La Alternative für Deutschland (AfD) se ha convertido en una de las principales fuerzas políticas de Alemania y, al mismo tiempo, en el centro de una intensa controversia sobre los límites entre el nacionalismo, la extrema derecha y la recuperación de determinadas ideas asociadas históricamente al nacionalismo alemán que desembocó en el régimen nazi. La cuestión ha adquirido especial relevancia después del fuerte crecimiento electoral de la formación, que este domingo ha logrado situarse como primera fuerza en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt, con alrededor del 44,5 % de los votos, según los sondeos a pie de urna.
La relación que algunos sectores políticos, académicos y medios establecen entre la AfD y el nazismo no se basa en afirmar que el partido sea una reproducción del NSDAP de Adolf Hitler, sino en determinadas posiciones que recuerdan a elementos ideológicos del nacionalismo étnico alemán y del pensamiento de la extrema derecha histórica. Uno de los principales motivos de controversia es la concepción de la identidad nacional. El Bundesamt für Verfassungsschutz —la Oficina Federal para la Protección de la Constitución— sostuvo en 2025 que en la AfD predominaba una concepción del pueblo basada en criterios étnicos y de ascendencia, incompatible, según su análisis, con el principio constitucional de igualdad y dignidad humana.
Este concepto es especialmente sensible en Alemania porque la idea de definir quién pertenece verdaderamente al «pueblo alemán» en función del origen étnico tiene una relación histórica con el nacionalismo völkisch, una corriente ideológica que tuvo una influencia considerable en el desarrollo del movimiento nazi. El problema, por tanto, no reside simplemente en defender una política migratoria restrictiva o un mayor control de las fronteras —posiciones que pueden encontrarse en partidos conservadores de numerosos países europeos—, sino en establecer diferencias entre ciudadanos en función de su ascendencia u origen.
Otro elemento que alimenta la comparación es el discurso de determinados dirigentes de la AfD sobre la inmigración, los musulmanes y los refugiados. El informe del Verfassungsschutz señaló expresamente declaraciones de dirigentes que, a juicio del organismo, contribuyen a presentar a determinados colectivos como inferiores, peligrosos o ajenos a la comunidad nacional. Entre las expresiones analizadas aparecen términos y discursos que generalizan la criminalidad o la amenaza terrorista sobre grupos enteros de inmigrantes o musulmanes.
La utilización del término «remigración» también ha sido determinante en esta controversia. El concepto ha sido utilizado por sectores de la extrema derecha europea para defender el retorno de inmigrantes, pero en Alemania adquirió especial notoriedad después de una reunión celebrada en Potsdam en 2023, a la que asistieron miembros de la AfD y representantes de sectores ultraderechistas.
La investigación periodística sobre aquel encuentro provocó una enorme polémica porque se debatieron planes para expulsar a un elevado número de personas de origen extranjero, incluidos ciudadanos alemanes con antecedentes migratorios. La AfD ha rechazado que su programa implique la expulsión de ciudadanos alemanes y sostiene que utiliza «remigración» en el sentido de retorno legal de extranjeros que carecen de derecho a permanecer en Alemania.
La cuestión de la memoria histórica del nazismo constituye otro de los puntos más delicados. Algunos dirigentes de la AfD han cuestionado lo que consideran una excesiva concentración de la sociedad alemana en la culpabilidad histórica derivada del nazismo. El debate no significa que la AfD como organización defienda oficialmente el nazismo, algo que sería ilegal en Alemania, pero determinadas declaraciones de sus representantes han sido interpretadas por historiadores y expertos como un intento de relativizar la responsabilidad histórica alemana.
Precisamente en este terreno se sitúan algunas de las declaraciones más polémicas de dirigentes regionales. En Sajonia-Anhalt, por ejemplo, el candidato de la AfD Ulrich Siegmund ha defendido que Alemania no debería vivir permanentemente avergonzada de su historia y ha planteado reducir el protagonismo del nazismo en la educación. El programa de la formación en ese estado también habla de reforzar los aspectos considerados «positivos» de la historia alemana y de recuperar el orgullo nacional.
Uno de los políticos de la AfD que más ha contribuido a esta controversia es Björn Höcke, dirigente de la formación en Turingia. Sus declaraciones sobre la memoria del nazismo y determinados símbolos utilizados por él han provocado fuertes críticas. Höcke llegó a referirse al monumento del Holocausto de Berlín como un «monumento de la vergüenza» y defendió un cambio de la política alemana de memoria histórica. Estas posiciones han hecho que historiadores y expertos en extremismo de derechas sitúen a una parte de la AfD dentro de una corriente de revisionismo histórico.
La polémica también afecta a la organización juvenil vinculada durante años a la AfD. La Junge Alternative fue considerada organización extremista por las autoridades alemanas y posteriormente dejó de existir como organización juvenil independiente del partido. Su trayectoria fue uno de los elementos utilizados por los servicios de inteligencia alemanes para analizar la evolución ideológica de la formación.
No obstante, hay una importante precisión jurídica que debe hacerse. En mayo de 2025, el Verfassungsschutz anunció que consideraba a la AfD una organización de extrema derecha confirmada. Sin embargo, en febrero de 2026 el Tribunal Administrativo de Colonia suspendió provisionalmente esa clasificación en un procedimiento de urgencia, al considerar que las pruebas presentadas públicamente por el servicio de inteligencia no justificaban en ese momento la calificación de toda la organización como «extremista de derechas confirmada». La AfD volvió provisionalmente a la categoría de «caso sospechoso», cuya legalidad ya había sido confirmada judicialmente.
Por ello, desde un punto de vista periodístico resulta más preciso afirmar que la AfD es una formación de extrema derecha que ha sido objeto de una intensa vigilancia y controversia por sus posiciones nacionalistas, migratorias y culturales, y que algunos de sus dirigentes y sectores han sido relacionados con corrientes de pensamiento de tradición völkisch o revisionista. Decir directamente que «la AfD es nazi» simplifica una realidad mucho más compleja y puede resultar históricamente y jurídicamente impreciso.
La diferencia es importante. El nazismo fue una ideología totalitaria, racialista y expansionista que condujo a Alemania a la dictadura, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. La AfD participa en elecciones democráticas, tiene representación parlamentaria y sostiene oficialmente que actúa dentro del orden constitucional. La controversia se encuentra precisamente en si determinados sectores de la formación están llevando algunas ideas de la extrema derecha hasta posiciones incompatibles con los principios constitucionales alemanes, una cuestión que continúa siendo objeto de disputa política y judicial.
El debate ha adquirido una nueva dimensión tras el espectacular resultado de la AfD en Sajonia-Anhalt. Su avance electoral demuestra que la formación ya no puede ser considerada un fenómeno marginal de la política alemana. Al mismo tiempo, el resto de los partidos mantiene el denominado «cordón sanitario» o Brandmauer, mediante el que rechaza formar coaliciones con ella. El motivo no es únicamente la política migratoria de la AfD, sino también la preocupación por la evolución de algunos sectores del partido y por la utilización de discursos considerados incompatibles con la cultura democrática surgida en Alemania después de 1945.



