El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha impulsado una nueva iniciativa internacional denominada la “Junta de Paz” (Board of Peace), un organismo que busca supervisar la estabilidad y la resolución de conflictos a nivel global, aunque ha generado controversia y división entre gobiernos aliados y críticos de la ONU. Por ejemplo, España decidió esta semana renunciar a participar en esta iniciativa.
Presentada formalmente este pasado 15 de enero, la Junta de Paz fue propuesta por Trump en 2025 como parte de su plan para gestionar las secuelas del conflicto entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza. Su objetivo inicial, respaldado por la Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, era supervisar el alto el fuego, apoyar la reconstrucción, la estabilidad y una transición política en Gaza tras años de guerra.
Aunque nace con una misión centrada en Gaza, el texto fundacional de la Junta describe su propósito de forma más amplia: “promover la estabilidad, restaurar un gobierno confiable y legítimo, y asegurar una paz duradera en zonas afectadas o amenazadas por conflictos”. Este enfoque ha llevado a que la organización se conciba no sólo como un mecanismo para Gaza, sino como un ente con posibles ambiciones globales más allá del conflicto palestino-israelí.
El presidente Trump ha defendido públicamente la necesidad de este organismo argumentando que las Naciones Unidas “nunca le ayudaron” a resolver conflictos previos y sugiriendo que la Junta de Paz podría ser una solución más eficaz. El propio Trump ha llegado a afirmar que, si bien desea que la ONU continúe existiendo debido a su potencial, “no ha estado a la altura” en la resolución de guerras.
Estructura y liderazgo
La Junta de Paz está presidida por Donald Trump, quien también actúa como su chairman (presidente) y tiene amplias facultades, incluida la de determinar quiénes forman parte de la organización. El carácter del liderazgo es vitalicio para Trump, salvo que él mismo renuncie o sea incapaz de ejercer, y según los estatutos, tiene autoridad para nombrar a su sucesor.
Además del presidente, el organismo contempla un comité ejecutivo integrado por figuras cercanas al liderazgo estadounidense y aliados internacionales. Figuras como el secretario de Estado, Marco Rubio, el yerno de Trump, Jared Kushner, y otros líderes cercanos al proyecto han sido mencionados en el contexto de este consejo consultivo ampliado.
Trump ha extendido invitaciones a decenas de países para formar parte de la Junta de Paz. Entre las naciones que han aceptado integrarse figuran Israel, Argentina, Arabia Saudí, Turquía, Egipto, Qatar, Indonesia, Pakistán y los Emiratos Árabes Unidos.
Sin embargo, varios países europeos, como Francia, Noruega, Suecia y también España, han rechazado la invitación o expresado dudas, mientras que otros estados como Rusia, Alemania, Brasil y China aún no han confirmado su participación.
La ceremonia oficial de constitución de la organización se celebró en Davos (Suiza) durante el Foro Económico Mundial, donde Trump ratificó la carta fundacional y calificó el organismo como un paso histórico para promover “un futuro seguro y próspero” para Gaza y otras zonas afectadas por conflictos.
Críticas y preocupaciones
Aunque Trump y sus partidarios presentan la Junta de Paz como un avance para la gobernanza internacional y la resolución de conflictos, la iniciativa ha suscitado críticas significativas. Algunos analistas y diplomáticos temen que el organismo pueda funcionar como una especie de alternativa al Consejo de Seguridad de la ONU, reduciendo la relevancia de las estructuras multilaterales tradicionales y potenciando un liderazgo dominado por Estados Unidos con un mandato poco claro.
Organismos internacionales y expertos señalan que el estatuto y la configuración de la Junta, donde Trump decide los miembros y controla decisiones clave, puede comprometer la percepción de imparcialidad y eficacia del organismo. Además, la idea de que países puedan pagar elevadas sumas para asegurar una membresía permanente lleva a algunos críticos a calificar la iniciativa de una especie de club geopolítico con incentivos financieros atípicos en la diplomacia internacional.
¿Un reemplazo de la ONU?
La ambición de Trump de que la Junta de Paz desempeñe un papel más amplio ha generado especulaciones sobre si puede llegar a rivalizar o incluso suplantar a la Organización de las Naciones Unidas en el futuro. En un evento reciente, al ser preguntado si el organismo podría reemplazar a la ONU, Trump respondió que “podría ser”, reforzando la idea de que este nuevo organismo aspira a influir de forma más general en la política internacional.
La creación de la Junta de Paz refleja una visión particular de la diplomacia global por parte de la administración Trump, que busca combinar liderazgo estadounidense con un esquema de cooperación internacional alternativo. Aunque su finalidad oficial es promover estabilidad y paz, su estructura, financiamiento propuesto y liderazgo centralizado generan importantes interrogantes entre aliados tradicionales y organizaciones multilaterales.
En estos momentos, la Junta de Paz se encuentra en una fase temprana de consolidación. Su impacto real en la resolución de conflictos y su capacidad para operar de manera efectiva —y legítima— en un entorno de tensiones geopolíticas crecientes sigue siendo una cuestión abierta que los próximos meses de su funcionamiento permitirán medir con mayor claridad.




Para lo que sirve la ONU, bienvenida la iniciativa.