En 2026, Prosegur ha alcanzado su 50 aniversario, una cifra redonda que va más allá de lo simbólico y permite tomar perspectiva sobre cómo ha cambiado la seguridad en este tiempo. Lo que comenzó en 1976 como un modelo centrado en la vigilancia presencial ha dado paso a una compañía global, presente en 36 países, con capacidades avanzadas en videovigilancia, drones, centros inteligentes de operaciones (iSOC) y soluciones digitales. Pero la transformación no es solo operativa: también lo es en su propuesta de valor.
El sector de la seguridad privada vive una transformación impulsada por la complejidad del entorno global y la convergencia definitiva entre los ámbitos físico y digital. Los riesgos ya no se presentan de forma aislada, sino como amenazas híbridas que combinan vectores tecnológicos, operativos y humanos. Esta realidad está redefiniendo el concepto mismo de seguridad y exige una evolución del modelo tradicional hacia enfoques más integrados, anticipativos y basados en datos.
En este contexto surgió el modelo de Seguridad Híbrida, por el que desde Prosegur Security llevamos años apostando como respuesta a este nuevo escenario. Se trata de un enfoque que integra tres elementos esenciales: el talento de los profesionales, la tecnología avanzada y el análisis inteligente de datos. Este modelo nos permite no solo reaccionar ante incidentes, sino anticiparlos y gestionarlos de forma coordinada en entornos cada vez más exigentes, como infraestructuras críticas, grandes eventos o cadenas logísticas globales.
Uno de los movimientos más estratégicos en esta evolución ha sido la integración de la ciberseguridad como parte estructural de nuestro modelo. En un contexto marcado por el aumento y la sofisticación de las amenazas, incorporar capacidades de protección digital no es solo una ampliación de servicios, sino una necesidad para ofrecer una respuesta completa. A través de Cybersecurity, la unidad especializada en ciberseguridad del Grupo, Prosegur Security ha reforzado su capacidad para proteger no solo activos físicos, sino también entornos digitales, incluyendo infraestructuras, sistemas de información y entornos cloud, completando así una propuesta de seguridad capaz de hacer frente a cualquier tipo de riesgo.
Porque hoy, un incidente físico puede tener su origen en una vulnerabilidad digital, del mismo modo que un ciberataque puede generar impactos operativos o reputacionales en el mundo físico. Por ello, la protección eficaz pasa necesariamente por la convergencia de capacidades, donde la monitorización, el análisis y la respuesta se articulan de forma unificada.
En este sentido, nuestros iSOC actúan como centros neurálgicos que integran información de múltiples fuentes y permiten una gestión global del riesgo en tiempo real, apoyados por POPS, nuestra plataforma que digitaliza la operativa en el servicio y conecta a los vigilantes con el ecosistema de seguridad.
La incorporación de Cybersecurity amplía además el alcance del modelo híbrido, incorporando tecnologías como la detección avanzada de amenazas o la protección de identidades, siempre conectadas con la operativa física. El resultado es una visión única que permite a las organizaciones anticipar escenarios, reducir vulnerabilidades y reforzar su resiliencia en un entorno cada vez más incierto.
Sin embargo, esta evolución no sería posible sin el papel central de las personas. El verdadero valor de la seguridad sigue residiendo en el vigilante, como figura clave capaz de interpretar, decidir y actuar en entornos cada vez más complejos. La tecnología multiplica capacidades, pero son los profesionales quienes interpretan el contexto, toman decisiones y gestionan situaciones de alta complejidad. Por ello, la formación continua y la cualificación del vigilante de seguridad siguen siendo pilares fundamentales.
Hablamos de un equipo humano de más de 170.000 profesionales de seguridad en todo el mundo, que, apoyados en la tecnología, amplían su capacidad de anticipación, análisis y respuesta, convirtiéndose en un elemento estratégico dentro del modelo de seguridad, con perfiles cada vez más especializados, competencias tecnológicas, capacidad analítica y un profundo conocimiento del entorno en el que operan.
En definitiva, la seguridad del futuro depende de combinar capacidades, tecnologías y, especialmente, el talento humano. En un entorno cada vez más conectado, únicamente los enfoques que integren lo físico con lo digital podrán dar respuestas realmente efectivas. Ese es el rumbo que seguimos en Prosegur desde hace más de cincuenta años y que, hoy en día, define con más claridad que nunca el camino a seguir en materia de seguridad.
José Gil es director general de Prosegur Security España y Portugal




