Estamos viviendo una época convulsa que, en el caso que nos ocupa, se extiende ya por tres cuartos de siglo. El Estado de Israel fue declarado como tal el 14 de mayo de 1948, por resolución de la ONU del 29 de noviembre de 1947. Desde entonces, la existencia misma de Israel como nación en el ordenamiento jurídico internacional ha sido cuestionada por numerosos agentes en el escenario geopolítico.
Los palestinos han sido los primeros opositores, mientras que numerosos estados árabes de Oriente Medio han utilizado a los palestinos para detonar la zona en conflictos intermitentes, algunos de ellos mediante declaración de guerra, durante todo el período de existencia de Israel. Como consecuencia, Israel se ha visto obligado a participar en muchos conflictos, de los que reseñamos los más importantes, pues el listado de enfrentamientos es interminable:
1948-1949, Primera guerra Árabe-Israelí
Intervienen como beligerantes por el lado árabe Egipto, Irak, Líbano, Siria y Transjordania. Con presencia de voluntarios libios, saudíes y yemeníes. Las hostilidades se prolongaron hasta diciembre de 1949. El conflicto se concluyó con la victoria total de las armas israelíes, que incrementa el territorio bajo su poder en 5.700 km², un 40% más que el adjudicado por la ONU. Estos son los llamados Territorios Ocupados, que Israel se niega a devolver, por razones de seguridad nacional.
Como consecuencia, desaparece la palestina árabe y entre 500.000 y 800.000 personas se ven obligadas a marchar al exilio, la mayoría a Jordania.
1956, Crisis del Canal de Suez
El interés egipcio por el control del canal provoca este conflicto, en el que Israel se une a las fuerzas francesas y británicas para oponerse al hecho consumado. Como consecuencia Israel ocupa la totalidad de la Península de Sinaí, que devuelve, no obstante, bajo presión de Estados Unidos y de la URSS. Israel se alinea desde entonces con Occidente y comienza a recibir ingentes cantidades de armamento, lo que refuerza su poder militar en la zona.
Otra consecuencia importante es que Egipto consigue el control del canal, temporalmente bajo mando de los Cascos Azules de la ONU y un acercamiento de Nasser a la URSS que le facilita financiación para la futura presa de Assuan.
1967, Guerra de los Seis Días
Egipto vuelve a cerrar los estrechos a Israel que se queda sin accesos al Mar Rojo, como en 1956. En consecuencia, Israel se enfrenta a la República Árabe Unida (Egipto y Siria, brevemente de 1958 a 1961), Jordania, Irak, Arabia Saudí y Líbano. Victoria israelí sin paliativos, con ocupación de Altos del Golán (pertenecientes a varios estados limítrofes), Cisjordania, la Franja de Gaza y la Península del Sinaí. Esta guerra posicionó a la URSS frente a Israel y a favor de sus enemigos, y en Occidente creció considerablemente el antisemitismo, al considerar a Israel país agresor, por las ocupaciones. Israel ofreció la devolución de territorios a cambio de paz duradera pero los árabes rechazaron la oferta. Muchos eventos actuales tienen su origen en este conflicto.
1973, Guerra del Yom Kipur
Egipto y Siria en lucha contra Israel por la recuperación de territorios: Península del Sinaí y Altos del Golán. Participaron también Marruecos, Kuwait, Arabia Saudí, Cuba, Túnez, y Corea del Norte. Aproximadamente 1 millón de combatientes contra 400.000 por Israel. La consecuencia fue el embargo petrolero de ese año, la subida de los precios y una muy grave crisis económica en Occidente. Israel salió triunfante una vez más contra todos sus enemigos de la región, más todos aquellos ajenos a la zona.
Evolución del conflicto
Como resultado de la guerra de 1967, Al Fatah, o Movimiento Nacional para la Liberación de Palestina creado en 1957 por Yaser Arafat, que desde 1964 es el principal componente de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) se erige como único y hegemónico representante del pueblo palestino, y desde entonces la guerra, además de convencional, se convierte en asimétrica. Sus actos de terrorismo o guerra no convencional superan los 2.400 sólo en 1964. El ataque a la delegación olímpica israelí se hizo famoso en el mundo entero en Munich 1972.
Ya en los años 80 nace Hamas, escisión palestina de los Hermanos Musulmanes, sunnita y yihadista, con el propósito de la creación de un Estado Islámico en Palestina, que comprendería Israel, Cisjordania y la Franja de Gaza con capital en Jerusalén. Sus nuevos estatutos de 2017 pretenden la creación de un Estado Palestino con límite en las fronteras de 1967 y capital en Jerusalén, pero sin abandonar las armas y sin reconocimiento del Estado de Israel.
Esta nueva organización entró en conflicto con Al Fatah tras la desaparición de Yaser Arafat el 11 de noviembre de 2004, resuelta con su primacía en Gaza, obtenida en las elecciones de 2006 (nunca se han vuelto a celebrar elecciones en la Franja) y desde entonces se han dedicado a “administrar” Gaza. Las ingentes cantidades de ayuda internacional percibidas por la Franja para el sustento y desarrollo de su población han sido “invertidas” por Hamas en armamento y en la construcción de túneles de defensa y para atacar a Israel. Es conocida esta red como “metro de Gaza”.
La financiación económica de este grupo procede mayoritariamente de Irán, proveedor necesario de armas para la organización. Además, dinero procedente de otros países árabes o de organismos internacionales caen directamente en sus manos, pues son ellos los administradores del territorio desde las elecciones de 2006.
Al Fatah y su nuevo dirigente tras la desaparición de Arafat, Abu Abbas, han optado por la colaboración con Israel y con Occidente, recibiendo cuantiosas cantidades de ayuda internacional para el desarrollo del territorio que gobierna en Cisjordania y básicamente ha desaparecido como actor en la lucha terrorista y asimétrica que conducen los enemigos de Israel en la zona.
Otro grupo que nació en el norte del Líbano en 1982 fue Hezbolá, de credo chiíta y financiación y armamento iraní. Estos grupos como Hezbolá o Hamas confluyen en su lucha contra Israel, aunque en otros conflictos han adoptado posiciones distintas. Por ejemplo, en Siria los chiítas apoyaban a Bachar El Asad y Hamas iba en contra. Pero su odio a Israel los convierte en colaboradores contra esta nación.
Hezbolá ha tenido problemas graves también con EEUU, pues en los años 80 atacaron la Embajada americana en el Líbano, también atacaron barcos de este país y del mismo modo contingentes militares acuartelados de marines USA, habiendo causado numerosas bajas. Desde entonces, los EEUU luchan incansablemente contra este grupo.
Composición de la población del Oriente Medio próximo a Israel, actores activos o pasivos del conflicto
El Estado de Israel tiene una población de aproximadamente 9 millones de personas, de las cuales 73% es de religión judaica, 21% pertenece al Islam (palestinos ciudadanos israelíes en su mayoría), 2% pertenece al cristianismo, 1,6% son drusos, y hay otros grupos que conforman el 2,4% de la población.
Este estado se formula como políticamente democrático, tecnológicamente avanzado, económicamente independiente y de altos o muy altos ingresos, y socialmente libre, estando permitidas conductas inaceptables en el resto de países de su entorno. Por ejemplo, la orientación sexual o de género de sus habitantes. Esto convierte a Israel en el único país de la zona donde está permitida y no perseguida la homosexualidad, tanto masculina o femenina, o la declaración individual de géneros alternativos. Supuestas aberraciones de opciones personales proscritas en el resto de países vecinos. Por ello, el pasaporte israelí es un lujo que solo se pueden permitir estos 9 millones de privilegiados respecto al resto de población de la zona. Todos los ciudadanos de Israel están sujetos a los mismos derechos y obligaciones y contribuyen con su esfuerzo fiscal y con su asistencia a la defensa y desarrollo de su país.
Los palestinos cuentan con 3,25 millones en Cisjordania, y 2,25 millones en Gaza. Otros casi 2 millones viven en Israel, como ya hemos relatado, pero estos son israelíes con pasaporte israelí y obligaciones y derechos israelíes. Lo que implica la defensa del territorio tanto en el orden público como en sus obligaciones militares. Este dato siempre pasa desapercibido para el observador occidental, que automáticamente divide a la población en palestinos e israelíes, y adjudica el papel de buenos o malos a unos u otros. Pero las cosas, como estamos viendo, son más complejas.
Jordania cuenta con aproximadamente 12 millones de habitantes, de los que 3 millones son palestinos, bien porque tenían residencia allí antes de la declaración de independencia de Israel, o posteriormente como emigrantes o refugiados. Este país no es beligerante con Israel y tiene tratado de paz de fecha 26 de octubre de 1994.
Siria acoge a 630.000 palestinos, y es enemigo declarado de Israel, con apoyo de Irán. Este país tiene más de 22 millones de habitantes. Este país lleva muchísimos años en guerra, declarada o no, con Israel, a causa de los Altos del Golán.
El Líbano tiene aproximadamente 5,5 millones de habitantes, de los que 500.000 son palestinos refugiados. Este es un país fronterizo con Siria y próximo a Israel, con una población compuesta por un complejo de grupos humanos diferenciados por su religión: 55,3% son musulmanes, de los que 34% son chiítas y 21,3% sunnitas. El 37,6% son cristianos de los cuales son católicos 25,1% entre maronitas con 19% y católicos griegos 4,6%; son ortodoxos 11,2% y de ellos 6% lo son griegos y 5,2% armenios apostólicos. Los drusos son 7,1% y hay 0,5% de protestantes. Idiomas: árabe (oficial) y armenio.
Este país tiene una composición extremadamente compleja y desde 1943 es independiente (de Francia), con un sistema político inestable basado en las proporciones de la influencia, según las religiones presentes en el puzzle. Ha pasado por horribles conflictos bélicos, habiendo sido el peor de ellos la guerra civil libanesa que se extendió de 1975 a 1990 con niveles de destrucción muy importantes, con 120.000 muertos y más de 1.000.000 de exiliados.
La presencia de Hezbolá en su territorio y la cercanía con Siria convierten a este país en intervenido, y debido al conflicto con Israel, la población sufre consecuencias no deseadas, pues desde los eventos del 7 de octubre de 2023, la facción chií ha lanzado más de 8.000 cohetes indiscriminados sobre el Norte de Israel, obligando a este país a evacuar a sus ciudadanos más al sur. Naturalmente, las terribles respuestas de Israel en defensa propia originan multitud de daños colaterales que afectan gravemente a la población libanesa. Muchos libaneses están atrapados en esta guerra, considerando la presencia de Hezbolá como negativa para la marcha del país, al tiempo que odian a Israel por sus contundentes respuestas, que producen víctimas y terribles daños en las infraestructuras y en las viviendas particulares.
Egipto tiene tratado de paz con Israel desde 26 de marzo de 1979, por los acuerdos de Camp David, logro diplomático del presidente Carter. Está en vigor desde 1980. Este tratado le costó posteriormente la vida en atentado a Anuar El Sadat, presidente de Egipto, por haberlo firmado, tras 30 años de conflicto con el vecino. Egipto cuenta con 110 millones de habitantes, y la presencia palestina es escasa. Es responsable del control del lado sur de la Franja de Gaza.
Otros países con presencia palestina en la zona son Kuwait, con 360.000 palestinos, Arabia Saudí con 250.000 y Qatar con 300.000. Si bien algunos pueden ser refugiados, la mayoría trabaja y reside en estos países, que son los más ricos de la zona y están muy necesitados de mano de obra, que importan de otros países, incluso del Lejano Oriente.
La respuesta israelí a las masacres del 7 de octubre de 2023
Mediante ruptura de las líneas israelíes, el grupo pro iraní Hamas con base en Gaza atacó a Israel el 7 de octubre de 2023, viernes, aprovechando el comienzo del Sabbat y cogiendo desprevenidos totalmente a los hebreos. En el ataque perecieron más de 1.200 personas y otras 240 fueron secuestradas. Las víctimas, en su mayoría civiles, sufrieron toda clase de torturas, violaciones y escarnios, encontrándose entre ellas hombres, mujeres, jóvenes, mayores, incluso bebés y embarazadas. Un progrom que nos remitiría a los peores horrores del Imperio Ruso a primeros de siglo en Chisinau (Moldavia), a las acciones homicidas del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) en la URSS o al holocausto de Hitler que se llevó por delante 6.000.000 de personas de religión judía, de diversas nacionalidades europeas, mayormente en Alemania, Polonia, Ucrania y Rusia, pero también en Francia, Países Bajos o Italia.
La respuesta de Israel no se hizo esperar. Una respuesta de carácter militar, metódica, estudiada y programada, con los siguientes objetivos: eliminación del grupo pro-iraní Hamas en Gaza, desarme de la totalidad de la población, triaje al 100% de los habitantes de Gaza para erradicar a los yihadistas, destrucción de la totalidad de infraestructuras de apoyo de los terroristas, incluidas todas las galerías y túneles llamados “metro” de Gaza y rescate de los israelíes secuestrados el 7 de octubre.
Estos objetivos están marchando según el plan previsto, si bien con algunos retrasos, pues mientras los dirigentes israelíes pensaban terminar el trabajo en 6 meses, estamos ya a menos de 30 días de cumplirse un año del ataque del 7 de octubre. En general los objetivos se han ido cumpliendo, con gran destrozo físico de las infraestructuras de todo tipo en Gaza, y con un enorme número de víctimas, tanto de terroristas del grupo armado como de población civil en la Franja, incluidos civiles de todas las edades. Se barajan importantes cifras de víctimas entre personal de Hamas y población civil. Se estiman unos 30.000 muertos de Hamas, otros 10.000 de población civil y 100.000 personas más entre heridos y desaparecidos. Y el conflicto continúa.
La acción militar de Israel en Gaza ha sido recibida por el mundo con división de opiniones, como siempre desde 1948. El análisis emocional más que racional de las poblaciones, que sin duda reciben información sesgada y manipulada, lleva a un posicionamiento de uno u otro lado, especialmente en el mundo civilizado, que convierte a Occidente en un campo especialmente abonado para sus enemigos, pues este tipo de situaciones bélicas implican una división profunda de las sociedades más avanzadas.
La situación de guerra asimétrica (tanto en Gaza como en Líbano, Hamas y Hezbolá utilizan a la población civil como escudos humanos) que se lleva a cabo en el enfrentamiento contra Israel, pone a este último en una posición imposible a la hora de actuar: por una parte está su derecho de legítima defensa y represalia; no olvidemos el 7 de octubre perpetrado por Hamas desde Gaza con 1.200 personas masacradas y 240 rehenes o los más de 8.000 cohetes suministrados por Irán a Hezbolá, lanzados indiscriminadamente contra blancos civiles en el Norte de Israel desde el Sur del Líbano. Por otra parte, están los convenios internacionales sobre regulación de los modos de intervención en la guerra legítima y defensa de la población civil.
La utilización tanto en Gaza por parte de Hamas y en Líbano por Hezbolá de la población civil como escudos humanos no puede limitar en modo alguno el derecho de Israel a su legítima defensa, represalia, y preservación de su población.
En Gaza, a pesar del rechazo a la política militar de Israel, hay personas locales que lo que piden es que Israel termine su operación de una vez, erradicando a Hamas para siempre de la Franja, pues, aunque el grupo tiene sus partidarios entre la población civil, también tiene sus detractores que consideran que Hamas tiene secuestrados todos sus derechos políticos, colectivos e individuales.
En cuanto a Líbano, la reciente doble operación de explosión individual de aparatos buscapersonas y walkie-talkies (de tecnología anticuada, para evitar la capacidad de seguimiento de los servicios secretos israelíes) en manos de Hezbolá y de sus asesores iraníes, ha dejado 3.000 heridos y 500 muertos entre el grupo, habiendo sido afectados buena parte de sus dirigentes principales y buen parte de personal de dirección y mandos intermedios, asestando un terrible golpe a la organización. Naturalmente, la explosión simultánea de tantos aparatos ha cogido por sorpresa a sus tenedores, pero también a personas próximas a estos o a otras víctimas inocentes que se encontraban presentes en los lugares y momentos de las explosiones. Un indudable éxito operativo de los servicios de inteligencia israelíes.
Conclusiones
La guerra contra Israel se libra desde el mismo momento de su nacimiento como nación independiente reconocida por la ONU. Dura ya tres cuartos de siglo y va para largo, a tenor de todo lo visto y vivido durante los 76 años de vida de este país.
Israel vive rodeado de más de 200 millones de árabes, de los cuales algunos tienen tratado de paz firmado como son el caso de Egipto y Jordania. El resto de países son beligerantes o neutrales no beligerantes, pero ninguno de ellos es aliado. Así pues, Israel está aislado en medio de un mar de países poderosos, incluso militarmente, o países que por su constante inestabilidad política disponen de personal militar o paramilitar preparados, dispuesto a acabar con el Estado hebreo. El único aliado sólido de Israel es USA, que le presta colaboración de todo tipo, incluyendo inteligencia, logística y apoyo militar en los momentos más importantes de crisis. Por ello, Israel es el enemigo local y USA el Gran Satán para todos los implicados en hacer desaparecer a la nación judía, desde el río (Jordán) hasta el mar (Mediterráneo). Este grito de guerra significa el exterminio programado y radical de todos sus habitantes.
La guerra asimétrica que le plantean sus enemigos más enconados, apoyados por Irán, sumergen este conflicto en los más terribles abismos de atrocidades perpetrados por unos y otros. Los unos mediante el ataque directo a Israel, utilizando para ellos poblaciones civiles como escudos humanos. Hamas así lo hace con sus millones de rehenes palestinos en Gaza y Hezbolá hace lo propio con la población del Líbano. Ambas organizaciones tienen partidarios y detractores tanto en un sitio como en el otro.
El modelo de guerra planteado por estas organizaciones complica extraordinariamente la respuesta israelí, que lo hará siempre que su territorio o su población sean atacados. Israel jamás pondrá la otra mejilla, pues le va la existencia en ello. El conflicto emocional que provocan estas respuestas en el mundo occidental lleva a estas sociedades avanzadas a dilemas absurdos, que muestran sistemáticamente comportamientos absurdos: Hamas y Hezbolá atacan, pero el culpable es siempre el Estado de Israel, al responder mediante su debido derecho a la defensa. Su respuesta intenta ser siempre quirúrgica y limitada, pero cuando Israel está atacando a dos grupos bien armados y con importante logística detrás de ellos, proporcionada por Irán, y teniendo en cuenta que ambos grupos se escudan tras las poblaciones civiles de Gaza y Líbano, por más cuidadosa que intente ser la respuesta israelí, para que sea efectiva tiene que ser contundente. Y se producen daños colaterales en bienes y personas ajenas a los terroristas.
Ahí nos encontramos con todos los movimientos “woke” occidentales enfrentados a Israel, supuestamente defendiendo al pueblo palestino. Pero sin analizar que el problema de los gazatíes no es Israel, sino Hamas. Y que el problema de Líbano no es Israel, sino Hezbolá. Nos encontramos con imposibles metafísicos: los apoyados por europeos y americanos, si Occidente pudiese llevar a sus manifestantes sobre el terreno, los lincharían, ya que la concepción y el estilo de vida de unos y otros es profundamente diferente. Dándose la paradoja de que el único lugar en el que los occidentales podrían manifestarse libremente contra Israel sería ¡en…Israel! Toda la ideología woke es denostada por los grupos a los que occidente pretende apoyar. Todas las ideologías de género de corte LGTBI+Q que van contra Israel, solo serían toleradas precisamente en este país. En cualquier otro lugar del Oriente Medio serían colgados de las grúas, apedreados, muertos a espada u operados de los genitales para que exista concordancia entre lo manifestado y los órganos respectivos.
Por lo que respecta al futuro de este conflicto, el mismo se halla inmerso en el choque de civilizaciones que lleva en marcha más de 50 años, (en puridad, desde el advenimiento del Islam en el siglo VII) , siendo Palestina y sus habitantes una moneda de cambio y un arma de guerra en la lucha, en manos de los orientales. No tenemos noticias de países árabes que estén preocupados lo más mínimo por la existencia o no de un Estado palestino ni que se preocupe especialmente de sus habitantes. No vemos que exista interés por resolver el conflicto, antes bien, los enemigos de Israel se preocupan en mantener una guerra de baja intensidad por métodos no convencionales, pero de gran proyección mediática universal, y de indudable impacto en la política de los diversos países de Occidente.
No deja de ser una forma barata, rápida y mediática de intervenir en Occidente a un coste menor que un enfrentamiento militar a gran escala, y no hay duda del éxito de la operación, pues mantener vivo el conflicto implica mantener divididos a los adversarios occidentales.
Mientras Israel produce el 60% anualmente de todas las patentes de tecnología punta del mundo entero, sus atacantes no tienen una perspectiva de futuro próspero ni una visión de desarrollo humano en la Tierra, antes bien confían en la muerte (el martirio) como salida a sus inquietudes, obteniendo el pago a sus esfuerzos en el más allá, en el Paraíso de las Huríes. Israel es un país avanzado y plenamente desarrollado, con una democracia plena y con todas las garantías de un Estado de Derecho. Nada de esto está en la agenda de sus enemigos. Mientras una democracia está gobernada por la razón, las teocracias lo hacen por dictados del más allá. Ambos son lenguajes imposibles de traducirse y entenderse entre sí, y el conflicto continuará, por más que los observadores de buena fe de ambos bandos quisieran detenerlo.
Por A.M. Sánchez, psicólogo licenciado por la UNED, políglota y observador políticamente incorrecto durante los últimos 50 años




Estos enfrentamientos vienen desde tiempos bíblicos. No es novedad. Y seguirán sucediéndose. Gracias por el análisis certero de lo acontecido en las últimas décadas. Aquí no hay malos ni buenos. Los únicos buenos son los niños, que injustamente son las víctimas.