Los incendios forestales que arrasaron el sur de California en enero de 2025 dejaron una huella que va más allá del paisaje calcinado y de las miles de hectáreas destruidas. Un equipo de investigadores liderado por científicos de la UCLA Fielding School of Public Health ha publicado un estudio en Environmental Science & Technology Letters que muestra que, incluso después de que las llamas fueron completamente extinguidas, los niveles de compuestos orgánicos volátiles (VOCs, por sus siglas en inglés) en el aire permanecen elevados dentro de las viviendas afectadas, generando un riesgo de exposición prolongada para quienes regresan a sus hogares o trabajan en zonas quemadas.
Los VOCs son sustancias químicas con alta presión de vapor, capaces de evaporarse con facilidad y, en muchos casos, representar problemas para la salud humana, incluyendo irritación respiratoria, efectos sobre el sistema nervioso e incluso riesgo carcinogénico en exposiciones prolongadas. El estudio, titulado “Indoor and Outdoor Volatile Organic Compound Levels During and After the 2025 Los Angeles Wildfires”, documenta cómo estos compuestos, liberados por los materiales expuestos al humo, pueden continuar escapando al aire interior incluso después de que el fuego ha sido controlado.
Para evaluar los efectos sobre la calidad del aire, los investigadores realizaron muestreos de VOCs tanto en exteriores como en interiores en 24 ubicaciones de las zonas afectadas por los incendios, abarcando tres fases distintas del desastre: el periodo de fuego activo con menos del 50 % de contención, el periodo con más del 50 % de contención y un periodo posterior al fuego denominado “off-gassing” o liberación residual de contaminantes.
Los muestreos fueron realizados entre enero y febrero de 2025, comenzando apenas un día después del inicio de las llamas y continuando semanas después de que se extinguieran, lo que permitió a los científicos observar no solo la exposición directa al humo, sino también cómo los materiales dañados por el fuego seguían liberando contaminantes al ambiente interior de las casas.
Persistencia de compuestos tóxicos en interiores
Los datos revelan que, aunque la contaminación ambiental disminuyó gradualmente al controlarse los incendios, las concentraciones de VOCs dentro de los hogares permanecieron significativamente elevadas durante la fase de recuperación. Algunos de los compuestos detectados incluyen benceno, tolueno, etilbenceno y xileno (conocidos colectivamente como BTEX), muchos de ellos asociados con combustión incompleta y con efectos adversos para la salud, como irritación ocular y respiratoria, daño al sistema nervioso central y riesgo carcinogénico en exposiciones largas.
Por ejemplo, los investigadores observaron que las concentraciones medianas de benceno en el exterior alcanzaron alrededor de 0,38 partes por billón (ppb) durante el fuego activo, cifras considerablemente más altas que los niveles previos al incendio. Incluso una vez que la actividad del fuego cesó, los niveles de ciertos VOCs dentro de las viviendas permanecieron elevados en comparación con las mediciones previas al incendio, sugiriendo que los materiales expuestos al humo continuaron liberando estos compuestos.
¿Por qué persisten los VOCs tras el fuego?
Los investigadores señalan que este fenómeno de “off-gassing” —liberación lenta de contaminantes desde materiales que han absorbido humo— puede deberse a que muchos elementos presentes en el interior de las viviendas (mobiliario, revestimientos, productos domésticos, plásticos y textiles) actúan como reservorios de compuestos químicos, que se desprenden al aire incluso después de que el humo visible haya desaparecido. Esto significa que el riesgo de exposición no se limita a las horas de incendio, sino que puede prolongarse durante días o semanas mientras los materiales desprenden lentamente estos contaminantes al ambiente.
Este hallazgo es particularmente preocupante en contextos urbanos donde, a diferencia de los escenarios puramente silvestres, una gran parte de los hogares y estructuras están fabricados con materiales sintéticos que pueden liberar VOCs después de estar expuestos a altas temperaturas y humo.
Las implicaciones de estos resultados son claras: el riesgo para la salud no termina cuando las llamas se apagan. La continua liberación de VOCs en interiores representa un peligro para residentes, personal de emergencia y trabajadores encargados de la reconstrucción y limpieza. La exposición prolongada a compuestos como el benceno —clasificado como carcinógeno por múltiples agencias de salud— y otros VOCs puede contribuir a problemas respiratorios, irritación crónica, disfunciones neurológicas y efectos a largo plazo que aún no han sido completamente cuantificados en estos escenarios específicos.
Los autores del estudio enfatizan la necesidad de intervenciones específicas durante la fase de recuperación de incendios. Entre las medidas recomendadas se encuentran mejorar la ventilación de los hogares antes de su reocupación, abriendo ventanas y puertas y favoreciendo el flujo de aire fresco que pueda reducir las concentraciones de compuestos residuales; utilizar sistemas de filtración de aire con filtros de alta eficiencia (como HEPA y filtros de carbón activado) que puedan reducir las concentraciones de VOCs en espacios interiores; y considerar la sustitución o limpieza profunda de materiales y mobiliario que hayan estado expuestos al humo, especialmente en hogares que estuvieron en zonas intensamente afectadas por los incendios.
Este estudio, que forma parte del más amplio Los Angeles Fire Human Exposure and Long-Term Health Study (LA Fire HEALTH Study), coordinado por investigadores de varias universidades, señala que el impacto de los grandes incendios urbanos trasciende la destrucción física y plantea desafíos significativos para la salud pública y la recuperación comunitaria.
Los resultados sugieren que las estrategias de respuesta ante desastres deben considerar no solo la fase de fuego activo, sino también las fases posteriores de “off-gassing” y recuperación ambiental. Esto implica integrar evaluaciones de calidad del aire interior en los planes de reconstrucción, desarrollar protocolos de limpieza y ventilación para hogares expuestos y ofrecer orientación a las comunidades afectadas sobre cómo reducir su exposición a contaminantes invisibles que persisten después del desastre.



