante este período, ha publicado artículos de investigación en revistas como Cambridge Review of International Affairs, Latin American Research Review o Latin American Perspectives.
Doctor, ayúdenos a entender cuáles son los aspectos clave de la nueva política migratoria de Donald Trump y en qué se diferencia esta política de la implementada durante su anterior mandato.
Aún nos encontramos en un momento muy inicial de la nueva presidencia de Donald Trump, por lo que pueden producirse numerosos cambios. Sin embargo, es evidente que el nuevo presidente busca implementar una política migratoria mucho más estricta en el trato a la población migrante que busque entrar o se encuentre en el país de manera no autorizada. En esta línea se enmarcan algunas de las nuevas políticas, como son la declaración de emergencia nacional en la frontera sur, la restricción del ius soli, la reactivación de los Migrant Protection Protocols (MPP), el fortalecimiento del ICE y la posibilidad de deportar a migrantes acusados de crímenes. Aunque estas actuaciones siguen la misma línea que la de su primer gobierno, Trump cuenta con dos factores a su favor. Primeramente, su figura se encuentra más fortalecida, ya que cuenta con mayor apoyo en las cámaras legislativas, así como en la Corte Suprema (órgano que probablemente acabe decidiendo sobre la legalidad de alguna de sus políticas). Además, el giro del panorama político nacional e internacional hacia posturas más escépticas respecto a la migración y la cooperación internacional probablemente reduzca la oposición a políticas migratorias más estrictas.
¿Cómo cree que afectará esta política a la economía estadounidense, especialmente en sectores donde los inmigrantes son una parte clave de la fuerza laboral?
Es evidente que la población migrante, tanto regular como indocumentada, forma parte fundamental del tejido económico nacional. En este sentido, una expulsión masiva de los millones de migrantes indocumentados tendría importantes perjuicios económicos para el país. Además, la restricción a la entrada de nuevos migrantes indocumentados exigiría un mayor control fronterizo, lo que impactaría el comercio entre ambos países y, particularmente, al sector automovilístico estadounidense, que se deslocalizó al norte de México tras la firma del NAFTA en los años 90. Por todo ello, es muy poco probable que el gobierno estadounidense busque realmente la expulsión de todos los migrantes en condición irregular en el país. Lo que este endurecimiento migratorio pretende es, por un lado, congraciarse con el votante que percibe la migración como una amenaza y, por otro, reivindicar el rol de Estados Unidos como potencia política y económica mundial.
En este sentido, ¿qué consecuencias podría tener en la percepción de Estados Unidos como un país de oportunidades?
Es altamente improbable que la idea del «sueño americano» desaparezca, ya que es un pilar fundamental tanto en la percepción global de Estados Unidos como en la manera en que los propios estadounidenses se ven a sí mismos. Además, Estados Unidos mantiene sus compromisos internacionales sobre protección de refugiados establecidos en el Protocolo sobre el Estatuto del Refugiado de 1967. Por tanto, aunque las nuevas políticas migratorias ralenticen el proceso y penalicen duramente la migración irregular, solicitar el asilo político o migrar a este país de manera regular, seguirán siendo opciones reales para la población extranjera.
¿Cómo responde la sociedad estadounidense, especialmente las comunidades inmigrantes, ante esta nueva política?
No hay que olvidar que una buena parte de quienes le votaron son inmigrantes ya asentados en el país. La población migrante y sus descendientes en Estados Unidos son sumamente heterogéneos, por lo que resulta difícil hacer generalizaciones. Incluso dentro de las comunidades latinoamericanas, las variaciones entre los diferentes países, estratos sociales e identidades políticas son muy marcadas. Por eso, dudo que podamos llegar a encontrar una única percepción de esta población sobre las nuevas políticas migratorias. En todo caso, podría señalarse una posible distinción entre quienes se encuentran en situación regular, bien porque nacieron en EEUU, bien porque pudieron regularizar su situación en el país; frente a aquellos que residen en el país de manera no autorizada.
¿Qué impacto podría tener esta política en la relación de Estados Unidos con México y otros países de América Latina?
No creo que se pueda desligar la política migratoria del gobierno estadounidense de su política internacional. Hechos como la vuelta del programa MPP o las recientes deportaciones de migrantes, son parte de un nuevo modelo relacional con los países latinoamericanos, en el que EEUU busca recuperar el rol hegemónico en su backyard. Por ello, creo que estos países recibirán una presión creciente, no sólo en cuestiones migratorias, sino también en sus relaciones diplomáticas y comerciales o incluso en sus propias decisiones de política interior. Desafortunadamente, es muy probable que en el medio plazo los países latinoamericanos se vean obligados a elegir entre aceptar unas condiciones mucho menos beneficiosas en su relación con Estados Unidos o sufrir una fuerte presión económica y política. En este sentido, sospecho que la reciente crisis diplomática con Colombia no ha sido un incidente aislado, sino un anticipo de una nueva dinámica que probablemente se intensifique en los próximos años.
¿Existen riesgos de tensiones diplomáticas debido a un endurecimiento de las deportaciones y el control fronterizo?
Sin duda, la política migratoria del nuevo gobierno generará tensiones con los países vecinos, especialmente en América Latina. Sin embargo, el carácter de interdependencia asimétrica de las relaciones económicas y políticas con Estados Unidos (para muchos de estos países EEUU es su principal socio económico y militar), limita enormemente su capacidad de respuesta.
¿Cómo podría afectar esta política al flujo migratorio hacia otros países, especialmente en Europa?
Es posible que, ante un cierre fronterizo, personas que normalmente habrían migrado a Estados Unidos opten en su lugar por trasladarse a países europeos. Sin embargo, no creo que esta vaya a ser una tendencia generalizada. En primer lugar, el desplazamiento a Europa es notablemente más costoso y está más regulado. En segundo lugar, la migración a Europa es necesariamente planeada, lo que nunca va a ser una opción para los numerosos migrantes que huyen de sus países a causa de la violencia o pobreza.
¿Se considera que esta política contribuye o complica los esfuerzos internacionales para combatir el tráfico de personas?
En teoría, un mayor control fronterizo dificultaría la labor de los ‘coyotes’ y desincentivaría la migración irregular a través de América Latina, de la cual se benefician numerosas organizaciones criminales. Sin embargo, lo más probable es que sea al revés: que los inmigrantes, al no ver posible la entrada a Estados Unidos de manera legal, contraten los servicios de coyotes para entrar en el país, a menudo terminando dentro de redes de trata de personas y de explotación sexual.
¿Qué alternativas existen para abordar el problema de la inmigración ilegal sin generar tensiones internacionales?
Desafortunadamente, no creo que sea posible evitar por completo las tensiones internacionales. La migración es un fenómeno intrínsecamente ligado a las relaciones entre Estados, lo que lleva a estos a actuar en función de mejorar su posición en los flujos migratorios e incrementar su poder, aun cuando ello pueda tener consecuencias negativas para la población migrante.



